3
JUAN W. TAMAYO
EL VERDADERO
COACHING
Manual de referencia para el Coach
-
Escrito entre marzo y noviembre de
2013 en Algeciras (Cádiz)
Registrado en la Propiedad
Intelectual de Safe Creative
5
“LOS QUE ESTÁN LO
SUFICIENTEMENTE LOCOS COMO
PARA PENSAR QUE PUEDEN
CAMBIAR EL MUNDO, SON LOS QUE
LO HACEN”
-Steve Jobs-
7
INTRODUCCIÓN
Es paradójico que en estos tiempos donde se proponen grandes cambios en la política, economía y sociedad en general, se den luego, al mismo tiempo, dos hechos contra-rios entre sí. Por un lado se encuentra la proclamación de ese cambio urgente de forma contundente, y por otro lado está querer conservar concepciones del pasado que de alguna forma dificultan dicho cam-bio. Y esto ocurre por ignorancia o por in-consciencia. O también porque no se puede. Aunque en muchos casos es porque no se quiere. A saber. Personalmente apuesto por ésta última opción. Con esto me estoy refi-riendo a quienes cargan consigo, muy con-vencidos, de una retahíla de modelos y patrones del pasado que también preten-den llevarlos al futuro, uniformizando todo y no dejando posibilidad ni espacio a nue-vas creaciones, copando tan sólo ellos la capacidad de decidir cuáles han de ser los
patrones a seguir. Esto es algo que no se debe admitir por no ser coherente con la realidad en la que nos encontramos. Así, en lo que respecta al Coaching, quiero expresar en este escrito, y con especial hincapié, mi rechazo a toda esa cultura y gente que cree son mejores que el resto por acumular títu-los, diplomas, certificados o másteres, con la ya más que manida y nada convincente creencia de estar más capacitados para to-do, sea lo que sea, que cualquier otra per-sona que no los posea. Y aunque con esto me estoy refiriendo en concreto al mundo del Coaching, también lo hago de una forma extensiva a otras parcelas, ya sean profe-sionales o sociales. Ante todo hay que tener una cosa muy clara, y es que no todo se adquiere a través de la formación o ilustra-ción académica. Y con esto hago una refe-rencia directa a cuestiones como la Actitud, el Entusiasmo o la Motivación, aspectos que sólo lo puede aportar la propia persona, sin necesidad de mediación alguna para ello de
9
competencias académicas o técnicas. Dichos atributos vienen dados por el conjunto de las emociones que están involucradas en cada uno de nuestros pensamientos, actos y sentimientos. Es el propio entorno cultural, familiar y social, que junto a la experiencia personal, confecciona y desarrolla todas las cualidades emocionales que darán forma a nuestro ser. Hay que entender que la per-sonalidad no necesita de diplomas y titula-ciones para poder certificar su valía. Somos personas, seres humanos, antes incluso de ser conscientes de ello. Es curioso que cuando nos preguntan quiénes somos, la mayoría, de una forma inconsciente, con-testamos con nuestra profesión, identi-ficándonos con ello, ya sea si trabajamos como administrativos, ingenieros, médicos, albañiles, jueces, camioneros o fontaneros, cuando en realidad ésas son tan solo apti-tudes que forman parte de algo mucho más amplio. Es decir, nosotros. Así que reducir-nos sólo a cuestiones profesionales es toda
una gran equivocación, aparte de una mala costumbre, pues algo así no llega de lejos ni a definirnos como personas. No somos eso. En todo caso es una muy pequeña parte de nosotros, que por una cuestión de deforma-ción cultural y unas costumbres que se han arraigado en el tiempo, se ha quedado es-tablecida como la primera identidad que nos diferencia del resto de personas. Tene-mos que entender que soTene-mos mucho más que una profesión y la acumulación de co-nocimientos técnicos o académicos. Quizás sea así porque al no saber definirnos como personas, hemos tenido que optar por el camino más corto y cómodo, quedándose implantado el uso de revelar nuestras apti-tudes profesionales como el principal o úni-co elemento de identidad, por encima de cualquier otro aspecto. Se da la curiosidad que en los casos donde suele haber mayor relevancia a nivel profesional se utiliza esta fórmula como la principal identidad de la persona en toda su extensión, haciendo que
11
