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En el campo de la economía campesina, existe la discusión sobre “la relación entre el tipo de propiedad y/o control de los recursos naturales y el grado de sostenimiento ecológico por el sistema comunal” (Gascón, 1996) originada por el artículo “The Tragedy of the Commons” de Hardin (1968).

El paradigma de Hardin se centra en las circunstancias, en el que un pastor intenta mantener en un pastizal (recurso común) la cantidad de cabezas de ganado que le sea posible para maximizar su ganancia. Cuando el pastor examina aumentar el ganado, nota que obtiene un beneficio por su venta, sin embargo, existe un efecto negativo por sobrepastoreo. Ello lleva a una situación de utilidades negativas para el conjunto de pastores por la decisión que toma uno solo, aconteciendo que cada vez más se limita el número de ganado que puede soportar el pastizal.

Asimismo, al ser cada pastor racional, todos llegan a la misma conclusión de añadir otro animal a su rebaño para aumentar su propio beneficio, dándose así la tragedia de los comunes por la erosión y dominio de malezas en el pastizal a consecuencia de la sobreexplotación del recurso (Hardin, 1968).

Hardin manifiesta que el problema de la gestión de los recursos ambientales comunes se da en un contexto donde la población crece demográficamente y donde el libre acceso a los recursos comunes que considera ilimitado, lleva a un escenario de sobreexplotación del mismo, atribuyendo dicha situación al carácter egoísta de la racionalidad económica humana. La solución para este paradigma, propuesta por Hardin, es la privatización, estatización con uso restringiendo u otra manera de administración que pueda asegurar su sostenibilidad.

Aunque Hardin abrió paso a reconocidas obras que profundizaron el tema de propiedad sobre el uso de los recursos comunes, existieron detractores como Elinor Ostrom (1990) con su obra “Governing the Commons: The Evolution of Institutions for Collective Action”- que le hizo merecedora de recibir el Nobel de Economía el año 2009 - en el cual trata de explicar cómo individuos perfectamente racionales pueden producir, en ciertas circunstancias, resultados colectivamente irracionales, poniendo a prueba que

existen sistemas comunales que con éxito han solucionado el problema del recurso de uso común.

Es su obra, Ostrom parte de la “teoría convencional” de los recursos de uso común, donde los individuos se enfrentan a un dilema, en el cual debido a las externalidades creadas por sus propias acciones, los lleva a dañarse a sí mismos y a no cooperar entre sí para evitar el problema. Esta teoría, asegura Ostrom, es aun aceptada por los académicos y se utiliza como políticas públicas; por ello la autora desarrolla mediante varios casos de estudios la forma en cómo los individuos cooperan entre sí para apropiarse de los recursos de uso común, así como las condiciones que generan y no las predicciones de la teoría convencional.

La autora hace hincapié en tres modelos de la teoría de la acción colectiva: i) tragedia de los comunes por Hardin, explicado al inicio de esta sección; ii) El juego del dilema prisionero, donde cada jugador tiene información completa más no puede compartir decisiones por ser restringida, entonces cada participante elige una estrategia dominante no cooperativo, siendo que se produce un equilibro que es el resultado menos deseado por ambos; y iii) la lógica de la acción colectiva, señala que a menos que el número de individuos sea pequeño o exista coerción para hacer que los individuos actúen a favor del interés común, los individuos racionales priorizaran sus propios intereses y no los comunes o de grupo.

Por otro lado, defiende que existe una solución a lo alegado por lo convencional – que asevera que los recursos podrán ser explotados cuando se resuelva el problema de la sobreexplotación mediante la privatización o la imposición de reglas a través de una fuerza externa - en recursos donde los derechos de propiedad no están definidos. La solución de Ostrom implica la creación de instituciones estables de autogestión donde se satisfagan los problemas de provisión y apropiación. Los estudios que la respaldan se ubican en las praderas de alta montaña en Japón y Suiza, proyectos de agua en Filipinas y California, y pesquerías en Canadá y Turquía, en los que se exponen casos de instituciones estables de éxito y fracaso en la autogestión.

