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Una interpelación generizada y excluyente

LAS DISPUTAS POR LOS TRABAJADORES

1. Una interpelación generizada y excluyente

Un elemento que caracterizará las apreciaciones libertarias que veremos en Acción Libertaria y en Reconstruir, a partir de 1946, es la mención al peronismo cada vez que refieran al movimiento obrero. Como veremos, la aparición del mismo en la escena política y sindical presenta al anarquismo la posibilidad y el desafío de elaborar discursos y estrategias políticas concretas sobre la cuestión obrera.

En relación a los discursos que circulan en las esferas públicas alrededor del año 45, desde A. L. se previene a los sectores obreros sobre los engaños de ese

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Suriano describe en su trabajo de manera muy profunda las acepciones, los basamento y los orígenes de la huelga como método primigenio en las luchas obreras del anarquismo en la FORA. Suriano, Juan (2001). Anarquistas…op. cit. También

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López Trujillo, Fernando (2005). Vidas en rojo y negro…, op. cit.

discurso que, aparentemente solidario con sus reclamos históricos, se apropia de los triunfos también históricos de la clase obrera:

“Se habla mucho en las esferas dirigentes del país de elevar el nivel de vida de la clase trabajadora, reconociéndolo lamentablemente bajo. (…) A los impulsos de la lucha suscitada, bajo la formidable presión del movimiento de reivindicación colectiva, se materializó el progreso social y se impusieron auténticas conquistas de dignidad y bienestar para los oprimidos”.285286

Estos sujetos, en este caso, los trabajadores, a los que apela el anarquismo, suponen el sujeto revolucionario que lleva adelante la lucha y lo caracterizan con ribetes heroicos: ese héroe que resiste a los embates y la persecución policial, o que permanece en la calle durante días para sostener el reclamo remite claramente al obrero, al masculino.

“Tales conquistas son válidas, en tanto que logradas por la acción del propio pueblo, con plena conciencia del derecho que le asiste. Nunca en tanto concesiones y dádivas de los poderosos, sean ellos jefes totalitarios, estadistas democráticos o magnates capitalistas”.287288

El ejercicio de apelar a la memoria histórica de las luchas y los reclamos de las izquierdas de los sujetos interpelados, las genealogías de esos procesos y los resultados obtenidos es un mecanismo constante que observamos no solamente en torno a la cuestión obrera, sino también en cuestiones relacionadas con la obtención de los derechos de la ciudadanía política femenina y la participación política de las mujeres. De todos modos, estas estrategias de intervención controversial con respecto a las acciones llevadas adelante por el Perón de la Secretaría de Trabajo y Previsión y posteriormente por el presidente de la nación, son compartidas por el socialismo y también por el comunismo en los mismos años. En cierto sentido,

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“Libertad de Acción para el mejoramiento de la clase obrera”, A.L., Nº 84, marzo de 1945. Pág.

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“Libertad de Acción para el mejoramiento de la clase obrera”, A.L., Nº 84, marzo de 1945. Pág.

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desmerecen los medios por los cuales el peronismo logra el triunfo sobre cuestiones caras de la izquierda, reclamando la autoría y la bandera histórica de esas luchas. Como señalara el comunista Marianetti:

¿Con qué derecho se puede decir que nosotros no hemos hecho nada por la clase trabajadora de nuestro país, y lo mismo de los socialistas, cuando ninguno de estos partidos ha tenido el poder en la Argentina?”.289

Ahora bien, esta búsqueda de una genealogía en la que legitimarse implica también un perfil del sujeto interpelado. En este caso, las afirmaciones como los silencios expresan una mirada generizada sobre el mundo del trabajo. En ese caso, el lugar de la mujer obrera dentro de los repertorios de las alocuciones libertarias se presenta contradictorio. Como bien marca Lobato con respecto a las mujeres y su rol en la huelga y las luchas obreras,

a veces su presencia era subrayada para impulsar la participación de las trabajadoras y otras para mostrar la insensibilidad de los patrones y la crueldad de la policía. Pero en muchas ocasiones se remarcaba su ausencia, porque a las organizaciones sindicales les resultaba difícil compaginar unas prácticas gremiales (…) asociadas con la <virilidad>, la fuerza y la acción organizada con las experiencias de las mujeres donde el trabajo y los tiempos de protestas se encontraban condicionados por las obligaciones del trabajo reproductivo”.290

Resulta iluminadora para nuestra investigación la apreciación de Lobato acerca de que el sindicato fue siempre un lugar masculino, que se sostenía gracias a la acción de sus militantes (hombres) sacrificados que entregaban sus horas de ocio luego del horario laboral, a luchar por mejorar la vida de todos y todas. El honor, el

289 Marianetti, Benito (1950). Nosotros y la constitución. Mendoza, D’Accurzio.

Pág. 72.