la profesión sea lo que la defina por com-pleto. Don Antonio el médico, Don Julián el notario o Don Alberto el juez, son claros ejemplos de esto. Pero cuando no se tiene una profesión notable apenas se da ya este uso como factor principal de identidad, sea por falta de autoestima o por una cuestión de orgullo. Esto en gran medida dice mucho de nosotros en tanto que damos mucha importancia a este tipo de aspectos y no lo hacemos sin embargo hacia el valor real y verdadero de nuestra personalidad. Debo recordar de nuevo que la cuestión profesio-nal es una parte, una muy pequeña parte, de lo que somos realmente. Es tan sólo un currículum profesional, nada más. Nos en-contramos en un momento crucial donde hay una gran expectativa de cambio que está llamando a gritos una renovación de todos estos paradigmas que ya se han que-dado del todo obsoletos. Existe una re-flexión de la filosofía sufí que dice de forma muy acertada algo al respecto:
"El erudito que no pone en práctica lo que ha aprendido es como un burro cargado de libros, pues los libros cargados por un burro
no transforman al animal y tampoco pue-den transformar el conocimiento que está
13
EL VERDADERO COACHING
El Coaching se está extendiendo a una gran velocidad, y esto suscita algunos serios pro-blemas, entre ellos, más que ningún otro, está la capacidad de poder abarcarlo y con-tenerlo de forma que se utilice para lo que está creado y no lo contrario, perdiéndose en adulteraciones interesadas. El ímpetu con que ha hecho aparición puede ocasio-nar que se excedan sus expectativas haciendo que intereses particulares poco éticos puedan, de alguna forma, alterar su motivación original. Por lo que se hace ne-cesario, e incluso obligatorio, que exista un control de su calidad y procedimiento de actuación. Pero claro, es ahí donde reside el gran problema, en quién le va a poner el cascabel al gato, quién lo controlará. Vemos cómo proliferan, cada día más, empresas de consultoría y formación que ofrecen cursos de Coaching sin que exista una seria y pro-funda reflexión en cuanto a la forma con la
cual se están llevando a cabo, mucho más incluso que en el método. Se trata de pro-mover una calidad en la realización de di-chos cursos que sea de un nivel aceptable y considerable, pues con la saturación que hay puede suponer, a corto y a largo plazo, una baja calidad de los mismos. Así ya po-demos observar cómo hay miles de Coachs pululando por todo el mundo, los cuales, a través de webs, blogs o redes sociales lo primero que hacen es enseñar con orgullo casi adolescente, sus diplomas o certifica-dos, además de una larga ristra de asisten-cia a multitud de congresos, conferenasisten-cias, ponencias y reuniones, todas relacionadas con disciplinas que tienen algún vínculo con el Coaching, llámense Training, Mentoring, Consulting, Programación Neurolingüística, u otros tantos por el estilo. Además ocurre que si llevan el respaldo de las entidades que se denominan a sí mismas, acreditadas, pues entonces mejor todavía. El verdadero Coaching no es eso, o al menos no debería
15
serlo. Una de las cuestiones más graves referidas a todo esto, y a lo que no se le debe dar amparo alguno, es a la muy ex-tendida práctica de exigir que se posea una formación a nivel de titulación universitaria o licenciatura para realizar cursos, sobre todo si están relacionados con el Coaching Empresarial. Vamos a ver, seamos serios, si se trata de exigir entonces también se de-bería pedir que los aspirantes a dichos cur-sos tuvieran algún tipo de formación académica que tenga que ver con el Coa-ching, o al menos que sea próxima en cuan-to a sus principios fundamentales, tal como la Psicología, la Sociología, la Filosofía u otra especialidad relacionada. Digo esto pues he visto cómo licenciados en Física, Química, Ingeniería o Economía, se han convertido en Coachs cuando se entiende que dichas pro-fesiones están muy alejadas de los funda-mentos básicos del Coaching. Por lo tanto a quienes ofertan cursos de Coaching hay que decirles que deberían, si es que quieren