Para Ostrom, el problema de apropiación es cómo asignar una cantidad fija del recurso para evitar la reducción de ingresos y solucionar el conflicto sobre la

distribución de los derechos de propiedad, de lo contrario, se extraerá de los recursos cantidades económicamente no óptimas. Otro tipo de problema se relaciona con la asignación del acceso espacial o temporal de los recursos que son heterogéneos o inciertos, por ejemplo: los agricultores ubicados en la cabeza de un sistema de riego extraen más agua de los que se encuentran al final.

En tanto, el problema de provisión es el sostenimiento del recurso que dependerá de su productividad y de la inversión que se realice en el mantenimiento del mismo y en asegurar su suministro, de lo contrario se espera que la tasa futura de deterioro se incremente, sin embargo las decisiones acerca de estas actividades son difíciles de tomar, siendo que la asignación de responsabilidades puede resultar en un desafío.

De los argumentos, teorías y metodología ampliamente reconocidos de Ostrom, se utiliza uno de sus múltiples casos de estudio, presentados en su obra, para sistematizar aquel referido al uso común de las praderas y bosques de alta montaña en la comunidad de Törbel en Suiza, por poseer características geográficas y uso de recursos naturales (pastizales) similares a la RPNYC.

Törbel está ubicado en una zona con una amplia variedad de microclimas, precipitación esporádica escasa y exposición al sol, donde viven 600 habitantes aproximadamente, se caracteriza por las actividades agrícolas, pecuarias y de recolección de frutales de los árboles, y la producción de heno para forraje en el invierno. Los aldeanos poseen diferentes tipos de reglas para cinco recursos de uso común: praderas de pastoreo alpinas, bosques, sistemas de irrigación y senderos, y caminos que conectan propiedades privadas y comunales.

En la aldea existe una reglamentación pecuaria que prevalece por años donde los ciudadanos deben colocar la misma cantidad de ganado en las montañas tanto en el periodo de invierno y verano, de lo contrario estarían sujetos a una multa. Los ciudadanos votan por los estatutos de la aldea y asignan a la autoridad la administración de la montaña y la supervisión del cumplimiento de la norma. Las cuotas o las contribuciones laborales relacionadas con el uso de las praderas se fijan en proporción al número de cabezas de ganado que cada propietario posee.

En los bosques, el funcionario local marca los árboles que proveerán de madera para construcción y la leña para combustible, se asigna lotes a cada familia para entrar en los bosques y extraer los arboles marcados. Las familias designadas para recibir madera forman equipos de trabajo y dividen de igual manera el labor de cortar los árboles, transportar los troncos y apilarlos. No se autoriza la tala de árboles en ninguna otra época del año.

Las acciones descritas han permitido a la población de Törbel mantener su productividad durante muchos siglos y ha evitado el sobrepastoreo mediante controles rigurosos, es decir, el cumplimiento de las normas le ha generado poseer una producción óptima para sus miembros y a su vez demanda a la población proteger sus recursos del deterioro o desaparición, asimismo que han invertido en capital (deshierbo, construcción y mantenimiento de caminos) en las áreas de pastos para su conservación.

El éxito de Törbel se debe principalmente porque en la aldea prevalece la premisa que la población es el agente que toma las decisiones y posee autonomía, determina las normas y los revisa, también establece los límites en el uso de recursos comunes y los modifica en provecho de mejorar el manejo y explotación del recurso de uso común. Es decir, destinan tiempo a su autogobierno, siendo una característica fundamental de este buen funcionamiento: los bajos costos de supervisión y transacción que permitieron disminuir los conflictos internos, imperando así las acciones colectivas sobre las individuales.

Se sistematiza los principales hallazgos de la obra de Ostrom, sobre el tema de propiedad del uso de los recursos comunes, en aquellas situaciones:

- Cuando los usuarios no pueden compartir información tienden a sobreexplotar el recurso.

- Cuando los usuarios se comunican llegan a obtener beneficios conjuntos mayores. - Cuando los costos de supervisión son bajos y los pagos del mantenimiento del

recurso se comparten, los usuarios llegan a alcanzar niveles óptimos de apropiación, de lo contrario existe la tentación de incumplir los acuerdos.

- Los usuarios están dispuestos a pagar para castigar a quienes sobre utilizan el recurso común.

- Cuando los usuarios toman sus propias decisiones en el uso de los recursos y el sistema comunal los sanciona, los niveles de sobreexplotación son bajos y los resultados colectivos óptimos.

