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TRANSFERENCIA Y CONTRATRANFERENCIA DEFINICIONES.

Es un término utilizado más bien en psicoanálisis, pero en realidad, este proceso de

transferencia y contra-transferencia vamos a encontrarla cuando empezamos a tener una relación permanente con una persona, una relación de amistad pero, particularmente una relación terapéutica.

En la relación terapéutica este proceso es una herramienta muy potente. Habéis

comprendido que la Biodescodificación también es una herramienta potente, a condición de que esté incluido en un acompañamiento terapéutico que permita el cambio de resentir. Sino la Biodescodificación, en sí misma, sería simplemente un aporte intelectual. Es interesante, pero no llegamos forzosamente a la curación. Es así que cuando estamos justo en esta aportación intelectual que podemos preguntarnos: “¡bueno! y ahora ¿Qué

hago con esto?....”

La noción de transferencia y contra-transferencia nace del psicoanálisis, pero ¿qué significa? La transferencia, en su sentido más amplio, designa el hecho de que una

persona se pone a actualizar, sobre otra persona, deseos y situaciones inconscientes que están ligadas a su pasado. De hecho, cuando dos personas están en relación, ya hay esta idea de transferencia. Es exactamente por eso que nosotros vivimos conflictos por identificación.

Nos vamos a interesar particularmente por lo que ocurre en la escucha terapéutica: hay un paciente y hay un terapeuta. Entonces aquí se trata de un desplazamiento del afecto del entorno de la niñez sobre la persona del terapeuta. Es decir, que la persona que viene a consulta se va a encontrar como un niño pequeño delante de sus padres.

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ayudar y habitualmente curar un sufrimiento. Es guiar hacia más madurez y más libertad. De alguna manera, arcaicamente anclada, el rol de un terapeuta es exactamente el rol de un padre o una madre.

Por supuesto es un adulto el que va a venir a la consulta, pero este adulto no va a dejar su inconsciente en la puerta. Es así como la transferencia se manifiesta, con más o menos intensidad, a través de una afectividad excesiva o una hostilidad marcada, a veces las dos. Y de repente, hay el encuentro de una experiencia traumática del pasado y es esta

experiencia traumática que va a dar paso a la transferencia: el paciente repite, en el presente y sobre la persona del terapeuta, una situación afectiva vivida en su infancia. Esta transferencia se revela como una potente herramienta terapéutica porque, si el terapeuta reconoce esta transferencia, va a poder colocarlo como una cosa esencial en lo que el inconsciente del paciente ha rechazado, ha reprimido. A través de esta esencia se van a manifestar mecanismos de defensa o de protección que él puso en marcha ante situaciones conflictivas.

De esta manera vamos a encontrar mecanismos que son, aparentemente, de resistencia a la terapia. O bien vemos que estas resistencias son infranqueables y entonces no

podemos ir más lejos, porque el paciente no quiere ir allí; o bien, vemos 228

que estas resistencias del paciente son puertas de entrada para trabajar, porque este tipo de resistencias nos dan una información preciosa.

Veámoslas: Un paciente puede encontrarse en lo que llamamos la negación, puede hacer lo que llamamos pantalla de humo, puede estar en el olvido, la mentira o la auto-

mentira. Son signos en los cuales se construye el niño que no ha sido escuchado y en su historia es como si no hubiera pasado nada. Este niño que se hace adulto va a repetir con su terapeuta este mecanismo de defensa.

Finalmente ¿cuál es el conflicto? El conflicto es: “no he de mostrar que me duele”, es el conflicto del niño.

Cuando estamos con esta negación, es decir: “no he de mostrar que me duele..., porque he de proteger a mis padres...,...porque ellos han dicho que no hay problema... y yo digo lo que ellos dicen... y esto se transforma en que yo no he de mostrar a mi mismo que me duele...”.

Poco a poco, este proceso me coloca en una estructura que me separa de mi mismo. Y muchas veces estas personas que están en esta negación, se han colocado físicamente, corazas importantes, además de favorecer estructuras psico-rígidas.

El trabajo va a orientarse desde la siguiente propuesta: ¿Qué pasa cuando muestro al terapeuta mi sufrimiento, mi vulnerabilidad?. Este trabajo va a permitir que el paciente se muestre a si mismo su vulnerabilidad. Y aquí algo puede transformarse, sino es como querer hacer un pastel de manzana, dejando las manzanas en el árbol. Este es un tipo de resistencia particular y puede pasar porque hay esta reacción paciente-terapeuta que reactiva la situación niño- padres.