aparecer como empresas serias y creíbles, que sean consecuentes con este tipo de cuestiones, pues no se entiende que quien tiene una titulación universitaria en ciencias o ingeniería pueda ser Coach y sin embargo quien no la tiene, por la razón que fuere, no puede tan siquiera ni inscribirse. Es necesa-rio comprender que la Actitud, la Motiva-ción o el Entusiasmo, aspectos esenciales donde se asienta el Coaching, luego no sean tomados para nada en cuenta y se actúe de esa forma tan liviana. Pero sobre todo se actúa de forma muy interesada, pues todos sabemos de sobra que ésas cualidades emocionales no tienen precisamente nada que ver con carreras o títulos enfocados en lo puramente técnico o científico. Vender el Coaching como una disciplina académica, y hacerlo solo a quienes posean una titula-ción universitaria, sea de la especialidad que sea, es del todo fraudulento, poco ético y menos aún responsable. Y lo es más to-davía si no se exige para ello tener una real
17
correspondencia con el Coaching y su filo-sofía particular. Si se deja fuera del Coa-ching a quien no posee una carrera universitaria, tan solo por no reunir unos mínimos requisitos académicos, ya está diciendo mucho de quienes están detrás de esta forma de hacer Coaching. Nos estarían mostrando la nula capacidad y credibilidad que tienen como expertos acreditados en Coaching, siendo del todo opuestos a lo que luego enseñan en los cursos que imparten. Deberían dimitir o retirarse del mundo del Coaching y dedicarse mejor a la consultoría u otras especialidades de otra índole. Es por lo que reitero de nuevo lo que dije al princi-pio, cuando expuse la necesidad obligada de no dejar que éstos, que son los de siem-pre, sean los que han de llevar el mundo hacia adelante en este tiempo de cambio, y menos aún en el Coaching, pues ya obser-vamos que siguen empeñados en mantener los mismos modelos del pasado, con el aña-dido absurdo de autocalificarse como los
nuevos abanderados de la innovación y el cambio. Así, por culpa de toda esta gente, llamados expertos en Coaching, vemos a licenciados de todo pelaje que se convierten de repente en Coachs por obra y gracia de unos cursos dados en pocas semanas o me-ses, y que logran hacer sin ninguna dificul-tad. Pero siguiendo con el hilo de todo este desaguisado habría que comentar algo so-bre el coste económico tan elevado de estos cursos, los cuales son desorbitados en la mayoría de los casos para lo que se impar-ten en ellos. Y digo esto porque lo que se ofrece en ellos no justifica para nada ese desembolso enorme de dinero, sobre todo porque es algo fácil de comprender e inclu-so de asumir, aunque luego más tarde sean otros procesos y aspectos los que hagan que pueda ser asimilado por completo. Explicar qué es la Actitud, la Motivación o el Entu-siasmo no debería en ningún caso tener tan alto coste económico. Aunque si hay quien paga por ello, pues entonces no ocurre
na-19
da, pues de sobra es conocido eso de que quien paga manda. Cada cual y cada quien es libre de gastar su dinero donde mejor le parece. Pero claro, pagar por un diploma o certificado donde se acredita que ya se es Coach dice realmente muy poco en favor de quienes se apuntan al curso, y no digamos ya de quienes lo imparten. Para darnos cuenta de lo absurdo de todo esto tan sólo hay que observar una cosa. Que se sepa, nadie ha suspendido nunca un curso de Coaching. Y aunque no lo puedo afirmar con total seguridad, no se sabe de nadie que haya hecho un curso completo y por no ser apto lo hayan suspendido, tal cual. Claro, se entiende que una entidad que imparte cur-sos de Coaching no va a quedar en entredi-cho por no conceder un certificado a quien ha pagado una estimable cantidad econó-mica por dicho curso. Porque si no fuera así entonces ¿qué tiene que hacer el suspendi-do? ¿Pagar de nuevo por otro curso hasta aprobarlo definitivamente? Lo cierto es que
