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A. FALLA Y BÚQUEDA DE LA FUNCIÓN CONTINENTE Y SU RELACIÓN CON

3. Lo transgeneracional

Para Faimberg (2006) hay momentos claves en un análisis, cuando lo insensato adquiere sentido. Para esto, examina cuáles son las condiciones que deben cumplirse para tener la casi certeza clínica de que el sentido adquirido por la revelación de la historia secreta pertenece en verdad al psiquismo del paciente y no es una explicación que construye el psicoanalista por fuera del movimiento transferencial. En su opinión, es fundamental que el analista afronte, contratransferencialmente, la angustia de no saber que no sabe. Y cuando sobre este trasfondo de angustia y de desconocimiento aparece algo inédito en la historia del paciente, que permite resolver un enigma que plantea a transferencia, entonces, y sólo entonces, tenemos la casi certeza clínica de que esa historia es parte constitutiva del paciente.

La forma particular de identificación de esa cristalización muda del psiquismo del paciente tiene las siguientes características: 1. Las identificaciones están clivadas; por lo tanto, el analista no las puede oír. 2. Sólo comienzan a detectarse en un momento clave de la transferencia. 3. Las identificaciones son descubiertas, se hacen audibles, a través de una historia secreta del paciente. 4. Si la identificación es un tipo de vínculo entre generaciones, el objeto de la identificación es, de por sí, un objeto histórico. La identificación incluye en su estructura, necesariamente, elementos fundamentales de la historia interna de ese objeto. Las identificaciones tienen una causa, una condición de posibilidad, y no son un simple dato inicial que no necesita explicación. 5. Comprender la historia de las identificaciones permite volver más significativas y más audibles estas mismas identificaciones. 6. Este tipo de identificaciones condensa una historia que, al menos en parte, no pertenece a la generación del paciente, en este sentido se trata de identificaciones alienantes (Faimberg, 2006).

Al hablar de las funciones de apropiación y de intrusión Faimberg (citada en Faimberg, 2006) dijo que la causa alienante del telescopaje de generaciones no encuentra exclusivamente su origen en el contenido de los hechos relatados por el paciente, sino, además, en el modo como estos hechos han estado subordinados al decir y al no-decir de los padres (…) Hasta los hechos más dolorosos podrían ser objeto de una transmisión no alienante (…) La dialéctica de la exploración de las verdades psíquicas por el sujeto oscila entre lo cognoscible y lo incognoscible (dialéctica que corresponde a lo inconsciente). En la transmisión alienante, los padres pierden la función de garantes, para el niño, del valor de la exploración de las verdades psíquicas y se sustituyen a él. El hijo queda sujetado a lo que los padres dicen o callan.

Los padres a los que Haydée Faimberg se refiere son los padres tal como están inscriptos en la realidad psíquica del paciente. Ella reconoce esa inscripción en el modo en el que el paciente habla y escucha las interpretaciones y los silencios del analista.

Denomina “padres internos” a esas figuras parentales, no sin preocuparse por la posible

reificación del concepto que podría acarrear esta terminología. En realidad, ella lo designa a un tercer término, situado entre lo dicho por el paciente y lo escuchado por el analista. Ese mismo tercer término reaparece entre lo que el analista cree decir y lo que él efectivamente escucha. No coincide, no puede coincidir, con los padres de la realidad empírica. Estos padres internos tampoco coinciden con la representación que de sus padres se hacen los pacientes. Los padres que son de interés para Faimberg son los que toman forma en el decir del paciente, más allá de lo que el paciente cree que los padres son.

Blum (citado por Faimberg, 2006) señaló que la reconstrucción no siempre proviene

en forma automática del “trabajo transferencial y analítico”. Es un acto integrativo que se

infiere, y que restaura la continuidad y la cohesión de la personalidad. Lo reconstruido no es el hecho histórico de un trauma, sino el significado intrapsíquico de la experiencia. Por su parte Brenman (citado por Faimberg, 2006) afirmó que la reconstrucción sólo tiene valor terapéutico si se inscribe en el análisis de la compulsión de repetición en la transferencia. Para él, los nuevos avances durante el tratamiento deben ser integrados con construcciones creativas del pasado, para echar las bases nuevas de construcción.

B. Algunas ideas alrededor del narcisismo.

1. Breve revisión histórica del concepto.

En la tradición griega, se llamaba narcisismo al amor a sí mismo. La leyenda y el personaje de Narciso se hicieron célebres gracias al libro tercero de las Metamorfosis de Ovidio. (Roudinesco y Plon, 1997).

Fig. 1. John William Waterhouse, Eco y Narciso (1903) Walker Art Gallery, Liverpool.

