2. Las herramientas Retórica y Diálogo
2.1. Retórica
2.1.4. Un esquema de Retórica General
Los teóricos sobre Retórica en el Renacimiento consultados proponen y defienden cada uno, en sus respectivos manuales, su propio esquema. Para nuestro caso, habiendo revisado varios bosquejos, vamos a seguir en la primera parte, la que trata de la intellectio, el esquema presentado por Heinrich Lausberg (1990) en su Manual de
Retórica literaria, porque presenta una exposición de la Retórica antigua proyectada
hacia la Edad Media y la Edad Moderna y sirve como esquema auxiliar y de
231 Algunos afirman que la obra fue redescubierta accidentalmente no en la biblioteca, como debería ser, sino en un calabozo inmundo (D. Maldonado, 2003: 62).
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orientación en la interpretación de textos. Para las otras partes del esquema seguiremos a otros autores además del ya referenciado. No es nuestro propósito presentar en este trabajo un estudio profundo o al detalle de todos los componentes de dicho esquema o las diferencias y similitudes que puede haber entre los diferentes teóricos. Solamente haremos referencia a aquellos elementos que consideramos útiles o necesarios en nuestra investigación, aunque, como veremos en el siguiente capítulo, en cada período de la historia y en cada lengua se ha producido una Retórica con matices propios.
El proceso de formación de una obra de arte está constituida por varias etapas sucesivas, que en algunas ocasiones se solapan y se mezclan, por las que va pasando hasta finalmente ver la luz: pensamos lo que queremos decir, organizamos el orden en que lo vamos a decir, hallamos la forma en que queremos decirlo y, finalmente, nos ponemos manos a la obra. El Manual de Retórica literaria (1990: 99) señala que toda obra consta de res y verba, siendo la primera la síntesis del contenido de ideas o pensamientos, la materia a tratar, la cual define o limita por medio de la intellectio, y la segunda la formulación por el lenguaje de esas ideas; el desarrollo de la materia que constituye la obra literaria. Estas etapas a su vez se subdividen en varias fases elaborativas que van desde la materia bruta hasta el discurso u obra terminada. Las res son objeto de tratamiento por parte de la intellectio, la inventio y la dispositio; los
verba lo son de la elocutio. Vamos a hacer una breve revisión por separado de las res
y de las verba.
La teoría acerca de las res. Como hemos señalado anteriormente, atiende al contenido de la obra y es objeto de tratamiento por parte de la intellectio, la inventio y la dispositio.
La Intellectio232. Esta operación retórica está incluida en la serie de las
232 F. Chico Rico nos llama la atención sobre un hecho “excesivamente llamativo: ninguno de los grandes teóricos de la Retórica llega a mencionar explícitamente dicha operación retórica y, con ello, a reconocer su existencia y a asumir su especificidad en el tradicional sistema de las partes artis”. Para una exposición completa del tema véase Francisco Chico Rico, “La intellectio en la Institutio oratoria de Quintiliano: ingenium, iudicium, consilium y partes
artis”, en Tomás Albaladejo, Emilio del Río y José A. Caballero (eds.), Quintiliano: historia y actualidad de la Retórica. Actas del Congreso Internacional “Quintiliano: historia y actualidad de la Retórica. XIX Centenario de la
141 operaciones Retóricas de actividad poiética233 por la relación que mantiene con la
producción del discurso retórico, en la que es pieza clave, aunque no se trate de una operación retórica que la constituya. En este apartado seguimos a los profesores Tomás Albaladejo y Francisco Chico Rico, quienes han realizado excelentes aportaciones en este área del conocimiento. El profesor Tomás Albaladejo define esta operación retórica no constituyente de discurso y previa a la serie compuesta por las tres operaciones constituyentes de discurso,—inventio, dispositio y elocutio—, como “el examen de todos los elementos y factores del hecho retórico por el orador antes de comenzar la producción del texto retórico” (Albaladejo, 1991: 58). Es la primera de las operaciones Retóricas y precede a todas las demás. Los profesores T. Albaladejo y Francisco Chico Rico (1994: 339-352) señalan algunos elementos que consideran hacen de esta operación retórica un punto capital en todo el proceso retórico:
1) Ayuda al orador, escritor, a examinar la causa y el conjunto del hecho histórico en el que está situado para, a partir de ese conocimiento, organizar su actividad retórica en la inventio, en la dispositio y en la elocutio234.
2) Permite al orador o escritor saber en qué consiste la causa, es decir, cuál es su
status, cuál es su grado de defendibilidad y a qué género corresponde.
3) Comprueba si el objeto del discurso retórico o causa está constituido por una
thesis —quaestio civilis generaliso quaestio infinita— o por una hypothesis — quaestio civilis specialis o quaestio finita—.
