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INTRODUCCIÓN A LA SEGUNDA PARTE

TRAMOS EN ESTUDIO A PAR-

TIR DE SU SALIDA

DE LA F-4 Escuela Canc

ha Mul

tif

uncional

Mer

cado

Hospital Posta Iglesia Parada de buses Peaje Coliseo Restaur

ante y tienda

Estación de ser

vicio

Mecánico Gomería Baño

Tramo VT-SIM (25

paradas /110 Km.) 12 7 7 6 5 11 5 4 6 11 5 11 6 5 Tramo V-S (30

paradas/175 Km.) 14 9 4 3 3 8 1 2 1 2 1 2 3 1 Fuente: Elaboración propia

nal-espacial, sino también con los cambios ambientales y obras de ingeniería carretera (como drenajes y muros de contención) que no están relacionados explícitamente con algún significado compartido por los usuarios de la ruta. Sin embargo, los “lugares” como tales, es decir, aquéllos puntos que guardan significados y acumulan relaciones entre actores, pueden ser distinguidos por la toponimia que les otorga una identidad y evoca su espesor social. Así, la tabla 3 muestra el registro de los principales lugares articulados en las rutas recorridas desde el área metropolitana de Cochabamba, inclu- yendo las rutas F-4, F-24 y F-25.

El trabajo de clasificación de las toponimias89 se desarrolla a partir de cuatro cate-

gorías relacionadas con los procesos históricos ya analizados. Así, los nombres cuyo origen lingüístico es indígena, ya sea andino (es decir, quechua o aymara) o amazó- nico (principalmente yuracaré o moxeño) son en general precolombinos, mientras que aquéllos que tienen alusiones cristianas obedecen en general al periodo colonial y los otros -hispanos y laicos- a la etapa republicana. Sin embargo, es evidente que existen muchos nombres que no corresponden exclusivamente a esa clasificación periodizada. Por ejemplo, “Iglesiani”, es una palabra relacionada a lo religioso-colonial: “iglesia”, pero el sufijo “ani” es específicamente aymara.

A partir de esa información que se muestra en la tabla anterior, se puede sostener que la mayoría de los lugares que se encuentran en el tramo V-S tienen nominacio- nes con vocablos andinos. Eso se explica porque la zona guarda más o menos ciertas huellas prehispánicas, aunque se hayan readaptado e integrado en la colonia y en la vida republicana. Así por ejemplo, cuando se habla de “Estancia Cayupa” la primera palabra tiene su origen en la presencia de una “hacienda” en la zona y la segunda recupera la nominación quechua previa (Cayupa) quedando toda el área marcada por esa toponimia.

Ese dominio no es exclusivo ya que se observa también un par lugares cuyos nombres pueden ser atribuidos a orígenes coloniales-cristianos en tanto responden a la usanza de utilizar palabras ligadas a la religión católica, así como una cantidad un poco más importante de toponimias que pueden considerarse republicanas en tanto responden a la lógica laica, a la enseñanza de la historia nacional, a sus héroes y batallas (tal es el caso de Independencia).

Para la ruta que se dirige hacia el Chapare, si bien al inicio del tramo y hasta Chpiri- rito es posible hallar más o menos las mismas referencias prehispánicas, coloniales y republicanas que en las toponimias del tramo anterior, a partir de Eterazama existen además nominaciones de origen “amazónico”, principalmente relacionadas con los ríos que el camino atraviesa, lo que se justifica por la relevancia de los cursos de agua para las poblaciones originarias del piedemonte y del llano, que ha sido retomada por 89 Los nombres y sus categorías son ratificadas a través de entrevista con Teófilo Laime, experto en lingüística, principalmente “andina” y para los nombres amazónicos se cuenta con la colaboración del Juan Carlo Noé. Cabe aclarar que las toponimias de lugares que se registran en la tabla no sólo se refieren a poblados o puntos de asentamientos humanos, sino también a ríos, montañas, etc., que se recuperan a partir de los referentes y de los testimonios de campo. No se trata de una lista exahustiva, pero sí suficiente para el desarrollo de las reflexiones propuestas.

los nuevos asentamientos, aunque en la actualidad se vinculan casi exclusivamente al camino. Pero además es posible mencionar que las toponimias coloniales-cristia- nas, como Santísima Trinidad, tienen que ver con las reducciones que en diferentes momentos buscan sedentarizar y cristianizar a los pueblos de la selva, particularmente yuracarés para el caso del norte cochabambino, lo que muestra las diferentes huellas que perduran de esas sociedades en el espacio.

