El 26 de abril de 1986 tiene lugar en Ucrania que se considera junto a Fukushima en Japón en 2011, como el más grave accidente nuclear en la escala internacional de accidentes nucleares. Siendo así uno de los mayores desastres medioambientales de la historia. Trataremos de explicar conceptos esenciales. ¿Qué sucedió? ¿Porque qué? ¿Qué consecuencias han dado lugar 30 años después?
La central nuclear de Chernóbil estaba situada a 16 kilómetros de la frontera entre Ucrania y Bielorrusia, y a 110 kilómetros al norte de Kiev. Esta central está situada 14.5 kilómetros al noroeste de la ciudad actual de Chernóbil. Pero la ciudad y la planta no estaban directamente relacionadas.
Al mismo tiempo que se construía la planta, se construyó la ciudad de Pripyat, para los trabajadores de dicha central, el 4 de febrero de 1970, a unos 4.7 kilómetros. Esta ciudad llegó a albergar a casi 50,000 personas antes de su promoción.
A la 1:23 de la mañana, del sábado 26 de abril de 1986, estalló el cuarto reactor de la central nuclear de Chernóbil. El motivo que desencadenó el accidente, fue la realización de una prueba programada para el 25 de abril, bajo la dirección de las oficinas centrales de Moscú. Esta prueba tenía la intención de aumentar la seguridad del reactor. Se trataba de averiguar durante cuánto tiempo la turbina de vapor continuaría generando energía eléctrica, una vez cortada la afluencia de vapor.
En caso de avería las bombas refrigerantes de emergencia requerían de un mínimo de potencia para ponerse en marcha, hasta que se arrancarán los generadores diésel. Los técnicos de la planta desconocían si una vez cortada la afluencia de vapor, la inercia de la turbina podía mantener las bombas funcionando.
La prueba debía realizarse sin detener la reacción en cadena en el reactor nuclear, para evitar un fenómeno conocido como: “envenenamiento por senón”.
A la una de la madrugada del día 25 de abril, los ingenieros iniciaban la entrada de las barras de control, en el núcleo del reactor, con el objetivo de reducir su potencia. Hacia las 23 horas se habían ajustado los monitores a los niveles más bajos de potencia. Pero el operador se olvidó de reprogramar el ordenador, para que se mantuviera la potencia entre 700 megavatios y 1.000 megavatios térmicos.
Por este motivo la potencia descendió al nivel peligroso de 30 megavatios. Con un nivel tan bajo, los sistemas automáticos pueden detener el reactor, debido a su peligrosidad. Por esta razón los operadores desconectaron el sistema de regulación de la potencia, el sistema de emergencia refrigerante del núcleo, y otros sistemas de protección, cuando el sistema estaba a punto de apagar el reactor nuclear.
Con 30 megavatios, comienza el “envenenamiento por senón”. Al darse cuenta, se extrajeron las barras de control, con el fin de evitarlo, aumentando la potencia del reactor nuclear. Los operadores retiraron manualmente demasiadas barras de control. El núcleo del reactor disponía de 170 barras. Las reglas de seguridad exigían que hubiera siempre un mínimo de 30 barras bajadas. En esta ocasión, dejaron solamente 8.
Dado que los sistemas de seguridad de la planta quedaron inutilizados, y se habían extraído casi todas las barras de control. El reactor de la central quedó en condiciones de operación inestable, y extremadamente insegura.
En este momento tuvo lugar un brusco incremento de potencia que los operadores no detectaron a tiempo. Cuando quisieron bajar de nuevo las barras de control, éstas no respondieron, debido a que posiblemente ya estaban deformadas por el calor, y las desconectaron para permitirles caer por gravedad.
Finalmente, el combustible nuclear se desintegró y salió de las vainas, entrando en contacto con el agua empleada para refrigerar el núcleo del reactor.
A la 1:23 de la mañana, del sábado 26 de abril, estalló el cuarto reactor de la central. Y unos segundos más tarde, una segunda explosión, hizo volar por los aires la losa del reactor, y las paredes de hormigón de la sala. Lanzando fragmentos de grafito y combustible nuclear fuera de la central, ascendiendo el polvo radiactivo con la atmósfera.
Se estima que la cantidad de material radiactivo liberado, fue 200 veces superior al de las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, al final de la segunda guerra mundial.
El primer acercamiento en helicóptero, evidencio la magnitud de lo ocurrido.
