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Titlatlani atl: las rogativas para la lluvia

6. Sintli iljuitl: el maíz en las fiestas

6.1 Titlatlani atl: las rogativas para la lluvia

Las rogativas para la lluvia se manifiestan en las peregrinaciones, ofrendas y rezos a las divinidades. Este proceso se le conoce como Titlatlani atl y representa los modos en que los comuneros realizan peticiones en la capilla, el pozo o el río para obtener el agua necesaria para la producción agrícola. Recordemos que en las comunidades de Copaltitla y Los Ajos son dos las grandes temporadas de siembra y cosecha. Una denominada Ipoualpan y otra Tonalmili. Ipoualpan comienza con la siembra de junio y termina con la cosecha de octubre, mientras que Tonalmili tiene su siembra en diciembre y su última cosecha en mayo. Justamente a finales de Tonalmili, es decir, en los días calurosos de mayo (35° C promedio) se llevan a cabo las rogativas para la lluvia.

Los nahuas del municipio de Chicontepec celebran el rito atlatlacualtiliztli para implorar las lluvias y calmar la ira de las divinidades que provoca el desequilibrio cósmico. Está

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dedicado a las entidades sagradas vinculadas con el agua y la agricultura, a ellas se les ruega que humedezcan los suelos y hagan crecer las plantas comestibles, principalmente el maíz, identificado con Chicomexochitl (Siete Flor), numen que además, custodia a todas las plantas cultivadas por el hombre nahua. (Gómez 2002: 108)

Ciertamente, los pueblos huastecos de Copaltitla y Los Ajos expresan las peticiones para la lluvia desde el náhuatl para acercarse a las divinidades que hoy en día tienen una fuerte relación con Dios, la Virgen y los Santos de religiones posconquista implantadas y adaptadas en cada comunidad.

Dibujo 1. Van a bañar a San Juan (elaborado por Gladis de Copaltitla)

En el mes de mayo de 2008 los comuneros de Copaltitla tuvieron que soportar altas temperaturas mientras esperaban la cosecha del maíz “nuevo”. En junio, los primeros quince días también fueron “de Sol”. Sin embargo, en estas fechas comenzaron los preparativos para realizar las oraciones que permitieran solicitar la lluvia a las divinidades. Desde la primera semana de junio, los comuneros iniciaron una “novena” cuya culminación llevaría a “bañar” a San Juan en el río de Tebanco.

Hoy, mientras conversaba con don Bernardino, escuché unos cohetes. Salí al patio de su casa y vi que eran en dirección del río. Don Bernardino me dijo que a las cinco de

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la tarde iban a bañar a San Juan. Ello me sorprendió porque era el cuarto día de la novena y según doña Tachita, la gente llevaba a bañar al Santo hasta el último día de la novena. Don Bernardino me explicó que a veces adelantaban la fecha de la procesión, pero los nueve días sí se terminaban. Me despedí rápidamente y me fui corriendo. (Observación, Copaltitla 08/06/2008)

La novena comenzó el jueves 5 de junio y terminó el viernes 13. Sin embargo, la procesión se hizo el día domingo 8 de junio. Cada día de la novena, los comuneros acudían a la capilla y efectuaban un rosario. El cuarto día, es decir, el día 8 de junio, el rosario se efectuó durante la procesión hacia el río. El “rezandero”, las señoras y señores, los niños y jóvenes, así como algunos abuelos iniciaron un recorrido para llegar al río en donde debían “bañar” a la divinidad:

Las nubes se ven grises, pero no ha comenzado a llover todavía. El suelo está seco. Las señoras rezan en voz alta y los señores escuchan o repiten en voz baja cada oración. Unos niños caminan tomados de la mano de sus hermanas mayores. A los más pequeños los llevan cargando en los brazos. Unas jóvenes ayudan llevando los maceteros. Dos señoras cargan unas cubetas y unas jícaras de plástico. Cuatro muchachas sostienen cada extremo de la base de San Juan y poco a poco lo van conduciendo hacia el río. Cuando el cansancio por la caminata les invade el rezandero indica que deben detenerse. Sahúman al Santo con un copalero y después continúan el recorrido. Las alabanzas que van cantando amenizan el trayecto. Los cohetes se colocan en algún poste de un solar baldío y se queman de modo impredecible. Cuanto más se acercan al río, el ambiente se torna más fresco. El monte, la hierba y los insectos no molestan porque los peregrinos están ya en el lugar que buscaban. Las muchachas colocan a San Juan bajo un techo que se ha construido al pie del río. (Observación, Copaltitla 08/06/2008)

Esta reunión de varias personas de la comunidad llevando al Santo permite visualizar que fuera del entorno familiar el espacio en donde existe el respaldo y la confirmación de las concepciones en torno a las explicaciones sobre la vida en la Tierra -particularmente para la producción agrícola que da el sustento alimenticio- encuentra eco al “aliarse” a los demás, más aún si esta relación conduce a establecer un nexo con la dimensión espiritual basada en lo sagrado o divino: “Se o ritual […] constitui-se num dominio privilegiado para manifestar aquilo que se deseja perene ou mesmo “eterno” numa sociedade, ele surge como uma área crítica para se penetrar na ideología e valores de uma formação social” (Da Matta 1978: 24). Esta relación con la divinidad se ve concretizada tanto por las plegarias, como por las acciones que cada comunero realiza según el rol que le corresponde para la ocasión.

