EL ZOMBI COMO ARQUETIPO DE TERROR GÉNESIS Y DESARROLLO.
2. La figura del zombi: Del folclore a su representación etnográfica 1 El simbolismo de los zombis en el folclore europeo
2.3. Las primeras aproximaciones literarias a la figura del zombi 1 La mirada del zombi según W Seabrook
2.3.2. Trabajos de no ficción antes de la Isla Mágica
A principios del siglo XIX varios textos de no ficción en lengua inglesa centrados en Haití fueron publicados. En la mayoría de ellos el tema central era la revolución, ya fuera por la brutalidad con la que se llevó a cabo o bien por el interés que suponía para los escritores ingleses y americanos que Haití se hubiese convertido en la primera republica negra. Al mismo tiempo, estos esfuerzos literarios hablaban sin ninguna excepción acerca de las supersticiones en Haití, y muy a menudo detallaban de forma muy gráfica las ceremonias llevadas a cabo
181 RUSSELL, Op. cit,. p. 17.
182 FLINT, David. Zombie holocaust: How the living dead devoured the pop culture. Londres: Plexus, 2009, p. 13.
183 No hay que olvidar que hoy en día sigue vigente en el código penal de Haití el famoso artículo 249 con el siguiente texto: “Cualquier persona que intente privar de su voluntad a otro ser humano, por medio de envenenamiento o cualquier otro método será condenado a prisión con la pena de intento de asesinato, y si en este intento se llega al enterramiento de la víctima, esta persona será acusado de homicidio.” REVENGA, Op. cit,. p. 12.
por la religión vudú, así como sacrificios humanos y el canibalismo.
W.W Harvey en su libro Sketches of Haití: From Expulsion of the French to the Death of Christoohe (1827), se mostraba más optimista frente al reciente gobierno haitiano que el resto de escritores del momento. Harvey creía que cualquier salvajismo exhibido por los haitianos durante la revolución de 1804 era una reacción dada por el periodo de esclavismo, pero aún así tenia la necesidad de exponer la necesidad de los haitianos frente a la superstición y lo sobrenatural:
These superstitious fears, however, did arise not wholly from their ignorance… but to attempt to shake their belief in such supernatural appearances, or to convince them of the folly of entertaining such groundless fears, was utterly vain. Every argument that could be proposed for this purpose, would be answered by a long history of extraordinary noises and fearful appearances, sufficiently appalling in the recital, and so generally did the belief in the prevail, that there were suffiently resoulte to their possibility, or to doubt their truth.184
Los comentarios de Harvey no son mas que los propios de una generación que construyeron su propias opiniones en base a una muy limitada experiencia de la realidad haitiana, pero su amabilidad frente al hecho haitiano no encontraba eco en la mayoría del resto los escritores americanos. Un ejemplo bien claro es el trabajo acerca del vuduismo y el canibalismo haitiano de Spencer St. John Haití, or the Black Republic que se convirtió un texto con bastante proyección e influencia durante el siglo XIX. El propio autor vivió en Haití durante 12 años, entre el 1863 y el 1884, ejerciendo el cargo de ministro y de cónsul general, aunque admite que nunca participó en una ceremonia vudú, lo que no le impide referenciar en su material por ejemplo el “congo stew”185 un plato hecho de judías y carne humana comido –según él- por los haitianos. La buena distribución del libro de St John significó quizás un impacto superior a ningún otro libro del siglo XIX basado en la cultura haitiana.
184 RHODES, G.D White zombie: Anatomy of a horror film. Jefferson, NC y Londres: McFarland and Co, 2001. p. 72.
Pese a que las ediciones del libro varían, el capítulo titulado vudú (Vaudux) de 44 hojas, era para él crucial para entender a la población haitiana:
There is no subject of wich it is more diffucult to treat than Vaudoux-worship and the cannibalism wich too often accompanies its rites. Few living out of the Black Republic ara aware of the extent to wich it is carried, and if I insist at lenght upon the subject it is in order to endeavor to fix attention on this frightful blot, and thus induce enlightened Haytians to take mesaures ofr its extirpation, if that is possible.186
Aun la longitud de su investigación, St. John no habla de los zombis. Brevemente menciona acerca de cuerpos “dug from their graves”187, pero sugiere que su principal propósito es el de servir de alimento llamándolos “goats without horns”188. Incluso proclama que el problema con el vudú fue a peor después de la revolución llegando a reinar triunfante en la isla.
Otro caso similar al de St John es el de Hames Anthony Froude con su libro The English in the West Indies (1888) donde proclama entre sus páginas:
Behind the immorality, behind the religiosity, there lies active and alive the horrible revival of the West African superstitions: the serpent worship, the child sacrifice, and the cannibalism. There is no room to doubt it.189
Más allá de ratificar las tesis de ST. John, Froude inserta su propia creencia que el gobierno de los EEUU debería tomar cartas y detener “el canibalismo y el culto al diablo” que reinaban en todo Haití.
