Aunque la enunciación se presente en Retrato calado como testimonio de una realidad individual, concreta, subyugada a los males de un determinado momento de la historia brasilera, asumiendo y señalando la historicidad de los eventos, los elementos aquí destaca- dos como dominantes son algunas de las formas encontradas por el enunciador, por la persona que habla en este enunciado, para dar cuerpo a esta realidad, simultáneamente individual y social, difícil de ser dimensionada, comprendida, por el hecho de ser reiterada- mente vivida. En dicha perspectiva, la reflexión sobre el lenguaje, sobre la palabra, así como los interlocutores evocados a lo largo de la narrativa, son elementos que le confieren una dimensión dialógica a lo narrado. En muchos momentos estos elementos están interrela- cionados, el tejido discursivo social que va delineando al sujeto-ob- jeto de la narrativa confirma la idea de que:
El medio auténtico del enunciado, en el que vive y se está formando, es el plurilingüismo dialogizante, anónimo y social como lenguaje, pero concreto, saturado de contenido y acen- tuado, en tanto que enunciado individual (Bajtín, 1989: 90).
Esta dimensión va siendo tejida, por ejemplo, a partir de un punto de vista que articula el mundo de las elucubraciones del inves- tigador y profesor de filosofía (profesión del enunciador) con la dura realidad, en la que el juego de preguntas y respuestas regido por la fuerza militar tiene fines bastante diferentes de aquellos en los que el diálogo es discutido filosóficamente. Al mismo tiempo, el diálogo filosófico tan discutido pedagógicamente asume una faz estremece- dora, real, que se hace cuerpo, ganando un sentido inesperado. El discurso filosófico, advenido de lo real del enunciador, de su profe- sión, atraviesa la narrativa y va diseñando al sujeto-objeto y las fun- ciones de la palabra, del diálogo, de la interacción desequilibrada en la que se ve inmerso tras la primera prisión y, al mismo tiempo, motiva la apertura para una contradicción entre el pensar filosóficamente y el
vivir lo pensado. Las páginas 27, 28 y 29 (Fortes, 2012) traen hacia dentro de la narrativa un evento filosófico específico, que se consti- tuye como puente entre este sujeto y las realidades en las cuales está
inmerso. Después de haber relatado el momento en que fue apresa- do por primera vez, el enunciador afirma:
Como se, de repente, a própria realidade, pegando-me pela palavra, se pusesse a ilustrar e comentar as peripécias abstratas do discurso filosófico, corporificando as teses de Trasímaco, convertendo-as em gestos, transformando-as em manipulação concreta do desavisado pesquisador, até então serenamente empoleirado no conforto das especulações pedagógicas (p. 27)*.
Se trata de una aprehensión crítica (¿autocrítica?) del sujeto/ objeto, del enunciador que, para hablar de sí mismo, del otro, de las relaciones entre ellos entretejidas, del momento vivido, evoca, no por casualidad, uno de los temas de su reflexión filosófico-pedagógi- ca: el diálogo entre Trasímaco y Sócrates, en el primer libro de La república, de Platón, cuyo tema es la justicia. Trasímaco afirma cate- góricamente que la «[...] justiça não é outra coisa senão a conveniên- cia do mais forte»** (República, 338c), de forma que la justicia está reducida a lo que está prescrito por el gobernante. Además de la concepción de justicia, que apunta hacia la furia del poder estableci- do en aquel momento de la historia brasilera, también el lenguaje y el diálogo son tematizados y destacados en la enunciación:
Não é apenas o personagem que introduz a objeção funda- mental, negando radicalmente a justiça como valor. Na sua própria individualidade, pela violência de suas maneiras, pela irritação diante do jogo socrático, também nega a virtude do diálogo, contesta e resiste ao uso da linguagem como instru- mento de conhecimento [...]. Não se limita a definir as relações entre os homens, vivendo no interior de uma comunidade,
* [Como si, de repente, la propia realidad, agarrándome por la palabra, se pusiera a ilustrar y comentar las peripecias abstractas del discurso filosófico, corporificando las tesis de Trasímaco, convirtiéndolas en gestos, transformándolas en manipulación con- creta del desavisado investigador, hasta entonces serenamente altanero en el confort de las especulaciones pedagógicas, p. 27, N del T].
como puras relações de força, mas comporta-se como se toda a comunicação através da linguagem não passasse de simples exteriorização do confronto entre vontades de potências ad- versas (Salinas Fortes, 2012: 28)*.
