El mundo se está transformándose a pasos agigantados en estos últimos años, y se debe, sobre todo, al asalto que sin previo aviso ha dado la tecnología en toda su ex- tensión, con lo que a cada momento e ins- tante, como ya vemos, nos vemos obligados a poner en marcha una nueva forma de entender todo lo que nos rodea y nos afec- ta. Nos ha pillado con el ritmo cambiado y sin apenas tiempo de asumirlo. Y es así por- que aún seguimos funcionando en el pasa- do, un pasado éste que sin embargo es el presente, pero que por una suerte de para- doja inaudita nos ha metido de lleno y al mismo tiempo, en el futuro. Es algo así co- mo estar con un pié en el pasado y otro en el futuro, al mismo tiempo, pero estando en el presente. Algo extraño de comprender pero en realidad se trata de una forma de acople o transición que nos está transpor- tando de una era a otra. Pero como ya
apunté, al llegar este cambio así tan de re- pente, sin apenas previo aviso, no nos ha dado tiempo siquiera de preparar las male- tas para poder cerrar capítulos anteriores. Por lo que se hace obligatorio salir por completo de este pasado atenazador y en- trar de pleno en el futuro que se nos pre- senta por delante, aunque en un principio pueda parecer muy abrumador y desestabi- lizador. Pero sobre todo, lo que hace falta en primer lugar y por encima de cualquier otra cosa es hacer bien el tránsito. No se pueden traer cargas del pasado que nos hagan repetir lo mismo una y otra vez. Ya sabemos de sobra eso de lo que mal empie- za mal acaba, por lo que es inexcusable hacer las cosas bien. Y si lo consideramos en su justa medida, la tecnología, siendo emi- nentemente técnica y nada emocional, está logrando sin embargo que los seres huma- nos estemos mucho más cerca y en contac- to permanente unos de otros. Esto por un lado puede parecer chocante pero por otro
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es muy curioso al comprobar que será la tecnología quien impulse al ser humano a ser quizás, valga la redundancia, más humano aún si cabe. O al menos eso es lo que se pretende. Y se torna paradójico que la tecnología aporte, por decirlo de algún modo, más humanidad que nosotros lo hemos hecho de forma consciente a lo largo de la historia. Si lo analizamos bien, la tec- nología ha logrado que trabajemos cada vez con más ahínco por la comodidad y el bien- estar. Todo lo que se fabrica y se crea se hace para ofrecer una mejor calidad de vi- da. Y es notable que sea la propia competi- tividad quien se encargue de poner en marcha todo este movimiento sin ser noso- tros apenas consciente de ello. Y aunque la intención primera, y la última también, sea hacer negocio y tener rentabilidad, pode- mos ver como de una forma sutil se va ins- talando el cambio sin tan siquiera nosotros pretenderlo ni convocarlo. De tal forma se está haciendo posible un mundo cada vez
mejor a costa de ser ignorantes e indiferen- tes al respecto. Así hay cada vez más y me- jores productos y servicios, en alimentación, sanidad, vivienda, transportes, tecnología u ocio, logrando con todo ello la creación de un bienestar en todos los órdenes. Todo esto está afectando también en las formas de ser y pensar. Y el mercado, o lo que es lo mismo, nosotros, pues no debemos olvidar en ningún momento que somos nosotros quienes generan el mercado, así lo deman- da. Ya la competitividad no está tanto en la calidad o el precio como sí lo está más en el servicio o atención que se presta. Y la tec- nología, en cualquiera de sus formas, está haciendo que se consiga esto. Pero claro, para que todo funcione de forma correcta también es necesario que nos pongamos en sintonía con ella, con la tecnología, pues no se entiende que estemos en este magnífico cambio de tiempo y aún mantengamos en muchos aspectos una forma de actuar que no está a la altura requerida. La crisis actual
