Capítulo 2: Marco teórico
2.3. Trabajo colaborativo
Las actividades cuyo propósito es fomentar la interacción social e interpersonal han favorecido, según Carrera y Marín (2011) y a López (2013), el desarrollo de un aprendizaje social en donde aprender se ha convertido en una responsabilidad
compartida y cuyo propósito es contribuir al desarrollo del conocimiento, habilidades y actitudes a través del trabajo en comunidad. A su vez, suponen destrezas para expresar los propios sentimientos y emociones del modo adecuado y aceptando los de los demás, haciendo posible la cooperación y colaboración para llegar a un objetivo común (Carrera y Marín, 2011; Zeus y Skiffington, 2000). Por tal motivo, resulta indispensable que las personas fortalezcan sus habilidades para relacionarse con otros, mediante la
cooperación, colaboración, integración, respeto y tolerancia.
De esta manera, la presente investigación pone especial énfasis en el trabajo colaborativo que, según autores como Echazarreta, et al. (2009), López (2013); Vadillo y Klinger (2004); y Villasana y Dorrego (2007) conduce a los que participan en él a través de un método o un conjunto de técnicas a la integración de conocimientos, al desarrollo de aptitudes o habilidades de comunicación e interacción y en especial, a generar actitudes en favor del aprendizaje colaborativo dentro y fuera del aula. Es precisamente en el contexto escolar que esta técnica adquiere su mayor auge en la medida en que su implementación en los programas escolares contribuye a formar
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profesionistas responsables de su propio aprendizaje y más competentes (Lucero, 2003). Por tal motivo se abordarán los beneficios del trabajo colaborativo en el aprendizaje escolar y la forma en que éste contribuye al desarrollo de habilidades individuales y sociales como las interpersonales.
2.3.1 Trabajo colaborativo y sus beneficios en el aprendizaje. Es a través del trabajo colaborativo que los alumnos pueden ser capaces de sostener un diálogo, de establecer relaciones personales más positivas, lograr un mayor rendimiento y productividad y aprenden a vivir en comunidad y a resolver problemas de manera colectiva. Sin embargo, para que exista realmente un trabajo colaborativo no es suficiente trabajar en equipo y mantener una constante comunicación sino que es necesaria la existencia de una interdependencia positiva entre los miembros del equipo, una interacción directa, responsabilidad individual, destreza en el manejo de habilidades sociales, un seguimiento constante de la actividad desarrollada y una evaluación
individual y grupal del desempeño (Barragán, de Aguinaga, Ávila, 2010; Johnson y Johnson, 2009 y López, 2013).
Al respecto, autores como Johnson y Johnson (2009); López (2013) establecen las características que corresponden al trabajo colaborativo o bien, sus componentes básicos (ver Fig. 2). Dentro de estos componentes destaca la interdependencia positiva y el procesamiento de grupo debido a que cada miembro del grupo no sólo se responsabiliza de su trabajo individual sino de la del resto del equipo pues la finalidad es la ayuda mutua para el desarrollo eficaz del trabajo o aprendizaje propuesto, ya que tanto el producto final como el proceso de elaboración tienen la misma relevancia para el trabajo
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colaborativo, por lo que la autoevaluación y/o coevaluación resultan indispensables para evaluar ambos procesos. No obstante, el resto de las características también son
fundamentales para que el trabajo colaborativo se lleve a cabo con éxito pues fluctúan y se complementan entre sí, tal es el caso de la constitución de grupos realizada de
acuerdo con criterios heterogéneos sobre características de personalidad y tomando en cuenta habilidades y competencias, la cual permite que los miembros asuman diversos roles de gestión y funcionamiento, compartan la función de liderazgo y ejerciten la reciprocidad. Además las habilidades interpersonales como asertividad, comunicación eficaz, gestión de conflictos, solución de problemas y toma de decisiones permiten desarrollar una interacción de calidad entre los miembros del equipo, ya sea presencial o virtual (López, 2013 y Maldonado, 2007).
Figura 2. Componentes básicos del trabajo colaborativo (López, 2013). Trabajo colaborativo Interdependencia positiva Responsabilidad Habilidades sociales Interacción Procesamiento de grupo
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De acuerdo con estas características, Johnson y Johnson (1998) indican sobre los beneficios del trabajo colaborativo que cuando los alumnos trabajan bajo este modelo, desarrollan mejor habilidades sociales que cuando se trabaja independientemente o compitiendo entre iguales. Asimismo, las actividades de trabajo colaborativo que se implementan en un aula de clases promueven comportamientos eficaces de cooperación y comunicación, pues los estudiantes intercambian información, procedimientos,
recursos y materiales para llevarlas a cabo. De igual manera, autores como Eggen, Eggen y Kauchak, (1999), Johnson y Johnson (2009), Nierto, (2004), Pérez y Lara (2008) y Tapia y Caturia (1996) mencionan que el trabajo colaborativo proporciona la oportunidad para compartir y resolver situaciones que aumentan la independencia y autonomía y reducen la ansiedad, además de que se incrementa el aprendizaje
colaborativo, el liderazgo proactivo y la capacidad de toma de decisiones (ver Tabla 3).
Tabla 3.
Beneficios del trabajo colaborativo de acuerdo con diversos autores (Nieto, 2004). Beneficios del trabajo colaborativo
1.Produce un aprendizaje activo y productivo.
2.Responde a las necesidades de una sociedad multicultural. 3.Contribuye al desarrollo cognitivo.
4.Ajuste psicológico al reducir la ansiedad, incrementar la autoestima y fortalecer la integración social.
5.Beneficia a la motivación intrínseca y extrínseca. 6.Fomenta la interacción.
7.Fomenta la autonomía e independencia. 8.Fomenta la toma de decisiones y el diálogo.
9.Permite la adecuación de los contenidos al nivel de los alumnos.
Al respecto, diversos estudios (Maldonado, 2007; Prieto, Rodríguez, Hernández y Queiruga, 2011; Villasana y Dorrego; 2007; Witney y Smallbone, 2011) han abordado los beneficios del trabajo colaborativo como estrategia en el proceso de enseñanza-
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aprendizaje en la educación superior y los resultados demuestran que los alumnos expresan mayor confianza en sí mismos y mayor compromiso personal por aprender, aunque en algunos casos, sobre todo en aquellos cuya aproximación a la práctica fue por primera vez, se percibía como un método difícil. Por otra parte, las actividades de trabajo colaborativo utilizadas en dichas investigaciones permitieron a los alumnos desarrollar habilidades interpersonales, lo que a su vez refuerza una interacción eficaz con la sociedad que los rodea. Estas habilidades les servirán para desenvolverse en el ejercicio laboral y tal como muestran estos resultados, las actividades de trabajo colaborativo han establecido su eficacia en el aprendizaje y desarrollo integral de los estudiantes, además según la actual globalización y acorde a las demandas de la actual sociedad del conocimiento, el trabajo colaborativo es un ingrediente imprescindible en todas las actividades de enseñanza-aprendizaje (Carrasco, 2000; Echazarreta, et al. 2009; Maldonado, 2007).