n un intento por persuadir a sus hermanos rebeldes, a la familia de Lehi, en general, y en última instancia a toda la casa de Israel a "recordar al Señor su edentor", Nefi (tan cansado por la carga espiritual de esta tarea que hasta sus miembros estaban débiles) enseñó de los grandes profetas cuyas enseñanzas se hallan registradas en las preciosas planchas de bronce y citó a Zenoc, Neum y Zenós, profetas perdidos del canon bíblico actual y para el lector moderno de no ser por las referencias que a ellos hace el Libro de Mormón. También les leyó muchas cosas de los escritos de Moisés que contenían esas planchas, pero enseñó de forma más poderosa sobre el profeta Isaías. Nefi escribió al futuro lector de su registro: "A fin de convencerlos más plenamente de que creyeran en el Señor su Redentor, les leí lo que escribió el profeta Isaías".
R
E
Isaías es, en todos los sentidos, el profeta mesiánico del Antiguo Testamento y también la voz profética más penetrante de ese registro. Él, más que cualquier otro testigo del Antiguo Testamento, vio, escribió y profetizó de la venida del Salvador tanto en el meridiano de los tiempos como en los últimos días; y se le cita frecuentemente en el Nuevo Testamento, el Libro de Mormón, Doctrina y Convenios y otros documentos contemporáneos tales como los Rollos del Mar Muerto, más que a cualquier otro profeta del Viejo Mundo.
Un estudio demuestra que en el Libro de Mormón se cita cerca de 433 versículos de Isaías, casi un tercio de todo el libro. Un estudioso de Isaías documenta que no menos de 391 de eso versículos aluden a los atributos, la apariencia, la majestuosidad y la misión de Jesucristo. Otro erudito ha señalado que Isaías proporcionó al menos 61 nombres y títulos del Padre y del Hijo en sus escritos, la mayoría de los cuales hacen referencia a algún aspecto de la misión de Cristo. Estos 61 títulos aparecen en 70 ocasiones en el libro de Isaías, con un promedio de una vez cada 1,9 versículos.
Ciertamente es debido a este absorbente enfoque, preocupación mesiánica, podríamos decir de forma más apropiada, que Isaías resultaba tan interesante importante para Nefi y el registro que él y sus descendiente debían guardar. Se puede decir que Nefi enseñó a su pueblo literalmente, cada mensaje mesiánico principal proporcionado por este testigo del ministerio de Cristo de la época del Antiguo Testamento. El registro mesiánico de Isaías fue de crucial importancia no sólo para la descendencia nefita de Israel en su viaje por los desiertos del Nuevo Mundo, sino también para aquellos que verían la restauración de los convenios Abraham, Isaac y Jacob en los últimos días.
"Por tanto, escuchad, oh pueblo mío, que sois de la casa de Israel, y dad oídos a mis palabras" escribió Nefi, "pues aunque las palabras de Isaías no os son claras a vosotros, sin embargo son claras para todos aquellos que son llenos del espíritu de profecía... " .Sí, y mi alma se deleita en las palabras de Isaías, [y] son de valor a los hijos de los hombres; y a los que suponen que no son, yo hablaré más particularmente... Porque sé
que serán de gran valor para ellos en los postreros días, porque entonces las entenderán; por consiguiente, es para su bien que las he escrito..
Ciertamente, las palabras de este profeta majestuoso proporcionaron deleite al alma de Nefi, pues 352 de los versículos de Isaías citados en el Libro de Mormón - más del 80 por ciento del número total del libro - proceden de los dos libros de Nefi. Hasta una gran parte del material de Isaías citado por Jacob en 2 Nefi 6-8 se incluyó en el registro porque eran, tal y como escribió Jacob, "las palabras que mi hermano [Nefi] ha deseado que os declare".
Nefi y Jacob muestran idéntica admiración por Isaías; después de todo, fue el Salvador mismo quien dijo, tras citar por entero a los nefitas el capítulo 54 de Isaías: "Os digo que debéis escudriñar estas cosas. Sí, un mandamiento os doy de que escudriñéis estas cosas diligentemente, porque grandes son las palabras de Isaías.
Pues él ciertamente habló en lo que respecta a todas las cosas concernientes a mi pueblo que es de la casa de Israel".
Una de las razones por las que Nefi sentía tal admiración por las palabras de Isaías y el mérito especial de su testimonio ya ha sido mencionada. Isaías no sólo escribió de Cristo, sino que también le había visto a Él y a Su ministerio en una visión:
"Yo, Nefi, escribo más de las palabras de Isaías, porque mi alma se deleita en sus palabras. Porque aplicaré sus palabras a mi pueblo, y las enviaré a mis hijos, pues él verdaderamente vio a mi Redentor...
