DE ENCUENTROS Y DESPEDIDAS
1 18 LOS «TRUCOS» DEL FORMADOR
SOÑAR DESPIERTA
1-9-2005, martes
Esta mañana Alberto ha entrado en clase con un atuendo muy bonito. A todo color, con un verde sugerente, y dibujos geomé- tricos. Le he dicho: ¡qué ropa más bonita traes!, ¡qué elegante vas! «Es una camiseta de África, tengo tres.»
Vamos llevando bien tener dos niños más morenos de lo ha- bitual. El papá de Marcos es brasileño y los abuelos de Alberto son de Guinea. Cuando supe que estarían en mi clase preparé un grá- fico con: más morenos, morenos y blancos. En cada apartado puse una foto recortada de una revista, y colgando de unos cordones un muñequito blanco y otro negro. Sin embargo no lo puse en el sitio de los gráficos, no sabía si lo tomarían bien, o no. De los dos me habían contado que eran vergonzosos y retraídos. También prepa- ré un cuento precioso: Niña bonita, que habla en un tono imagi- nativo y agradable sobre el tema del color de la piel. Al terminar les canto con la guitarra Duerme, negrito. Mientras leía el cuento observé a Alberto (Marcos no estaba), y vi que estaba relajado y natural. Así que saqué el gráfico y lo rellenamos.
Me cuesta trabajo que se mantengan sentados viendo cuen- tos en el rato de irse. Algunos se levantan y van a la mesa de las colecciones. No hay modo de separarlos de ahí. Han tenido mucho éxito las linternas, las lupas, los espejos, las piedras.... Me gusta verlos cazarse los reflejos de luz en el techo: «las rati- tas». Anselmo ha cogido un espejo flexible y ha hecho un refle- jo largo. «¡Un rayo!, ¡un rayo! ¡Dios me ha dejado hacer un
rayo!», gritaba tan contento.
9-2005, jueves
La madre de Marta llama por teléfono para preguntarme si puede entrar la niña los miércoles a las once de la mañana. El motivo
Los «TRUCOS» DEL FORMADOR 121
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SONAR DEDVICR
res, la cocina, la despensa, el cuarto de la limpieza, el taller de informática, el escenario para las fiestas...
Roberto hoy «propone» un taller de equilibrio. Bueno, en realidad lo que hace es jugar a sostener el tenedor con el dedo a medio comer. Le digo que eso no puede hacerlo, pero que si quie- re, que proponga un taller de equilibrio y dice muy serio: «pues sí, lo propongo el taller de equilibrio».
A la hora de salir hay muchas preguntas de los padres: ¿qué tal? Y me oigo contestar: muy bien.
?-9-2005, lunes
Muere el bisabuelo de Roberto y eso suscita una pequeña con- versación sobre el tema.
—Mi madre está triste porque se ha muerto su abuelo, que es mi «Bisa» y tendrá que verlo sólo en las fotos, porque los muertos ya no vuelven más.
—Yo lo que no sé es cómo suben al cielo. —Ni yo.
—A mí me han dicho que luego se vuelven polvo. —Mis abuelos ya se han muerto los dos.
—A mí me gusta morir y vivir. —¿Al mismo tiempo?
—No, morirme y luego moverme otra vez y vivir. —Ah, pero eso no es así...
—Mi abuela se está muriendo. Y tarda. Y no puede respirar. Mi madre la cuida por la noche.
—Y cuando se muera, ¿qué pasará? —Polvo, polvo...
—A los que mueren los entierran dentro de una caja brillante y muy bonita y luego los tapan con tierra.
—Claro, para que no se les meta la tierra en los ojos.
SOÑAR DESPIERTA
res, la cocina, la despensa, el cuarto de la limpieza, el taller de informática, el escenario para las fiestas...
Roberto hoy «propone» un taller de equilibrio. Bueno, en realidad lo que hace es jugar a sostener el tenedor con el dedo a medio comer. Le digo que eso no puede hacerlo, pero que si quie- re, que proponga un taller de equilibrio y dice muy serio: «pues sí, lo propongo el taller de equilibrio».
A la hora de salir hay muchas preguntas de los padres: ¿qué tal? Y me oigo contestar: muy bien.
19-9-2005, lunes
Muere el bisabuelo de Roberto y eso suscita una pequeña con- versación sobre el tema.
—Mi madre está triste porque se ha muerto su abuelo, que es mi «Bisa» y tendrá que verlo sólo en las fotos, porque los muertos ya no vuelven más.
—Yo lo que no sé es cómo suben al cielo. —Ni yo.
—A mí me han dicho que luego se vuelven polvo. —Mis abuelos ya se han muerto los dos.
—A mí me gusta morir y vivir. —¿Al mismo tiempo?
—No, morirme y luego moverme otra vez y vivir. —Ah, pero eso no es así...
—Mi abuela se está muriendo. Y tarda. Y no puede respirar. Mi madre la cuida por la noche.
—Y cuando se muera, ¿qué pasará? —Polvo, polvo...
—A los que mueren los entierran dentro de una caja brillante y
muy bonita y luego los tapan con tierra.
—Claro, para que no se les meta la tierra en los ojos.
20 LOS «TRUCOS» DEL FORMADOR
SOÑAR DESPIERTA
.005, martes
Esta mañana Alberto ha entrado en clase con un atuendo muy bonito. A todo color, con un verde sugerente, y dibujos geomé- tricos. Le he dicho: ¡qué ropa más bonita traes!, ¡qué elegante vas! «Es una camiseta de África, tengo tres.»
Vamos llevando bien tener dos niños más morenos de lo ha- bitual. El papá de Marcos es brasileño y los abuelos de Alberto son de Guinea. Cuando supe que estarían en mi clase preparé un grá- fico con: más morenos, morenos y blancos. En cada apartado puse una foto recortada de una revista, y colgando de unos cordones un muñequito blanco y otro negro. Sin embargo no lo puse en el sitio de los gráficos, no sabía si lo tomarían bien, o no. De los dos me habían contado que eran vergonzosos y retraídos. También prepa- ré un cuento precioso: Niña bonita, que habla en un tono imagi- nativo y agradable sobre el tema del color de la piel. Al terminar les canto con la guitarra Duerme, negrito. Mientras leía el cuento observé a Alberto (Marcos no estaba), y vi que estaba relajado y natural. Así que saqué el gráfico y lo rellenamos.
Me cuesta trabajo que se mantengan sentados viendo cuen- tos en el rato de irse. Algunos se levantan y van a la mesa de las colecciones. No hay modo de separarlos de ahí. Han tenido mucho éxito las linternas, las lupas, los espejos, las piedras.... Me gusta verlos cazarse los reflejos de luz en el techo: «las rati- tas». Anselmo ha cogido un espejo flexible y ha hecho un refle- jo largo. « ¡Un rayo!, ¡un rayo! ¡Dios me ha dejado hacer un
rayo!», gritaba tan contento.
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-9-2005, jueves
La madre de Marta llama por teléfono para preguntarme si puede
e
ntrar la niña los miércoles a las once de la mañana. El motivo