Continuando con la crítica a la contribución del autor de la tragedia de los comunes, Gascón (1996) en su obra “La Polémica sobre la tragedia de los comunes: un caso andino” asevera que Hardin confunde la gestión comunal con el libre acceso, hecho criticado también por otros autores21, principalmente porque Hardin no hace uso de casos reales para plasmar su ejemplo. Por el contrario, la privatización de los recursos comunales si bien podrían ser económicamente rentables, a menudo lleva a la exclusión y restricción del propio recurso que es de carácter vital para sus usuarios locales, siendo que incrementa las desigualdades, este último argumento es definido por Gascón como una verdadera tragedia de los comunes (Ciriacy-Wantrup y Bishop cit Gason 1996).

Al igual que Ostrom (1990), Gascón mediante ejemplos empíricos ubicado en la zona andina del Perú, trata de manifestar que el sistema comunal es una forma de propiedad, que lleva a la exclusión de los no-beneficiarios y a una regulación de uso, y por tanto, la ineficiencia en la gestión de los recursos y su agotamiento no depende del tipo de propiedad sino de otras variables. Para demostrarlo, expone el sistema de manejo de los recursos de uso común (suelo y pesquero) de la población de la isla de Amantaní, ubicado en el centro del lago Titicaca en la región de Puno.

La primera constituye en la distribución y manejo del recurso del suelo (pastizales) destinado principalmente para la alimentación del ganado. Amantaní posee cuatro parcelas repartidas entre todos los comuneros, bajo una gestión comunal donde la rotación de cultivos agrícolas es obligatoria, dejando así una parcela en barbecho (descanso regulado) para la alimentación exclusiva del ganado, mientras sigue el ciclo agrícola. Las parcelas son dirigidos por una autoridad de la comunidad que permite el acceso al pasto con igualdad de condiciones, obteniendo el máximo aprovechamiento de cada unidad de terreno, al disminuir la intensidad de su uso y delimitarlo en tiempo (Gascón, 1996).

21 Feedyet al. (1990), Swaney (1990), Aguilera Klink (1991), Gonzalez De Molina y Gonzalez Alcantud (1992), Batista Medina (1996), Pascual (1993) y Martínez Veiga (1996) citados por Gascón (1996).

Los pobladores amantaneños cuentan con pocas opciones laborales dentro de la isla, por lo que tenderían a migrar, sin embargo esto no ocurre, porque las condiciones del mercado laboral son precarias en las ciudades, situación que los lleva a mantenerse en sus hogares y seguir aprovechando el recurso que usufrutuan. No obstante, el crecimiento demográfico se evidencia con el incremento de número de ganado por familia, el cual origina el desgaste y erosión del suelo por la sobreexplotación del pastizal (Gascón, 1996).

El resultado del desgaste de la tierra, ocasiona la mortandad del ganado y la escases del recurso común. Si bien, la reducción de la carga animal sobre los pastos reduciría el desgaste del suelo, esta no es posible en su aplicación, dado que la producción animal para la comunidad, constituye un sistema de autoconsumo, solvencia económica e insumo agrícola (abono). Siendo que el crecimiento de la población, intensifica la sobreexplotación y agotamiento del recurso común (Gascón, 1996).

El segundo corresponde a la explotación pesquera destinado principalmente al comercio, el manejo de la pesca en la isla Amantaní es eficiente ecológicamente ya que no existe su aprovechamiento desmedido. Si bien el sistema comunal reparte las zonas piscícolas y a su vez se respeta las delimitaciones geográficas con otras comunidades22.

Los factores limitantes para el acceso al recurso constituyen: los altos costos de inversión, la dedicación en horas de trabajo, y el riesgo climático y biológico del recurso piscícola, elementos que restringen la expansión del acceso para su utilización (Gascón, 1996).

Por tanto, para Ostrom (1990) y Gascón (1996) a diferencia de Hardin (1968), el buen o mal manejo de los recursos no depende necesariamente de la forma de propiedad y/o gestión (comunal, privada o estatal) sino de otras variables particulares de las comunidades o aldeas, siendo que las acciones colectivas ajustadas a un sistema comunal eficiente podría llevar a beneficios conjuntos favorables.