“Hijo del Dios Cefiso, protector del río del mismo nombre, y de la ninfa

Liríope, Narciso era de una belleza inigualada. Se atrajo el amor de más de una ninfa, entre ellas Eco, a la que rechazó. Desesperada, ésta cayó enferma y le imploró a la diosa Némesis que la vengara. En el curso de una partida de caza, el joven hizo un alto cerca de una fuente de agua clara: fascinado por su propio reflejo, Narciso creyó ver otro ser, y en pleno estupor, no pudo ya desprender su mirada de ese rostro que era el suyo. Enamorado de sí mismo, Narciso hundió entonces los brazos en el agua para estrechar esa mirada que no cesaba de sustraerse. Torturado por ese deseo imposible, lloró y terminó por tomar conciencia de que el objeto de su amor era él mismo. Quiso entonces separarse de su persona, y se golpeó hasta sangrar antes de decirle adiós al espejo fatal y entregar el alma. En signo de duelo, sus hermanas, las Náyades y las Dríadas, se cortaron los cabellos. Al querer cremar el cuerpo

de Narciso en una hoguera, comprobaron que se había transformado en una

flor”. (Ibid, p. 727)

Hasta finales del siglo XIX la palabra fue utilizada por los sexólogos para designar de manera selectiva una perversión sexual caracterizada por el amor de un sujeto dirigido a sí mismo. En 1908 el término empieza a dar muestras de evolución, para esa época Isidor Sadger habló de narcisismo a propósito del amor a sí mismo como modalidad de elección de objeto en los homosexuales. Se distingue de Havelock Ellis, al considerar que el narcisismo no era una perversión, sino un estado normal de la evolución psicosexual en el ser humano (Ibid, p. 727).

El término narcisismo aparece por primera vez en Freud en una nota añadida en 1910 en el artículo: Tres ensayos de teoría sexual. Aquí Freud habla de los “invertidos”, sin haber utilizado la palabra homosexual, describía que ellos “se toman a sí mismos como objetos sexuales” y que “partiendo del narcisismo, buscan a hombres jóvenes semejantes a

su propia persona, a quienes quieren amar como sus madres los amaron a ellos mismos”.

En 1910, en el ensayo Un recuerdo infantil de Leonardo Da Vinci, y en 1911, en el caso de Schreber, Freud a semejanza de Sadger, considera que el narcisismo es un estadio normal de la evolución sexual.

Posteriormente, en 1914 en Introducción al narcisismo Freud amplía el concepto. La observación del delirio de grandeza en el psicótico llevó a Freud a definir el narcisismo como la actitud resultante de la reconducción sobre el yo del sujeto de las investiduras

libidinales antes dirigidas a objetos del mundo externo. Freud señaló que el movimiento de repliegue sólo podía producirse en un segundo momento, precedido de una investidura de los objetos exteriores por una libido precedente del yo. Se hablaba de un narcisismo primario y este tenía que ver con el niño y con la elección de que él realiza de su persona como objeto de amor, etapa anterior a la plena capacidad para volverse hacia objetos externos (Ibid, p. 728).

En la segunda tópica Freud vuelve sobre el narcisismo primario, situándolo como el primer estado de la vida, anterior a la constitución del yo, característico de un periodo en el que hay una indiferenciación del yo y el ello, y cuya representación concreta podría concebirse con la forma de la vida intrauterina (Ibid, p. 729).

En cuanto a narcisismo secundario, su definición fue menos problemática y la formación de la segunda tópica no modificó su concepción, pero a partir del artículo Más allá del principio de placer Freud abandonaría más este concepto. Este narcisismo secundario o narcisismo del yo, seguía apareciendo a principio de la década de 1920 como resultado manifiesto, en la clínica de la psicosis, del retiro de la libido de todos los objetos externos. Y como no era exclusivo de los psicóticos, Freud añade la existencia de un proceso de balanceo energético entre las dos formas de investidura que participan del eros, la pulsión de vida, y de su combate con la pulsión de muerte. Esto daría origen al primer bosquejo en lo que más adelante se convertiría en el ideal del yo (Ibid, p. 729).

Los desarrollos posfreudianos le dan un vuelco al concepto, en el caso particular de André Green en 1976, subraya que los psicoanalistas se dividieron “en dos campos, según

su posición respecto de la autonomía del narcisismo” Entre los destacados en esta

autonomía se destacan el psicoanalista francés Bela Grunberger y Heinz Kohut. Melanie Klein es opuesta a las concepciones de los dos anteriores y postuló la existencia primera de las relaciones objetales, rechazó la idea del narcisismo primario, así como a la de estadio narcisista; ella sólo habla de estados narcisistas vinculados a la retracción de la libido sobre objetos interiorizados.