Otro tipo de resistencia, o más bien otro tipo de mecanismo de defensa es la seducción. Es cierto que cuando hablamos de transferencia estamos en este aspecto del paciente que se enamora de su terapeuta y, a veces, lo contrario.

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terapeuta y paciente, precisamente porque si hubiera este tipo de relaciones, querría decir que cabe la posibilidad de relaciones entre padres e hijos. A esto se le llama incesto, alrededor del cual hay algo que es tabú, pero yo diría que es tabú arcaico.

De una forma muy arcaica en nuestra biología, hay una información que no podemos tener un hijo con gente de nuestra propia familia, porque es un riesgo muy grande y pondría en evidencia lo que llamamos taras genéticas. La vida sexual ha sido inventada para diversificar, para ir a buscar más lejos otros patrimonios genéticos.

Volviendo a la seducción, esta construcción está cercana a la anterior porque, de alguna manera, el niño siente que: “no es querido por lo que él es”. No se trata de demostrar a los demás quien es él con sus propias dificultades, está obligado a seducir.

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Va a tomar este sistema de defensa, desde muy pequeño va a seducir de tal forma que cumpla con la expectativa que se espera de él. Entonces va a ejercitar toda una panoplia de seducción para seducir al terapeuta.

No hay forzosamente una idea en la cabeza de relación sexual. No siempre, pero por ejemplo, este paciente vendrá con regalitos, un día con flores..., otro con chocolate..., y siempre va a justificar sus regalitos.

Entonces, ¿Cuál es el conflicto? El conflicto es: “no puedo ser querido por lo que soy..., entonces yo hago...”. Este es el conflicto de desvalorización por excelencia. Es

exactamente como el niño pequeño que es querido porque ha hecho caca en el orinal. En este momento el integra que haciéndolo, satisface a mama.

De hecho, como madres somos conscientes de que hemos podido decir a nuestros hijos: “... se bueno...hazme feliz...”. Precisamente la persona se identifica con lo que hace. Solo es lo que hace.

El trabajo va a ir orientado a: “¿Qué ocurre si yo dejo de hacer?." Es decir, encontrar el riesgo de no ser querido. El trabajo de transformación se encuentra aquí, “no soy querido, ¿Qué pasa a través de eso...?.”

Cuando se va un paso adelante en la seducción, más amorosa, sobre todo si el terapeuta es del sexo opuesto. Aquí hay seguramente un origen en el complejo de Edipo. Esto también forma parte de las etapas del desarrollo del niño. El trabajo será clarificar el proceso con los padres y de ser claro con el proceso que estás viviendo con el terapeuta. El terapeuta lo ha de tener muy claro en su propia historia, con su propia construcción de Edipo y con su propia sexualidad. Este es un capítulo que exigiría mucho más tiempo. Ya hemos visto la negación, la mentira, la auto-mentira, la seducción.

Existen varios más, entre ellos la cólera. Algunos pacientes se enfadan con facilidad. No es que forzosamente la dirijan contra el terapeuta, pero sois vosotros qué vais a suscitar esta cólera. Y puede haber mucha agresividad, incluso violencia. Para el terapeuta es muy importante poder acoger esta cólera, porque es una emoción muy rica.

Cuando a mi me pasa, que una persona está muy enfadada, yo le digo: “...veo que está usted muy enfadada conmigo...”. Entonces le pido a la persona que escoja un peluche que la represente a ella y que le haga a este peluche todo lo que él quiera hacerle. En un momento dado, es muy claro que este peluche ya no es el terapeuta. De forma muy rápida el paciente se da cuenta de que es la figura de su padre o su madre o una persona de autoridad de su infancia.

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Cuando la persona ha tomado conciencia de ello, es interesante hacer este trabajo: “¿...donde está la cólera en tu cuerpo ante este peluche...?“. La mayoría de las veces, detrás de esta cólera está el encuentro con una inmensa impotencia.

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Ante esta impotencia, algunas personas utilizarán la fuerza, “...o pasa o lo rompo...”, porque esto lo habrán aprendido de sus padres y son impotentes ante la fuerza de sus padres, son impotentes ante la cólera de sus padres. Ellos aprenden este mecanismo. Pero, una vez más, si el terapeuta siente que esta cólera va hacia su persona, no habrá trabajo posible.

El escarnio, hay personas que cuando están en terapia utilizan, como mecanismo de defensa, la burla, la mofa. Van a dudar de lo que dice el terapeuta. Si el terapeuta,

efectivamente, representa la autoridad de los padres, quiere decir que: “esta autoridad no ha sido fiable”.

El paciente va a poner en duda vuestra competencia, va a necesitar tener el control, necesita asegurar su propia seguridad. Con frecuencia estos pacientes han hecho muchas terapias. Y han desgastado a muchos terapeutas.

