• No se han encontrado resultados

Además de quedar «disipadas las lisonjeras esperanzas que todos habíamos concebido» –en palabras del P. Ferrís–, la rocambolesca estancia de Pinnelli había dejado algunas heridas. Es posible que ésa sea la explicación de por qué los médicos Enrique Slocker y González Castella- no rechazaron –con pretextos de circunstancias– formar parte de la Comisión Facultativa del Sanatorio, creada desde el Instituto Médico Valenciano precisamente para evitarle a la Junta de Gobierno situaciones como la pasada, es decir, teniendo que decidir sobre cuestiones que le eran ajenas por invadir la competencia científica. De todos modos, el médico de Xàbia reconsideraría su negativa ante la insistencia de la junta y pasaría a integrarse en la citada comisión, compuesta además por los doctores Vicente Carsi, Joaquín Aguilar, Mauro Guillén Comín, Ramón Alapont, Faustino Barberá y Manuel Zuriaga. Venía a ser el grupo de médicos que se habían significado por sus reiterados servicios y apoyos al sanatorio.63

Con unas instalaciones en Fontilles sin estrenar por las circunstancias dichas, y al mismo tiempo que proseguían las obras en edificios y se formalizaba la adquisición de nuevos terrenos,64 empezaron a llegar peticiones desde diversas instancias para llevar allí los enfermos. Primera- mente fue la Diputación de Alicante la que en octubre discutía una propuesta para que los tres leprosos que se hallaban en el Manicomio Provincial de Elda pasasen al Sanatorio de Fontilles, fijando la cantidad anual de 750 pesetas en concepto de pago por estancia de cada enfermo. Contestó la Junta de Gobierno positivamente, si bien advertía que el sanatorio no estaría en condiciones de recibir enfermos hasta mayo de 1907, momento en que avisaría a la Diputación para el traslado de los enfermos. Evidentemente, la fecha apuntada será imposible de cumplir.65

63 La negativa de González Castellano, en AF-(14/septiembre/1906)-González/Vidal. Todavía en diciembre seguía el médico de Xàbia menos activo que en otro tiempo; lo justificaba en que a la animosidad que algunos le guardaban por su actitud durante la estancia de Pinnelli, se añadía el hecho de haber recibido un anónimo amenazante por su lucha a favor de los leprosos: en AF-(9/diciembre/1906)-González/Ballester. De hecho, se constata la ausencia de González Cas- tellano en los años siguientes –tal vez, por la larga enfermedad de su esposa, fallecida en julio de 1912–, si bien todavía ocasionalmente encontramos alguna carta suya de tono muy cordial: en AF-(12/septiembre/1913)-González/Ballester y

(24/julio/1914)- González/Ballester. La composición definitiva de la Comisión Facultativa, en AF-(6/noviembre/1906)-Doc.

Como veremos, los ofrecimientos de médicos o curanderos que decían tener la medicación milagrosa para curar la lepra se repetirán una y otra vez. En septiembre de 1906 era el doctor en Medicina Carmelo Belau el que escribía a la Junta de Gobierno en ese sentido; unos meses después, en mayo de 1907, sería un tal Vicente Pastor Gisbert el que también se mostraba dispuesto a ir a Fontilles, convencido de haber encontrado el remedio seguro.

64 Como los propietarios que tenían apalabrada la venta de sus tierras empezaron a presionar a la Junta de Gobierno, en noviembre se obtuvo un préstamo de 8.000 pesetas del Banco de España. Con dicha cantidad se hizo frente, en el último trimestre de 1906, al pago de 1.845 pesetas que costaba registrar 11 nuevas fincas, equivalentes a 1.601 m2. Meses más

tarde, en la Junta de Gobierno de febrero se acordaría pedir un nuevo préstamo de 7.000 pesetas a la Caja de Ahorros de Pego «para atender a las obras del Sanatorio»: en AF-(6/febrero/1907)-Actas. Por otra parte, la provisional capilla del sanatorio fue oficialmente inaugurada el 10 de junio de 1907.

