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El IPCC (2001) define la vulnerabilidad como “el grado en que un sistema natural es susceptible o incapaz de enfrentarse a efectos adversos del cambio climático, incluyendo la variabilidad y extremos climáticos”, posee tres componentes: exposición, sensibilidad y la capacidad adaptativa.

La exposición hace referencia a la presencia de un riesgo climático, es decir a la probabilidad que dicho acontecimiento se produzca y cause daños físicos, hecho que altera las condiciones normales de vida (personas afectadas y pérdidas materiales). Los riesgos pueden ser de origen natural como terremotos, tifones, deshielos de montañas, etc.; y de origen humano como el uso de contaminantes (IPCC, 2001; Monterroso et al, 2013).

La sensibilidad es el grado en el que un sistema se puede ver afectado por un estrés externo, y son las condiciones humanas y ambientales las que aumentan y disminuyen los impactos (IPCC, 2001; Monterroso et al, 2013).

La capacidad de respuesta consiste en las medidas o acciones utilizadas para enfrentar los efectos del cambio climático, pudiendo la sociedad ser capaz de modificar sus propias características o comportamientos para afrontar de una mejor manera o anticiparse a los factores que impulsan el cambio. La capacidad de respuesta dependerá del estado actual del capital natural, humano, productivo, social y cultural a nivel local (IPCC, 2001; Monterroso et al, 2013).

Existen diferentes clases de vulnerabilidades (Tabla 2) que se interrelacionan con el medio geobiofísico y la sociedad, y se caracterizan por la interacción de un conjunto de elementos en un territorio, siendo el resultado de la incapacidad de la comunidad para responder ante un riesgo (vulnerabilidad global).

Tabla 2: Tipos de vulnerabilidad

Vulnerabilidad Descripción

1. Natural

Los seres vivos tienen cierto grado de vulnerabilidad natural frente al ambiente que lo rodea, debido a la demanda de ciertas condiciones para vivir como temperatura, composición atmosférica, alimentos, etc., que pueden generar epidemias, congelamiento, contaminación, sequías que afectan el ganado, cultivo, manufactura, generación de energía eléctrica , entre otros, y que constituyen una amenaza constante a la sobrevivencia.

2. Física

Se presenta donde existen asentamientos humanos en zonas de riesgo, y al mismo tiempo, deficiencias que obstaculizan afrontar esos riesgos, como inundaciones y deslizamientos con deterioro del sistema de alcantarillado y/o sobrecarga de actividades económicas. La infraestructura importante para el desarrollo social de las comunidades, es afectada por el cambio climático con su deterioro, destrucción o pérdida.

3. Económica

Es una de las vulnerabilidades más significativas.

Los sectores sociales más pobres son más vulnerables frente a riesgos naturales, pues en países con mayores ingresos per cápita el número de víctimas registrados como consecuencias de desastres es menor frente a los países con menores ingresos per cápita (Wijkman y Tomberlake 1985 citado en CEBEM 2013), debido a:

a) La vulnerabilidad humana, resultante de la pobreza y la desigualdad; b) La degradación ambiental, resultante del abuso de las tierras; c) El rápido crecimiento demográfico, especialmente entre los pobres.

La pobreza aumenta el riesgo de desastre (desempleo, insuficiencia de ingresos, inestabilidad laboral, dificultad a la educación y salud, y el ocio).

4. Social

Se relaciona con el traumatismo social debido a la insuficiente organización de una comunidad, bajo nivel de relacionamiento y conexión interna, lo que impide anticiparse a los efectos de un desastre o dar respuestas al mismo.

5. Política

Es vinculada con la vulnerabilidad económica y es la base para la toma de decisiones en representación de una comunidad. A mayor autonomía se tendrá menor vulnerabilidad política, pero si la mayoría de problemas locales dependen de decisiones externas, la comunidad no posee suficiente capacidad para hacer escuchar sus problemas frente a los decisores políticos, y por ende, será incapaz para solucionar los problemas.

6. Institucional

Enmarcada en procesos burocráticos y lentos, donde los mecanismos de contratación, el presupuesto, la administración y los procedimientos, incapacitan la generación de respuestas adecuadas y ágiles ante cambios económicos, sociales y ambientales, que se mitiga con la gestión de emergencias mediante oficinas u organismos destinados al manejo de esos eventos, la capacitación del personal, el conocimiento y estructuración de planes de contingencia y la actualización de la normativa vigente.