En la secuencia, los comentarios dan cuenta de la fuerza, del papel del discurso filosófico evocado, orientando (¿desorientando?) la comprensión crítica del sujeto, situado en el límite entre la re- flexión y la ferocidad:
[...] apesar do trinfo socrático final, a ferocidade da intervenção permanece atuando, as convicções correntes se abalam pro- fundamente e um imenso esforço será agora requerido para que se reconstitua, embora em outro nível, o império dos valo- res. Assim também, entre aquelas quatro paredes encardidas da sala minúscula, a cada fisgada elétrica vai-se tecendo a argu- mentação virulenta cuja eficácia faz desabar as ilusões que ain- da nutríamos sobre a realidade nacional; a socrática represen- tação desmorona, as entranhas do regime se entremostram, pulverizando os malabarismos ideológicos dominantes (pp. 28-29)**.
Pero este no es el único momento en el que el discurso filosó- fico se adentra en la narrativa, constituyéndola.
* [No es tan solo el personaje el que introduce la objeción fundamental, negando radicalmente la justicia como valor. En su propia individualidad, por la violencia de sus maneras, por la irritación ante el juego socrático, también niega la virtud del diálogo, refuta y resiste al uso del lenguaje como instrumento de conocimiento [...]. No se limita a definir las relaciones entre los hombres, viviendo en el interior de una comunidad, como puras relaciones de fuerza, sino que se comporta como si toda la comunicación a través del lenguaje no pasara de una simple exteriorización de oposición entre voluntades de potencias adversas, Salinas Fortes, 2012, p. 28. N. del T.]
** […a pesar del triunfo socrático final, la ferocidad de la intervención permanece actuando, las convicciones corrientes se abalan profundamente y un inmenso esfuerzo será ahora requerido para que se reconstituya, aunque sea en otro nivel, el imperio de los valores. Así también, entre aquellas cuatro paredes percudidas de la sala minúscula, a cada contracción eléctrica se va tejiendo la argumentación virulenta cuya eficacia hace que se derrumben las ilusiones que aún teníamos sobre la realidad nacional; la socrática representación se desmorona, las entrañas del régimen se dejan ver, pulverizando los malabarismos ideológicos dominantes, p. 28-29. N. del T.]
El epígrafe de «I Cena primitiva» fue extraído de «De la pica- dura de la víbora», capítulo XIX de la primera parte de Así habló Zaratustra, de Nietzsche: «Um dia Zaratustra adormeceu debaixo de uma figueira, pois fazia calor e com seu braço protegia o rosto. Apareceu então uma víbora que lhe mordeu o pescoço» (Salinas For- tes, 2012: 20)*. El fragmento provoca, en el lector/analista, el deseo de reflexionar sobre la elección de ese filósofo y de esa obra especí- fica en la constitución de Retrato calado, que repercute no solo en el sentido de la primera parte, sino también en el resto de la narrativa, como es el caso del título de la tercera parte: «Repetição».
Aunque no sea el propósito de este trabajo, no se puede dejar de asociar, por un lado, la concepción básica que rige Así habló Zara- tustra, que es el «eterno retorno», con «escena primitiva», «escena que retorna», «repetición», tema que sirve como cimiento de Retrato calado. Al traer esta frase hacia dentro de la enunciación, aunque sea de manera parafrástica, metafórica e incluso irónica considerándose el todo del enunciado, el discurso filosófico se inserta en la sintaxis narrativa y posibilita otras ilaciones propias del discurso literario como por ejemplo el héroe en descanso, que baja la guardia y es sorprendido por el enemigo. En este caso, esa imagen inicial puede perfectamente servir de metáfora a la primera prisión y tortura na- rradas en la «escena primitiva» inaugural. O, considerándose los in- terlocutores calificados como lectores de la obra del filósofo evoca- do, se sabe que hay en este episodio de Así habló Zaratustra, una discusión sobre la justicia, la injusticia, aspecto ya sugerido cuando se trató de la apropiación del diálogo socrático.
Si bien el reconocimiento de la fuerte presencia del discurso filosófico en la narrativa, articulado a partir de callar / hablar / nom- brar, no es aquí tratado de manera exhaustiva sino tan solo como señalización del heterodiscurso que constituye una de las caras de la dimensión fuertemente social de esta autobiografía, al menos otra cita debe ser destacada, esta vez vinculada al filósofo italiano Nicolás Maquiavelo, más precisamente, a su obra El príncipe.
* [«Un día Zaratustra se había quedado dormido debajo de una higuera, pues hacía calor y con el brazo protegía su rostro. Entonces vino una víbora y lo mordió en el cuello», Salinas Fortes, 2012, p. 20, N. del T.]
Una referencia importante se da frente a los terribles descu- brimientos de la primera prisión, de las torturas que estuvieron in- volucradas en la misma, de la existencia oficial del Escuadrón de la Muerte10 y del cinismo sarcástico del régimen político militar:
[...] é a primeira vez que vejo assim tranquilamente admitida a existência do bando, cuja reputação lá fora encontra-se no auge, mas cuja atuação é sistematicamente desmentida pelas autoridades. [...] uma coisa é saber especulativamente de tudo isso, outra é tomar contato de maneira assim tão estúpida e cabal, tão nítida e imediata, com a duplicidade oficial, com a cândida hipocrisia do poder e ver de repente exemplificada de maneira tão sugestiva a página famosa de O príncipe (pp. 39- 40)*.
