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EL VEHÍCULO

10. Nivel de riesgo

3.1.1.2 Trastornos oncohematológicos

El lugar y el nivel de avance del cáncer constituyen las claves fundamentales sobre las que se estima la salud del paciente para la conducción, sobre todo en el caso de los tumores cerebrales. Sin embargo, también debe tenerse en cuenta el estado en que se encuentra el órgano afectado.

El síndrome neoplásico, además de los síntomas físicos (dolor por irritación de las terminaciones nerviosas, insuficiencia funcional de los órganos afectados, hemorragias y síndromes compresivos, entre otros) produce una serie de síntomas generales (astenia, alteraciones hormonales, hipoglucemia y alteraciones neuromusculares) junto con síntomas psicológicos asociados con la enfermedad, concretamente ansiedad y depresión. A todo ello, hay que añadir los efectos secundarios del tratamiento sintomático, antineoplásico, paliativo, etc.

3.1.2 Efectos del tratamiento en la conducción

En los casos de poliglobulias, hay que tener en cuenta el riesgo de síncope posflebotomía por lo que se debería recomendar al paciente que va a ser sometido o ha sido sometido a una flebotomía (pinchazo de una vena con una aguja para extraer sangre) que evite conducir en las 12 horas siguientes a la misma, sobre todo durante períodos prolongados y sin compañía. Este tiempo podrá reducirse si se realiza reposición de volumen.

Los pacientes sometidos a terapia anticoagulante oral, deben estar bien controlados con la finalidad de prevenir complicaciones hemorrágicas o trombóticas. Asimismo, ante un paciente anticoagulado, es importante valorar también el riesgo vial que le puede originar su patología de base (arritmia, cardiopatía, etc.).

En el caso de las neoplasias hematológicas deben tenerse en cuenta los síntomas propios de la enfermedad junto con los derivados del tratamiento. Los

tratamientos oncológicos requieren la administración de quimioterapia, opiáceos (como tratamiento paliativo) o radioterapia que pueden deteriorar la habilidad para la conducción cuando el tratamiento presenta efectos secundarios que interfieren la capacidad funcional del paciente.

Se tendrá en cuenta la utilización de antiheméticos, fármacos que impiden el vómito (emesis) o la náusea. Típicamente se usan para tratar cinetosis y los efectos secundarios de los analgésicos opioides, de los anestésicos generales y de la quimioterapia dirigida contra el cáncer.

Como antieméticos se utilizan diferentes tipos de sustancias (entre las que se incluyen anticolinérgicas, antihistamínicos, antipsicóticos, benzodiazepinas, antagonistas 5HT y glucocorticoides) (Medical Conditions and Medications That May Impair Driving). Entre los efectos secundarios de las sustancias antieméticas que pueden perjudicar la conducción, incluso en ausencia de síntomas subjetivos, se incluyen: sedación, visión borrosa, dolor de cabeza, confusión y distonias. En este sentido, los pacientes deben ser informados sobre los efectos secundarios y los efectos perjudiciales sobre la conducción aunque no sean conscientes de dichos efectos (Medical Conditions and Medications That May Impair Driving).

Antiheméticos

Ondansetrón Cefalea, mareo, estreñimiento o Es recomendable no conducir diarrea (10-25%), astenia o sedación vehículos durante el tratamiento. (1-9%)

3 . 2 N e f r o p a t í a s

3.2.1 ¿Cómo interfieren en la conducción?

La incidencia del trastorno renal crónico en la población adulta fundamentalmente de mayor edad, se sitúa en el 11%, valor que recientemente se ha incrementado de forma

significativa debido entre otros factores al mayor envejecimiento y a la mayor supervivencia de la población de elevado riesgo (por ejemplo, personas con diabetes o hipertensión) así como al mayor control de la última fase de esta enfermedad (OSMV, 2008).

El trastorno renal crónico atraviesa cinco etapas en las que se va incrementando la gravedad de la enfermedad. El final de la fase del trastorno renal crónico (fallo renal), se caracteriza por la pérdida total o casi total de la función renal, lo que hace necesaria la diálisis hasta un trasplante de riñón para sobrevivir.

Con frecuencia, el curso de la enfermedad renal es insidioso. Los síntomas, variables en función del grado de afectación, pueden ocasionar deterioro en la capacidad de conducir derivado fundamentalmente de las alteraciones neurológicas, psicológicas y del sueño.