este caso no creo que se haya dado nunca en la historia del Coaching. Por lo tanto podemos deducir que si pagas todo el curso completo, el certificado te lo darán siempre. Sí o sí. Nadie se ha quedado nunca sin su título o certificado tras pagar por un curso de Coaching. Así llegamos a la conclusión de que si pagas te conviertes en Coach con todas las de la ley, y si no lo haces pues es tan fácil como lo contrario, esto es, no eres Coach. ¡Equilicuá! Aquí nos damos cuenta donde hay una, de entre otras tantas, falta de responsabilidad y ética en el mundo del Coaching. Si seguimos indagando en esto también podemos observar que si el nuevo Coach recién certificado luego no tiene con-dición para ser Coach, eso en realidad no sería problema alguno pues a la empresa o entidad que imparte cursos lo que le impor-ta al fin y al cabo es hacer caja, hacer nego-cio ¿no? No tiene otra explicación. Claro que también hay que ser muy torpe intelec-tualmente hablando, si no se es capaz de
21
aprobar un curso donde se dan una serie de apuntes básicos sobre Coaching, aparte de unos juegos de rol que cualquier niño supe-raría con creces. Es normal entonces que tengamos que dudar, y mucho, de la capa-cidad intelectual y de la sagacapa-cidad de los aspirantes a Coach si no han sido capaces de ver todo este engaño. Para ser Coach hay que ser también despierto y suspicaz, sobre todo, y eso lo hace en gran medida la viva-cidad propia del aspirante y su experiencia vital. No es por tanto imprescindible tener conocimientos técnicos o académicos para ser Coach, pues lo más importante, aparte de tener una mente despierta y ágil, es po-seer una personalidad acorde al Coaching. Todo lo demás es tan sólo currículum o ex-pediente académico. Viendo esto nos de-beríamos preguntar entonces qué razones hay para que tan sólo los licenciados pue-dan ser quienes accepue-dan a un curso que hasta un menor es capaz de aprobar con sobresaliente. Quienes capturan el
oficia-lismo del Coaching y se muestran ante to-dos como autoridad competente para ello deberían hacer autocrítica sobre estos métodos tan faltos de ética y responsabili-dad, los cuales, dejando de lado el hecho de si es recomendable ser licenciado o no para ser facultado como Coach, no es de recibo que luego se pongan medallas por formas tan poco éticas decidiendo de forma unila-teral quién es válido para ser Coach y quién no. Y todo ello ¿en base a qué? ¿En qué criterios se fundamentan para otorgar certi-ficados de Coaching? ¿Solo en una cuestión de aptitud intelectual? Si el Coaching exalta la Actitud como uno de los valores más ele-vados y fundamentales en los que sustenta su filosofía ¿cómo es que luego sin embargo se otorga un diploma acreditado a quien supera un curso de marcada índole intelec-tual? Hemos de pensar que si el Coaching tiene su base en las emociones entonces ¿por qué en las certificaciones que se otor-gan prima más el valor intelectual que el
23
emocional? ¿Será porque lo emocional no se puede evaluar ni calificar de una forma contrastada? ¿Cuáles son los parámetros con los que se valora una buena actitud emocional? No olvidemos que lo intelectual es eso, una Aptitud, con P, que no una Acti-tud, con C, pues lo intelectual no requiere para su realización y desarrollo de ningún tipo de Actitud, con C, emocional. Así una Aptitud, con P, intelectual la puede tener fácilmente una máquina u ordenador sin necesidad de poseer una Actitud, con C, emocional alguna. Los que entendemos el Coaching como una filosofía de alto conte-nido social y humano creemos que las expe-riencias propias reflexionadas en el día a día son en su conjunto mucho más importantes y a tener antes en cuenta que cualquier otro aspecto. Hay personas muy facultadas para ser Coachs que por no tener una capacidad económica con la que costearse un curso de Coaching, o no poseer una licenciatura, son de forma automática rechazados. E incluso
no admitidos para ejercer como tales. Se puede comprender que el tener una forma-ción universitaria es un añadido a la hora de manejar conceptos que luego facilitarán la labor como Coach, pero siendo el Coaching una filosofía que tiene una base fundamen-tada en las emociones, está más que claro que lo meramente intelectual no es para nada necesario ni imprescindible. Lo que no se puede hacer es tomar el Coaching como si fuera una asignatura más que adherir al expediente académico. El Coaching verda-dero tiene más de vocación que de profe-sión, por lo que se debe preservar de un uso que no sea expresamente para el que ha sido creado.
