r 3.Ana de estudio: marca,geo~gr4ficoyyacimientos
U en contextos del siglo 1 a C., es general en los conjuntos cerámicos de Izana (raracena, 1927, 3-
21; 1941, 87-88; Pascual, 1991, 106-116; García Heras, 1993 a) (Figura 3.3, n0 4), Los
U
Castejones de Calatañazor (raracena, 1926, 15-23; 1941, 46-47; Pascual, 1991, 32-54) (Figura
3.3, n” 6), El Castillo de Ocenilla (Taracena, 1932, 37-52; 1941, 122-124) (Figura 3.3, n0
5)
y, en — cierto modo, aunque no tan numerosos, en Las Quintanas y Cuesta del Moro de Langa de.3.Area & estudio:man» ~eqgraftcoyyacimientos
Duero (Taracena, 1929, 31-52; 1932, 52-61; 1941, 89-90) (Figura 3.3, n0 7). Precisamente, como se apuntaba en el capítulo de introducción, fue en Numancia y en todos estos yacimientos, donde se definieron las producciones numantinas a principios de siglo.
Sin embargo, su presencia en otros yacimientos no es, ni mucho menos tan numerosa, exceptuando el conjunto de cerámicas hallado en la necrópolis de El Pradillo (Pinilla Trasmonte, Burgos) (Figura 3.3, n0 9), en un sector fechado en el siglo 1 a. C. (Nuño, 1989; Moreda y Nuño, 1988; 1990). Así, en el valle del Ebro, en el asentamiento de El Piquete de la Atalaya (Azuaxa, Zaragoza) (Figura 3.3, n0 21), ocupado durante la primera mitad del siglo 1 a. C., se documenta un fragmento que, por su esquema decorativo, es adscrito por sus excavadores al repertorio de la cerámica numantina (Paz y Aguilera, 1984, 184). Asimismo, en El Castelillo de Alloza (Teruel) (Figua 3.3, it 19), yacimiento ocupado durante los siglos III y II a. C., se haflan cuatro piezas que, tanto por su tipología, como por sus motivos decorativos, se ponen también en relación con las producciones numantinas (Atrian, 1959, 259; 1966, 176; Romero Carnicero, 1976, 164). Del mismo modo, cerámicas de estas características son conocidas en dos importantes ciudades de la época. Por un lado, en la ciudad de Contrebia Leucade, situada en la localidad de Aguilar del Río Alhama (La Rioja) (Figura 3.3, n0 3) y, por otro, en Contrebia Belaisca, localizada en Botorrita (Zaragoza) (Figura 3.3, n0 22). En la primera de ellas, los fragmentos dibujados con los números 125, 128, 133 y 135 de la memoria de Hernández Vera (1982), podrían adscribirse perfectamente a producciones numantinas, así como algunas piezas de la segunda, presentadas en las publicaciones de Beltrán (1982) y Díaz Sanz (1987). En todo caso, un estudio más pormenorizado en la zona del valle del Ebro, sin duda proporcionaría un mayor número de yacimientos con materiales cerámicos presuntamente numantinos, ya que en esta zona, como señala Beltrán (1987, 31), se considera un rasgo celtibérico el empleo de pigmento negro en las decoraciones.
Por último, en la zona del Alto Jalón, el yacimiento de El Palomar, situado en Aragoncillo (Guadalajara) (Figura 3.3, n0 17) y con dos momentos de ocupación, en el que la etapa celtibérica se fecha en los siglos II y 1 a. C., también cuenta con varios fragmentos de cerámica con motivos numa.ntinos (Arenas, Com. Pers.).