En el núcleo, expuesto a la atmósfera, el gráfico del mismo ardía al rojo vivo, mientras que el combustible y otros metales se habían convertido en una masa líquida incandescente. La temperatura alcanzaba los 2,500 grados, e impulsaba el humo radiactivo, en un efecto chimenea, a una altura considerable de hasta 1,000 metros.
Mientras tanto se estableció el control permanente de la radiación en Pripyat, que, para la tarde del 26 de abril, era de unas 600,000 veces el fondo natural. Por otro lado, un comando militar fue enviado a tomar lecturas en la base de la planta. Se registró un astronómico nivel de 2,080 röntgens. Por lo que en 15 minutos un ser humano absorbería la dosis letal. Al mismo tiempo, los responsables de la región, comenzaron a preparar la evacuación de la ciudad de Pripyat, y de un radio de 10 kilómetros alrededor de la planta. Esta primera evacuación comenzó de forma masiva a 36 horas después del accidente, y tardó tres horas en ser concluida.
La evacuación de Chernóbil, en un radio de 30 kilómetros, no se llevó a cabo, sino hasta el 2 de mayo. Para ese entonces ya había más de mil afectados por lesiones agudas, producidas por la radiación.
Se inició un proceso masivo de descontaminación, contención y mitigación, que desempeñaron aproximadamente 600.000 personas, denominadas liquidadores, en las zonas circundantes al lugar del accidente. Y se aisló, un área de 30 kilómetros de radio, alrededor de la central nuclear, conocida como zona de alineación, que sigue aún vigente.
Los trabajadores de contención sobre el reactor afectado, evitaron una segunda explosión de consecuencias dramáticas. Que podrían haber dejado inhabitable toda Europa.
Se inició el levantamiento de la estructura denominada: “sarcófago”. Que envolvería el reactor, y lo aislaría del exterior. Las obras duraron un total de 206 días. Este sarcófago se construyó para soportar 30 años de contención.
En 2013 se inició la construcción de un nuevo sarcófago. Una imponente obra de ingeniería, que se ha convertido en la estructura móvil, más grande jamás levantada. Una jaula para contener a la bestia que se esconde bajo el primer sarcófago.
Es una incógnita para los científicos lo que hay en el interior del núcleo del reactor. Este nuevo sarcófago, básicamente ayuda a ganar tiempo. Está diseñado para resistir 100 años. Los equipos de liquidadores, estaban compuestos sobre todo por bomberos, obreros, científicos y especialistas de la industria nuclear; tropas terrestres y aéreas preparadas para la guerra atómica, e ingenieros de minas, geólogos y mineros del uranio.
Si un ser humano recibe radiaciones de 400 röntgens ahora, se considera dosis letal, y con toda probabilidad la muerte puede llegar en cualquier momento.
Para hacerse una idea de los niveles de radiación a los que se vieron expuestas a aquellas personas, basta con tomar como referencia que los helicópteros que sobrevolaron el reactor destruido, a pesar de estar a varias decenas de metros de altura, llegaron a registrar niveles de 1,880 röntgens. Por tanto, no es difícil imaginar que pese a trabajar por turnos en breves espacios de tiempo, los liquidadores que salían al exterior, sin apenas protección, junto a los restos del reactor, se vieron expuestos a dosis muy superiores. De promedio de 7,000 a 10,000 röntgens en pocos minutos. En algunos casos extremos, incluso se llegaron a alcanzar los 30,000 y 40,000 röntgens, equivalente a 50 millones de veces la cantidad que una persona puede soportar en circunstancias normales.
Esto supuso la muerte en pocos minutos, de quienes sufrieron estos niveles de exposición. Muchos de los liquidadores tuvieron efectos secundarios, y varios miles murieron. Nunca se han sabido las cifras exactas, pero de acuerdo con Georged Elkni, un médico bielorruso, que trabajaba en el reactor número 4, aproximadamente 100.000 liquidadores murieron.
En abril de 1994, un texto de conmemoración de la Embajada de Ucrania en Bélgica, cifraba 25,000 muertos entre los liquidadores desde 1986. Según Viácheslav Grishin, del sindicato de Chernóbil, la principal organización de liquidadores, 25,000 de los liquidadores rusos han muerto, y hay 70,000 personas con discapacidad. Aproximadamente, el mismo número en Ucrania, más otros 10,000 muertos en Bielorrusia, y 25,000 discapacitados. Lo que hace un total de 60,000 muertos y 165,000 discapacitados.