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Lobato, Mirta Zaida (2007). Historia de las trabajadoras…, op. cit. Pág. 118 319 Ibid.

coraje y la solidaridad entre iguales (hombres) fueron los valores sobre los que se fundaron los sindicatos.319 No podemos olvidar que esta caracterización de los roles sexuados para el mundo obrero y sindical se corresponde con lo que se ha denominado la “ideología de la domesticidad”, que al mediar el Siglo XX en la Argentina, impone a las mujeres las tareas del hogar y del cuidado de los hijos, pero también las llama a la participación pública y política. Al mismo tiempo, el mundo laboral ya no está vedado para ellas aunque esto no signifique el quiebre de este modelo.291

Los colectivos libertarios determinaron un conjunto de actores (masculinos) y definieron sus identidades de tal modo que se situaron a sí mismos en un “punto de paso obligado”, lugar intermedio y obligatorio para lograr los fines que ellos interpretaban, inspiraban a los obreros. Se presentan como imprescindibles en la red de relaciones que estaban construyendo. En el manifiesto del primer número del periódico Reconstruir, encontramos claramente definidos los sujetos a los que se desea enrolar:

“Todos los campos de lucha por los ideales y los métodos que propiciamos serán ampliamente considerados en este periódico: el de los obreros, de los estudiantes y profesores, de los empleados y campesinos, de los maestros y profesionales, de los artistas e intelectuales, de las mujeres y de los jóvenes”.292

La cita da cuenta de que las trabajadoras no son interpeladas de manera directa en función de sus problemas específicos como tales. Las excepciones parecen confirmar la regla. Son, asimismo, escasamente referenciadas en la prensa libertaria consultada las actuaciones gremiales femeninas, salvo en algunas ocasiones. Así, se sabe que se había dado lugar a una organización de mujeres de la mano del movimiento obrero de tendencia ácrata en Mar del Plata, la Agrupación Femenina de Capacitación y Lucha por los Derechos de la Mujer, mencionada en el capítulo anterior. En el manifiesto que propagan las libertarias se busca, no obstante

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Scott, Joan (1993). “La mujer trabajadora en el siglo XIX”, en Duby, George y Perrot, Michelle (editores). Historia de las mujeres en Occidente. Madrid, Taurus Ediciones.

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Reconstruir, Nº 1, junio de 1946. Pág. 1.

su nombre no lo evidencia, un objetivo de identificación como obreras/trabajadoras (noción que aparece indistintamente mencionada):

“Como mujeres, y especialmente por pertenecer a una agrupación en parte integrada por obreras, que ha nacido en una casa de trabajadores y al calor de las justas aspiraciones proletarias, no podemos permanecer Indiferentes a las inquietudes y las luchas que sostenga la clase obrera en cualquier lugar del país”.293

Los objetivos de movilización de las mujeres estaban colocados en otro plano de interpelación, como vimos en el capítulo anterior, y privilegian su lugar como trabajadoras. En el período peronista, entonces, esta postura contrasta con la trayectoria previa del anarquismo en esa movilización de las mujeres como trabajadoras. Asimismo, lo distingue de las apuestas que sostenía el socialismo, pero más aún, lo colocaba en una enorme diferencia respecto del comunismo que desde la implantación de la política de frentes había abierto sus marcos organizativos para captar a las mujeres de distintos sectores sociales, pero sin descuidar a las obreras y trabajadoras en general.294

La especificidad de la cuestión femenina en el mundo del trabajo no aparece tematizada por el universo libertario como un componente fundante para las mujeres de esta organización durante este período. Con todo, cabe mencionar que estas situaciones no fueron exclusivas en relación con el anarquismo. De hecho, algunas investigaciones han subrayado que, salvo en el marco del comunismo que amplió su convocatoria a las mujeres y mantuvo férrea interpelación a las trabajadoras, en el marco del peronismo, la problemática de las trabajadoras se resolvió con un importante grado de invisibilización en algunos discursos significativos –como el de Perón- y en el diseño de políticas sociales. En efecto, algunas autoras, al analizar la situación de las trabajadoras han señalado que el

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Reconstruir, Nº 7, Declaraciones de las obreras de Mar del Plata, septiembre de 1946, pág. 7.