Además, en «I Cena primitiva», puede leerse una segunda re- ferencia a Maquiavelo citado en lengua italiana: «... perché uno uomo che voglia fare in tutte le parte professione di buono, conviene rovini infra tante che suono buoni» (De Principabibus, cap. XV)» y se in- cluye una traducción al portugués en nota a pie de página: «...porque o homem que quiser ser bom em todos os aspectos terminará arrui- nado entre tantos não bons».**
Y también, en la página 120, última de la obra, es Maquiavelo quien cierra la narrativa:
E tudo ficará na mesma? Os mesmos senhores de sempre con- tinuarão tranquilos comandando como se nada tivesse aconte- cido?
Maquiavéis baratos. Sim, pois Maquiavel não ensina, entre outras coisas, estar condenado à ruina o príncipe que, em vez
* [...es la primera vez que veo así tranquilamente admitida la existencia del grupo, cuya reputación allá afuera se encuentra en auge, pero cuya actuación es sistemáticamente desmentida por las autoridades. (...) una cosa es saber especulativamente de todo eso, otra es tener contacto de manera así tan estúpida y cabal, tan nítida e inmediata, con la duplicidad oficial, con la cándida hipocresía del poder y ver de repente ejemplificada de manera tan sugestiva la página famosa de El príncipe, pp. 39-40. N. del. T]
** [...porque el hombre que quiera ser bueno en todos los aspectos terminará arruinado entre tantos no buenos. N. del T.]
de ferir mortalmente o inimigo, apenas o fustiga ainda que dura e cruelmente, deixando-o afinal intacto – ou quase -, pronto para a nova investida?*
Dos cosas pueden ser observadas en relación con esa apropia- ción del discurso de Maquiavelo, especialmente en lo referente al
otro, el gran y poderoso otro capaz de erigirse como dueño de la verdad e instrumento de la salvación de la patria.
La primera es justamente cómo ese discurso se inserta en la sintaxis narrativa, entrelazando el primer contacto directo con las fuerzas de la represión y, como consecuencia, la traumática manera de comprender la dimensión del poder instaurado en aquel momen- to, de sus actores y de los instrumentos utilizados para su estableci- miento y continuidad. Las tres referencias, en ese sentido, forman una especie de secuencia que involucra la toma de conciencia en relación con el régimen militar, sus formas de banalización jurídica, igualando presos comunes y presos políticos, su prepotencia, su sar- casmo y su permanencia.
La segunda es que, en el conjunto de las obras que se dedican a re-presentar a la dictadura, otro texto importante en el que la pre- sencia del heterodiscurso de los discursos dominantes en aquel mo- mento es la clave de su construcción, trae a Maquiavelo como epí- grafe y, también, en su interior, incorporado por uno de los persona- jes. Se trata de A festa**, de Ivan Ângelo (1976), cuya primera edi- ción antecede a Retrato calado en más de una década. El fragmento de apertura es el siguiente:
Não se deve, portanto, importar ao príncipe a qualificação de cruel para manter seus súditos unidos e com fé, porque, com raras exceções, é ele mais piedoso do que aqueles que por muita
* [¿Y todo se quedará igual que siempre? ¿Los mismos señores de siempre continuarán tranquilos comandando como si nada hubiera ocurrido? Maquiavelos baratos. Sí, ¿porque Maquiavelo no enseña, entre otras cosas, condenar a la ruina al príncipe que, en lugar de lastimar al enemigo mortal sólo lo fustiga, aunque dura y cruelmente, dejándolo intacto o casi -, listo para la nueva embestida? N. del T.]
clemência deixam acontecer desordens, das quais podem nas- cer assassínios ou rapinagem (Maquiavel – «O Príncipe») (Ân- gelo, 1976: 9)*.
Y en el interior de A festa, este fragmento, una reflexión sobre quien detenta el poder de forma absoluta, sintiéndose y presentándo- se como salvador, está directamente asociado a un personaje, un inspector de policía social, inclinado a romper el pacto democrático, a suprimir las leyes, para salvar al pueblo: «Do próprio seio do povo sinto elevar-se o apelo: protege-nos, faz algo por nós para que termi- ne essa nova angústia, esse novo fanatismo [...] Hoje eu tenho de decidir (Ângelo, 1976: 103)**.
Y para finalizar la lectura de Retrato calado, es importante se- ñalar que, en varios fragmentos, el enunciador evoca a interlocuto- res, que hacen concreta la dimensión social e interactiva de esta
autobiografía.