65 En V. RAMOS, Historia de la Diputación…, ob. cit., tomo III, pp. 547-548 y 577. La respuesta del sanatorio es del 22 de febrero de 1907. Sobre las pésimas condiciones en que estaba el Manicomio de Elda, ver pp. 646-647. En 1915 no habían sido trasladados a Fontilles los leprosos recluidos en el citado manicomio por la falta de fondos de la Diputación.

136 Cuidados y consuelos | Cien años de Fontilles (1909-2009)

Después, a finales de enero de 1907, era un grupo de leprosos del Hospital Provincial de Valencia los que tomaban la iniciativa dirigiéndose al gobernador civil; tenían como compañero de sala a uno de los enfermos que habían sido tratados por Pinnelli –del que dicen estar «completamente curado»–, y en la creencia de que el plan de Fontilles con dicha señora seguía adelante, pedían al gobernador en términos lastimosos ser trasladados al sanatorio para ser tratados y curados por Pinnelli. La decisión del director del mencionado hospital, marqués de Colomina, fue pedir previamente un informe, en el que su autor –Lorenzo Colomer, inspector de Beneficencia Pro- vincial– juzgaba como «justa y razonable» la petición de los enfermos, ya que el local que les albergaba en el Hospital Provincial

«[…] no reúne por de pronto ninguna de las condiciones que la ciencia aconseja para el caso: sin anchura de espacio, sin altura de techos y paredes, con ventilación insuficiente. […] Dos espacios rectangulares de diferente magnitud, destinado el más pequeño al doble uso de cuarto de limpieza y comedor, en comunicación directa con un pequeño retrete, y una raquí- tica terraza cuya inclinación de pavimento a duras penas si consiente el mantenerse en pie; y otro segundo espacio de relativa mayor capacidad convertido impropiamente en dormitorio, ya que la altura de uno de sus muros laterales no consiente que queden adosadas al mismo las cabeceras de las camas sin que al incorporarse tropiecen los enfermos con el techo.

Sufren las inclemencias y rigores del frío invierno y del sol [ilegible] de nuestro clima sin otra protección que el simple techo […] y quedan materialmente recluidos, sepultados en vida y verdaderamente adocenados, ya que por término medio vienen a ser de dieciséis o dieciocho enfermos en sitio reducido […]».

En sus duras conclusiones, el informante no se recataba en calificar de «verdaderamente criminoso» mantener confinados a los enfermos en esas condiciones, por lo que «urge y precisa la inmediata traslación de los leprosos al Sanatorio de Fontilles cual ellos solicitan». Con esta consideración fue el marqués de Colomina a Fontilles para visitar los pabellones y adquirir perso- nalmente datos; después convocó a la Comisión Auxiliar del Hospital y, en vista de la unanimidad, escribió al presidente de la Junta de Gobierno de Fontilles preguntándole «en qué condiciones pueden establecer un contrato con esta Corporación provincial, a fin de poder trasladar en el más breve plazo posible a ese Sanatorio los desgraciados leprosos de esta provincia».66

66 En Archivo Diputación Provincial de Valencia. Sección Sanidad, Sign. D.2.7.2. Caja 1. El citado Informe es de 12 de junio de 1907. La carta del director del Hospital, en AF-(4/julio/1907)-Colomina/Vidal. A la anterior contestaría la Junta de Gobierno ofreciendo hasta veinte plazas para los leprosos del Hospital Provincial, y abonando por cada uno de ellos una subvención equivalente al gasto invertido en su mantenimiento en dicho hospital: en AF-(18/julio/1907)-

Actas. Más adelante, el director, marqués de Colomina, en la creencia de que la apertura del sanatorio era inminente,

redactaba un nuevo informe en el que, además de otras consideraciones, dejaba constancia del acuerdo alcanzado con la Junta de Fontilles para recibir a los leprosos del hospital: Doc. de 22 de octubre de 1907. Al día siguiente, la Sección de Beneficencia de la Diputación Provincial de Valencia respondía con un Dictamen favorable, si bien con algunas ob- servaciones. Después, el 29 de octubre, la Comisión Provincial de la Diputación aprobaba consignar 12.000 pesetas en el capítulo «Gastos generales» del presupuesto del hospital a fin de costear los gastos de sus enfermos en Fontilles. En