La concepción Lacaniana del estadio del espejo establece que el narcisismo originario se constituye en el momento de la captación por el niño de su imagen en el espejo, imagen a su vez basada en la del otro (en particular la madre), constitutiva del yo. Françoise Dolto ubica las raíces del narcisismo en el momento de la experiencia privilegiada constituida por las palabras maternas más centradas en la satisfacción de los deseos que en la respuesta a las necesidades.

2. Narcisismo primario y secundario.

El narcisismo primario lo podemos definir como esa interacción inicial que se da entre el Yo del bebé y el objeto externo, la madre. Esta interacción se da por medio del Yo corporal del niño, el cual vive en función de la satisfacción de las necesidades biológicas y afectivas y el placer erógeno de la madre en satisfacer esas necesidades a través de su afecto, caricias y contacto físico. El Yo percibe dichos estímulos del ambiente que le rodea; en un encuentro armónico en donde el niño busca y la madre ofrece, pero este encuentro se da por medio de una relación objetal bebé-madre de manera indiferenciada para el bebé, y

lo que primará será ese sentimiento de omnipotencia cuanto más dependiente es por la inmadurez de su Yo. Grinberg (citado en Sandler, 1991).

Es importante destacar que Grinberg nos recuerda que a la función original y continua que cumple la madre, como agente de satisfacción de las necesidades del niño, le agregamos la de responder a sus afectos y organizar sus respuestas, y que por medio de esta actuación es que la madre puede dotar de significado a los afectos y comportamientos del niño. Cuando la madre responde de manera adecuada ante dichas necesidades del niño, se podrá mitigar la intensidad persecutoria de los afectos del niño, favorecer el crecimiento de la mente y de su organización psíquica y el desarrollo de un narcisismo sano.

Del narcisismo secundario podemos decir que: Con la progresión y el crecimiento del Yo y con las sucesivas introyecciones y proyecciones entre el bebé y la madre favorecerán el crecimiento del Yo del niño, que adquirirá la capacidad para discriminar al objeto como una entidad separada y autónoma (Grinberg, 1991).

Del mismo modo, Grinberg también recalca que la consolidación de ese Yo dependerá de que pueda dirigir suficiente amor a sí mismo (amor narcisista) en forma satisfactoria, como resultado de sus propios logros y de los aportes proporcionados por la madre. Pero cuando esto no sucede así, se produce una alteración del equilibrio narcisista que entonces se presenta frágil y constantemente necesitado de suministros exteriores para reparar los que faltan internamente.

Pasando ahora a Kernberg (citado en Sandler, 1991) dice que el narcisismo adulto normal se caracteriza por una regulación normal de la autoestima. Pero a su vez depende de una estructura normal del self relacionada con representaciones objetales internalizadas

“totales” o normalmente integradas, un Superyó integrado, en gran medida individualizado

y sintetizado, y la gratificación de las necesidades instintivas dentro del contexto de las relaciones objetales y sistemas de valores estables.

Por otro lado el narcisismo infantil normal, es importante porque fija las metas narcisistas infantiles (mecanismos infantiles de regulación de la autoestima) o a regresión a ellas representa una característica importante de las patologías caracterológica. El narcisismo infantil normal consiste en la regulación de la autoestima mediante gratificaciones adecuadas a la edad que incluyen o implican exigencias y/o prohibiciones de un sistema de valores infantil normal (Ibid, p. 168)

Treurniet (1991) en“Introducción al Narcisismo” de Sigmund Freud, nos va a decir que Freud después de 1914 nunca examinó la influencia del mundo externo de manera tan sistemática como lo había hecho con las fuerzas internas de la mente, tampoco modificó su posición en relación con el narcisismo y las relaciones objetales después de 1914. Sin embargo, en la etapa final de su vida si centró su interés clínico en la fase oral, en las interacciones tempranas de madre-niño, en la ansiedad de separación y en la reconstrucción de las experiencias tempranas preedípicas. Por eso se ocupó de los problemas de la negación y el splitting, defensas contra la realidad y el mundo objetal. Debido a que los golpes al narcisismo de las personas siempre van a provenir de la realidad, se observa también el odio frecuente hacia ciertos aspectos de esa realidad: por lo cual Treurniet

retoma diciendo que lo que se odia es la prueba de la limitación de nuestra omnipotencia, el sentimiento de mortificación narcisista. También nos recuerda que mediante las defensas de splitting y negación, cada una de las cuales es parte de la otra, se hace posible seguir manteniendo una firme creencia en la eficacia del principio del placer en una parte de la mente consciente, mientras que otra reconoce plenamente el principio de realidad.