"Por tanto, transmitiré las palabras de ellos a mis hijos, para probarles que mis palabras son verdaderas...
"Y ahora escribo algunas de las palabras de Isaías, para que aquellos de mi pueblo que vean estas palabras eleven sus corazones y se regocijen por todos los hombres. Ahora bien, éstas son las palabras, y podéis aplicároslas a vosotros y a todos los hombres". Podría desprenderse hasta del nombre de Isaías ("Jehová salva" o "el Señor es salvación") que fue preparado desde su nacimiento - o para ser más exactos, desde antes de nacer - para testificar del Mesías, dar testimonio de la divinidad de Cristo e anticipación tanto de Su primera como segunda venida. Dado que en sus escritos se centra de forma tan repetida en el Salvado y debido a que mezclaba e intercambiaba tan libremente la referencias a su propia época, al meridiano de los tiempos y a los últimos días, es importante recordar que muchas de las profecías de Isaías pueden cumplirse, se han cumplido o se cumplirán más de una forma y en más de una dispensación.
Estas profecías paralelísticas con aplicación a más de una época crean gran parte de la complejidad de Isaías, pero también proporcionan mucho del significado y el sentido que contienen sus escritos. A la vista de tal complejidad, no hace falta decir que las profecías de Isaías son más claras al ojo y al corazón del lector moderno gracias a la restauración del Evangelio. Las Escrituras de los últimos días, porciones clave de las cuales proporcionan aclaraciones cruciales, comentarios y distinciones de
dispensaciones que no se encuentran en el texto de Isaías del Antiguo Testamento - ni en ninguna otra parte -, son tan inauditas como valiosas para la comprensión de sus escritos.
Podría decirse mucho sobre casi cada versículo de Isaías que alude al Salvador, se han escrito libros enteros al respecto, pero consideremos al menos sus enseñanzas registradas en Libro de Mormón, las cuales se agrupan convenientemente e cinco categorías.
EL NACIMIENTO Y EL MINISTERIO MORTAL DE CRISTO
En el capítulo diecisiete de su segundo libro, Nefi escribió gran profecía de Isaías respecto a Emanuel, y leemos en los versículos catorce y quince: "El Señor mismo os dará una señal:
He aquí que una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel. "Mantequilla y miel comerá hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno". Esta señal fue dada al rey Acaz, del Antiguo Testamento, para animarle a fortalecerse en el Señor más que en el poderío militar de Damasco, Samaria u otras potencias. Acaz fue lento en oír este consejo, pero el Señor se lo dio de todos modos, declarando que una de las señales sería la concepción de una virgen y el nacimiento de un hijo de nombre Emanuel.
Hay elementos plurales o paralelos a esta profecía, tal y como ocurre con muchos de los escritos de Isaías. El significado más inmediato estaba probablemente centrado en la esposa de Isaías, una mujer pura y buena que dio a luz un hijo en esa época, convirtiéndose éste en símbolo y sombra del cumplimiento mayor y posterior de la profecía que se haría realidad con el nacimiento de Jesucristo. El simbolismo de esta profecía actual adquiere una importancia mayor y adicional cuando descubrimos que la esposa de Isaías puede haber sido de linaje real y que, por tanto, su hijo habría pertenecido al linaje de David. Nuevamente nos encontramos ante un símbolo del gran Emanuel, Jesucristo, el supremo Hijo de David, el Rey que nacería de una verdadera virgen. De hecho, el título Emanuel llegaría hasta los últimos días, aplicándose al Salvador en el versículo veintidós de la sección 128 de Doctrina y Convenios.
Un pasaje relacionado, que se halla en 2 Nefi 19, puede tener también múltiples significados y aplicarse de formas diversas, incluyendo la coronación de un rey o Mesías, aunque la aplicación más tradicional y celebrada es la del nacimiento de Cristo. Todo el mundo reacciona ante el conmovedor poder de las líneas escritas por Isaías y que alcanzaron la fama por todo el orbe musical de la mano de George Frideric Handel: "Porque un niño nos es nacido, un hijo nos es dado; y sobre sus hombros estará el Principado; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz".
"Del aumento de su dominio y paz no habrá fin, sobre el trono de David y sobre su reino, a fin de disponerlo y confirmarlo como juicio y con justicia, desde ahora y para siempre. El celo del Señor de los Ejércitos hará esto".