La contaminación de Chernóbil no se extendió uniformemente por las regiones adyacentes, sino que se repartió regularmente, en forma de bolsas radioactivas con la forma de pétalos de una flor.
Informes de científicos soviéticos y occidentales, indican que Bielorrusia recibió alrededor del 60 por ciento de la contaminación que cayó en antigua Unión Soviética. El informe Torcho 2006, afirma que la mitad de las partículas volátiles se depositaron fuera de Ucrania, Bielorrusia y Rusia. Una gran área de la Federación Rusa al sur de Briansk, también resultó contaminada, al igual que zonas del noroeste de Ucrania.
En Europa occidental se tomaron diversas medidas al respecto, incluyendo restricciones en las importaciones de ciertos alimentos. Doscientas personas fueron hospitalizadas inmediatamente, de las cuales 31 murieron, 28 de ellas debido a la exposición directa a la radiación. La mayoría, bomberos y personal de rescate, que participaban en los trabajos para controlar el accidente.
Antes del accidente, el reactor contenía unas 190 toneladas de combustible nuclear. Se estima que más de la mitad del yodo, y un tercio del cencio radiactivos contenidos en el reactor, fue expulsado a la atmósfera. En total alrededor del 3.5 por ciento del combustible, escapó al medio ambiente. Debidamente ese calor provocado por el incendio. Los isótopos radiactivos liberados procedentes de combustible nuclear, se elevaron en la atmósfera, dispersándose en ella.
Algunas personas en las áreas contaminadas fueron expuestas a grandes dosis en la tiroides. Debido a la absorción del yodo 131, que se concentra en esa glándula. El yodo radiactivo, procedería de leche contaminada, producida localmente y se habría dado particularmente en niños. Varios estudios demuestran que la incidencia de cáncer de tiroides en Bielorrusia, Ucrania y Rusia, se ha elevado enormemente. Sin embargo, algunos científicos piensan que la mayor parte del aumento detectado, se debe al aumento de controles. Hasta el presente, no se ha detectado un aumento significativo de leucemia en la población en general.
Algunos científicos, temen que la radioactividad afectará a las poblaciones locales durante varias generaciones, la cual se cree, que no se extinguirá hasta pasados 300,000 años.
En un radio de unos 20 o 30 kilómetros alrededor del reactor, se produjo un aumento de la mortalidad de plantas y animales, así como pérdidas en su capacidad reproductiva. En los años posteriores al desastre, en la zona de exclusión abandonada por el ser humano, ha florecido la vida salvaje. Bielorrusia ya ha declarado una reserva natural, y en Ucrania existe una propuesta similar. Varias especies de animales salvajes y aves, que no se habían visto en la zona antes del desastre, se encuentran ahora en abundancia, debido a la ausencia de seres humanos en el área.
Treinta años después, tras analizar datos históricos, los investigadores concluyen que no se ha producido ningún declive en los años posteriores a la tragedia. Únicamente en los primeros seis meses, tras el incendio del reactor, en los que los altísimos niveles de radiación, afectaron a la salud y a la reproducción, pero no a largo plazo.
La tragedia de Chernóbil, señala el final del iridio entre la energía atómica y su uso civil. Lo mismo que 40 años antes, la bomba atómica marcó el comienzo del compromiso ético de algunos científicos, frente al avance de la ciencia. Sólo para algunos, por supuesto, fue el comienzo de un compromiso. Para otros, fue nada más, que la consagración de un éxito. Chernóbil, supone aún hoy en día, un drama real para miles de individuos concretos. Niños deficientes, poblaciones enteras devastadas, campos anegados por la contaminación, el traslado forzoso de personas, traumas, debacle económica y pánico colectivo. Las estimaciones de víctimas, varían desde los 4,000, según las Naciones Unidas, hasta los 93,000, como consecuencia de la radiación, según Greenpeace.
Lo que está claro, es que, el hombre trata de progresar, a veces, forzando a la maquinaria demasiado. Y deja parajes como Pripyat. Algo que nos da que pensar, es el hecho de que, a pesar de los niveles de contaminación, Chernóbil sea ahora cuna de tanta fauna y flora. ¿Seremos pues, más perjudiciales para la naturaleza que un desastre nuclear?
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Sábado 26 de agosto 2017