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Un cierto estilo de existencia

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En apariencia esta constatación está de acuerdo plenamente con el juicio de los contemporáneos, para el que “el síntoma llamado luego inversión (había) hecho su entrada en la ciencia con la monografía de Westphal”99. Tras su huella, toda una literatura se recentró en este objeto; el más ilustre tratado de la época, la Psychopathia sexualis de Krafft-Ebing, desde su segunda edición (1887), se enriqueció con “investigaciones especiales sobre la inversión sexual (conträre Sexualempfindung)” y el debate, de Charcot y Magnan (1882) a Havelock Ellis (1897), no cesó de ampliarse. Gracias a Westphal, la homosexualidad, bajo

94 Michel Senellart, La invención del homosexual. En: Le Magazine Littéraire, N.º 540 (Dossier: Foucault, inédito),

febrero de 2014. Traducción de Luis Alfonso Paláu Castaño, Medellín, 20 de marzo de 2014.

95 Profesor de filosofía política en l’ENS de Lyon de Francia. Es investigador de temas de filosofía política, pen-

samiento político de la Edad Media y de la Edad Clásica, y sobre el pensamiento político contemporáneo.

96 D. F. O. Westphal. “Die conträre Sexualempfindung”, in Archiv für Psychiatrie und Nervenkrankheiten, 1869. 97 Con el pseudónimo de Numa Numantius, “Forschungen über das Rätsel der mannmännlichen Liebe” <”In-

vestigaciones sobre el enigma del amor entre hombres”>, Leipzig, 1864.

98 Michel Foucault. Los Anormales, curso en el Colegio de Francia 1974-1975. “Clase del 19 de marzo de 1975”.

México: Fondo de cultura económica, 2000. p. 288.

forma de “una especie de androginia interior”100, se instaló en el corazón del discurso sobre las perversiones. Pero allá donde los psiquiatras del siglo XIX veían la emergencia de una categoría científica, Foucault distingue una cosa completamente distinta: la invención de un personaje inédito, caracterizado, no por su solo comportamiento desviado sino por un conjunto de rasgos ligados a su sensibilidad sexual. En suma, la psiquiatría no hace “entrar” al homosexual en el lenguaje de la ciencia. Ella lo construye como sujeto de un cierto estilo de existencia patológica. Tal es precisamente, según Foucault, la diferencia entre síntoma y síndrome; descifrada por los psiquiatras como síntoma de una afec- ción mórbida de la personalidad, la inversión no designa de hecho más que un

“síndrome de anomalía”, la “consolidación de excentricidades”101 en un haz de

signos clínicos que permiten referirlos a un estado general de anomalía. Desde entonces, la invención del invertido (el “uranista” de Ulrichs) marcaría el paso de un sistema legal de prohibición a un régimen de control normaliza- dor. El poder se desplazaría del acto prohibido a la persona entera del desvia- do, reducida a su sexualidad. “La sodomía –la de los antiguos derechos civil y canónico– era un tipo de actos prohibidos; el autor no era más que su sujeto jurídico. El homosexual del siglo XIX ha llegado a ser un personaje: un pasado, una historia, una infancia, un carácter, una forma de vida; asimismo una mor- fología (…) Nada de lo que él es in toto escapa a su sexualidad (…) el sodomita era un relapso102, el homosexual es ahora una especie”103.

Sin duda que ninguna página de la Voluntad de saber ha sido más citada, comentada, discutida, que esta. No hay ningún trabajo en el seno de los gay studies que no la invoque, directa o indirectamente. A ella, verdadero manifiesto a favor de un enfoque constructivista de la homosexualidad, se reportan los in- terrogantes más interesantes planteados en estos últimos decenios al proyecto foucaultiano –en su primera versión– de historia de la sexualidad. Se pueden evidenciar dos ejes de discusión especialmente: uno que interroga el estatuto y la pertinencia históricos de la distinción sodomita/homosexual establecida por Foucault; el otro que discute algunas de las implicaciones, juzgadas reductoras, en cuanto a la naturaleza del “sujeto” homosexual.

