taleza hasta el mar para poder aprovisionarse de vituallas. Realiza- do todo ello se establecen en el Puig, a la espera de que se les reú- nan las fuerzas que aún no habían llegado. De nuevo surgen proble- mas entre los nobles que han acudido a la fortaleza; cuando descu- bren que la intención del monarca no es la de realizar una correría por tierras valencianas en busca de botín y retirarse, sino que quie- re permanecer en el Puig para hostilizar a los musulmanes, se rebe- lan contra la idea del rey: "e nos, a exida de Terol, per lo cami on anavem, guardaren los de la ost les besties carregades que porta- ven les tapieres; car negu de la ost no sabia nostre secret, ni on anavem, ne on no ".70
Ante el malestar de su nobleza, el monarca comienza a repartir territorios entre los que le acompañan; se trata de donaciones de lu- gares que todavía no se han conquistado, pero que en la mayoría de los casos se obtendrían con la rendición de la ciudad de Valencia; de esta manera se les motiva para que, a partir de esos momentos mues- tren mayor interés ya que su patrimonio dependerá del éxito de la empresa que va a realizarse. El 9 de julio de 1237 se empieza a re- dactar un registro notarial en el que se consignan las donaciones rea- lizadas por el rey o sus representantes, registro al que denominamos Libre del Repartiment.71
En la necesidad de contentar a quienes manifiestan descontento por la nueva empresa es donde habría que situar la novedad que sig- nifica el Libre del Repartiment. El rey no espera a la obtención de te- rritorios para entregarlos a sus nobles, sino que se ve en la necesidad de realizar las donaciones antes, con el fin de que estos acudan y no abandonen. Se reparten tierras, villas, castros, con antelación a su conquista, caso único ya que todos los repartimientos se efectúan una vez conquistado el territorio.
La Crónica señala que, calmados los ánimos, el monarca deja a su tío Guillem de Entenza al frente de la fortaleza junto con cien ca- balleros que vienen desde Burriana para encargarse de su custodia. A través de las donaciones anotadas en el Libre del Repartiment pode-
70 Libre deis Feyts, IV, p. 47.
71 M. D. Cabanes Pecourt, R. Ferrer Navarro, Libre del Repartiment del Regne de Valencia, 3 vols. Zaragoza, 1979-80.
mos conocer perfectamente la identidad de los primeros defensores de la fortaleza del Puig.7 2
Pacificadas pues las iniciales resistencias, el rey abandona el Puig a comienzos de agosto e inicia un viaje por Tortosa, Barcelona, Huesca y Zaragoza intentando "vender" la idea de la lucha contra Valencia. Estando en este quehacer recibe la noticia de que sus tro- pas han obtenido una importante victoria sobre Zayyan en la denomi- nada batalla del Puig que según las fuentes musulmanas debió de acontecer el 20 de agosto de 1237. Fue esta la única batalla impor- tante realizada a lo largo de toda la conquista valenciana y en ella no estaba presente el monarca, por lo que, a pesar de la pormenoriza- ción que de ella se hace en la Crónica, en este caso el rey habla de oídas ya que no fue testigo presencial de los hechos. Todo hace pen- sar que pudo tratarse de una batalla importante, al menos por el nú- mero de combatientes, realizada en campo abierto ya que los sitiados en el Puig salieron a defenderse. La victoria cristiana se exagera cuando se describen los dos bandos contendientes ya que el ejército musulmán, al decir de la Crónica, era extremadamente numeroso, contenía guerreros de todos los territorios en poder de Zayyan, "e dien que Caen ab tot lo poder de Xativa tro a Onda (e que eren be DC cavallers e be XI milia homens a peu) vingueren aytal dia al sol exit, gran mati, per combatre al Puig ".73
Sorprende un tanto el hecho de que un ejército tan numeroso no sólo fuera derrotado por un centenar largo de caballeros, sino el escaso número de bajas que causó entre la tropa cristiana, ya que únicamente se contabilizó la muerte de tres caballeros: "e moriren deis nostres Ruy Xemenez de Lusia, que tant entra a les primeres ferides que anch hom no l vee tro que l trobaren mort; e mori hi
son Jíyl don Xemen Pong de Terga, lo major, e I altre qui tenia la
72 Entre los que reciben las donaciones, y por tanto se hallaban en el Puig desde los primeros momentos, tenemos: Artal de Luna, Ochoa Peralta, el comendador de Alcañiz, G. de Vic, Gomicio Muñoz, Gil de Atrosillo, Martín de Sicilia, G. Bou, F. de Nanina, R. Bayneres, G. de Rondors, G. de Alegret, P. Duran, A. Jorda, R. de Rubi, P. Bufil, Berenguer Español, G. Genovés, R. Rossel, B. Gilabert, B. Sagalea, Bafiel, Gonzalvo Pérez de Cuenca, Rodrigo Giménez de Luesia, García Pérez de Fi- guerola, etc.