Por otra parte, los nombres republicanos otorgados a lugares de la Amazonía de Cochabamba en general connotan la presencia de la “colonización” republicana y/o

Tabla 3. Toponimia de los lugares articulados en los tramos recorridos

Tramo Cbba-Sacambaya (F-4 + F-25) Tramo Cbba-S. Antonio (F-4 + F-25)

Lugares Indígena- Andino Indígena- Amazónico Cristiano

-

Colonial Hispano

-

Republicano Lugares Indígena- Andino Indígena- Amazónico Cristiano

-

Colonial Hispano

-

Republicano

Vinto 1 Sacaba 1

Sexta Parte 1 Tutimayu 1

Monte Cato 1 Waqanki 1

Llave Grande 1 Aguirre 1

La Llave 1 Colomi 1

Kollca 1 Corani 1

Keraya 1 Cañadón 1

K´ara apacheta 1 Santa Isabel 1

Iglesiani 1 Paracti 1

Chullpa K´asa 1 Locotal 1

Wallkia 1 Sillar 1

Corata Bajo 1 Chocolatal 1

Kiri Kiri 1 Espíritu Santo 1

Parte Libre 1 San Pedrito 1

Linde 1 Villa Tunari 1

Wayllata 1 Castillo 1

Yayani 1 Chipiririto 1

Yaqanku 1 Eterazama 1

Santa Rosa 1 Samuzabeti 1

Tiquirpaya 1 San Silvestre 1

Independencia 1 Florida 1

Calatrancani 1 Isinuta 1

Estancia Cayupa 1 Isiboro 1

Pucara 1 Aroma 1 Sacambaya 1 Bolívar 1 Total: 25 16 0 2 7 Moleto 1 Santísima Trinidad 1 1 Ichoa 1 San Antonio 1 Total: 29 11 4 6 8

del establecimiento de sindicatos agrarios, cuyo origen -como ya se mencionó- son las poblaciones campesinas y mineras del occidente del país. Así por ejemplo, Villa Tunari en la colonia y al inicio de la república lleva el nombre de San Antonio, precisamente por el establecimiento de una reducción franciscana, pero cambia a mediados del siglo XX, asumiendo en su nominación una idea hispana como la “villa” -en tanto centro de referencia para el territorio circundante- acompañado por “Tunari” que es el nombre quechua de la montaña más alta de la cordillera de Cochabamba, cuyo valor simbólico para los valles centrales es relevante. Así, se marca el espacio con la connotación de lo andino y cordillerano dentro del paisaje boscoso y cálido, integrándolo a la lógica departamental cochabambina. Una significación similar puede darse a los nombres como Aroma o Bolívar, que son al mismo tiempo atribuidos a los sindicatos que los habitan, pero además replican alusiones a batallas y héroes nacionales usados ya en otros lugares en el occidente del país.

Finalmente, cabe agregar que, aunque muchos de los nombres andinos de los lugares chapareños pueden atribuirse a la colonización reciente, otros tantos son efectiva- mente prehispánicos. De hecho lugares como Chipiririto, que deviene del río Chipiriri -cuyo nombre de origen quechua es registrado en documentos coloniales y de inicios del siglo XX- dan pistas sobre las relaciones prehispánicas entre Amazonía y Andes a través del intercambio de palabras que dejan su huella en la toponimia. Un caso también relevante es el de Isinuta, que es una palabra con significado tanto en que- chua como en yuracaré. Así se confirma que “…las migraciones contemporáneas de los pueblos andinos hacia el Chapare y las tierras bajas [es] el último avatar de un proceso histórico milenario” (Combès, 2012:75), que hoy en día supera la ruptura relativa esta- blecida durante el dominio ibérico.