¿Cuál es el conflicto? “...no me siento seguro,... me están explicando historias..., o me están mintiendo... “. Esto es lo que el niño ha vivido.

A menudo estas personas se habrán vuelto muy cartesianas, necesitan pruebas científicas, que sean objetivas. Como terapeutas, tenemos la tentación de darles pruebas, pero cuando les damos pruebas le estamos aportando solución a su conflicto. Como habéis comprendido, la curación no está en la solución del conflicto, sino en ir hacia el conflicto. El verdadero problema es que estas personas no tienen confianza en sí mismas, están completamente separadas de su intuición, separadas de ellas mismas. El trabajo se va a organizar alrededor de:

Si, como terapeuta puedo equivocarme y usted tiene razón de dudar. Pero ¿Cómo va a estar usted seguro?...

Solo examinando este tipo acercamiento que sabréis por vosotros mismos porque, finalmente, cuando una persona está en la no certeza se va a ir a otro lugar. Se trata aquí de proponer a la persona de equivocarse ella misma. Y, de hecho, si esta persona ha venido a vuestra consulta es que hay una posibilidad.

¿Qué pasa cuando yo acepto ir al encuentro de algo que no conozco? Este trabajo tendrá una dimensión suplementaria, que es el vínculo consigo mismo. Al fin y al cabo la persona puede sentir que puede confiar en sí misma, lo que piensa ella, si acepta el sentir lo que ocurre cuando se equivoca.

Otro mecanismo de defensa es lo que llamamos verborrea. Esta persona habla sin parar, explica lo ocurrido, hace ella misma las preguntas y se responde a si misma... está

llenando el espacio de ruido. Esto tiene un valor de reparación.

Al principio es un poco aceptable para el terapeuta, pero como practicamos una terapia que va más allá de la palabra, en un momento dado habrá que decirle stop, sino esta persona seguirá en su mental. Veremos que, de vez en cuando aparece algo de emoción, pero niega esta emoción, evita evacuarla.

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decir..., lo que no he podido escuchar ...”. El conflicto es el silencio.

El trabajo consistirá en que el paciente tenga la posibilidad de ser confrontado a este silencio, el silencio durante la consulta: el terapeuta no habla y el paciente tampoco. Para las personas que realmente están en esta verborrea, hay algo físicamente insoportable en este silencio.

La pregunta es: “¿Qué produce el silencio en mi cuerpo...?”

A menudo son personas que han estado muy aisladas. A través de este resentir corporal, el paciente va a encontrar su sufrimiento. Es el sufrimiento del niño pequeño frente al silencio, frente a la imposibilidad de comunicación con sus padres.

Otro mecanismo de defensa (siempre me refiero a mecanismos inconscientes) es la confusión. Algunas personas que son muy inteligentes, ante un terapeuta, delante de vosotros, de repente no entienden nada. Entonces empiezan: “no lo sé... no

comprendo....” Y sentís vosotros, como terapeutas, que esta persona está perdida, hasta en la relación con vosotros. Como buenos terapeutas sabéis que esto tiene que ver con la primera etapa de cognitiva de memorización de la información y los traumas alrededor de esta infancia han sido reprimidos.

Aquí lo interesante es confiar en la imaginación de la persona porque a fin de cuentas, esta imaginación es limitada para cada uno. Esta imaginación está limitada por las referencias que nosotros hemos encontrado en nuestra historia.

Cuando explicamos una historia que nos inventamos, creemos que hemos ido a buscar los elementos de esta historia fuera de nuestra cabeza. Pero todas las historias que nosotros podemos inventar o imaginarnos, solo pueden ser construidas con elementos que ya conocemos. Esto es muy interesante utilizarlo en terapia y confiar en este proceso. Por ejemplo: podemos proponerle al paciente imaginar que está leyendo un periódico,

mirando los acontecimientos diversos. Y le diremos que en este periódico se explica la historia de un niño y le pedimos que imagine que dice el artículo. Sabiendo que nuestra imaginación es pobre y que solo existe a través del filtro de lo que nosotros ya hemos vivido a través de nuestro propio universo. La persona va a explicar, a veces historias terribles, va a leer el periódico y puede decir: “un niño de 18 meses ha caído de un cuarto piso. Su madre lo había dejado solo y cuando la vio abajo quiso ir con ella”.

Quizá esto no sea una realidad para esta persona, pero lo interesante es el fondo de la historia. Caer de un cuarto piso es: “derrumbarse”, hay un resentir particular por “caerse de un cuarto piso para ir hacia mi madre...”. No es la historia lo importante, sino el

resentir. Podemos estar seguros que el inconsciente de cada uno va a explicar una historia para estar vinculado con el resentir de la infancia. Es toda la fuerza de la metáfora. A través de esta historia vamos a tener la posibilidad de trabajar realmente sobre este resentir.