El interés público y periodístico acerca del vudú se acentuó gracias a diversos magazines donde se publicaron varios artículos al final del siglo XIX. Durante el 1888 y el 1889, The Journal of American Folk-lore publicó dos ensayos
186Ibid. 187Ibid. 188Ibid. 189Ibid.
hablando acerca de la inapropiada y generalmente mal informada e injusta naturaleza por parte de la literatura del tema del vudú en Haití. Los dos artículos fueron escritos por William W. Newell, sus “Myths of Voodoo Worship and Child Sacrifice in Hayti” que rápidamente se convirtieron en una negación de las tesis de St. John y Froude entre otros, en particular se cuestionaba los rumores de canibalismo y sacrificios infantiles ofrecidos por sus colegas en sus escritos señalando que “esas acusaciones en contra el vudú… son imaginarias”.
Al año siguiente el segundo artículo de Newel “reports of Voodoo Worship in Hayti and Lousiana” intentó de nuevo probar los excesos de los textos del siglo XIX acerca del vudú y Haití esta vez mostrando el descrédito del propio ministro de los EEUU en Haití acerca de las prácticas caníbales llevadas a cabo por los cultos vudús. Pero los resultados de Newel, quizás por resaltar las frustraciones de los EEUU frente Haití, no llamaron la atención del público de la misma manera que la de su colega St. John, que pese a ser mucho menos veraz era mucho más excitante de leer para el gran público.
Quizás el mayor trabajo de no ficción basado en imagen y semejanza al de St. John fuera Where Black Rules White: A Journey and About Hayti, (1900) escrito por Hesketh Pritchard. En su capítulo “Vaudoux Worship and Sacrifice”, Pritchard escribe que el “made it a special point while in the island to learn as much of the sect as possible, to get the truth concerning them by perosnal experience, and to glean actual facts at firsthand.”190 Dejando de lado el hecho que nunca presenció un acto de canibalismo, y siguiendo los pasos de su antecesor St. John a Pritchard no le duelen prendas en clarar que “there is no doubt that the child sacrificed in the worst Vaudoux rites is afterwards dismembered, cooked, and eaten…”191 La fe en la radiografía de Haití hecha por
St. John unos años antes llevan a Pritchard a declarar, por ejemplo, “Vaudoux is so inextricable woven in with every side of the Haytian’s life, his politics, his religion, his outlook upon the world, his social and family relations, his
190 RHODES, G.D Op. Cit,. p.72. 191 RHODES, G.D Op. Cit,. p. 72.
prejudices and peculiarities that [it] cannot be judged apart from it”192.Estas influencias continuaran inamovibles para él mientras “as long as Hayti retains an entirely negro Goverment”:193 Estos argumentos ayudarán al crear las condiciones para que el gobierno americano reclame la inhabilitación del gobierno haitiano para así continuar con su política imperialista.
Durante el siglo XX la prensa americana continuó informando al público de las prácticas del vudú en Haití. En 1908, la famosa revista National Geographic
advertía: “It is well to consider whether we too may not expect some such acts of savagery [seen in Haitian voodooism] to break out in our own country if our own colored people are not educated for better things”194 En 1920 la misma publicación ofrecía el siguiente análisis de los haitianos: “Here, in the elemental wilderness, the natives rapidly forgot their veneer of Christian civilization and reverted to utter, unthinking animalism, swayed only by fear of local bandit chiefs and the black magic of voodoo witch doctors”195 Comentarios como éste, los cuales sentaron un precedente histórico, son en palabras de Rodhes los que permitieron la intervención militar en la isla.
Muchos otros magazines y diarios prosiguieron con las condenaciones verbales. El New England Magazine en 1921 reforzaba las creencias que los cultos vudús en Haití continuaban pese a la invasión de USA. Un poco más tarde, en 1922 otro periódico, el New Orleans Times Picayune en el artículo “Voodoo Still has its Worshippers in “Black Republic” llegó a sugerir que era un imperativo moral para los EEUU invadir Haití. En 1921 en un artículo del New York American
titulado “Why the Black Cannibals of Hayti Mutilated Our Soldiers” discute acerca de un importante sacerdote del vudú llamado Cadeus Bellegarde que supuestamente era el autor de un “código de reglas para la ceremonia de comer personas”. Al igual que el malvado protagonista –Legendre- de White Zombie
192Ibid.
193 RHODES, G.D Op. Cit,. p. 73. 194Ibid.
sembraba el pánico entre los haitianos, lo que dificultaba a los americanos a acusarlo de canibalismo, ya que nadie quería testificar contra él, debido a que Bellegarde avisaba que si se le condenaba a muerte volvería a la vida en forma de cocodrilo o de enjambre de mosquitos y devoraría a sus jueces. Con la figura de Bellgarde los periodistas encontraron un personificación del mal haitiano, pero finalmente fue capturado y presentado a la justicia americana por sus propios enemigos. Situaciones como esta denotan el apoyo del publico americano para la continuidad de la intervención americana en Haití.
