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Un congreso del PS que evita las preguntas molestas

7 de noviembre de 2005

A pesar de una idea ampliamente difundida, las mociones que esta semana fueron sometidas al voto de los militantes socialis- tas no son documentos vacíos de sentido. Más allá de las consignas huecas y la fraseología soporífera propia de este tipo de prosa, en- contramos algunas propuestas de suma importancia, escondidas, es cierto, entre decenas de páginas insípidas.

Varias mociones proponen, por ejemplo, consagrar finalmente medios suplementarios concretos para las zonas de educación prio-

ritaria (ZEP).51 La moción Hollande, que reconoce explícitamente

que la creación de las ZEP nunca se acompañó de una verdadera orientación de los recursos para favorecer a estas escuelas, llega in- cluso a formular un objetivo cuantitativo: “15 alumnos como máxi- mo por clase en las ZEP”. Las líneas consagradas a este tema no cons- tituyen todavía un compromiso formalmente serio, pero se acercan. Varias mociones proponen también la implementación de un gran impuesto progresivo que resulte de la “fusión entre el IS (im- puesto al salario) y la CSG (contribución social generalizada)”. Es- tamos frente a un verdadero debate. Conocemos los argumentos en contra, que merecen ser tomados en cuenta: la CSG hoy es en esencia una retención afectada al seguro de salud, y los actores so- ciales no verán con buenos ojos una reforma que diluya el dinero de la seguridad social en el marco de bases fiscales más amplias. Al mismo tiempo, si la lógica actual, de impuestos afectados a fi- nes específicos en forma directa, permite garantizar el seguro de salud (ningún gobierno puede reducir la tasa de la CSG sin ex- plicar cómo va a reducir los gastos de salud), tiene también entre sus consecuencias desplazar hacia el IS una vasta partida de gastos

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indistintos a financiar; de allí la tentación permanente de los suce- sivos gobiernos, incluido el socialista, de alivianarla. Es valorable la apertura de este complejo debate, que pone en juego la arqui- tectura global de la intervención del Estado y su articulación con la protección social, pero los párrafos que le consagran las mociones son insuficientes para zanjarlo. Del mismo modo que la propues- ta de extender la base de los aportes patronales al valor agregado –formulada nuevamente por una admirable unanimidad–, la idea de la fusión IS-CSG también se planteó antes de 1997, pero nada pasó. La idea que afirma que la fusión IS-CSG permitiría aliviar la imposición de salarios bajos y que entonces sería posible “suprimir la prima por el empleo” (PPE, creada sin embargo por la izquierda en 2000) se expresa con demasiada rapidez como para tomarla completamente en serio.

En términos generales, el punto común de todas las mociones es que se ocupan de no mencionar nunca las cuestiones molestas. Todos los temas difíciles que exigirían arbitrajes dolorosos a lo lar- go de una eventual mayoría socialista en el período 2007-2012 se barren cuidadosamente bajo la alfombra: futuro de las jubilaciones, reforma de la enseñanza superior y de la investigación, moderniza- ción de los servicios públicos, regulación de los gastos de salud, etc. Se contentan, por ejemplo, con anunciar la derogación de la ley

Fillon,52 cuando todo el mundo sabe bien que esta ley no alcanzará

siquiera para garantizar el equilibrio de las jubilaciones. Se evoca un nuevo “plan universitario 2010”, fingiendo ignorar que el necesario aumento de recursos debe acompañarse imperativamente de refor- mas estructurales.

La razón de este mutismo es simple: el PS se encuentra, desde hace tres años, en una fase en la que ningún líder puede permi- tirse tomar una posición mínimamente precisa sobre los temas difíciles por miedo a verse humillado la mañana siguiente en la prensa por sus camaradas presidenciables. Y esto durará hasta la de signación del candidato a fines de 2006, lo que dejará muy poco tiempo para preparar un programa digno de ese nombre. Las res- ponsables de este desperdicio colectivo son las reglas de gobierno del PS: en muchos países, un fracaso electoral da lugar de inmediato a

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la elección transparente de un nuevo líder, que dispone luego de toda la legitimidad necesaria para preparar las elecciones siguien- tes. El jefe del Partido Conservador, Michael Howard, renunció rápidamente después de su fracaso frente a Blair en mayo de 2005, y de inmediato se aplicó un procedimiento para de sempatar entre los siete candidatos previstos para su sucesión, a través del voto de los diputados del partido para elegir a los dos candidatos someti- dos al voto de los militantes. El vencedor tiene todas las chances de permanecer en ese lugar cuatro años, como Blair cuando en 1994, mediante un procedimiento similar, se convirtió en el líder del Partido Laborista. Puede discutirse el procedimiento exacto, pero lo importante es que no puede discutirse al líder elegido de este modo, que por fin puede consagrarse a los temas esenciales.

En el PS se apostó a que, hablando del proyecto y no de las di- ferencias personales, estas últimas se superarían, pero es evidente que sucedió lo contrario. Hace falta reflexionar desde ahora sobre el procedimiento que se aplicará después de una eventual derrota en 2007, para que un candidato vencido, y sin embargo tenaz, no reproduzca entre 2007 y 2012 el clima nocivo que el PS ha conocido entre 2002 y 2007.

Nunca más

10 de mayo de 2007

¿Qué lecciones debe aprender la izquierda a partir de la

derrota electoral del domingo?53 Para algunos, era evidente desde

hacía tiempo: Francia se había derechizado y soñaba con Sarkozy, nada podía evitarlo. Es un argumento poco convincente: todos los estudios demuestran que la mayoría de los franceses siempre tuvo

miedo de Sarkozy y de sus desvíos. Los votos que obtuvo Bayrou54

expresan con claridad los temores que suscita el nuevo presidente, incluso en la derecha.