En resumen, los lugares cuyos nombres se han mostrado para el tramo V-S, en general corresponden a asentamientos más bien dispersos, que establecen caseríos en torno a la ruta donde se instala una escuela, acompañada muchas veces de una cancha mul- tifuncional y -en otras ocasiones de acuerdo a su accesibilidad- de una posta de salud o centro hospitalario. Espacios de esas características son Corata Bajo y Yayani, cuyos servicios de salud y educación son utilizados por las poblaciones asentadas en las cer- canías, entre los valles y montañas que se articulan al camino.

Más allá de esos asentamientos dispersos, de vocación agropecuaria, el centro pobla- cional que concentra una cantidad importante de servicios y equipamientos es Inde- pendencia. Pese a que Tiquirpaya también cuenta con una oferta de servicios a la ruta (como gomerías y mecánicas), el asentamiento aparece más bien como un satélite cer- cano a la capital provincial. Esa apreciación se ratifica en el análisis sobre el emplaza- miento de ciudades secundarias en el departamento de Cochabamba (Manzano, 2013) al sugerir que Independencia es “candidata” tal posicionamiento, dado su radio de influencia de 48 Km. aproximadamente y su concentración de más de 2 mil habitantes urbanos (al censo del 200190). Así, se constituye en un polo importante de actividad

no sólo para las comunidades del departamento de Cochabamba, sino además para los valles y yungas del sur paceño. Probablemente, la explotación minera de wólfram, 90 Datos tomados del INE.

antimonio, oro, sodalita y laja presente en la zona son en parte las movilizadoras que crean una centralidad en torno a esa localidad.

Vale aclarar que en la provincia de Ayopaya -y cerca del trazo de la ruta- existe también otro asentamiento importante: Morochata, cuyo rol como productor de papa de la cordillera vecino al valle de Cochabamba es relevante. Pese a que muchas de las notas de prensa mencionan que la ruta incluye a ese poblado en su trazo, su descarte se debe a dificultades para el trabajo de ingeniería. Los testimonios obtenidos en la entrevista con un representante departamental de la zona confirman esa información: “…la gente de Morochata tenía el deseo de que el camino pase por ahí, pero técnicamente no se puede, hay fallas geológicas a ese lado”.

En contraste con esa dispersión y con la poca centralidad que muestra la ruta respecto al tipo de asentamientos de Ayopaya, en el caso del trazo de Cochabamba hacia Villa Tunari y luego hasta San Antonio, tanto en el recorrido actual por la F-4 pero sobre todo en lo que puede transitarse de la F-24, los espacios de concentración en la vía son fuertes, ratificando así su peso en la estructuración del espacio.

Eso probablemente se relaciona con la “edad” de las rutas y su lógica de construcción, más antigua e integrada a un complejo de senderos reticulares en el caso de la F-25; y “moderna” en la F-24, con todo lo que el término implica. Pero además esa diferencia puede relacionarse con que la actividad de mayor empuje en el sector de Indepen- dencia, la minería, no tiene una dinámica redistributiva de sus beneficios similar a la que produce la coca y -por lo tanto- genera redes comerciales y de transporte menos relevantes.

Los sindicatos cocaleros, aunque son organizaciones más o menos cerradas, involu- cran a cientos de productores que en muchos casos están relacionados con sus zonas de origen en el valle y el altiplano, asimismo reproducen la estrategia de diversificar sus fuentes de ingreso con actividades de servicios muchas veces asentadas en la ruta (restaurantes, gomerías, baños públicos, transporte, etc.) abriendo el espacio hacia una movilidad densa que transcurre por el camino.

En ese marco, a pocos kilómetros del ingreso a la F-24 está Villa Tunari, ciudad que cuenta con una población de 2.510 habitantes de acuerdo a datos del censo del 2001. Como lo muestra el análisis de su toponimia, es uno de los puntos de referencia en la historia de los primeros ingresos coloniales y republicanos en la Amazonía chapareña. Concentra diferentes servicios, desde bancarios hasta de telecomunicación que definen en parte su relevancia. A eso en la actualidad se suman otras actividades económi- cas, como el turismo que en gran medida caracterizan su economía y su mercado inmobiliario (Veizaga, 2012a:10). Esa dinámica sin duda está asociada a su localización respecto a la carretera F-4, pero también a zonas boscosas más o menos conservadas, por ejemplo aquéllas cercanas y dentro del TIPNIS y a su potencial como sitio atractivo de visita.