25
SITUACIÓN ACTUAL
Se entiende que la situación actual es muy propicia para nuevas fórmulas de negocio, y el Coaching se ha convertido en una muy buena, y sobre todo, atractiva alternativa. Pero no es menos cierto que la ingente sa-turación de cursos que se ven a diario, so-bre todo por internet, para convertirse en Coach está superando ciertos límites, y so-bre todo el más importante de ellos, el éti-co. El Coaching es una filosofía ciertamente válida para estos tiempos que corren, es más, yo incluso diría que debería ser obliga-torio en cualquier plan de formación como un módulo dentro de cualquier otro tipo de curso específico, al igual que se hace con los de riesgos laborales o gestión medio am-biental. Es una forma de hacer llegar a di-rectivos y trabajadores la importancia que tiene el tratar de conseguir la excelencia en la empresa a través de la Actitud, con C. Es necesario que sea así pues se demanda una urgente reflexión sobre los grandes cambios
que se están produciendo en materia labo-ral y empresarial a nivel mundial, y que luego van a repercutir de forma directa en lo social, en lo cotidiano, en nuestras vidas diarias. Pero lo preocupante es que las or-ganizaciones y entidades que toman las riendas del Coaching, esto es, quienes dan las autorizaciones acreditadas para ejercer como Coachs profesionales, son los mismos que han estado manejando la situación an-terior, y ahora, de la noche a la mañana, se erigen de repente en iluminados mentores del nuevo paradigma mundial. Y como dice el refrán, tan sabio como la vida misma, son los mismos perros pero con distinto collar. Ante todo hemos de ser serios, éticos y res-ponsables, y darnos cuenta que dichas enti-dades se han creado en realidad solo para hacer negocio. Son empresas, y no vamos a ser tan ingenuos pensando que su principal objetivo es mostrar la mayéutica de Sócra-tes, o el bien de la humanidad. Eso no se lo cree nadie, y mucho menos aún con la
for-27
ma de actuar con que lo hacen. Así que con muy buen ojo empresarial, pero muy poco ético, vemos como estas entidades de Coa-ching pescan esquilmando sin consideración alguna en las aguas revueltas de un sector que está siendo muy castigado por la crisis, me refiero en concreto al de licenciados y titulados universitarios, a los que atrapan sin pudor alguno para sus cursos de exper-tos en Coaching. De tal modo esta caterva de nuevos gurús surgidos de la nada apro-vechan para decir, como anuncian en la publicidad de los cursos que ofertan, que formarán a los candidatos para hacer de ellos grandes profesionales del Coaching, los cuales lograrán una excelencia sin pa-rangón que les hará tomar las riendas de su propia vida, pero sobre todo, la de los de-más. Algo presuntuoso ya de entrada ¿no? Pues bien, como decían los antiguos, viendo la choza se ve al guarda, o también lo de, por sus palabras y sus obras les conoceréis, con lo que ya percibimos qué tipo de
Coa-ching pretenden vender, y sobre todo, quienes son los que lo venden así de tal guisa. Esto debe cambiar por completo pues estamos en un tiempo donde todo esto ya suena mal y sobre todo no hay quien se lo crea. En estos tiempos en que el avance tecnológico y la globalidad son los nuevos paradigmas, y en el cual todos, en tan solo un microsegundo, nos conectamos apor-tando debates y soluciones al entramado social, no estaría de más que vayamos sepa-rando el grano de la espiga. Y no es tan solo cosa de los pocos privilegiados de siempre. Eso se está acabando, pero también es cier-to que de algún modo se está resistiendo. Por eso si el Coaching promueve cambios con el fin de obtener nuevas comporta-mientos, es también recomendable que el propio Coaching se ponga en entredicho a sí mismo, pues así se da vida a su sentido ori-ginal, demostrando que el Coaching es exactamente lo que predica.
