Cambiar la Historia Manuales escolares,
3. La «transformación educativa»
La percepción de que en las aulas no transmitían contenidos significativos comenzó a predominar a principios de los ’90. En esos años se comenzó a hablar de la «escuela vacía» porque se instaló en la opinión pública que allí nada se enseñaba y si acaso algo se aprendía era mejor olvidarlo por vetusto e inútil.
3 Un minucioso panorama de los temas tratados en el Congreso Pedagógico puede
Para el momento en que se sancionó la Ley Federal de Educación de 1993 existía un acuerdo generalizado acerca de que la educación argentina requería una reforma profunda. Entre los cambios que esta norma impulsó figuró la ampliación y redefinición de la enseñanza obligatoria que, como se había establecido en la década de 1880, comprendía hasta ese entonces sólo los siete años de la escuela primaria. El nuevo trayecto considerado imprescindible por el Estado se extendió a diez años y comprendía un año de educación inicial y los nueve que abarcaba la Educación General Básica (EGB). Este nuevo ciclo se subdividió en tres niveles. El último de ellos aportó la novedad de incluir a los alumnos de lo que era el 7º grado de la antigua primaria y el 1º y 2º año de la vieja escuela secundaria. Al finalizar la EGB, la educación Polimodal, de tres años de duración era optativa y quienes decidan cursarla podían elegir entre varias orientaciones.
La Ley Federal establecía que se determinaran los nuevos saberes que se enseñarían en las escuelas, para lo cual debían redactarse Contenidos Básicos Comunes. Éstos deberían garantizar tanto un sistema educativo nacional integrado como una flexibilidad que permitiera incluir los temas de interés de las distintas jurisdicciones y aún de las diversas instituciones educativas en cada una de ellas. A la vez deberían ser flexibles en otro sentido: el de permitir una revisión constante que impidiera un nuevo anquilosamiento de los conocimientos escolares4.
En esta búsqueda de restituir a la escuela saberes que resultaran significativos, se redefinía el concepto mismo de «contenidos» siguiendo la difundida caracterización realizada por César Coll (1987), quien señala que los «contenidos» están compuestos tanto por «conceptos» como por «procedimientos» y «actitudes», división que –por otra parte– se puede hacer sólo con un sentido didáctico, ya que ninguno de estos componentes debe considerarse por separado.
4 «Los Contenidos Básicos Comunes son la definición del conjunto de saberes relevantes
que integraran el proceso de enseñanza en todo el país, concertados en el seno del CFCyE dentro de los lineamientos de la política educativa nacional (Art. 56, Inc. a).Como tales constituyen la matriz básica para un proyecto cultural nacional, a partir de la cual cada jurisdicción continuará actualizando sus lineamientos o diseños curriculares (Art.56, Inc. a) y art.59, Inc. b) Ley 24.195), dando paso a su vez a diversos, pero compatibles proyectos curriculares institucionales; y que serán permanentemente revisados a partir de esos proyectos curriculares institucionales y de los lineamientos o diseños jurisdiccionales. De esta manera la definición de los CBC se convierte en una herramienta estratégica para permitir la organización de un Sistema Educativo descentralizado e integrado, que anticipe un porvenir construido a partir de la fertilidad creadora de un país con realidades diversas y sentido de Nación» (Documento A Nº 8 del Consejo Federal de Cultura y Educación, en www.me.gov.ar/consejo/documentos).
Aunque se preveían diferentes consultas para seleccionar los nuevos conocimientos que integrarían el currículo, la instancia clave de todas ellas era la opinión que se pediría a especialistas en los saberes sustantivos de las disciplinas. En el caso de la Historia, esta responsabilidad recayó en Fernando Devoto (Universidad de Buenos Aires y Universidad Nacional de Mar del Plata), Luis Alberto Romero (Universidad de Buenos Aires) y Carlos Segreti (Universidad Nacional de Córdoba y Academia Nacional de la Historia). Las distintas propuestas eran compatibilizadas por los equipos técnicos del Ministerio y de estas versiones «promedio» se realizaron una serie de borradores que se consultaban a distintos actores relacionados con la educación. En esas consultas, el papel desempeñado por los docentes fue casi inexistente.
La reorganización implicó una fuerte modificación de la enseñanza de la Historia en los nuevos niveles: EGB y Polimodal. En el tercer ciclo de la EGB nuestra disciplina se incluía usualmente en un área de ciencias sociales que abarcaba contenidos de geografía, economía, ciencia política, sociología, y antropología. Si bien el Ministerio de Educación de la Nación no hacía obligatoria la integración en un área de conocimiento, lo sugería fuertemente y este fue el criterio que –salvo excepciones como la ciudad de Buenos Aires y la provincia de Córdoba– fue adoptado por casi todas las jurisdicciones. A lo largo de la fase final del trayecto obligatorio –la EGB3– la Historia debía presentar un panorama general del pasado desde la aparición del hombre hasta nuestros días que incluía a la historia universal, americana y argentina. En el nivel Polimodal, cualquiera fuera su especialidad, la disciplina recuperaba su especificidad en todos los casos y existía para todas las modalidades de este nivel al menos un curso de historia obligatorio centrado en el período que va de la segunda mitad del siglo XVIII hasta la actualidad y que debería abarcar también el ámbito universal, americano y argentino. Esta elección presenta una novedad importante: cuando los estudios se profundizan, el currículo prescripto se centraliza en el estudio del pasado más cercano, postergando el conocimiento del pasado nacional de la primera mitad del siglo XIX que hasta entonces había ocupado un lugar central en el currículo.
Pero enseñar Historia cambiaba también en otro sentido. La reforma se propuso provocar profundas modificaciones en la enseñanza centradas en la redefinición del sujeto que la escuela debía formar: el ciudadano democrático. Este sujeto requería un nuevo modelo de conocimiento y, por lo tanto, de docente. Se debía establecer un conjunto de saberes que permitieran