Los resultados de este seguimiento bibliográfico demostraban, pues, que aquellas cerámicas que eran definidas en las publicaciones como numantinas, siempre a partir de criterios de similitud formal y decorativa, no eran tan abundantes como podían hacer creer las constantes alusiones a las mismas en todo tipo de trabajos. Por ello, se decidió, solamente, seleccionar tres yacimientos: Langa de Duero (Soria), Pinilla Trasmonte (Burgos) y Aragoncillo (Guadalajara),
JArca de estudio: marca geog-aficoyyacimientos
Figura 3.4: Cerámicas con motivos decorativos numantinos, procedentes de la necrópolis de El Pradillo, Pinilla Trasmonte,
Burgos(según Moreda yNuño, 1990). Sinescala en el original.
con los que abordar el problema de la posible imitación local o, por el contrario, de la posible distribución de estas producciones, fuera de los límites del área de influencia de Numancia.
Estos tres yacimientos se han seleccionado por las razones siguientes. En el caso de Langa de Duero, para comparar sus cerámicas policromas con las de Numancia. De este modo, se podrá establecer si ambas producciones comparten la misma tecnología y si tienen un origen
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U U -u a U U u.3.Area de estudio: marca ¿eo¿rafico>yacimientos
común. De todas formas, la elección de este asentamiento, también ha estado condicionada por las pocas similitudes, tanto formales como estilísticas, que presentaban las ceramicas policromas del resto de los yacimientos, con las aparecidas en la propia ciudad de Numancia. Este aspecto, pone de manifiesto las dificultades a las que debe enfrentarse el investigador, cuando sólo tiene acceso a los dibujos de los distintos materiales. Por otro lado, el yacimiento de Pinilla Trasmonte se eligió, aparte de por las facilidades dadas por sus excavadores para intervemr en el material, como consecuencia del extraordinario conjunto de jarras de boca trilobulada, decoradas en el más claro estilo numantino (Figura 3.4), que deparó uno de los sectores de la excavación de la necrópolis de El Pradillo. Finalmente, el asentamiento de Aragoncillo fue seleccionado por razones de índole metodológica, ya que en él se había iniciado con anterioridad la caracterización de sus producciones cerámicas (García Heras el al., En prensa a) y esto ayudaba, enormemente, a clarificar la procedencia de los fragmentos con motivos decorativos numantinos. Estos dos últimos yacimientos permitirían, por tanto, conocer si, efectivamente, aquellas ceramicas aparecidas en lugares no incluidos en el territorio de Numancia, podían ser consideradas como imitaciones locales.
En el apartado siguiente, se ofrece información adicional sobre cada uno de los cinco yacimientos seleccionados para la realización de esta investigación.
3.3 Yacimientos
La
Figura 3.5 muestrala
situación de los cinco yacimientos en los que se han tomado muestras para llevar a cabo los distintos análisis. En ella, se ha señaladola
posible área de mfluencia teórica de la ciudad de Numancia, con círculos que representan distancias de 5 y 30 km respectivamente Dentro del área de 30 km, se hafla el yacimiento de Izana. Este último círculo no se ha cenado por el N, debido a la existencia de otras dos ciudades que, con toda probabilidad, ya estuvieran ocupadas a fines del siglo 1 a. C. y que podrían distorsionar la apreciación del área de influencia de Numancia por esta parte. Estas dos ciudades se sitúan en Villar del Río y Muro de Ágreda (Morales, 1995, 305).1k- NUMANCIA. (Garray, Soria) (Figura 3.5, n0 1). El yacimiento de Numancia se encuentra situado en la Muela de Garay, un cerro elevado unos 70 metros del entorno y próximo a la localidad de este mismo nombre, en la confluencia de los ríos Duero, Merdancho y Tera (Jimeno
JÁreade estudio: marco<gec{graficoyyacimien.tos mt
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U a UFigura 3.5: Situación de los yacimientos seleccionados para la realización de los anílisis de caracterización. 1 Numancia (Garray, Soria). 2 Castilterreño (Liana, Soria). 3 Las Quintanas y Cuesta del Moro (Langa de Duero, Soria). 4 Necrópolis dc El
Pradhllo (Pinilla ‘Irasmonte, Burgos). 5 El Palomar (Aragoncillo, Goadala~ara). A Villar del Rio (Soria). E Muro de Agreda U
(Soria). El círculo con línea continua> indica el área teórica de influencia de Numancia situada a 5 Km. El semicírculo con línea discontinua y las flechas, indican este mismo área de influencia a 30 Km. Este semicírculo no se ha cerrado para indicar la
a
posible distorsión de este área, motivada por la presencia de las e%dades A y E.
