Hoy por hoy, las organizaciones locales y las ONGde muchos países usan la Red y el correo electrónico para que la intercomunicación resulte más eficaz. Día a día, en el mundo de la pesca, aumenta el número de usuarios de estas
vías de comunicación. Las nuevas infraestruc- turas quizá sirvan para promover una mayor integración en la investigación orientada hacia objetivos de desarrollo más generales, como son el uso más sostenible y ahorrador de los recursos, el alivio de la pobreza, y para promover el desarrollo de proyectos de inves- tigación que tengan más en cuenta las necesi- dades y las capacidades de todas las partes implicadas.
oneFish se propone derribar las fronteras tradicionales entre la investigación y las apremiantes necesidades del desarrollo sostenible. Conforme crezca, oneFish irá pro- porcionando a la comunidad de investigación pesquera la compilación mundial más amplia, plenamente integrada, de la información sobre investigación pesquera y desarrollo disponible en la Red. oneFish será la her- ramienta de todos, con lo que crecerá y se desarrollará en sintonía con las necesidades y las exigencias de los todos los participantes, con un planteamiento auténticamente sensi- ble a las necesidades de información de la comunidad de investigación pesquera y acuática.
Actualmente el proyecto de oneFish recibe la financiación de DFID (GB), Noruega, ICEIDA, CIDA, IDRC, el Banco Mundial, UNDPy de la FAO. Para más información, contactad con: oneFish Project, Unidad de Apoyo para la Investigación Pesquera y Acuática Internacional, Departamento de Pesca de la FAO, Vialle Terme di Caracalla, Roma 00100, Itallia.(www.oneFish.org)
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Este artículo ha sido escrito por Tim Bostock (correo electrónico:
[email protected]), Joan Baron (correo electrónico:
[email protected]) y Greg Searle de FAO, Roma
E
n el Reporte SAMUDRA No24(Diciembre de 1999), Brian O’Riordan da un extenso repaso a la situación del sector pesquero sudafricano. Leer “un nido de caos y corrupción” resulta bastante deprimente. Incluso la persona que pasa más de dos semanas visitando el sector pes- quero, puede observar tendencias y situa- ciones muy molestas, completamente opuestas al principio de equidad que debería guiar la nivelación de desequilib- rios históricos. Aún así, el reportaje de O’Riordan delata una comprensión bastante limitada del proceso, especialmente evi- dente cuando el autor anuncia “reformas drásticas e inteligentes”. Por este motivo, aquí se exponen unos pocos comentarios de otro observador que ha seguido el proceso desde 1994.
El proceso político que culminó con la Ley de Recursos Marinos Vivos (en inglés MLRA) de 1998 fue largo y complicado. Partió de las ini- ciativas del CNA (Congreso Nacional Africano) en 1994 y, al cabo de casi cinco años de negociaciones en el seno del Comité de Política de Desarrollo Pesquero, dio lugar al Libro Blanco, al Proyecto de Ley MLRA y, finalmente a la Ley MLRA, aprobada por el Parlamento en mayo de 1998.
Por supuesto, muchas cosas se podrían haber hecho de forma distinta, pero, por lo general, el proceso fue abierto y estuvo pro- tagonizado por un gran número de per- sonas, que por vez primera se sentaron a negociar. Se podrían haber consultado más grupos y se podrían haber empleado más esfuerzos para divulgar la Ley final, aun así, el resultado final probablemente no habría sido muy distinto. La política pesquera sudafricana, como en muchos otros países, constituye un compromiso, cuya configu- ración se supedita al poder político de las fuerzas contrincantes. En comparación a la situación de la mayoría del resto de países africanos, y a la de unos cuantos países europeos también, el proceso de política pes- quera en Sudáfrica gana en transparencia e
inclusividad. La cuestión más crucial de toda la planificación política giró en torno a la medida en la que el proceso de trans- formación debería afectar a la estructura industrial ya existente. Si, al igual que Brian O’Riordan, constatamos que la mayoría de los recursos están sometidos a una intensa explotación, comprendere- mos que la redistribución puede implicar el quitar algo a Pedro para dárselo a Pablo.
El mayor impedimento de la redistribución a gran escala han sido, por supuesto, los “grandes negocios”; pero no solo ellos. Los sindicatos marcharon en todo momento al compás marcado por los grandes negocios, hecho poco sorprendente, ya que con el objetivo de proteger los puestos de trabajo de sus miembros, el sindicato de pescadores (FAWU) junto con otros sindi- catos apoyaron la estabilidad de la indus- tria. (Su intención de operar como propi- etarios de cuotas es bastante paradójica, puesto que acarrea los problemas que sur- gen cuando uno quiere sentarse a ambos lados de la mesa de negociaciones. Éste es empero un fenómeno característico de Sudáfrica que no se circunscribe solamente a la industria pesquera).
Al fin y al cabo, la política pesquera sudafricana ha resultado ser una “revolución negociada”, igual que el resto de “revolu- ciones” que condujeron a la señalada subida del CNA al poder en 1994. Algunas fases de las negociaciones precisamente garantizaron una cierta seguridad a los empresarios establecidos y a sus trabajadores, así como una “cláusula crepuscular” para los fun- cionarios. Hoy en día, de nada sirve que nos lamentemos. El reto consiste en actuar, aun cuando el margen de maniobra sea muy reducido.