4) Acredita la mayor o menor consistencia por parte de la causa que le permita
“Institutio oratoria”“, Logroño, Gobierno de La Rioja / Instituto de Estudios Riojanos, 1998, pp. 493-502 (http://rua.ua.es/dspace/handle/10045/8413).
233 Poiético: Adjetivo relativo a la producción. Los griegos distinguían dos tipos de acción: la praxis, que se caracteriza por ser una acción que no produce un objeto como resultado y es el obrar propio de la ética y la política. Por otro lado, estaría la poiesis, acción sujeta a reglas que produce un objeto como resultado. Sería la acción productora, creadora. A este tipo de acción está asociada la palabra "téchne", de la cual derivan tanto la palabra técnica como el termino arte, ya que en la concepción griega el arte estaba sujeto a reglas; bastaba con seguir un procedimiento establecido para crear una obra de arte. “Poiético” significa entonces productivo, creador, pero siempre sujeto a reglas.
234 Como veremos en el capítulo tres, confirmaremos que la intellectio es una operación de altísima relevancia y jugó un papel muy importante en la creación del DDC debido a las circunstancias históricas que hemos visto rodearon la elaboración de esta obra literaria. La intellectio le permitió saber en que consistió la causa, cuál es su grado de defendibilidad y a qué género correspondía ubicarla, para que, teniendo presente el docorum, pudiera persuadir a los lectores saliendo ileso de las garras de la Suprema.
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determinar el status de la misma entre A) coniectura—conjetura—, B) (de-)finitio— definición—,C) qualitas—calidad—y, D) translatio—consecuencia—.
5) Determina la especie de la causa, que puede ser A) ethica o moralis—aquella en la que intervienen las costumbres—, B) pathetica—la que apela al afecto o al sentimiento—o, C) iudicialis—la que se basa en la confrontación pura—.
6) Comprende la figura de la causa, esto es, su estructura, que puede ser A)
simplex—la que consta de un solo asunto—, B) coniuncta—la que está formada por la
unión de varios asuntos—o, C) concertativa—la que hace uso de dos o más asuntos siempre alternativos—.
7) Sobre la base de todo lo anterior, determina el genus aristotélico de la causa, que conducirá al orador o escritor un discurso retórico de género judicial, si el orador o escritor identifica por medio de la intellectio una res dubia—una cuestión dudosa que pretende un cambio de las condiciones iniciales del discurso—perteneciente al pasado como causa del mismo, obligándolo a centrar las actividades de inventio en los
argumenta o pruebas. De género deliberativo, si el orador, escritor, constata por
medio del intellectio que la res dubia pertenece al futuro, está obligado a centrar su actividad en la inventio en torno a los exempla o casos particulares. De género
demostrativo, si descubre que es una res certa—una cuestión en la que todos están de
acuerdo—, debe concentrar su actividad de inventio en la amplificatio y una actividad de elocutio basada en el ornatus. Hemos definido de manera sumaria cada uno de los géneros pero volveremos a ellos más adelante en el presente capítulo.
8) Permite:
La organización y realización por parte del orador o escritor de las operaciones Retóricas constituyentes del discurso (inventio, dispositio, elocutio) dentro de una estrategia sistemática de producción textual en la que son tenidos en cuenta, en virtud del componente estructurador de la textualidad y de la comunicación Retórica que es el
decorum o aptum (T. Albaladejo y F. Chico Rico, 1994: 343).
Este último aspecto es clave en todo el proceso retórico, pues, como afirman los citados profesores, es función de la intellectio:
Hacer posible el comienzo de la actividad de la serie integrada por las cinco operaciones Retóricas tradicionales y el mantenimiento de la misma en las condiciones
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comunicativas más convenientes a la situación comunicativa en general y a cada uno de sus componentes en particular de acuerdo con el principio del decorum y también de acuerdo con el principio del kairós o la oportunidad de la comunicación Retórica (T. Albaladejo y F. Chico Rico, 1994: 343).