3. Narcisismo normal y patológico.

Freud (1914) en Introducción al narcisismo, en un inicio retoma el concepto de narcisismo propuesto por P. Näcke quien le aducía al término características propias de perversión, luego ante la observación psicoanalítica que él hace al igual que Sadger, se percatan que muchas otras personas presentaban rasgos aislados del narcisismo y que este no era propio de los perversos. Por eso se le empieza a dar al narcisismo una connotación

ya no de perversión, sino como un “complemento libidinoso del egoísmo inherente a la pulsión de autoconservación” que todo ser vivo posee.

Freud en el trabajo investigativo con personas que padecían esquizofrenia, puede evidenciar dos rasgos principales de carácter en este tipo de personas: el delirio de grandeza y la desvinculación con el mundo exterior (personas y cosas). Este hecho muestra que pareciera que hubieran retirado realmente su libido de las personas y cosas del mundo exterior, pero no dejando de sustituirlas por otra en su fantasía. El delirio de grandeza que se observa en estos casos da una primera pista que orienta a Freud a encontrar el destino de

la libido sustraída de los objetos en la esquizofrenia, para él: “la libido sustraída del mundo exterior fue conducida al yo, y así surgió una conducta que podemos llamar narcisismo”. El

delirio de grandeza, Freud lo considera como una creación no nueva, sino como una amplificación y el despliegue de algo que ya existía. Por ello, el narcisismo nace por

“replegamiento de las investiduras de objeto como un narcisismo secundario que se edifica

sobre la base de otro, primario, oscurecido por múltiples influencias”. Estos rasgos del narcisismo son muy comunes en las patologías narcisistas sin que se trate de pacientes esquizofrénicos necesariamente.

4. Los pacientes con narcisismo patológico

Treurniet (1991) empieza por mencionar la principal característica de dependencia extrema que experimentan el tipo de pacientes muy vulnerables, esta dependencia se va a ver dirigida hacia otras personas o también una defensa extrema hacia dicha dependencia. Nos dice que el tipo de pacientes del primer grupo, los de dependencia extrema, buscan una fusión absoluta, la simbiosis. Ejemplifica que cuando están solos simplemente dejan de

existir, “simplemente desaparecen en una hemorragia narcisista sin un objeto”. Si no hay alguien más no se sienten vivos. Esta búsqueda por el otro está relacionada con la economía psíquica de necesidad que subyace a la conducta adictiva y a la organización sexual desviada, y la sexualidad se utiliza como una droga, se trata de la organización fronteriza de la personalidad, pero no es una cuestión de deseo.

El otro tipo de pacientes se caracterizan por el retraimiento, la no comunicación y el negativismo, solamente se sienten ellos mismos cuando están solos. Cuando están con otras personas por demasiado tiempo, se sienten sobreestimulados y pierden sus límites.

un objeto”. En estos casos estamos hablando de la organización narcisista de la

personalidad, ellos padecen de una serie disminución de sus reservas narcisistas y su sentido del self corre peligro de desaparecer.

Treurniet (1991) dice que la negación de la separatidad con respecto a los objetos crea la ilusión de que el objeto forma parte del self y no se puede perder ni destruir, es por eso que la otra persona debe cumplir la función de (una parte de) la estructura del paciente. Por otro lado, la negación de la conexión, la defensa de la comunicación, implica mantener la creencia en un estado de autosuficiencia omnipotente, sumada a una intensa y abrumadora dependencia que se expresa como un anhelo de admiración. Lo anterior puede concluirse en una especial paradoja en donde las defensas actúan de manera que se niega la separación y se niega la relación; se niegan tanto el vínculo con el objeto como la separatidad con respecto a él. Se observa entonces que el mecanismo de defensa apunta hacia el exterior, la vulnerabilidad del self está en peligro y por eso es necesario defenderse. Además de los conflictos intrapsíquicos abrumadores, existen una serie de conflictos entre la persona y su medio, a estos Freud los consideró característicos de la psicosis. Se pueden considerar dichas defensas como similares a las psicóticas debido a que el locus del proceso defensivo se encuentra en el vínculo con el objeto y los afectos son el medio a través del cual actúan las defensas contra los objetos.

Por otro lado, Treurniet (1991) trae a colación el tema de la transferencia y contratransferencia ante estos casos de pacientes narcisistas. Dice que las transferencias narcisistas y su manejo centraron la atención en la dimensión empática de las acciones del analista, entendidas dentro del contexto de sus actitudes, su propósito, su intención, es

decir, su contratransferencia. Los elementos que son inherentes a las funciones de cuidado del paciente en el vínculo narcisista con el analista constituyen lo que hoy es parte habitual de la técnica psicoanalítica. Esto incluye que una parte considerable de la tarea analítica consiste en enfrentar al paciente con las necesidades de su transferencia narcisista y la

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