Ahora bien, sobre la ruta F-24 los asentamientos que resaltan por su dinámica econó- mica y comercial son Eterazama (ibíd.) y Samusabeti -que en cierta medida funciona

como satélite de la anterior- ya que ambos muestran una oferta importante de servi- cios y equipamientos, de salud, educación, acogida y recreamiento en torno al camino. Por su parte, Isinuta, en tanto lugar que marca la conclusión de la vía en condicio- nes de transitabilidad media, se convierte en un primer referente importante para la población que circula dentro del TIPNIS, en el polígono 7, a través de la F-24 y de otras vías secundarias. Al interior, asentamientos como Aroma, Santísima Trinidad y Moleto sobresalen en la ruta por contar con servicios diversos, entre los que están actividades vinculadas a la ruta (gomería y mecánica por ejemplo).

Finalmente, Ichoa es como una especie de “paso de frontera” que marca -más o menos- el fin del camino actualmente transitable, pese a sus malas condiciones que llegan hasta San Antonio. Probablemente por eso cuenta con una oferta diversificada que muestra la relevancia de ese nodo para comunicar dos lógicas más o menos diferenciadas que se articulan: la del mundo del camino, principalmente sindical y cocalero; frente a la dinámica de la selva, de las sendas y la movilidad fluvial que atraviesa el TIPNIS.

6.2. Destinos: La Paz

Vale la pena arrancar recordando la reflexión de Blanes, cuando sostiene que después de 1952 y hasta la actualidad, no sólo Cochabamba, sino también La Paz y principal- mente Santa Cruz (las áreas metropolitanas más importantes del país) tienen una “estrecha relación entre el desarrollo vial hacia los principales centros productivos rurales de la región y el sistema de poblamiento”. Así destaca que

La Paz se expande siguiendo, sobre todo, los principales caminos troncales.

Cochabamba estructura sus alcances urbanos en relación con La Paz, Santa Cruz (carre- tera antigua en un primer momento y El Chapare en un segundo momento, que es el más importante) […]. En Santa Cruz, el crecimiento hacia el Norte se acentuó con la apertura hace 15 años de la carretera por el Chapare. Pero resalta, sobre todo, la funcionalidad de la zona urbana con respecto a los grandes ejes del desarrollo económico de la región (Blanes, 2006:32).

Es relevante posicionar ese referente de crecimiento urbano nacional entorno al deno- minado “eje troncal” dado que, para ambos casos, la definición de los trazos (F-24 y F-25) están en directa relación con el peso de dicho camino. Eso se debe no sólo a que ambas rutas parten de la F-4 (la columna de ese eje), sino además a que posibilitarían una suerte de competencia más o menos importante para su flujo de tráfico actual. Para el caso del Tramo V-S, cuyo destino final es La Paz, existen dos elementos que permiten comprender la apuesta de su planteamiento. El primero es que no se trata de una articulación nueva, sino de una que evita su paso por el altiplano -a través de Oruro- dejando atrás la huella del periodo del auge minero que hasta ahora es ratifi- cado por la RVF, tanto en la F-4 como en la F-1. Eso permite reducir la participación del altiplano y de las zonas mineras en el tráfico entre Cochabamba y La Paz incorporando en ese circuito paisajes dejados de lado hasta ahora como los valles de la cordillera Oriental.

Un segundo elemento, probablemente más relevante, es que la ruta propuesta evita el ingreso a la ciudad de La Paz por El Alto. La historia urbana del área metropolitana paceña muestra que su relación con El Alto es tensa y conflictiva: “No se puede hablar de lo paceño sin dividirlo entre lo propiamente paceño y lo alteño. […] Existen fisuras muy grandes entre el núcleo central económicamente dominante y los entornos inme- diatos de la ciudad de El Alto y los secundarios cuasi rurales.” (Blanes, 2006:46-47). Si bien en su origen el Alto es “…el resultado del cruce de los caminos regionales y vías férreas que salían de la ciudad de La Paz, los que confluían en un nudo topográfico de quiebre entre la planicie del altiplano y la hoyada o cuenca del Río Choqueyapu, donde se asienta la ciudad de La Paz” (Indaburu, 2004:34), actualmente se ha convertido en una urbe con un gobierno municipal propio y en cierta medida opuesto al de La Paz. “Desde fines de los 90 hasta la fecha se evidencia una identidad territorial alteña movilizada y militante. […] Los municipios aledaños se ven avasallados; su relación con El Alto es violenta” (44).