Durante el periodo inmediatamente anterior y durante la intervención americana, encontramos muy pocos textos que simpatizaran con Haití y el vudú. Un ejemplo notable es el de J.N Léger Neale con Haiti: Her History and Her Detractors (1907), que examina el país y las perspectivas de otros autores desde un prisma relativamente objetivo. Otro ejemplo es el de Emily Greene Balch con
Occupied Haiti (1927) que justifica el vudú como una vieja tradición africana “deliberately employed in the closing days of slavery by those who were planning insurrection as a menas of bringing people together”196. Por último el libro de Robert P. Parsons History of Haitian Medicine (1930), trata el vudú desde una óptica médica en lugar de religiosa o política, pero en general estas voces disonantes fueron acalladas por la buena aceptación del libro de St. John antes comentado.
Muchos textos de principios del siglo XX oscilan entre la creencia de los hechos narrados por St. John y un sentimiento paternalista extendido hacia lo que denominan los “primitivos” Pero la discusión acerca del vudú era lo suficientemente fuerte para que no se limitara a Haití. Los años antes de la aparición de White Zombie varios artículos trataron el tema del vudú fuera de Haití, en concreto en América y en las localidades de Lousiana y Nueva Orleans. Al contrario que las historias de canibalismo, estas se substituyeron por cuentos con polvos del amor o bien magia vudú, de tal manera que estas historias aparecían frecuentemente en la prensa de Nueva Orleans. También se hablaba de
forma más frecuente de los dioses vudú y de ceremonias eróticas que no de sacrificios humanos. También se discutía del “Zombi” como el nombre del dios serpiente vudú en la tradición vuduística de Lousiana.
Stephen Bonsal, autor de The American Mediterranean (1912) ofrece una temprana descripción de una persona zombificada. El incidente ocurrió en 1908. Aunque en la descripción no usa el término “zombi” el estado de la víctima recuerda claramente esa condición:
A man of the working-class in Port- au-Prince fell ill. He had intervals a high fever which physicians could not reduce. He had joined a foreign mission church and the head of the mission visited him. On his second visit this clergyman saw the patient die and at the invitation of the deal man’s wife and his physician, he helped dress the dead man in his grave-clothes. The next day he assisted at the funeral.+, closed the coffin lid, and saw the dead man buried. The mail rider to Jacmel found some days later a man dressed in grave- clothes, tied to a tree, moaning. He freed the poor wretch, who soon recovered his voice but not his mind. He was subsequently identified by his wife, by the phyisician who had pronounced him dead, and by the clergyman. The recognition was not mutual however. The victim recognized no one, and his days and nights were spent moaning inarticulate words no one could understand. President [of Haiti] Nord Alexis placed him on a goverment farm, near Gonaives, where he was cared for. 197
La descripción de Bonsal es bastante cercana a las características del zombi como muerto en vida hasta la llegada del William Seabrook y The Magic Island (1929). En 1921, en un artículo en el New York American se hablará de un sueño que se confunde con la muerte, pero no se utiliza ninguna terminología para identificarlo. Don Mariano Alfares, en la historia que ocurre en Puerto Príncipe, lo relata de la siguiente manera:
A young woman died suddenly and was buried on the day following. At night several individuals of both sexes went to the cemetery, took up the coffin and opened it. What they actually did is not known; but what is positive is that the woman who was supposed to have
been dead was heard to shriek and shout for help. The guard near the cemetery, composed of Jamaica and Lousiana blacks, approached and saw the woman sitting up in the coffin. Various persons were standing around her, chanting loudly words they did not understand.198
Alfares acaba la historia explicando al lector que el guarda escapó corriendo, volviendo más tarde con ayuda y la mujer en la tumba del cementerio fue asesinada, habiéndole sacado el corazón y los pulmones ayudándose por un cuchillo.
Textos como este significan que hacia el final de 1920 ya se utilizaba el término zombi, y que por ende, existía una sensibilidad por parte del público americano y los escritores en captar este tipo de fenómenos. Aún así el zombi aún no estaba asociado al muerto en vida como tal, antes de que se editara el libro de Seabrook. De hecho La Isla Mágica sintetiza ambos conceptos junto a la etiqueta “zombi” para hacerlo llegar a la audiencia americana.
En general, los trabajos de no ficción anteriores a La Isla Mágica son, salvo algunas excepciones, la expresión de una visión muy negativa hacia el fenómeno haitiano. Textos como los de St. John reflejan las supersticiones americanas así como un disgusto nada velado por la independencia haitiana que fue aumentando durante la primera mitad del siglo XIX, durante la guerra civil y que continuó hasta la Reconstrucción. St. John canaliza el racismo en un poderoso texto que influenció fuertemente a todos aquellos que lo siguieron. Puede parecer a primera vista contradictorio que los ciudadanos americanos sintieran simpatía por los “primitivos” y les ofrecieran su ayuda durante la intervención militar mientras que al mismo tiempo los repudiaran por su maldad y sus prácticas caníbales. El imperialismo y el sentimiento racista crearon una fotografía de Haití para la mayoría de los americanos, llena de prejuicios y visiones macabras de gente salvaje y peligrosa reforzando una visión muy desfavorable de la realidad Haitiana.