Fuente: A partir de la información de CEBEM (2013)

Por otra parte, el análisis de “riesgo” en el enfoque de vulnerabilidad ante el cambio climático manifiesta la ocurrencia de un desastre como el evento adverso que resulta de la combinación entre un agente productor y una población vulnerable en un área geográfica acotada y en un momento determinado, donde los recursos necesarios para dar atención a las necesidades emergentes del evento adverso superan los recursos existentes en el nivel local.

Es decir, existe una desproporción entre los recursos necesarios para atender las necesidades emergentes y los recursos localmente disponibles (Nahón, 2011). De la misma forma, es necesario precisar que el riesgo es una factor característico de las sociedades humanas que no necesariamente puede resultar en desastre, en contraste, este último se manifiesta cuando el riesgo es acompañado de una situación de vulnerabilidad (CEBEM, 2013).

En tanto, el grado de impacto de un desastre en una población podría acrecentarse cuando el cambio climático incide en la probabilidad de ocurrencia de un acontecimiento climático que causa daños físicos (riesgo), manifestándose de dos maneras distintas: primero, a través del aumento de las amenazas climáticas; y segundo, mediante un aumento de la vulnerabilidad de las comunidades frente a las amenazas naturales (degradación de los ecosistemas, menor disponibilidad de agua y alimentos y los cambios en los medios de sustento) (Nahón, 2011).

Desde otra perspectiva, una capacidad de respuesta baja o tardía para la reducción de las pérdidas ocasionadas por los desastres asociados con la variabilidad del clima y el futuro cambio climático contribuyen a agudizar la vulnerabilidad de las comunidades pobres siendo que la falta de recursos económicos para hacer frente a los desastres climáticos se intensifica por la densidad poblacional y el daño acumulativo de las catástrofes (CEBEM, 2013).

Aunque la capacidad de respuesta de una comunidad puede valerse de mecanismos de defensa (como la migración, almacenamiento de alimentos, comercio, etc.) para la reducción de las pérdidas de desastres climáticos; estos mecanismos son altamente dependientes del desarrollo económico local y varía en función de su estructura social, su cultura, su capacidad económica y el nivel de degradación ambiental (CEBEM, 2013).

Por tanto, la evaluación de la vulnerabilidad ante el cambio climático debe formar parte integral de un sistema de planificación social que anticipe los desastres e identifique los riesgos existentes en una comunidad y a partir de allí tomar decisiones para adaptar o empezar actividades que contrarresten los desastres climáticos; de esa manera una

comunidad logrará estar preparado para afrontar los desafíos que el cambio climático impone sobre la población (Nahón, 2011).

Para concluir las secciones anteriores sobre los servicios ecosistémicos (capital natural), bienes de capital, impacto y vulnerabilidad del cambio climático, es preciso mencionar la guía “Análisis de sistemas de gestión del riesgo de desastres” presentado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, 2009) que proporciona un conjunto de herramientas y metodologías para evaluar la capacidad de respuesta de una población que es propensa a los desastres y a su vez presenta un estado de vulnerabilidad en sus grupos poblacionales.

La FAO (2009) propone como base teórica el enfoque de los “modos de vida sostenible” para analizar las interrelaciones entre conflictos, vulnerabilidades y problemas de activos (bienes de capital) y estrategias de afrontamiento a nivel comunitario, con el fin de comprender las situaciones que enfrentan una población de bajos recursos económicos, dependiendo de las relaciones entre los activos que posee, el contexto de vulnerabilidad actual y los procesos institucionales que dan forma a sus vidas (Figura 3).

De este modo, la FAO establece que aquellas poblacionales que posean una gran cantidad de recursos serán más resilientes15 a las amenazas naturales y a sus impactos. Siendo que las políticas e instituciones que la constituyen, reflejadas en normas u organizaciones, les permiten afrontar los desastres. Lo anterior subyace en que si las normas y organizaciones “funcionan de manera efectiva, pueden convertirse en fuertes catalizadores de los medios de vida, mejorando la prevención y la mitigación, proporcionando asistencia rápida en situaciones de emergencia, y apoyando la recuperación después de un desastre” siendo que primará asegurar la provisión de los bienes y servicios esenciales a las poblaciones más vulnerables (FAO, 2009).

Figura 3: Modos de vida sostenible adaptados a la gestión del riesgo de desastres

Fuente: Modificado de FAO 2009.