Para un gran número de lectores, la afirmación según la cual el homosexual, a fines del siglo XIX, había sucedido al sodomita, tenía valor de tesis histórica. Es verdad que Foucault a veces la había presentado bajo esa luz: “la categoría de homosexual ha sido inventada tardíamente. No existía; lo que existía era la sodomía, es decir, un cierto número de prácticas sexuales que estaban conde-

100 Michel Foucault. Historia de la sexualidad I: la Voluntad de saber. p. 57 In https://onedrive.live.com/view.

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101 Los Anormales, p. 287.

102 Término con el que una religión designa a un herético “reincidente”, luego de haber hecho acto de

arrepentimiento.

nadas, pero el individuo homosexual no existía”104. Todo ocurre pues como si, antes del empuje de la psiquiatría, la homosexualidad nunca hubiera sido de- finida en términos de identidad; solo se tenía que ver con actos, o con tipos de prácticas, y no con un “sujeto” homosexual. Contra esta tendencia a historizar las categorías foucaultianas (es decir, a fijarlas en conceptos que describen estados históricos), el estadounidense David Halperin, en un artículo con título iróni-

camente provocador, “Olvidar Foucault”105, lleva a cabo una serie de preciosas

puntualizaciones. Para comenzar, recordaba que la distinción sodomita/homo- sexual, lejos de remitir a conductas o representaciones colectivas, se inscribía en el marco de una historia de los discursos sobre la sexualidad. Su función no era oponer dos actitudes, sino dos regímenes de prohibición o de control, con el fin de mostrar por contraste, la novedad del segundo (de tipo normalizador) con respecto al primero (de tipo jurídico y represivo). Distinción heurística pues, que sirve para captar la especificidad de una época por diferenciación con otra, y no esquema de explicación histórica. David Halperin sacaba de acá enseguida una regla de método: proseguir el proceder de Foucault –o dicho en otros términos: negarse a “olvidarlo”– no es, a nombre de alguna “verdad” cualquiera sobre el sexo, discutir toda identidad desde el punto de vista de los solos actos, sino estudiar la manera como, en cada época, actos e identidades se articulan si- guiendo configuraciones singulares. Es con esta condición que una historia de la sexualidad podía realmente contribuir a la invención de nuevas maneras de ser.

En una perspectiva diferente, otros historiadores se dedicarán a reconstituir las complejas conexiones entre las categorías penal y psiquiátrica; no una simple sustitución de la primera por la segunda, sino la relación conflictiva por un lado, y el redoblamiento sintomatológico por el otro. Contrariamente a Francia, donde los actos “contra-natura” habían sido suprimidos de la lista de los crímenes y delitos en 1791, el Código Prusiano de 1851 (artículo 143), luego el Código Penal alemán de 1871 (artículo 175), continúan castigándolos severamente106. De Ulri- chs a Krafft-Ebing, la tesis del carácter innato de la inversión sirve para combatir esa legislación represiva. Como lo subraya Julie Mazaleigue, “la multiplicación de los estudios sobre la homosexualidad en Alemania toma todo su sentido

en este marco político específico”107. Aquí el homosexual-especie no toma el

lugar del sodomita-relapso; lo sustrae de los rigores de la ley. Paralelamente, sin embargo, la misma concepción conduce a reforzar la estigmatización del sodomita, bajo los rasgos, no del invertido por naturaleza, sino del perverso por hábito; el pederasta se vuelve la figura extrema del vicio y de la desviación108.

104 Thierry Voeltzel (ed.) la expresión es de Foucault en Vingt ans et après. París: Grasset, 1978, p. 33. 105 David M. Halperin. “Forgetting Foucault. Acts, Identities and the history of sexuality”, 1998.

106 Julie Mazaleigue. “Histoire de la perversion sexuelle. Emergence et transformations du concepts de perversion

sexuelle dans la psychiatrie de 1797 a 1912”. Tesis inédita. Universidad de Picardie-Jules-Verne, 2010, p. 333.

107 Ibíd., p. 343. 108 Ibíd., p. 336-339.

La perversidad, distinta de la perversión, reinscribe así al relapso en la partición de lo mórbido y lo no-mórbido. Juego cruzado, pues, ora polémico, ora solidario, de la ley penal y de la norma médica.

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