29
UNA NUEVA ERA DE CAMBIOS
El mundo se está transformándose a pasos agigantados en estos últimos años, y se debe, sobre todo, al asalto que sin previo aviso ha dado la tecnología en toda su ex-tensión, con lo que a cada momento e ins-tante, como ya vemos, nos vemos obligados a poner en marcha una nueva forma de entender todo lo que nos rodea y nos afec-ta. Nos ha pillado con el ritmo cambiado y sin apenas tiempo de asumirlo. Y es así por-que aún seguimos funcionando en el pasa-do, un pasado éste que sin embargo es el presente, pero que por una suerte de para-doja inaudita nos ha metido de lleno y al mismo tiempo, en el futuro. Es algo así co-mo estar con un pié en el pasado y otro en el futuro, al mismo tiempo, pero estando en el presente. Algo extraño de comprender pero en realidad se trata de una forma de acople o transición que nos está transpor-tando de una era a otra. Pero como ya
apunté, al llegar este cambio así tan de re-pente, sin apenas previo aviso, no nos ha dado tiempo siquiera de preparar las male-tas para poder cerrar capítulos anteriores. Por lo que se hace obligatorio salir por completo de este pasado atenazador y en-trar de pleno en el futuro que se nos pre-senta por delante, aunque en un principio pueda parecer muy abrumador y desestabi-lizador. Pero sobre todo, lo que hace falta en primer lugar y por encima de cualquier otra cosa es hacer bien el tránsito. No se pueden traer cargas del pasado que nos hagan repetir lo mismo una y otra vez. Ya sabemos de sobra eso de lo que mal empie-za mal acaba, por lo que es inexcusable hacer las cosas bien. Y si lo consideramos en su justa medida, la tecnología, siendo emi-nentemente técnica y nada emocional, está logrando sin embargo que los seres huma-nos estemos mucho más cerca y en contac-to permanente unos de otros. Escontac-to por un lado puede parecer chocante pero por otro
31
es muy curioso al comprobar que será la tecnología quien impulse al ser humano a ser quizás, valga la redundancia, más humano aún si cabe. O al menos eso es lo que se pretende. Y se torna paradójico que la tecnología aporte, por decirlo de algún modo, más humanidad que nosotros lo hemos hecho de forma consciente a lo largo de la historia. Si lo analizamos bien, la tec-nología ha logrado que trabajemos cada vez con más ahínco por la comodidad y el bien-estar. Todo lo que se fabrica y se crea se hace para ofrecer una mejor calidad de vi-da. Y es notable que sea la propia competi-tividad quien se encargue de poner en marcha todo este movimiento sin ser noso-tros apenas consciente de ello. Y aunque la intención primera, y la última también, sea hacer negocio y tener rentabilidad, pode-mos ver como de una forma sutil se va ins-talando el cambio sin tan siquiera nosotros pretenderlo ni convocarlo. De tal forma se está haciendo posible un mundo cada vez
mejor a costa de ser ignorantes e indiferen-tes al respecto. Así hay cada vez más y me-jores productos y servicios, en alimentación, sanidad, vivienda, transportes, tecnología u ocio, logrando con todo ello la creación de un bienestar en todos los órdenes. Todo esto está afectando también en las formas de ser y pensar. Y el mercado, o lo que es lo mismo, nosotros, pues no debemos olvidar en ningún momento que somos nosotros quienes generan el mercado, así lo deman-da. Ya la competitividad no está tanto en la calidad o el precio como sí lo está más en el servicio o atención que se presta. Y la tec-nología, en cualquiera de sus formas, está haciendo que se consiga esto. Pero claro, para que todo funcione de forma correcta también es necesario que nos pongamos en sintonía con ella, con la tecnología, pues no se entiende que estemos en este magnífico cambio de tiempo y aún mantengamos en muchos aspectos una forma de actuar que no está a la altura requerida. La crisis actual