Uno de los hermosos recordatorios de este magnífico pasaje incluso con todo su esplendor, realeza y sentido de triunfo, es la gentil declaración de que por medio de todo Su poder majestuosidad, Cristo es todavía "el Hijo" - el Hijo tal y como enseñaron Abinadí y otros profetas del Libro de Mormón - humilde, obediente, sumiso, dispuesto a someterse a la demandas de la mortalidad haciendo todo esto para que, en definitiva, pueda ordenar el gobierno de los seres temporales (1a carne) según las leyes elevadas de la trascendencia divina y espíritual. Se nos recuerda aquí que Él es, gloriosamente, el Hijo de Dios, un hijo del cielo.
El hecho de que finalmente el gobierno acabe descansando sobre Sus hombros, afirma lo que el mundo reconocerá un día que Él es Señor de señores y Rey de reyes, y que un día regirá, sobre la tierra y Su Iglesia en persona, con toda la majestuosidad y las vestiduras sagradas que pertenecen a un santo soberano sumo sacerdote. Todos podemos consolarnos en el hecho de que, a causa de que el gobierno - y sus consiguientes cargas - esta sobre Sus hombros, su peso será descargado en gran medida los nuestros. Ésta es otra referencia de Isaías a la Expiación, hablar de retirar los pecados de nosotros o al menos en es pasaje, nuestras cargas temporales, y depositarlos sobre los hombros de Cristo.
En su papel de "Admirable Consejero", será nuestro mediador, nuestro intercesor, defendiendo nuestra causa en los tribunales del cielo. "El Señor se levanta para litigar, se pone pie para juzgar al pueblo", nos recordó Isaías (y Nefi) con anterioridad. Fíjese en la maravillosa compasión de nuestro consejero y portavoz en este pasaje de las Escrituras de los últimos días:
"Escuchad al que es vuestro intercesor con el Padre, que aboga por vuestra causa ante él,
"Diciendo: Padre, ve los padecimientos y la muerte de aquel que no pecó, en quien te complaciste; ve la sangre de tu hijo que fue derramada, la sangre de aquel que diste para que tú mismo fueses glorificado;
"Por tanto, Padre, perdona a estos mis hermanos que creen en mi nombre, para que vengan a mí y tengan vida eterna".
Obviamente, tal y como mencionó Isaías, Cristo no es sólo un mediador, sino también un juez, y es en este papel de juez que hallamos todavía un mayor sentido a la repetida expresión de Abinadí de que "Dios mismo" descenderá para redimir a Su pueblo. Es como si el juez de esa gran corte celestial, sin intención alguna de pedir a nadie - excepto a Sí mismo - que tome las cargas del pueblo, que se sienta en el banquillo de los acusados, se despoja de sus ropas y desciende a la tierra para recibir personalmente los azotes de ellos. Cristo como juez misericordioso es un concepto tan hermoso y maravilloso como el de Cristo como consejero, mediador y abogado.
"Dios Fuerte" transmite algo del poder de Dios, de Su fuerza, omnipotencia e influencia inconquistable. Isaías lo ve siempre capaz de vencer los efectos del pecado y la trasgresión de Su pueblo, y triunfar eternamente sobre los aspirantes a opresores de los hijos de Israel.
"Padre Eterno" recalca la doctrina fundamental de que Cristo es un "Padre" - Creador de mundos sin número - , el Padre de la restauración de la vida física mediante la Resurrección, el Padre de la vida eterna de Sus hijos e hijas espirituales, y el representante del Padre (Elohim) mediante la investidura divina de autoridad. Todos debieran anhelar el nacer de Él y llegar a ser Sus hijos e hijas.
Por último, con la frase "Príncipe de Paz", nos regocijamos en que cuando venga el Rey, no habrá más guerra en el corazón del hombre ni entre las naciones del mundo. Éste es un rey pacífico, el Rey de Salem, la ciudad que posteriormente se convertiría en
Jerusalén. Cristo llevará paz a los que le acepten en la mortalidad, sin importar en qué época vivan, así como a los de Sus reinos de gloria del milenio y posteriores.
CRISTO VISITA A LOS ESPÍRITUS ENCARCELADOS En 1 Nefi 21:6-9 leemos:
"También te pondré por luz de los gentiles, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra.
"Así dice el Señor, el Redentor de Israel, el Santo suyo, al menospreciado del hombre, al abominado de las naciones, al siervo de soberanos: Reyes verán y se levantarán; y príncipes también adorarán, a causa del Señor que es fiel.