73 Libre deis Feyts, IV, p. 59.
senyera de don Bn G; e ach hi cavalers ferits, mas no que n mo- rissen ".74
El rey regresa al Puig a comienzos de 1238 y premió a los com- batientes a los que reemplazó los caballos perdidos, además de re- nunciar al quinto del botín.7 5 Su estancia en la fortaleza no duró de-
masiado ya que tenía que atender los agudos problemas que atravesa- ban sus estados. De nuevo los caballeros forman ligas contra él y ha de ser el propio papa Gregorio IX el que intervenga ordenando la di- solución de tales ligas. Superado el problema, Jaime I reanuda la ac- tividad propagandística en favor de la lucha contra Valencia y cita a cuantos quisieran ir a pelear contra los valencianos para que se reú- nan en el Puig en la Pascua de 1238.
Una vez más, la nobleza intenta boicotear la empresa real; ahora lo hacen aconsejando al rey que abandone el Puig ante el falleci- miento de Guillem de Entenza, a quien, como se recordará, el mo- narca le había encomendado la custodia de la citada fortaleza, "se- nyor, aquest es l acort en que tuyt havem vist e pensat; e havem a guardar la vostra azina, e no tan solament la vostra azina, mas la messio que puscats fer en reteñir aquel pug; e veem que vos no ha- vets aquela riquea per que vos tan gran messio con comengada ha- vets puscats acabar".76
Dado que la situación de la tropa estacionada en el Puig se hacía difícil debido a todos estos problemas, Jaime I intenta elevar la moral con el fin de poder seguir dedicándose a reclutar nuevos combatien- tes por sus territorios de Aragón y Cataluña, lo que paraliza al cono- cer que las tropas que custodian el Puig habían concertado abando- narlo secretamente tan pronto se hubiera ido él. Ante tal situación el monarca permanecerá en el Puig, jurando ante todos los caballeros que no cruzaría el Ebro ni Teruel; esto es, que no iría a Cataluña ni a Aragón sin haber conquistado antes la ciudad de Valencia y, para más abundamiento, hace venir a su mujer a la frontera.
Visto el cariz que toman los acontecimientos, Zayyán propone un pacto al monarca aragonés; ofrece todos los castillos ubicados dentro
74 Libre deis Feyts, IV, p. 63. 75 Libre deis Feyts, IV, p. 67. 76 Libre deis Feyts, V, p. 11.
del triángulo formado por el río Turia, Tortosa y Teruel, una quinta de recreo en las afueras de Valencia, en la Zaydía, y diez mil besan- tes de renta anual. Jaime I no acepta el pacto señalando que lo que quiere es conquistar el territorio valenciano. Ante la determinación del soberano aragonés, una serie de poblaciones que permanecían fieles a Zayyán y que se encontraban tanto al norte como al sur del Puig, inician tratos con Jaime I para rendirse. Estos pactos los realiza directamente la nobleza local o la aljama con el monarca, sin mediar para nada Zayyán, lo que viene a significar el escaso poder de quien, atrincherado en Valencia y abandonado por el resto de los goberna- dores de Al-Andalus, observa cómo sus territorios se van entregando al soberano aragonés.
Al decir de Guichard, los pactos entre las aljamas y Jaime I en el momento de la conquista parecen demostrar que cada comunidad ejercía derechos colectivos al mismo tiempo sobre el territorio que ocupaba y sobre el castillo que constituía su centro.77 De tal manera
que las aljamas no corresponderían a "pueblos" sino a distritos rura- les relativamente extensos, formados por varias alquerías agrupadas alrededor de una fortificación de refugio o de un poblado fortificado de altura.78 En los casos en los que la Crónica nos cuenta los pactos
de las aljamas con el rey, se ve cómo lo que este intenta obtener de las dichas aljamas es la rendición de los numerosos castillos contro- lados directamente por aquellas, más numerosos que los dependien- tes del reyezuelo Zayyán, como ocurría con Almenara por ejemplo:
"que el era en aquel castel per Çahen, rey de Valencia, e era cava- ller".79
El rey pacta con las aljamas de. Almenara, Nules, Castro y Alfan- dech; por lo general cada aljama le pide el mantenimiento de su reli- gión y de un sistema tributario más liviano que el que venían sopor- tando, igualmente solicitan que se les regale ropas y cabalgaduras para los que realizan el trato y un número determinado de cabezas de ganado para el resto de la comunidad. En el caso concreto de Alme- nara, los regalos demandados eran: "e demanarem nos que les here-
P. Guichard, Estudios sobre Historia Medieval, p. 177.