El trazado recorrido en este proyecto, da pie a que se consideren las implicaciones que, desde lo geográfico y desde lo pedagógico, puedan aportar en diversos niveles para una formación ciudadana y una educación geográfica que reconozcan el papel de los niños y las niñas en su construcción de una ciudad soñada.
La propuesta educativa buscó reivindicar a los sujetos de la educación, por una parte el docente que investiga y construye conocimiento por medio del trabajo activo en el aula y por otra parte, se intenta posicionar a los estudiantes como sujetos dinámicos en el acto educativo que pueden construir desde la vivencia, la experiencia y la narrativa popular con las cuales identifican su mundo cercano relaciones próximas con el conocimiento geográfico.
el presente ejercicio, nos llevó a considerar que el escenario educativo invisibiliza a los actores inmersos en él, reduciéndolos a lineamientos, estándares y competencias tan alejadas de las realidades y de los contextos con los cuales se configura el día a día en el aula generando, de esta forma, una educación descontextualizada y fracturada que no responde al tamaño de sus sueños.
Por tanto, en este ejercicio se hizo necesario hablar de educación e indagar nuevas formas para enseñar y aprender, ya que, posibilita a cada docente reinventarse desde lo profesional; sentir desde la cotidianidad las múltiples falencias del acto educativo y pensarse como un individuo que hace parte de una comunidad que forja nuevos ciudadanos con necesidades específicas y dinámicas particulares. Es por esto que pensar la educación más allá del currículo permite reivindicar la escuela y a los sujetos de la educación. Formar educadores que revitalicen la escuela, que valoren la acción, el pensar y el sentir del estudiante, no repitiendo lo tradicional, lo memorístico. En consecuencia, pensar la educación desde el estudiante y por el estudiante, permite cambiar el mundo desde la acción cotidiana.
El ejercicio de pensar la escuela desde su manifiesta emergencia y al estudiante como actor activo permitió abordar la intervención pedagógica con los estudiantes de grado sexto del IEDBPdesde sus voces, sus interacciones sociales y las formas en que viven y resignifican su diario vivir como elementos que posibilitaron el acto educativo más allá del dato y la información.
Por consiguiente, se abordó la experiencia como instrumento que concede construir un conocimiento horizontal, que posibilita la enseñanza- aprendizaje de la ciudad como espacio geográfico, construye un diálogo constante con los estudiantes para formar conceptos geográficos, logra desplazamientos cognitivos, es decir, genera una transición del espacio
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topológico al espacio representacional. Es preciso mencionar, que el presente ejercicio reivindica la experiencia permite significar un sujeto activo lleno de dudas y saberes sobre el espacio que habita; y, de igual forma, posibilita la construcción y desplazamiento de estructuras cognitivas y permite formar un ciudadano territorial que en resignifica y apropia su espacio próximo de la misma manera que lo localiza y ubica el mismo.
Así mismo, nos permitió reflexionar acerca de romper con el aprendizaje factual de las ciencias sociales y la geografía, donde la enseñanza y el aprendizaje de conceptos consiste en adquirir información verbal, generando en el aula procesos memorísticos a corto plazo (Coll, 1992). Dicho lo anterior, se asumió el reto de desarrollar contenidos sobre espacio geográfico mediante relaciones significativas con el conocimiento, es decir, se establecieron relaciones próximas a los marcos conceptuales que los estudiantes construyen por medio de las características que tienen los lugares vividos de la ciudad.
Al mismo tiempo, los escenarios diariamente vividos están nutridos con las múltiples experiencias que construyen narrativas invisibilizadas por la institución escolar. De este modo, la enseñanza- aprendizaje de la ciudad mediante la escala micro-macro, abrió paso a la evocación de nuevos elementos para el desarrollo de conceptos geográficos en la medida en que remitió a la experiencia de lo cercano para entenderla, interpretarla y conceptualizarla. En efecto, se dio lugar a las nuevas formas de aprender desde lo vivido, así como a las voces de los estudiantes del proceso formativo y, a su vez, los estudiantes construyeron su propio conocimiento por medio de procesos de acomodación y asimilación autónomo (Coll y Gómez, 1994).
En consecuencia podemos concluir que el ejercicio investigativo nos permitió trasladar la experiencia espacial cercana que involucra aquellos conocimientos históricos, sociales y culturales que los individuos construyen para diferenciar y representar elementos de su espacio (Betancourt, 2004). Éstos son vitales a la hora de construir procesos cognitivos, creaciones mentales y emociones frente a la realidad.
Puede inferirse que la forma en que se encontró para respuesta al objetivo general de esta investigación, el cual es, identificar en las representaciones sociales sobre ciudad una posibilidad pedagógica para la enseñanza aprendizaje del espacio geográfico, fue en primera instancia reivindicar el sujeto niño y niña como un actor importante en el proceso de aprendizaje y como sujeto discursivo de disciplinas científicas, individualizado en sus prácticas y su forma de ser en sociedad.