"Así dice el Señor: ¡En el tiempo propicio os he escuchado, oh islas del mar, y en el día de salvación os he ayudado! Y os conservaré, y a mi siervo os daré por convenio del pueblo, para establecer la tierra, para hacer heredar las desoladas heredades;
"Para que digáis a los presos: ¡Salid!; y a los que están en tinieblas: ¡Manifestaos! En los caminos serán apacentados, y en todas las alturas habrá pastos para ellos".
Cristo trajo libertad a los seres mortales presos de la ignorancia, el pecado, la apostasía y la muerte. También liberó a los que estaban al otro lado del velo y que no habían recibido el Evangelio, pero que sí lo harían en su prisión espiritual. Enseñó esto con claridad y toda la sección 138 de Doctrina y Convenios está dedicada a esta doctrina gloriosa.
Al enseñar esto a su pueblo, Nefi bien podría haber incluido el otro gran pasaje mesiánico de Isaías que no se encuentra en el Libro de Mormón, es decir, Isaías 61: "El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel;
"A proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados;
"A ordenar que a los afligidos de Sión se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya".
A ambos lados del velo, los cautivos se regocijan y alaban a su Dios cuando Cristo abre de par en par las puertas de la prisión.
Y LA PRESERVA EN LOS ÚLTIMOS DÍAS
1 Nefi 28:13-16 contiene un hermoso pasaje de los primeros dos capítulos de Isaías citados en el Libro de Mormón, los dos capítulos que Nefi escogió para leer a sus beligerantes hermanos a fin de "convencerlos más plenamente de que creyeran en el Señor su Redentor". Este lenguaje poético y conmovedor hace hincapié en el cuidado redentor y expiatorio de Cristo hacia los hijos de Israel, tanto antiguos como modernos: "¡Cantad, oh cielos, y alégrate, oh tierra, porque serán asentados los pies de los que están en el oriente! ¡Prorrumpid en alabanzas, oh montes! Porque ellos no serán heridos más, pues el Señor ha consagrado a su pueblo, y de sus afligidos tendrá misericordia. "Mas he aquí, Sión ha dicho: El Señor me abandonó, y de mí se ha olvidado mi Señor; pero él mostrará que no.
"Porque, ¿puede una mujer olvidar a su niño de pecho al grado de no compadecerse del hijo de sus entrañas? ¡Pues aun cuando ella se olvidare, yo nunca me olvidaré de ti, oh casa de Israel!
"Pues he aquí, te tengo grabada en las palmas de mis manos; tus muros están siempre delante de mí "21.
Este pasaje poético proporciona todavía otro recordatorio del papel salvador de Cristo, del padre protector y redentor de los hijos de Sión. Él consuela a Su pueblo y muestra misericordia cuando ellos se han afligido, tal y como cualquier padre amoroso hace con su hijo, aunque, como también nos recuerda Nefi por medio de Isaías, mucho más de lo que podría hacer cualquier padre mortal. Aunque una madre pueda olvidar a su bebé - lo cual es tan improbable como cualquier padre bien puede saber -, Cristo no olvidará a los hijos que ha redimido ni el convenio que ha hecho con ellos para la salvación de Sión. Los dolorosos recordatorios de este cuidado y convenio son las marcas de los clavos romanos en las palmas de Sus manos, una señal a Sus discípulos en el Viejo Mundo, la congregación nefita en el Nuevo Mundo y a nosotros, la Sión de los últimos días, de que Él es el Salvador del mundo y que fue herido en la casa de Sus amigos.
Esta relación protectora y redentora de un Padre amoroso se refleja en 2 Nefi 7, donde Cristo habla a los hijos de Israel como a hijos:
"¿Te he repudiado yo, o te he echado de mi lado para siempre? Pues así dice el Señor: ¿Dónde está la carta de divorcio de tu madre? ¿A quién te he abandonado, o a cuál de mis acreedores te he vendido? Sí, ¿a quién te he vendido? He aquí, por vuestras maldades os habéis vendido, y por vuestras iniquidades es repudiada vuestra madre. ¿"Por tanto, cuando vine, no hubo nadie; cuando llamé, nadie respondió. Oh casa de Israel, ¿Se ha acortado mi mano para no redimir?, o ¿no hay en mí poder para liberar?". Estos hijos tendrán un hogar feliz y padres sellados. En los últimos días la carta de divorcio contra su madre será desechada, al igual que las demandas de todos los acreedores. El Señor no está en deuda con nadie, ni lo estará ninguno de Sus hijos. Sólo
Él puede pagar el precio de la salvación de Israel y el establecimiento de Sión. Su ira se ha apagado y no expulsará a Su novia, ni permitirá que los hijos de ella sean vendidos como esclavos.
En cuanto al acortamiento de Sus manos, las Escrituras testifican de forma repetida que