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viene dada por esa enorme diferencia que hay entre las posibilidades que nos ofrece la tecnología en general, y el modo que tene- mos de hacer las cosas. Uno de los aspectos importantes a observar, según mi parecer, es la enseñanza que nos está aportando esta tecnología en cuanto al procedimiento de actuación. Fijémonos en una cosa, la tecnología, al carecer de sentimientos y emociones, es luego sin embargo capaz de aportar una coherencia en sus acciones que los seres humanos, por sí ser emocionales, no logramos tan definida y responsable- mente. Y no se trata de dar más valor a la tecnología que al ser humano, pues al fin y al cabo somos quienes la hemos creado, pero sí tendríamos que hacer una reflexión sobre la contribución que nos está aportan- do. Hemos de admitir que estamos ya ante un nuevo paradigma que está transforman- do el mundo, y que toda la tecnología está afectando a nuestras vidas de una forma drástica y sustancial, logrando unir a las
personas en torno a una globalidad que hasta hace muy poco ni tan siquiera existía. Aunque también hay que entender que ha sido del todo imposible e impensable pues no había forma alguna de hacerlo. Y ha sido el propio devenir de la evolución lo que nos ha llevado hasta donde nos encontramos, logrando que se hayan derribado muros y cimientos que se suponían inexpugnables. Todo cambio para que sea culminado debe superar las formas anteriores y no es fácil desprenderse de lo que nos ha acompañado durante tanto tiempo. Es lo que se conoce en la actualidad a través del Coaching como la zona de confort, o zona de seguridad, esto es, un espacio donde nos hallamos seguros y a buen recaudo de posibles inse- guridades y miedos. Pero no hay nada más humano que estar en crisis, pues las mismas propician y proveen los mecanismos que nos impulsan al avance. Sin su existencia no habría cambios y tampoco evolución, por lo que se debe entender que en realidad son
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muy positivas, y a la vez necesarias. Las crisis actúan como todo un resorte impulsor que nos avisan de la necesidad de realizar movimientos. Es igual que cuando nos so- breviene un malestar físico o una dolencia repentina que nos avisa de la existencia de algo que no va bien en nuestro cuerpo y necesita de un remedio urgente. No hay que buscar por lo tanto ningún otro tipo de lecturas. Las crisis son significativamente claras, y ante ellas, o con ellas, hay solo dos opciones, una es acometer de forma rápida y voluntaria los cambios necesarios para pasar a otra situación mejor, y la otra es aceptar, de forma obligada, unos cambios que no se comprenden y se han de asumir. No hay nada más. Las crisis se han de ver como grandes posibilidades que aportan nuevas oportunidades. No hay que verlas como problemas, al contrario, son en reali- dad toques de atención que hay que tener muy en cuenta. Estando ahora en plena vorágine de una gran crisis, hemos de ac-
tuar con responsabilidad ante esta deman- da crítica. Y es aquí cuando el Coaching se hace del todo necesario como herramienta que prepara el tránsito, haciéndolo de una forma consecuente, y siendo con total se- guridad la mejor opción que ayude en la reflexión y luego posterior diseño que la sociedad está solicitando. Se ha de enten- der, haciendo un símil sanitario, que para cerrar una herida lo primero que hay que hacer es limpiarla hasta conseguir llevarla al punto de la desinfección total, para luego terminar el proceso de forma óptima. Hemos de reconocer que somos nosotros quienes creamos las crisis, y que éstas no vienen caídas del cielo, ni tampoco por arte de magia, por lo que debemos ser nosotros quienes también demos la solución y pres- temos un buen tratamiento. De tal modo para que el cambio sea rentable ante todo debe ser de gran impacto, pues sabemos que las crisis suelen venir sin frenos y pasan por encima sin pedir permiso alguno. Las
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comparo con grandes olas, las cuales nos brindan la oportunidad de tomarlas en su preciso momento para así deslizarnos sobre ellas hasta llegar a la orilla. Pero sin embar- go puede ocurrir que no sea así y nos vea- mos arrollados por ellas, teniendo que esperar a que vengan otras olas para tomar el impulso definitivo. Hay que ponerse ma- nos a la obra lo antes posible y aprovechar la oportunidad, pues como ya dije al princi- pio, para que todo esto se produzca en las mejores condiciones hemos de despojarnos de las cargas de antaño, las cuales todavía nos mantienen en esta situación. Esas car- gas han de ser suprimidas por completo para que tomemos altura por fin y poder avanzar hasta el capitulo siguiente, donde ya no hay razón para conservar actitudes que todavía justificamos y amparamos por creer que son aún válidas. Un ejemplo de todo esto es cuando le damos un estimado valor y respeto, por no estar acostumbrados a algo mejor, a la realización de tareas, a