En otras palabras, sin perder de vista el decorum —que le permita cumplir con las expectativas de la audiencia— y el kairós —el momento oportuno—, la intellectio organiza todos los demás componentes del proceso retórico. Un bosquejo de las operaciones Retóricas sería: Intellectio, Inventio, Dispositio, Elocutio, Memoria, y
Actio/pronuntiato. De las cuales la intellectio, memoria y actio/pronuntiato hacen
parte de las operaciones Retóricas no constituyentes de discurso y la inventio, la
dispositio y la elocutio son operaciones constituyentes de discurso de carácter
poiético235. Las cinco pueden ser adecuadas por la intellectio para asegurar el mayor
grado de defendibilidad de la causa, según lo explican los profesores T. Albaladejo y F. Chico Rico:
Así, el grado de defendibilidad de una causa que responde plenamente a la conciencia general de los valores y de la verdad del público, propia de la causa honesta, hace que la argumentación dialéctica pueda pasar a un segundo plano de importancia para ceder su espacio a la demostración exonadora y ratificadora; el grado de defendibilidad de una causa que provoca en la conciencia general de los valores y de la verdad del público un serio problema con respecto a su mantenimiento, propio de las causa anceps o causa dubia, exige el desarrollo de un proceso argumentativo grave y severo; y el grado de defendibilidad de una causa que se enfrenta claramente a la conciencia general de los valores y de la verdad del público, propio de la causa admirabilis o
causa turpis; el grado de defendibilidad de una causa que para la conciencia común de
los valores y de la verdad del público constituye una cuestión sin importancia y sin interés, propio de la causa humilis, y el grado de defendibilidad de una causa que, por su complejidad, se hace de difícil comprensión para el público, propio de la causa
obscura, imponen, en general, grandes requerimientos a la técnica Retórica del orador
(T. Albaladejo y F. Chico Rico, 1994: 344).
Pero la intellectio no solo es importante en relación con la estructura Retórica del
235 Cfr. Francisco Chico Rico, “La intellectio. Notas sobre una sexta operación retórica”, en Castilla. Estudios de literatura, 14, 1989, págs. 47–55.
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discurso; lo es también en relación con el contenido del mismo. Veamos algunos ejemplos236.
El orador o escritor sabe que la simpatía del público hacia la causa está relacionada con el grado de defendibilidad de la misma por alguna de las siguientes razones: es muy fuerte ante una causa honesta, muy débil ante una causa admirabilis o causa turpis, o es intermedia ante una causa anceps o causa dubia, una causa
humilis y una causa obscura. Por medio de la intellectio usará la parte inicial del
discurso, —exordium—, para intentar ganar la simpatía del público aplicando el principio del decorum, según las dos posibilidades que se le presentan:
- Un exordium normal —principium o prooemium— si la defendibilidad de la causa es más o menos fácil: causa honesta, causa anceps o causa dubia, y causa
humilis.
- Un exordium especial o insinuatio para la defendibilidad de una causa difícil, nos referimos a la causa admirabilis o causa turpis.
En el prooemium o principium, que tiene como propósito conseguir la benevolencia, la docilidad y la atención del público en relación con el discurso retórico y, por tanto, con la causa defendida, usando la intellectio, el orador escogerá entre:
- El iudicem benevolum parare para la causa anceps o causa dubia, pues si la
causa despierta un serio problema con respecto a su mantenimiento la benevolencia
del público puede ser muy importante. También se puede usar para la causa
admirabilis o causa turpis y para la causa honesta. La manera de conseguir esa
benevolencia del lector u oyente puede ser por la alabanza del orador, de su cliente o de la causa defendida; por el vituperio de la parte contraria; por el elogio de la reconocida competencia para juzgar del público y por la defensa y el rechazo, respectivamente, del punto de vista de la causa defendida por el orador y del punto de vista de la del contrincante.
- El iudicem docilem parare especialmente recomendado para la causa obscura,
145 pues si la causa es difícil de comprender es necesario ajustar dicha complejidad a la capacidad de entendimiento del público, sirviendo a ello esencialmente la enumeración clara y concisa de los asuntos que se van a tratar en la narratio.
- El iudicem attentum parare, fundamentalmente recomendado con la causa
humilis, pues si una causa humilde constituye una cuestión sin importancia y sin
interés para el público, este puede mostrarse distante debido al taedium, —tedio—,que será necesario eliminar mediante alguno de los siguientes procedimientos: pedir abiertamente al público que preste toda la atención posible; prometer brevedad en la
narratio; presentar la causa como un tema de sumo interés para todos; llamar la
atención del público despertando en él emociones a través de recursos de lenguaje y de pensamiento como el apóstrofe, ejemplos, casos particulares, la comparación, los tropos o la ironía; o, como último recurso, deleitar al lector o la audiencia por medio de la descripción de objetos bellos, de la introducción de elementos ingeniosos o de la utilización de juegos de perspectivas para la presentación de la causa.
- La insinuatio será usada para influir sobre el subconsciente del público con el fin de ganar su simpatía hacia la causa defendida por alguna de las siguientes maniobras: usando los mismos recursos que en el iudicem benevolum parare; o, usando de manera sabia y oportuna, en el momento y tiempo precisos, recursos psicológicos como la suposición, la imputación, la sorpresa o el elemento ingenioso.