Esa capacidad organizativa y de movilización, cuando es proyectada en conflictos de nivel nacional, genera la suficiente fuerza como para derrocar gobiernos -lo que efec- tivamente sucede en octubre de 2003- provocando que su abordaje desde el estudio urbano haga énfasis en su carácter de zona conflictiva91. En ese marco, una estrategia

recurrente de sus repertorios de lucha es el bloqueo de las vías de ingreso a la ciudad paceña, estrangulando el tránsito de productos y personas hacia el centro. Por eso evadir la ciudad de El Alto y permitir una vía de ingreso y de salida alternativa para el tráfico de y a La Paz por su zona Sur abre la posibilidad reducir el poder alteño92.

De hecho, como se puede ratificar en la Ley 2787 (ver anexo 3) junto al proyecto se plantea facilitar la ampliación de la red vecinal vinculada a la ruta F-25, articulando las poblaciones de: “Mank[a] Minas, Janko Cala – Arcopongo, Ichoca Capiñata, Col- quiri – Villa Victoria – Cavari – Capiñata – Inquisivi – Tablachaca – Ichoca, Leque- palca – Caluyo – Chicote Grande – Pocuzco, Sita – Sacambaya, Yacupampa – Chillcani Suri – Cajuata”, asentamientos que en su mayoría se ubican en el departamento de La Paz, marcando así la intención de desviar la tensión que se genera en la geografía altiplánica, hacia el paisaje valluno para desarrollar nuevos ejes de comunicación y poblamiento. Asimismo, es importante mostrar que a diferencia de lo que sucede en el departamento de Cochabamba, la gobernación paceña no detiene su impulso al pro- yecto, lo que ha supuesto mucho más avances y menos conflicto en la ejecución de la carretera a su cargo.

Esa idea se ratifica cuando se observa que los impulsores políticos de ese proyecto y que participan en su definición como una prioridad regional y nacional93 son perso-

91 Por ejemplo, uno de los documentos accesibles que analiza la ciudad de El Alto en términos urbanos se titula: “Evaluación de la ciudad de El Alto” (Indaburu, 2004). Es el resultado de una in- vestigación auspiciada por la United States Agency for International Development (USAID), lo que de alguna manera manifiesta la preocupación que causa la conflictividad de la zona para la cooperación multilateral, particularmente estadounidense.

92 Hipótesis tomada de la entrevista con el investigador Rolando Salamanca, consultado como Investigador / Técnico Académico (ver anexo 7).

najes alejados y -en ciertos momentos- opuestos a la dinámica de movilización alteña, tanto desde la presidencia de la República (durante el periodo de Carlos D. Mesa) como desde la prefectura de La Paz y de Cochabamba (durante el periodo de José Luis Pare- des y Manfred Reyes Villa). Sin embargo, la discusión sobre la ejecución de la ruta nunca alcanza un nivel nacional y menos internacional. Su importancia e impacto son reducidos, pese a gozar de la declaración formal que la incorpora en la RVF.

Lo mencionado se comprende mejor al tomar en cuenta que la ABC dentro de la RVF concibe a su sistema no sólo bajo la inclusión de “carreteras” de alta velocidad, sino además de “caminos” de menor capacidad de carga cuya “…función principal consiste en dar acceso a la propiedad adyacente” (APIA XXI, s.f.:18)94. El caso de la carretera

alternativa entre Cochabamba y La Paz y de su tramo específico entre Vinto y Sacam- baya responde a esas características, como lo explicita el TESA actual de su diseño en el departamento de Cochabamba:

• Inicialmente, al ser parte de la Ruta F-25 de la Red Vial Fundamental, la vía se clasificaría como CARRETERA PRIMARIA (I.B) ya que vincularía nacional y regionalmente con reco- rrido de mediana y larga distancia.

• Pero en función a la previsión del tráfico vehicular, con Tráfico Promedio Diario Anual- TPDA […e]l proyecto Construcción Ruta Fundamental F-25 Tramo: Vinto - Puente Sacam-