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Norando, Verónica (2013). “Relaciones de género y militancia política: Las obreras textiles y el comunismo entre 1936 y 1946”, en Trabajos y Comunicaciones, Nº 39. Norando, Verónica y Ludmila Scheinkman (2011) “Roles sexuales y lucha de clases. La huelga de las obreras de la casa Gratry, Nueva Pompeya, 1936. Género y Clase en disputa”, en Razón y Revolución, Nº 21. Valobra, Adriana (2005) “La UMA en marcha. El Partido Comunista Argentino y las tradiciones y estrategias de movilización social en el primer gobierno peronista: el caso de la Unión de Mujeres Argentinas (UMA).” Canadian Journal of Latin American and Caribbean Studies, Nº 30 (60): 155-183.

discurso de justicia social tuvo límites al universalismo al no contemplar en particular ni la demanda de igual salario por igual trabajo, las demandas en relación con la Caja de Maternidad ni considerarlas como sujetos de interpelación explícito en los derechos políticos.295 Para estas miradas, el problema es que el peronismo no logró romper con los estereotipos de género que atravesaban el arco ideológico en el período y que encontraban enormes dificultades para pensar a las mujeres en el mercado de trabajo. Las alianzas de Perón con la Iglesia Católica y la comunión de amplios sectores del peronismo con estas ideas, habrían reforzado esa mirada.296 Otras explicaciones concurren a explicar este hecho. Por un lado, el viraje de estrategias del anarquismo en este período coloca el acento en otras interpelaciones. Por otro lado, los libertarios –niningún otro grupo político- no han resuelto en este contexto cuál es el lugar de las trabajadoras. Reclamar por su salario resultaba, evidentemente, un problema que requiere atención para no dar lugar a su explotación; pero, por el otro, hacerlo, supone reconocer que las mujeres encuentran en el mercado de trabajo un lugar que les corresponde, lo cual rompe con el binarismo de género que el anarquismo sostuvo desde los años ’30, como hemos visto en el capítulo 1. Como lo expresa Graciela Queirolo, el trabajo femenino fue un problema difícil de resolver para un amplio arco político. Por ello, las posturas conservadoras y revolucionarias se acercaron en este punto. El problema se originaba en la concepción de la actividad laboral femenina que fue entendida por todos como una actividad con tres características. La primera era su carácter excepcional (sólo trabajaban las mujeres cuando eran solteras, separadas, viudas, habían quedado huérfanas o sus esposos o padres –los verdaderos proveedores del hogar- no ganaban lo suficiente para su sustento). La segunda característica era su transitoriedad, vale decir, que la actividad laboral de las mujeres sólo se realizaba por un período de tiempo limitado. Finalmente, se visualizaba el trabajo femenino como si fuera una actividad complementaria a la del varón. Por ello, se consideraba

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Mirta Lobato, Historia de las trabajadoras…, op. cit.; Karina Ramacciotti, “Las trabajadoras en la mira estatal: Propuestas de reforma de la Caja de Maternidad (1934-1955)”, Trabajos y Comunicaciones, nº 30-31, 2004/2005, pp. 191-216. Adriana Valobra, Del hogar a las urnas…, op. cit. Ania Tizziani, “El Estatuto del Servicio Doméstico y sus antecedentes: debates en torno a la regulación del trabajo doméstico remunerado en la Argentina”, Nuevo Mundo Mundos Nuevos [En línea], Cuestiones del tiempo presente,.Disponible en http://nuevomundo.revues.org/65153 ; DOI : 10.4000/nuevomundo.65153 (Puesto en línea el 13 marzo 2013, consultado el 08 noviembre 2013).

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Lila Caimari, Perón y la Iglesia Católica. Buenos Aires: Ariel, 1995. Lilia Vázquez Lorda,

Intervenciones e iniciativas católicas en el ámbito familiar: las ligas de madres y padres de familia (Argentina, 1950-1970), Buenos Aires: Universidad de San Andrés, 2009. Catalina Wainerman, “La mujer y el trabajo en la Argentina desde la perspectiva de la iglesia Católica a mediados del siglo”,

Desarrollo Económico, Vol. 21, No. 81, 1981, pp. 71-92.

que el varón era quien tenía que realizar las tareas de provisión del hogar y las mujeres sólo “ayudaban” complementándolo cuando no era suficiente. Este punto, además, justificaba salarios más reducidos para las mujeres.297 La invisibilización de las trabajadoras y la ausencia de interpelaciones durante este período hacen patentes estas cuestiones.