También, los niños y las niñas son autores de una manera de representar, vivir y sentir la ciudad. Esto hace que desde su lugar de enunciación como sujeto y ciudadano sea único y en
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constante cambio permitiendo así ser dueño de sus propias formas de saber e identificar el espacio social de la ciudad.
otro aspecto significativo fue, reivindicar a esto actores tanto en los aspectos cognitivos y sociales como en los afectivos, permite vislumbrar un sujeto que construye en su práctica y en su experiencia una ciudadanía activa que necesita ser potencializada en la escuela, ya que el niño y la niña como sujeto de la educación no es un mero producto del ambiente, ni un simple resultado de sus disposiciones internas, sino una construcción propia que se va erigiendo, es decir, es dado como resultado de las interacciones escolares y barriales (Carretero, 1997). otro hallazgo significativo del proceso investigativo fue re-entender la ciudad como elemento constitutivo de las múltiples realidades de los estudiantes, permite re significarla en torno a la educación espacial de los estudiantes. A su vez, como una apuesta para la formación de un ciudadano crítico, que identifica la ciudad como un escenario activo donde él también está en movimiento; se reconoce como sujeto histórico-espacial en un espacio que se modifica debido a los tiempos y a los tejidos sociales que en él habitan.
A su vez, reivindicar las relaciones en el aula desde la enseñanza aprendizaje horizontal permite reconocer el conocimiento como un proceso social. Donde interactúan las representaciones de los estudiantes que son llevadas por medio de un balance conceptual entre la reestructuración y reconstrucción. De igual forma este proyecto permitió reivindicar un maestro propositivo en su práctica, ya que, su rol es vital en el escenario educativo. Así las cosas, el docente puede incorporar elementos como las experiencias y los medios de comunicación, entre otros factores, a los contenidos escolares mediante el desarrollo de herramientas didácticas para garantizar este proceso en el escenario escolar. De esta forma se hace de la educación un proceso dialógico.
A su vez, esta propuesta permitió entender en las representaciones sociales un asunto intersubjetivo donde el sujeto social construye y reconstruye sus estructuras por medio de la realidad que es percibida a través de los sentidos, como la visión que posibilitó argumentar que las representaciones sociales son sistemas cognoscitivos, con una lógica y un lenguaje propio cuya función es organizar la realidad para que sea tangible para el sujeto, legitimándose éste por medio de estructuras o sistemas de valores y prácticas. Esto hizo pensar en la viabilidad la enseñanza por medio las representaciones y cambio representacional en la estructura cognitivas de los niños y niñas de grado sexto de la Institución Educativa Distrital Bravo Páez, dado que estas facultan la movilización de contenidos cotidiano a conceptos.
Dicho lo anterior, el ejercicio de investigación es significativo en el sentido que considero la experiencia espacial si puede ser articulada en los en los contenidos de aprendizaje,
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así como en los procesos de formación ciudadana, puesto que, a partir de ella, se recogen las vivencias espaciales y las habilidades que pueden fortalecerse en el aula ejerciendo la ciudadanía territorial. A su vez, la experiencia dio cuenta del hecho de que los estudiantes significan en gran medida sus espacios, entornos cercanos y lejanos partiendo de sus vivencias personales.
Por tanto, es de suma importancia reconocer el papel de las investigaciones en el aula ya que brinda acervo experiencial para así resignificar la ciudad y la ciudadanía con el propósito de que sean otros los valores y otras las habilidades que primen el momento de coincidir con los demás. En el aula de clase se fortaleció en sentimiento de preservación por el espacio de tal forma que los estudiantes reconozcan que sus derechos también implican deberes.
contribuyó en la formación ciudadana en el sentido en que a partir de esta se edifican los significados de los cuales los niños y las niñas tienen de su ciudad. No obstante, es importante que las experiencias en el aula sean objetos de reflexión constante, y que más allá de que los estudiantes compartan sus vivencias, los docentes puedan generar cambios significativos tomándolas como insumo para enseñar el respeto y las normas que configuran nuestra condición urbana, o sea, la vida en sociedad y sus múltiples expresiones.
Por último, la investigación y trabajo en el aula nos permitió formar un ciudadano que no le tema a su ciudad, elemento que contribuye a una vida más digna en las ciudades sin miedo. Desde la infancia, como se mencionó anteriormente, se configuran los sentidos de participan en la vivencia urbana, por lo que es necesario que en salón de clases los docentes no pasen por alto la vida de sus estudiantes y, más aún, en la enseñanza de la geografía. Atribuir a la ciudad nuevas representaciones que se desliguen del miedo, se configura como un importante camino para un ejercicio ciudadano que se interese por los valores políticos de participación democrática, por un lado, y del respeto por el otro y su reconocimiento como partícipe válido en la vida cotidiana de los estudiantes.
Así, es pertinente enseñar la ciudad por medio de la experiencia en la medida en que, como Berger y Luckmann (1968) lo manifestaron, por medio de ella se edifica el mundo de la vida cotidiana y los sentidos que da el agente social a su aquí y ahora. Es en la vida cotidiana que los significados de desapego espacial y de rechazo al otro se configuran como pautas normativas. Por ende, es también sustancial el hecho de que el docente establezca normas mínimas de convivencia dentro de su aula de clases con la participación de sus estudiantes, dado que así ellos se reconocen como sujetos válidos para contribuir a la solución de problemáticas que se presentan en su diario vivir.
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Como lo evidenció la experiencia, es de trascendental importancia mediar los conflictos que se puedan presentar entre los estudiantes de tal forma que los lazos grupales se solidifiquen, en tanto esto coadyuva a que el ejercicio de enseñar y de aprender se torne más ameno y significativo para los niños. También, es fundamental que el docente reflexione constantemente su quehacer profesional, pues la escuela presenta situaciones que demandan un alto compromiso por su parte. Este fue el motivo por el cual en las primeras fases de la experiencia fue necesario acordar pautas para la clase.