En realidad, estaban llegando solicitudes de traslado sin que la Junta de Gobierno hubiera determinado todavía algunas elementales cuestiones económicas y de funcionamiento. Por esta razón, en su reunión de junio de 1907 acordó encargar a su Junta Facultativa Médica que le aportase datos sobre la clase y calidad de los alimentos para los enfermos, así como la calidad e importancia de los medicamentos, todo ello «para poder apreciar la pensión que puede exigirse a cada uno de ellos»; asimismo, le pedía orientación acerca de las precauciones que debían to- mar las personas que hubiesen de servir o tratar a los enfermos para evitar el contagio. Aunque en una sesión anterior había ya nombrado como director médico del sanatorio al que ejercía en Laguar –que, por su proximidad al sanatorio, podía compatibilizar ambas funciones–, ahora establecía su retribución económica en mil pesetas anuales. Igualmente, la Junta de Gobierno apremiaba a convenir las condiciones con los padres de la Compañía de Jesús y con las hermanas Terciarias Fxranciscanas para que se hicieran cargo del Gobierno y del cuidado de los enfermos, respectivamente. Más adelante, en posterior reunión, acordaba clasificar a los enfermos en po- bres, pensionistas y distinguidos, estableciendo que los pobres y pensionistas debían ser igual en número; y añadía: «los pobres traerán a su ingreso dos juegos de ropa limpia y no abonarán cantidad alguna; los pensionistas, dos pesetas diarias por todo, exceptuando los medicamentos que serán de su cuenta». Señalaba que en la admisión serían preferidos los pobres de la región de la Marina, y entre ellos los de los pueblos más cercanos al sanatorio «o que más hayan con- tribuido a su creación»; no obstante, la Junta de Gobierno se reservaba un reducido número de plazas para los enfermos de Valencia enviados por los bienhechores que hubiesen contribuido con limosnas extraordinarias.67

Paradójicamente, en el verano de 1907 coincidirían dos hechos que muestran las contrapuestas situaciones en que tuvo que desenvolverse la Junta de Gobierno. Por un lado, la generosa dona- ción del doctor Manuel Zuriaga Soler al Patronato de Fontilles de una extensa finca abrió firmes expectativas de establecer un sanatorio en la provincia de Castellón, donde algún intento anterior –promovido en 1905 por el inspector provincial de Sanidad, José Clará– había quedado frustrado

todo el proceso de trámites y acuerdos, el diputado Ramón Alapont había tenido un papel decisivo. Por otra parte, las pésimas condiciones en que estaban los enfermos de lepra en el Hospital de Valencia eran muy similares a las que se nos describen en una extensa crónica sobre el Hospital San Lázaro de Granada en el semanario Alrededor del Mundo, de 29/junio/1905, pp. 401-403.

67 En AF-(20/junio/1907)-Actas. Tal vez en consonancia con lo acordado en esta sesión, en el archivo se conservan unas notas manuscritas, sin fecha, del doctor Manuel Zuriaga en las que éste hace referencia a los diversos tratamientos an- tilepra, con mención expresa al del dermatólogo alemán Paul Gerson Unna. Por otra parte, el aludido médico de Laguar era Vicente Gómez Monerris, que dimitirá a principios de 1908 por pasar a ejercer en otra localidad, siendo sustituido por Arcadio Pared Morant: en AF-(13/enero/1908)-Gómez/Ballester. En los primeros años de Fontilles, alguno de los médicos de las localidades cercanas era nombrado para hacerse cargo de los enfermos del sanatorio, desplazándose hasta allí dos o tres veces por semana, además de las urgencias. En cuanto a los criterios de admisión citados, en AF-(25/