nivel profesional, de forma correcta y conci- sa, sin tan siquiera reclamar en ello un mínimo de entusiasmo e implicación. Es tanto así que se ha hecho costumbre el efectuar todo sin aportar apenas participa- ción emocional. En algunos casos, y como mucho pedir, se llegan a hacer las cosas de forma correcta, solo eso. Pero lo que más se advierte es el gran desafecto con que se hace todo, al no involucrarse apenas casi nadie, ya sea en los procesos o en los resul- tados. Sobre todo hay que fomentar actitu- des entusiastas que sean dignas de ser apreciadas, como la cordialidad, la cercanía, el entusiasmo, la eficacia o el ser resoluti- vos, algo esto a lo que ahora se le llama excelencia. Se trata entonces que lo sencillo y amable sea la costumbre, lo normal, y no todo lo contrario, esto es, lo complicado y distante. En el actual Coaching Empresarial que se está ofreciendo, en su mayoría, es en concreto esto último lo que se está dando, donde lo artificial y la falta de emotividad
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es lo habitual, ya que parece más profesio- nal y serio hacerlo así, aunque en algunas ocasiones para darle un aspecto más cerca- no al Coaching verdadero se le da un toque distendido y jocoso. Esa es la metodología estándar que se está aplicando en la inmen- sa mayoría de los cursos, donde sus formas son muy técnicas y académicas, muy aleja- das de lo emocional, que es de lo que se trata. Así, a las cualidades antes expuestas, cordialidad, cercanía, entusiasmo, eficacia o ser resolutivos, en el Coaching Empresa- rial estandarizado se está traduciendo en formatos cursis, como estrategias, procesos, técnica, talento o liderazgo. Y lo cierto es que no se puede ocultar lo evidente, y como ya decía Leonardo Da Vinci, en la simplici- dad es donde está la mayor sofisticación. Es por lo tanto la sencillez lo que ha de marcar la tendencia en esta época tan crucial en la historia de la humanidad. Y ha de ser lo que guíe y acompañe de la mano a esta evolu- ción, y a la vez revolución tecnológica que
está siendo casi imposible de digerir en tan poco espacio de tiempo. No es por tanto cuestión de complicar lo sencillo ya que entonces se convertiría en una mezcla im- posible de tratar. Y en lo que respecta a la tecnología ya vemos como se ha avanzado en muy pocos años lo que sin embargo no se ha hecho en siglos. Así cuando un pro- ducto apenas ha sido estrenado en el mer- cado, a los pocos meses ya está anticuado por la salida al mercado de nuevas versio- nes. Es de tal forma que nos está abruman- do por completo, sin tan siquiera darnos tiempo para prever consecuencias a corto plazo, porque ya hasta el largo plazo se re- duce incluso cada vez más. Va todo tan rápido que hay mucha gente aún, que es- tando rodeados de tecnología por todos lados, no se dan cuenta que el cambio lo tienen justo encima, en pleno y total proce- so, y esto hace que tanto la mentalidad y la actitud vayan con mucho retraso o gran desigualdad comparadas con el avance de la
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propia tecnología, la cual, como ya vemos, no tiene sentido de la pausa ni de la espera. Lo cierto es que la tecnología, de alguna forma, nos está forzando a que dejemos de pensar y actuar como lo hemos hecho hasta ahora. Poniendo un ejemplo rápido pode- mos observar cómo la revolución en el mundo de las comunicaciones, a través de las nuevas tecnologías y redes sociales, ha hecho que ya nada ni nadie queden ocultos ni desapercibidos. Ni tan siquiera los altos secretos políticos, sociales o empresariales. Todo ha quedado expuesto, y nos hace ver que la mayoría de las poses protocolarias, apariencias rigurosas y formas solemnes han quedado en entredicho al mostrarnos que no todo era trigo limpio. O al menos, casi nada. Ese ha sido hasta ahora el resul- tado de una costumbre, poco natural y nada creíble, de otorgar a lo correcto, práctico y aséptico el valor máximo, dejando fuera y sin posibilidad de participación alguna a la parte emocional en favor de la intelectual.