Como vemos, la intellectio juega un papel muy importante no solo en todo el proceso retórico proveyendo un conjunto de instrucciones que hacen posible la creación, organización, producción y posterior actividad comunicativa del discurso retórico acordes con el principio del decorum, sino también facilitando un nivel instructivo en la organización del hecho retórico:
Que abarca tanto el discurso retórico como las relaciones que dicho discurso mantiene con el orador, el público, el referente y el contexto en el que tiene lugar la comunicación (Albaladejo, T., y Chico Rico, F., 1994: 346).
Hecho retórico muy importante en la obra que estamos trabajando para poder comprender en su verdadero y más rico sentido lo que el escritor, Juan de Valdés, quería comunicar a su entorno, a su público.
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dos supuestos sintetizados por Heinrich Lausberg:
Desde el punto de vista de la historia de la literatura la realidad de la universalidad de los objetos del discurso ha tenido dos consecuencias:
1) La aplicación de la técnica Retórica del tratamiento de las ideas y de su formulación literaria (verba) a toda la literatura […] y
2) la concepción de todos los contenidos literarios […] como si se tratase de un caso jurídico, ya que el pleito ante los tribunales constituye el caso modelo de la ampliación literaria de la Retórica (Lausberg, 1990: 52).
En todo discurso participan un orador, el objeto del discurso y el oyente. Siguiendo a Aristóteles se deduce que entre ellos encontramos diferentes grados de facilidad o dificultad en la relación. En la relación entre el binomio orador - objeto del discurso se puede dar que la quaestio sobre la que se trata sea fácil o accesible para todos, quaestiones civiles, o que requieran de conocimientos especializados debido a su grado de complejidad, quaestiones artium propriae. Si son dos las partes que hablan sobre el mismo asunto en sentido contrapuesto, entonces las quaestiones se pueden dividir en:
a) según su grado de complejidad;
b) según su grado de concreción, y
c) según el punto discutido (status).
Si pensamos en la relación del objeto o asunto del discurso– oyente/auditorio/lector se obtienen los tres géneros aristotélicos: el judicial, el deliberativo y el demostrativo (genus iudiciale, genus deliberativum, genus
demonstrativum); todos estos géneros han tenido influencia muy estrecha en la
literatura, pues gran parte de las obras están compuestas por una variedad de discursos menores con las características de cada uno de estos géneros237. En la relación asunto
del discurso–lector, es el orador el que marca o intencionalmente establece una de las siguientes dos relaciones entre estos:
a) el oyente como árbitro de la decisión con el propósito de activar su
237Finalmente, si pensamos en la relación orador–auditorio, se debe hablar de un asunto del discurso y un aptum (social).
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b) un oyente solo espectador que disfruta pasivamente del resultado (pretendido o no por el orador), del interés estético del asunto (res) y la formulación del discurso (verba).
Esa relación viene marcada por la cualidad del objeto del discurso, que puede tener dos cualidades: dubium o certum. Si es dubium, entonces el oyente es tratado como juez de la decisión, donde el orador aparece como la parte que con su discurso trata de ganar para su causa al árbitro de la decisión. Si por el contrario el asunto del discurso es certum, el escritor se dirige al lector y lo trata como espectador que goza pasivamente del discurso.
Para el presente trabajo nos interesa el primer tipo de oyente, árbitro de una decisión. En este caso, Aristóteles plantea que podemos dividir su caso según el tiempo al que pertenece la res dubia acerca de la cual debe tomar una decisión:
a) si el asunto pertenece al pasado, el lector es tratado por el escritor como un juez;
b) si el asunto pertenece al futuro, el escritor considera a su lector como un miembro de una asamblea popular que toma decisiones políticas.
Esto nos conduce a los tres géneros conocidos en los asuntos o ramas del discurso: judicial, deliberativo y demostrativo o epidíctico.
En el genus iudiciale o forense, el caso modelo es el discurso ante un tribunal, pronunciado ante los jueces, a quienes se les invita a emitir un juicio sobre un estado de hechos pertenecientes al pasado en el sentido de la acusación o la defensa. El curso total del mutuo juego de acusación y defensa se llama actio. En la inventio de este género el centro de gravedad gira en torno a los argumenta. Aquí no se busca alabar o criticar sino convencer o exonerar. Un esquema grecorromano lo hace girar principalmente sobre:
a) cuestiones concretas (stasis conjetural): ¿Fue él quien lo hizo?;
b) cuestiones de definición (stasis definitoria): ¿Qué fue lo que hizo?;
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d) cuestiones de jurisdicción (stasis translativa): ¿Es este tribunal competente para juzgar este asunto?
En esta rama de la oratoria es de vital importancia controlar la posición de respeto frente a la audiencia para trasmitir el mensaje con éxito.
En el genus deliberativum el caso modelo y denominativo es el discurso