• No se han encontrado resultados

1.2. LEUCEMIA FELINA

1.3.6. Tratamiento de la inmunodeficiencia felina

Al igual que en FeLV, no existe tratamiento curativo para la infección por FIV. Actualmente, además de ir resolviendo los diferentes signos clínicos que aparecen en el desarrollo de la enfermedad mediante antibioterapia, quimioterapia, etc., se están utilizando los fármacos desarrollados para combatir al HIV debido a que son potencialmente útiles en el tratamiento de FIV, aunque muchos son tóxicos para los gatos o han resultados no eficaces (Levy y col., 2008b; Hosie y col., 2009). A día de hoy no hay estudios suficientes que permitan instaurar un protocolo general de tratamiento. El mecanismo de acción de las terapias antirretrovirales se basa en la inhibición de dos de las proteínas necesarias para la replicación vírica: la transcriptasa inversa y la proteasa.

El AZT o zidovudina (3´-azido-2´3´-deoxytimidina) es el antivírico más estudiado y que ofrece resultados más prometedores (Hart y Nolte, 1995; Bisset y col., 2002; Levy y col., 2008b). El tratamiento con este inhibidor de la transcriptasa inversa reduce los títulos de virus en el plasma, mejora el estado clínico e incrementa la calidad y la esperanza de vida del paciente (Sellon y Hartmann, 2008; Hosie y col., 2009). El hecho de que aparezcan efectos secundarios como vómitos, anorexia y, sobretodo, anemia ha reducido las expectativas de uso de este medicamento. Sin embargo, a día de hoy, su uso está restringido al ámbito hospitalario (Fuente: Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios) y no está autorizado para uso felino.

El nucleósido acíclico, 9-(3-fluoro-2-phosphonylmethoxypropyl) adenina (FPMPA) ha mostrado su eficacia en gatos infectados por FIV, en los que se produce una regresión de la estomatitis, mejora del estado general, incremento del cociente CD4/CD8 y descenso de los niveles províricos, sin la aparición de los efectos secundarios que se producían con el uso de 9-(2-fosfonilmetoxietil) adenina (PMEA) (Sellon y Hartmann, 2008).

Otro agente antiretrovírico estudiado ha sido la estampidina (STAMP), un nucleósido análogo de las pirimidinas, que disminuye la carga vírica sin la aparición de signos clínicos, salvo vómitos esporádicos, y sin alteraciones biopatológicas, a excepción de la elevación de la ALT en algunos gatos (Uckun y col., 2003).

AMD3100 pertenece a los inhibidores de entrada viral, actuando como antagonistas del receptor CXCR4 que permite la entrada del virus en el linfocito T. Aunque no está autorizado como antiviral, se ha demostrado que mejora los signos clínicos y reduce la carga viral (Hosie y col., 2009).

Aunque existen algunos estudios que demuestran que el uso de los inhibidores de la proteasa pueden resultar útiles para el tratamiento de FIV (Huitron-Resendiz y col., 2004), no existe ningún estudio que apoye que inhiban la replicación vírica o que potencien el efecto de otros fármacos. Al igual que en HIV, se recomienda el uso de terapia combinada; se considera que el uso de varios fármacos elimina las posibles mutaciones víricas y, por tanto, mejora el pronóstico del animal (Gobert y col., 1994; LaCasse y col., 1996; Medlin y col., 1996).

Además de los tratamientos antivíricos, también se han ensayado tratamientos inmunomoduladores. • Filgastrim (Factor de estimulación de colonias de granulocitos): es una citoquina recombinante humana

que ha sido usada en las neutropenias agudas. Puede incrementar el número de neutrófilos, pero también incrementar la carga viral (Arai y col., 2000; Phillips y col., 2005; Hosie y col., 2009).

Insulina – Factor de crecimiento 1: Incrementa el tamaño del timo y regenera su corteza, favorece la

reposición de linfocitos T (Hosie y col., 2009).

Sin estudios o ensayos controlados en animales infectados naturalmente se han utilizado otros inmunomoduladores como Acemannan, Bacille Calmette-Guérin, Lactoferrina bovina, Dietilcarbamicina, Levamisol, Propionibacterium acnes, Serratia marcescens, Proteína A estafilocócica (Levy y col., 2008b).

Otra posibilidad terapéutica es el interferón (apartado 1.4.9.).

1.3.7. Inmunoprofilaxis

Debido a la semejanza de FIV con el virus del SIDA humano, se ha considerado un buen modelo para probar estrategias vacunales para el hombre (Dunham, 2006), por lo que se han intentado desarrollar vacunas inactivadas, de ADN, de subunidades y péptidos vacunales, y vacunas a base de vectores víricos y bacterianos, sin que se hayan obtenido resultados definitivos hasta la fecha (Sellon y Hartmann, 2008).

Actualmente, no se recomienda la vacunación para la inmunodeficiencia felina en la Unión Europea, y de hecho, sólo hay una vacuna comercializada en EE.UU. autorizada en el año 2002, y en Australia y Nueva Zelanda, en 2004 que no ha demostrado su eficacia frente a los virus europeos (Dunham y Graham, 2008).

Existen numerosos factores a tener en cuenta en el desarrollo de una vacuna frente a FIV: elección del inmunógeno adecuado, la vía de administración, la protección frente a los distintos tipos de FIV, y la posibilidad de diferenciar gatos vacunados de gatos infectados naturalmente (Sellon y Hartmann, 2008).

Algunos aspectos son los siguientes:

• Protección frente a distintos aislados víricos: La alta tasa de mutación que se produce en estos virus da lugar a una gran variabilidad antigénica, no solo entre los distintos subtipos víricos (A, B, C, D y E), sino también entre aislados del mismo subtipo. Este hecho no permite obtener una buena protección frente a determinados virus, los cuales pueden escapar del sistema inmunitario (deriva antigénica) (Levy y col., 2008b). A pesar de esta variabilidad antigénica, sí que se ha observado inmunidad cruzada entre ciertos subtipos; por ejemplo, la primera vacuna comercial con aislados del subtipo A y D inactivados confería protección frente al subtipo B (Kusuhara y col., 2005; Pu y col., 2005; Dunham, 2006).

• Aumento de la infección después de la vacunación: Se ha descrito que en algunas ocasiones se produce un aumento en la susceptibilidad a FIV de los gatos vacunados (Giannecchini y col., 2002). Puede ser debido a: a) el incremento del número de células diana del virus, ya que la vacunación lleva implícita el desarrollo de la respuesta inmunitaria y, con ello, la expansión de linfocitos T; b) la expresión de receptores como CD134 y CXCR4 en los linfocitos T activados que facilitan la infección vírica; y c) el bloqueo de los receptores Fc o del complemento de la célula (Dunham, 2006).

• Diferenciación entre gatos infectados y gatos vacunados: Como se mencionó anteriormente el diagnóstico habitual de la inmunodeficiencia felina se basa en la detección de anticuerpos y no de antígeno, como ocurre con la leucemia felina. Por lo tanto, será necesario desarrollar un marcador antigénico o una técnica que nos permita distinguir gatos vacunados de infectados. En estos casos, sólo pruebas directas como el aislamiento vírico o la PCR serían útiles, pero no se usan de forma rutinaria en la clínica (Uhl y col., 2002; Dunham y Graham, 2008).