138 Cuidados y consuelos | Cien años de Fontilles (1909-2009)

por la falta de ayuda económica del Gobierno. El propósito, pues, parecía muy oportuno, ya que podría aliviar la concentración de enfermos en Fontilles, además de la ventaja de proximidad para los numerosos leprosos de dicha provincia. Se trataba de una finca rústica –denominada Masía de Cuevas o de Fuster– situada en el término de Caudiel, cuya extensión superaba los 110.000 m2, y de cuyo valor da idea el que en sus lindes hubiera huerta, viña, pinar y monte, además de un gran casa de labranza. De inmediato, siguiendo los pasos recorridos en Fontilles, se intentó crear juntas locales de apoyo, se recurrió a la jerarquía eclesiástica de Segorbe y Tortosa, se buscó financiación en la Diputación Provincial, se contó con la complicidad de políticos como Navarro Reverter, se tuvo el aliento de las autoridades sanitarias, etc. Durante años se pretendió hacer del sanatorio de Caudiel una especie de sucursal o extensión de Fontilles a cargo de alguna orden religiosa que lo gestionase (en concreto, se mantuvieron contactos con los hermanos de San Juan de Dios y con los padres Camilos), sin encontrarla. Al final, la ilusión y el propósito no pasarían de ser eso. Las dificultades económicas de la Junta de Fontilles –que no podía afrontar en solitario la inversión precisa–, unido a la oposición de los pueblos cercanos, hizo optar finalmente por la venta de la finca y nunca se construiría el sanatorio.68

En cambio, el otro hecho al que aludíamos llegaba con el signo de nueva contrariedad. En efecto, aprovechando las fiestas locales, el 14 de julio tenía lugar en Pego un mitin organizado por el jefe del republicanismo alicantino Camilo Pérez Pastor y el médico de Ondara Pedro Rua- no Llopis. Habían convocado a los alcaldes del distrito a una reunión en la sala capitular para combatir la instalación del Sanatorio de Fontilles y parar las obras. Esta vez con mayor claridad, a los conocidos argumentos de Ruano sobre el negativo efecto que para el comercio tendría el sanatorio, se añadieron los de tono anticlerical, llegando a afirmar que «si se hacía el Sanatorio no nos quitaríamos de encima a los jesuitas». No obstante, según el informe redactado por el alcalde de Pego, Jerónimo Ivars, «fue escasa la concurrencia y más escaso el fruto obtenido». Pero no por ello cesó la campaña. Las noticias del mencionado mitin aparecidas en El Diario de Alicante, varios artículos de Ruano publicados en El Heraldo de Alicante por estas fechas y una conferencia suya en Alicante reavivaron el ambiente de oposición y de amenazas de derribar lo construido en Fontilles. Hasta la Cámara Alta supo del malestar existente en algunos pueblos de la Marina, puesto que el senador por la provincia de Barcelona Odón De Buen había formulado

68 La donación ante Notario se hizo el 6 de julio de 1907. El acuerdo de construir un sanatorio en la finca «enseguida que las circunstancias lo permitan», en AF-(26/agosto/1907)-Actas. La decisión final de venderla la tomó la Junta de Gobier- no en 1922: en AF-(30/marzo/1922)-Actas. El aludido intento del inspector Clará, en AF-(9/enero/1905)-Clará/Ballester. Una referencia a la situación de los leprosos en el Hospital de Castellón, en La Salud Pública. Revista de Higiene y

Tuberculosis, diciembre de 1905 (Núm. 11), artículo de J. GONZÁLEZ CASTELLANO, «Las leproserías. A propósito del

caso de Castellón». La falta de apoyo económico de particulares de Castellón, en AF-(8/febrero/1908)-a.d/Ferrís y (27/

diciembre/1910)-Castel/Ferrís. La oposición de los pueblos, en AF-(17/agosto/1914)-Salazar/Ballester, (14/octubre/1915)- Salazar/Ferrís y (13/julio/1917)-Actas. Un relato de recuerdos sobre la imposibilidad final de construir el Sanatorio de

una interpelación al ministro de la Gobernación para que aclarase la «alarma extraordinaria» que se había producido en la provincia de Alicante.69