Es en esto donde se nos presenta un gran y grave problema, y es el hacer borrón y cuenta nueva, pues no va a ser nada fácil quitarnos de encima todas estas cuestiones que creíamos verdades incuestionables. En la actualidad escuchamos con frecuencia eso de desaprender todo lo aprendido por- que de no hacerlo hará que nos impida avanzar con la fuerza y el potencial que podríamos lograr si lo llevásemos a cabo. Hay que tener claro que no va a ser nada fácil entrar con buen pie en este nuevo mo- delo social que ya está en pleno movimien- to, pero al menos ya está afianzada la herramienta que nos va a facilitar sobrema- nera la entrada. Me refiero de nuevo a la tecnología pues es la que está abriendo todos los canales que hará posible la entra- da a una nueva era de grandes propósitos. Podríamos decir que de alguna manera es- tamos extinguiendo las últimas cenizas de todo un ciclo, siendo ahora el momento justo y adecuado para sobrevolar por enci-
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ma de ellas cual ave fénix. Es entonces ne- cesario que todas nuestras acciones y acti- tudes sean igualmente acordes con lo que aspiramos. Y a la vez que la tecnología se expande aprisa y sin pausa, el Coaching, al menos bajo mi parecer, se tiene que postu- lar como agente que pueda acomodar esta transición. El Coaching es un adaptador o trasformador, pero volviendo de nuevo al principio, es del todo preciso que quienes actúen como agentes del proceso de cambio no vengan cargados con trazas del pasado. Es decir, los Coachs, y quienes se van a en- cargar de mostrar el camino a los futuros Coachs, no pueden erigirse ni siquiera mani- festarse como reveladores de una nueva configuración social cuando en ellos aún permanecen usos primitivos. No es de reci- bo que al entrar en un nuevo modelo social se sigan facturando concepciones del pasa- do como hasta ahora se ha hecho, o se sigue haciendo todavía. Sería como repetir otra vez de nuevo la misma secuencia. Y aunque
no fuera la misma, tal cual exactamente, sí vendría ya con fallos de origen que no de- berían estar ahí. De tal modo el verdadero Coach debe hacer notar a través de su per- sona que realmente lo es, que en sí mismo está la esencia del Coaching. Debe ser una persona con un carácter limpio y expansivo, de valores elevados, actitudes notables y tener también, de algún modo, un alma de guerrero dispuesto a poner en alza la ver- dad, sin ambages, y con una experiencia vital que demuestre su valía sin la necesi- dad para ello de recurrir a recursos acadé- micos, como sí suelen hacerlo por el contrario, quienes no pueden aportar nada de sí mismos y han de echar mano de cuali- ficación técnica o erudita. Por lo tanto no vale quien por hacer un curso de Coaching ya se convierte en Coach. El tiempo, la ex- periencia y el esfuerzo que cuesta adquirir una personalidad notable no se efectúa de una forma tan breve como realizar un sim- ple curso, por lo que el verdadero Coaching
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no debería plegarse en absoluto a este tipo de condiciones. El Coaching debe tener una base robusta y firme en la cual sustentarse, y no ser tomado tal como una disciplina académica que sólo quienes están acondi- cionados intelectualmente pueden adquirir aún no estándolo emocionalmente. No, no se trata de algo que hay que estudiar y quedar en una simple comprensión de con- ceptos. Es en esto, sobre todo, con lo que hay que tener cuidado, pues las entidades y empresas que dan cursos de Coaching no parecen contemplar esta cuestión, y se sir- ven de la sugerente posibilidad profesional que proporciona el mismo para dar cursos sin importarles el cómo ni el para qué lo realizan. Hay que comprender que el ser humano no se transforma tan rápido como quieren hacer creer quienes patrocinan estos cursos. Algo así no se consigue de un día para otro, ni en cuestión de unas pocas semanas o meses. Todo conlleva un proce- so, y nadie se va a convertir, así de golpe, en
alguien con un elevado sentido de la vida y con unas virtudes que antes, o no se tenían, o no eran visibles ni palpables. Y de la mis- ma forma que una sencilla semilla no se convierte en árbol en pocos días, una per- sona no se convierte en comprensiva y sa- bia en sólo unas sesiones, pues un Coach ha de ser en gran parte eso, una persona sabia y comprensiva. El Coaching no es una ope- ración quirúrgica donde de una sola vez se cambian las actitudes o emociones, como si de una cirugía estética de pago se tratase. Si nos fijamos bien, la mayoría de los Coachs certificados están del todo estandarizados, utilizan todos los mismos patrones y mode- los de actuación que se dan en los distintos cursos. Así vemos como la metodología manejada en todos ellos es siempre la mis- ma. De hecho parecen clonados pues si ob- servamos las publicaciones que ponen en sus webs o blogs, todos lo hacen usando un mismo lenguaje, escribiendo las mismas cosas y haciendo referencia a las mismas
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técnicas. Hay que comprender que el ser humano adquiere su personalidad casi por completo en la infancia, y luego, es al final de la adolescencia cuando ya se afianza del todo. A partir de ahí y hasta la vejez guar-