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¿Qué ocurre delante de la tristeza de este niño? Va a ser fácil, porque es el niño que aparece en el periódico, no es el paciente, pero el lee en el artículo lo que le ha pasado al niño. El paciente, ante el sufrimiento de este niño va a estar afectado, de hecho en su propio sufrimiento. La historia no importa, solo el resentir que está detrás lo que nos interesa.

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su resentir, es una manera de disociarse, proponéis a la persona leer una historia en un periódico.

Este estado, particularmente, de confusión corre el riesgo de ser una estructura en una persona. Esto quiere decir que esta persona habrá de volver con cierta frecuencia y la persona dirá: “...yo pensaba que esto ya lo tenía súperado...”; y otra vez volverá bajo otro aspecto.

Se trata de que el terapeuta no crea que está dando vueltas a su alrededor. Es normal cuando se trata de estructuras que haya que volver con frecuencia. De todas formas, poco a poco, el resentir se va transformando.

Otro mecanismo de defensa es la oposición sistemática, el terapeuta suscita

constantemente la oposición en el paciente. Aquí tenéis que comprender, que el paciente está en la segunda fase evolutiva, tiene entre tres y seis años.

Por ejemplo: el paciente nos ha dicho: “...esta sala está un poco vacía, suerte que tiene usted dos cuadros...”, y vosotros lo reformuláis y decís: “si, efectivamente, hay dos cuadros lo que permite que la habitación no esté tan desnuda”. Entonces el os dice: “¡ah no, no,... yo no he dicho esto!... yo he dicho que hay dos cuadros y menos mal, sino la sala estaría muy vacía...”. Es decir, que dice lo mismo, pero necesita decir “...no, no es eso...”. Porque en su historia el tiene la costumbre de ser rechazado en su oposición. Entonces la va a utilizar permanentemente. Cuando no hemos tenido derecho a la oposición la vamos a buscar permanentemente, como un derecho a la diferencia.

Aquí podemos utilizar el mismo ejercicio que en la confusión, pedirle al paciente que explique la noticia que aparece en un periódico sobre un niño de tres o cuatro años. También podemos utilizar el dibujo, porque contiene mucha información y, además, el dibujo lo podemos poner en contacto físico con la persona, colocar la información que está dentro del dibujo directamente sobre el cuerpo e invitar a la persona que entre en su sensación corporal. Otra vez, no es el elemento dibujo lo que es importante, es lo que las informaciones van a causar en el cuerpo.

Este proceso de transferencia va a expresarse un poco de todas estas formas. La idea es que el paciente está, de forma inconsciente, delante de la autoridad de sus padres y en la

transferencia de este paciente sobre el terapeuta se va a oponer lo que llamamos la contra-transferencia.

¿Qué es la contra-transferencia? Va a ser el conjunto de reacciones inconscientes, vividas por el terapeuta en relación a la transferencia del paciente. La transferencia ejercida por el paciente se concretiza con las actitudes particulares que os acabo de describir y como terapeuta tengo dos posibilidades de acoger estas actitudes:

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• La primera es sentirme molesto o nervioso y la relación se encuentra afectada • La otra manera es acoger esta actitud, sin sentirme afectado a título individual,

lo que permite que la relación se pueda abrir.

En el primer caso, cuando me siento nervioso y con cierto malestar, va a existir contra- transferencia. ¿Qué ocurre en estos casos? La actitud que os llega de vuestro paciente reactiva en vosotros un antiguo sufrimiento, de tal manera que, lo que ocurre atañe a la persona que sois. Inconscientemente ya no sois el terapeuta, estáis identificados al objeto de la transferencia, es decir sois la persona que el paciente piensa que sois.

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Por ejemplo, el paciente duda de vuestra competencia, o duda de la eficacia del protocolo o la herramienta que vais a utilizar. Si estáis en contra-transferencia, lo que vais a hacer es intentar convencerlo y vais a dar ejemplos y pruebas que lo demuestren para convencerlo. Os vais a sentir personalmente que os atañe y al final, podéis acabar diciendo: “...si no confía en mí, cambie de terapeuta...”.

Aquí estamos, muy inconscientemente separados de nosotros mismos, separados de nuestra intuición y separados de nuestra convicción profunda. Estamos aquí en nuestro propio conflicto y este conflicto está siendo reactivado por nuestro paciente. Y aquí no podemos ayudar a nuestro paciente.