3Area de estudio: man» geograftcoyjacimientos
el al., 1993, 11). La ubicación de la ciudad, todavía era conocida con exactitud en el siglo VII, aunque entre los siglos X al XV se sitúa en tierras de Zamora. No será, sin embargo, hasta mediados del siglo pasado, cuando E. Saavedra realice su identificación, mediante criterios científicos, en la Muela de Garray. Desde ese momento, los trabajos arqueológicos se suceden en el yacimiento. Las primeras campañas oficiales, se llevaron a cabo entre los años 1860 y 1866 y fueron patrocinadas por la Real Academia de la Historia, bajo la dirección del propio E. Saavedra. Más tarde, será un equipo alemán, dirigido por A. Schulten, el que efectuará excavaciones en el año 1905. A partir de 1906 y hasta 1923, los trabajos van a estar a cargo de una Comisión Oficial de Excavaciones, dirigida, primero, por E. Saavedra y, después, por R. Mélida, en la que también jugará un papel destacado B. Taracena. Estos últimos trabajos, son los que ponen al descubierto casi la mitad de la ciudad (unas 6 hectáreas). Con posterioridad se emprenden otros trabajos, que ya no afectarán de manera importante a la superficie excavada, como los cortes estratigráficos practicados por Wattenberg en 1963 o las campañas de 1970 y 1971 de
J.
Zozaya, para documentar aspectos de la ocupación medieval (Jimeno, 1994 a, 29-31; Jimeno y Arlegui, 1995, 96; Jimeno y Tabernero, 1996; Romero Carnicero, 1991, 404). Finalmente, tras un largo período de inactividad y, por qué no decirlo, de abandono del yacimiento, A. Jimeno y F. Yusta redactan en 1990 un Plan Director, cuyo objetivo general es elaborar un programa encaramado a coordinar actuaciones sobre conservación, restauración, investigación y difusión, que hagan de Numancia un yacimiento “vivo”, tanto para la investigación, como para el resto de la sociedad. Es en este marco, en el que se encuadra el trabajo desarrollado en esta Tesis Doctoral. Por otro lado, el descubrimiento en 1993 de la necrópolis celtibérica de esta ciudad, ha motivado, desde entonces, la realización de excavaciones arqueológicas en la misma que, sin duda, aportarán una visión renovada de Numancia en la investigación futura más inmediata (Jimeno y Morales, 1993; Jimeno, 1996).La gran cantidad de trabajos arqueológicos llevados a cabo a lo largo de los años por distintos equipos, hace que la información disponible en la actualidad sobre el yacimiento, esté, en gran medida, dispersa y desarticulada. Las estructuras urbanas y los materiales a ellas asociadas, se conocen de forma independiente. Además, no existen registros estratigráficos concisos que puedan restituir, al menos en parte, algunas de estas asociaciones. A estos inconvenientes, se une el problema de la superposición de varias ciudades, aunque, gracias a las recientes investigaciones, este hecho empieza a clarificarse. De esta forma, comienza a admitirse, en la actualidad, la existencia de tres ciudades. Una primera, fundada a fines del siglo III o principios del siglo II a. C., que será la que se destruya con el cerco de Escipión en el 133 a. C.
.3Área de estudio: mago ¿eqgrdficoyyacimientos
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e e u. e U u. Otra, de fundación posterior, con una cronología que abarca desde fines del siglo II hasta finesdel siglo 1 a. C., que se relaciona con las producciones cerámicas numantinas estudiadas en este
u.
trabajo y, por último, una tercera, de época imperial, cuyo desarrollo se establece a partir del cambio de era, que es la que puede observarse hoy si se visita el yacimiento (Jimeno, 1994 b, 123; Jimeno y Arlegui, 1995, 96).
El asentamiento imperial tiene una superficie total cercana a las 11 hectáreas. La zona
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