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Don Evaristo se pone de pie frente a San Juan y comienza la letanía. La gente escucha y responde con un “ruega por nosotros”. Después, se interpreta un canto en el que los presentes unen sus voces. Mientras tanto, Gladis se dirige a un pozo cavado en la orilla del río (el pozo está señalado por una cruz de madera con un collar de flores), llena unas cubetas con agua y las entrega a dos señoras. Éstas sumergen un pedazo de algodón en sus cubetas y comienzan a frotar el cuerpo del Santo. Una vez que el algodón ha “limpiado” la imagen, las señoras lo exprimen y dejan caer las gotas en sus jícaras. Cuando terminan su tarea, pasan la jícara a todos. Los mayores y los niños beben el agua. Luego, las jóvenes introducen las cubetas al río y arrojan el agua a los demás. Todos se alegran y permiten que los rocíen. Al final, nuevamente las muchachas cargan a San Juan y lo conducen a la capilla. En el camino de regreso, hay otro rosario, cantos y cohetes. (Observación, Copaltitla 08/06/2008)

El tlatlani como un pedido de los humanos hacia el plano celeste y a los seres que cuidan la faz de la Tierra involucra un recorrido denominado tlayeualolistli por la comunidad, el cual consiste en un peregrinaje que implica la visita tanto a la iglesia como al río; la participación compartida de los miembros de cada familia que asisten distribuyéndose actividades para que todos puedan ayudarse (techpaleui) y la ejecución personal de un procedimiento en el que se experimenta el respeto y la alegría por compartir con los otros una creencia de la que se esperan resultados satisfactorios para dar continuidad al ciclo agrícola.

Si bien la procesión programada terminó, la novena debía continuar porque esa es la manda de cada año para rogar a las divinidades por las lluvias de Ipoualpan. Justamente la peregrinación para la fiesta de San Juan en la cabecera municipal se realizaría para la semana siguiente. El domingo 15 de junio las comunidades de Copaltitla, San José y Jilitla partieron en procesión a la iglesia de Tepetzintla. Estas tres comunidades fueron las primeras en iniciar la novena que culminaría en la víspera de fiesta de San Juan. Si esta novena iniciaba el 15 de junio, su término para el día 23 significaba la presencia cada día, todos los días de comunidades distintas en la iglesia. Así, el 24 de junio todas las comunidades del municipio ya habrían sido partícipes de esta fiesta patronal.

Al respecto cabe preguntarse si “los indígenas” protagonizan las rogativas para la lluvia como una muestra de fe al Santo patrono o si dichas rogativas se dan por la secuencia ineludible del calendario agrícola y festivo ancestral. Desde mi punto de vista existe una fusión entre el legado religioso cultural huasteco y el modo de entender los preceptos católicos. Dichas cuestiones son tan antiguas que inclusive en los tiempos de la “conquista espiritual”, los frailes mencionaban que los indígenas:

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…no prestan oídos a la palabra del señor, siguen sirviendo a los falsos dioses que ellos piensan que dicen la verdad y los tienen tan engañados, esos demonios que no quieren apartarse de los naturales y los embarcan para que les sirvan en tantos mitotes […] el demonio se apoderó de los indios y les enseñó tantas cosas que algunas parecen buenas […] para combatir a los falsos dioses […] que se manden más frailes que hablen la lengua de los naturales para entender primero sus idolatrías y luego enseñar el evangelio y sacar al demonio de estas tierras y arrojarlo a sus territorios para que no siga engañando a estos indios. (Luján citado por Gómez 2002: 139)

Ciertamente, la conjunción del catolicismo y las tradiciones para la producción agrícola mantienen un vínculo que se ha afianzado con el paso del tiempo. Por un lado, las rogativas para la lluvia no son una imposición de la colonia por cuanto la petición de la lluvia a las divinidades ha sido una necesidad vital para la milpa en todos los tiempos. En el ámbito de las fiestas que Chikomexochitl sea protagonista en lugar de San Juan Bautista resulta impensable. Más bien la divinidad Chikomexochitl es identificada con determinados santos o vírgenes según la época del año. En la temporada de Ipoualpan, Chikomexochitl se asocia a San Juan Bautista, San Isidro Labrador, La Virgen María, El Sagrado Corazón de Jesús y al Señor de Tampico Alto. Pues en comunidades como Tecomate, los comuneros elaboran un altar para cada una de estas divinidades y realizan un recorrido por cada uno de ellos hasta llegar a un cerro en donde colocan sus ofrendas. En todos los altares, las mazorcas y la comida de maíz constituyen los elementos esenciales para pedir por la lluvia y la nueva siembra. Antes de referirnos al sentido de religiosidad en la Huasteca, debemos considerar que no sólo se trata de una combinación de concepciones o subjetividades, sino de una forma particular de rendir culto a quienes tienen poder en el universo que mantiene la vida en la Tierra.