El fallo renal crónico es un trastorno progresivo y generalmente permanente de la función renal debido al deterioro y destrucción de las nefronas1. Generalmente es

resultado de alteraciones como: diabetes, hipertensión, glomerulonefritis crónica2,

trastorno poliquístico de riñón, obstrucción y ataques repetidos de pielonefritis (tipo de infección de las vías o tracto urinario en la que se produce una inflamación de causa infecciosa del riñón y de las vías urinarias que salen de él), entre otras.

Otros efectos Temblor Alteración de la visión Alteraciones del sueño Reducción de la atención

(1)Cada riñón está formado por un conjunto de unidades llamadas nefronas. La nefrona se

puede considerar como la unidad funcional del riñón.

(2)

Tipo de enfermedad del riñón, que consiste en la inflamación de unas estructuras internas renales llamadas glomérulos.

3.2.2 Efectos del tratamiento en la conducción

La comorbilidad del paciente renal le obliga a tomar un número de fármacos muy elevado y a ello se une el mayor riesgo de acumulación y toxicidad. Los principales medicamentos que deben tenerse en cuenta por su especial repercusión sobre la conducción son los analgésicos, anticonvulsionantes y psicofármacos, sobre los que conviene ejercer una vigilancia muy estrecha. Los pacientes diabéticos insulinodependientes con nefropatía tendrán aumentado el riesgo de hipoglucemia y, por tanto, su riesgo vial, al producirse una reducción de la necesidad de insulina.

•Algunas investigaciones científicas han evidenciado un deterioro cognitivo que oscila entre leve y severo, siempre sin diagnosticar y subestimado por los médicos, en los pacientes sometidos a diálisis. Concretamente, en el 30 al 47% de los pacientes de mayor edad sometidos a diálisis (OSMV, 2008). Asimismo, existen datos acerca de los efectos del trastorno renal crónico sobre el funcionamiento cognitivo en función del tipo de diálisis al que se vea sometido el paciente. Sin embargo, generalmente, la diálisis aparece asociada con frecuencia a problemas psicológicos como depresión, irritabilidad, riesgo de suicidio además de cefaleas, náuseas, vómitos, arritmias cardiacas e hipotensión con mareos durante y después de la diálisis que incapacitan para la conducción.

•Algunas investigaciones han evidenciado una mejora cognitiva en los pacientes tras haber sido sometidos a un trasplante renal. Concretamente, Buoncristiani et al. (1993) encontraron que los pacientes que recibían hemodiálisis (antes del trasplante) mostraban deterioros cognitivos significativos en comparación con el grupo control. Sin embargo, tras el trasplante, no aparecieron diferencias significativas en las medidas de ejecución cognitiva entre ambos grupos. Esto significa que el deterioro cognitivo puede remitir tras el trasplante (NHTSA, 2005), pero pueden aparecer alteraciones físicas como cardiopatías isquémicas, así como enfermedades oftalmológicas asociadas (retinopatía diabética e hipertensiva) y cataratas esteroideas (producidas por el tratamiento con esteroides).

3 . 3 A l t e r a c i o n e s d e l s i s t e m a r e s p i r a t o r i o

3.3.1 ¿Cómo interfieren en la conducción?

Los trastornos respiratorios producen un deterioro general del paciente que se clasifica como ligero (generalmente no se relacionan con la disminución de la habilidad para la ejecución de la mayor parte de actividades), moderado (niveles progresivamente más bajos de función pulmonar que se relacionan con habilidad disminuida para hacer frente a las demandas cotidianas necesarias para la realización de la mayoría de tareas) y grave (incapacidad para hacer frente a las demandas físicas implícitas en la mayoría de actividades, incluyendo el ir al trabajo) (OSMV, 2006).

Asimismo, las alteraciones respiratorias, en comparación con otro tipo de alteraciones crónicas, tienen mayor probabilidad de afectar el funcionamiento cognitivo, lo que implica un elevado riesgo para la conducción. Concretamente, la falta de oxígeno cerebral presente en algunos trastornos respiratorios produce deterioro cognitivo de la atención, concentración, memoria, pensamiento y toma de decisiones, lo que convierte la conducción en extremadamente peligrosa.

La alteraciones respiratorias más frecuentemente tratadas en relación con la

conducción son: asma, alteración pulmonar obstructiva crónica (bronquitis crónica que afecta a cualquier edad) o enfisema (un tipo de enfermedad pulmonar obstructiva crónica más común en personas de mayor edad), apnea del sueño (ver trastornos del sueño) (Medical Conditions and Medications That May Impair Driving) y carcinoma pulmonar (NHTSA, 2005).

No existen investigaciones dedicadas a analizar la relación entre asma y accidentes de tráfico. Tampoco existen estudios que hayan examinado la relación entre trastorno pulmonar obstructivo crónico y accidentes de tráfico.