Para otros, la derrota se explicaría por un error de casting : Ségolène Royal, sin mucha experiencia, poco creíble, en especial en temas económicos, no tenía peso propio. El argumento no se sostiene: la candidata socialista mostró que tenía capacidad y, sobre todo, vo- luntad de renovar el programa económico de la izquierda, desplegó un discurso positivo sobre la prioridad que le otorgaba a la inversión en educación e investigación, insistió en la necesidad de responsabi- lizar a los actores, en el valor de la descentralización y en el rechazo del puro Estado, así como en la necesidad de un equilibrio entre de- rechos y deberes. Es probable que sólo Ségolène Royal, gracias a su exterioridad respecto del PS y a la legitimidad que le confirió el voto de los militantes, hubiera sido capaz de realizar un llamado al

53 Se refierea la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2007 en las que Nicolas Sarkozy se impuso con el 53,06% de los votos, superando a la candidata socialista Ségolène Royal, que obtuvo el 46,94% de los sufragios. [N. de T.]

54 Bayrou fue el candidato de la centrista Unión por la Democracia Francesa (UDF) a las elecciones presidenciales del 22 de abril de 2007, elección en la que llegaría a obtener el 18,57% de los votos. Se ubicaría finalmente como el tercer hombre detrás de Sarkozy y Royal, que definieron dicha elección en segunda vuelta. [N. de T.].

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diálogo con Bayrou antes de la segunda vuelta, imperativo político y democrático evidente que condiciona las victorias futuras (cómo pretender tomar en cuenta las aspiraciones populares simulando ignorar que Buffet, la candidata del PC, reunió 1,9% de los votos y Bayrou el 19%).

En verdad, la izquierda tuvo, ante todo, un problema de timing. Hubiera hecho falta más que algunos meses para elaborar un pro- grama presidencial bien constituido. Para de sarrollar posiciones so- cialdemócratas fuertes y convincentes sobre los grandes temas eco- nómicos y sociales (enseñanza superior e investigación, jubilaciones, salud, fiscalidad, mercado de trabajo, etc.), que en todos los casos exigirían dolorosos ajustes intelectuales en numerosos simpatizan- tes de izquierda, eran necesarios muchos años de debates y paciente trabajo de persuasión. Al haber sido de signada en noviembre, Ségo- lène Royal se vio imposibilitada, más allá de su pragmatismo y ener- gía, de finalizar esta tarea en el mes de marzo, sobre todo luego de que sus simpáticos competidores internos le hubieran embarrado la cancha acusándola de incompetencia económica.

El error fundamental que cometió el PS entre 2002 y 2007 es ha- ber creído –o haber fingido creer, pues nadie lo creía en verdad– que era posible aplazar la elección del candidato para después de la redacción del programa. El resultado objetivo es que durante cuatro años, de 2002 a 2006, los socialistas no hablaron de nada. Por una simple razón: era inconcebible para cualquiera tomar una posición fuerte en un tema difícil por miedo de que al día siguiente los cama- radas presidenciables lo linchasen. Resultado de la carrera: el pro- grama adoptado por el PS en 2006 es una fuente de agua tibia, en la que todas las cuestiones molestas fueron cuidadosamente evitadas. Los nuevos colores que Ségolène dio a este programa no podían alcanzar para hacerla creíble ante los ojos de los franceses.

Ejemplo evidente que ilustra este punto: la terrible secuencia del debate televisivo sobre las jubilaciones, en el que Sarkozy condujo a la candidata socialista a proponer un impuesto a la renta financiera. No es que una tasa de este tipo sea, en cuanto tal, inconcebible: el fondo de reserva para las jubilaciones ya se alimenta en parte de una (modesta) contribución social procedente de los ingresos devengados por inversiones, contribución que nada impide incre- mentar en el marco del necesario reequilibrio trabajo-capital de nuestro sistema fiscal. Pero esta respuesta, un poco breve por cierto,

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recordó a millones de franceses que durante años los socialistas se contentaron con impulsar la futura anulación de la ley Fillon sobre la extensión de la edad jubilatoria, cuando la inmensa mayoría de la opinión pública sabe desde hace años que la perennidad de nuestro sistema previsional exige reformas precisas y valientes.

Hoy la prioridad es hacer todo lo posible para evitar repetir este error en la etapa 2007-2012. Es necesario un voto militante (que eventualmente se extienda a los simpatizantes) antes de que termi- ne 2007. A él deberían someterse todos los que aspiren a llevar ade- lante el proyecto socialista, lo cual permitirá de signar un líder in- discutido hasta 2012. Ya podemos imaginar los argumentos falaces que expliquen que una personalización de este tipo sería contraria a la identidad colectiva del partido, etc. En verdad, es exactamente lo contrario: hay que apresurarse a decidir sobre las personas para pasar a las ideas, precisamente porque las cuestiones relativas a las personas son por completo secundarias en relación con las cuestio- nes programáticas y con el debate de ideas (contrariamente a una creencia muy difundida, muchas personas están calificadas para asu- mir la presidencia de la República, incluso Sarkozy).

Para salir lo más rápido posible de la pelea entre jefes y evitar que la catástrofe se reproduzca, es urgente una fuerte movilización de militantes y simpatizantes.

Royal-Delanoë, ¡urgente: un poco