Pese a todo, era evidente que el movimiento de protesta no había contado esta vez con el respaldo de los ayuntamientos ni de las instituciones significativas de las comarcas afectadas. Tal vez por ello, la Junta de Gobierno dio menos importancia a los discrepantes y siguió dando pasos. Fue precisamente en el verano de 1907 cuando se establecieron los primeros contactos con la leprosería de Bergen a través del vicecónsul de Noruega en Valencia, leprosería que era un verdadero modelo para los especialistas de la época por haber sido el centro de investigación de Hansen (como ya se dijo). En respuesta a una primera carta, mostraba el doctor Lie (director del Hospital de Bergen) su disposición a contar detalles del funcionamiento organizativo y cien- tífico de la famosa leprosería noruega, ofrecimiento que quedó aceptado enseguida enviándole una prolija relación de cuestiones. La contestación a éstas llegó a finales de octubre en forma de extenso documento que contenía como observación previa que el Estado noruego era el res- ponsable de la administración y pagaba todos los gastos, de modo que los enfermos «no tienen absolutamente ningún gasto por su permanencia en el hospital». Señalaba la existencia de un pabellón dedicado al estudio y a la investigación científica, detallando su organización directiva y el personal auxiliar (entre los que apuntaba la presencia de un capellán y una religiosa). Decía que los enfermos ayudaban en los diferentes trabajos internos, percibiendo una retribución diaria por ello. Tras ofrecer un formulario de ingreso para los enfermos, indicaba que éstos llevaban al ingresar «dos juegos completos y decentes de ropa de uso», vendas de hilo y algodón y zapatos; debían reunir condiciones de moralidad y docilidad, no pudiendo abandonar el hospital sin per- miso especial del médico-director. Finalizaba el documento dibujando un croquis de los dos pisos del pabellón, con detalle de las diversas dependencias. Si establecer contacto con la leprosería de Bergen era motivo de verdadero orgullo en aquellos años, puede suponerse el interés con que la Junta de Gobierno acogería tan minuciosa y útil información para la puesta en marcha del Sanatorio de Fontilles.70

69 Dirigido al gobernador civil, el informe del alcalde sobre el mitin, en Archivo Municipal de Pego, Doc. de 10/ octubre/1907. Una información muy posterior, con algunos errores, sobre el mismo mitin, en AF-(29/marzo/1919)-

Mengual/Faura. Las amenazas contra el sanatorio, en AF-(21/agosto/1907)-a.d/Ballester y (24/septiembre/1907)- Mengual/Ballester. La interpelación de Odón De Buen y del Cos, en Diario de las Sesiones de Cortes. Senado, de 22 de

julio de 1907 (Núm. 58), pp. 1042-1043; el ministro Juan de la Cierva le contestó que había recibido ya un telegrama de protesta de Ruano y que, en consecuencia, había pedido información a la Dirección de Sanidad y al Gobierno Civil; reconocía que había sido la caridad particular, «sin intervención alguna de Corporaciones Municipales, provinciales ni del Estado, desde luego», la que había hecho posible levantar «un magnífico edificio» en Fontilles, y aseguraba que «ese Sanatorio, en vez de limitaciones, tendrá toda la protección que yo pueda darle» si no encuentra algún obstáculo legal o de salud pública insalvable; insistió Odón De Buen en que se buscase otro emplazamiento o que se garantizase el cum- plimiento de las leyes sanitarias y gubernativas para no poner en peligro la salud pública de aquellos pueblos. Por otra parte, las referencias a la polémica en la prensa, en el artículo de R. SÁNCHEZ GARCÍA, «Algunes idees sobre l’origen del Sanatori de Fontilles», en revista Aguaits, Núm. 1 (1988), pp. 79-86, y AF-(30/agosto/1907)-Gómez/Ballester. 70 La primera carta del dr. Lie era respuesta a la enviada a Bergen el 15 de julio: en AF-(5/agosto/1907)-Lie/Roggen.

140 Cuidados y consuelos | Cien años de Fontilles (1909-2009)

Pero el paso decisivo del verano fue el acuerdo de la Junta de Gobierno de escribir al goberna- dor civil de Alicante dándole cuenta de las obras y solicitando se realizase una visita de inspección «para que, antes de abrirla al público, se cumplan las disposiciones legales y se examine si el Sanatorio reúne las debidas condiciones de higiene y de moralidad». En realidad, la intención de la junta era saber si contaba con el beneplácito oficial antes de seguir con las obras (no fuera que, por la presión social adversa, todo el gasto hubiera sido inútil), verificar que el emplazamiento y las instalaciones levantadas cumplían con las exigencias legales de Sanidad y, en definitiva,