33
viene dada por esa enorme diferencia que hay entre las posibilidades que nos ofrece la tecnología en general, y el modo que tene-mos de hacer las cosas. Uno de los aspectos importantes a observar, según mi parecer, es la enseñanza que nos está aportando esta tecnología en cuanto al procedimiento de actuación. Fijémonos en una cosa, la tecnología, al carecer de sentimientos y emociones, es luego sin embargo capaz de aportar una coherencia en sus acciones que los seres humanos, por sí ser emocionales, no logramos tan definida y responsable-mente. Y no se trata de dar más valor a la tecnología que al ser humano, pues al fin y al cabo somos quienes la hemos creado, pero sí tendríamos que hacer una reflexión sobre la contribución que nos está aportan-do. Hemos de admitir que estamos ya ante un nuevo paradigma que está transforman-do el muntransforman-do, y que toda la tecnología está afectando a nuestras vidas de una forma drástica y sustancial, logrando unir a las
personas en torno a una globalidad que hasta hace muy poco ni tan siquiera existía. Aunque también hay que entender que ha sido del todo imposible e impensable pues no había forma alguna de hacerlo. Y ha sido el propio devenir de la evolución lo que nos ha llevado hasta donde nos encontramos, logrando que se hayan derribado muros y cimientos que se suponían inexpugnables. Todo cambio para que sea culminado debe superar las formas anteriores y no es fácil desprenderse de lo que nos ha acompañado durante tanto tiempo. Es lo que se conoce en la actualidad a través del Coaching como la zona de confort, o zona de seguridad, esto es, un espacio donde nos hallamos seguros y a buen recaudo de posibles inse-guridades y miedos. Pero no hay nada más humano que estar en crisis, pues las mismas propician y proveen los mecanismos que nos impulsan al avance. Sin su existencia no habría cambios y tampoco evolución, por lo que se debe entender que en realidad son
35
muy positivas, y a la vez necesarias. Las crisis actúan como todo un resorte impulsor que nos avisan de la necesidad de realizar movimientos. Es igual que cuando nos so-breviene un malestar físico o una dolencia repentina que nos avisa de la existencia de algo que no va bien en nuestro cuerpo y necesita de un remedio urgente. No hay que buscar por lo tanto ningún otro tipo de lecturas. Las crisis son significativamente claras, y ante ellas, o con ellas, hay solo dos opciones, una es acometer de forma rápida y voluntaria los cambios necesarios para pasar a otra situación mejor, y la otra es aceptar, de forma obligada, unos cambios que no se comprenden y se han de asumir. No hay nada más. Las crisis se han de ver como grandes posibilidades que aportan nuevas oportunidades. No hay que verlas como problemas, al contrario, son en reali-dad toques de atención que hay que tener muy en cuenta. Estando ahora en plena vorágine de una gran crisis, hemos de
ac-tuar con responsabilidad ante esta deman-da crítica. Y es aquí cuando el Coaching se hace del todo necesario como herramienta que prepara el tránsito, haciéndolo de una forma consecuente, y siendo con total se-guridad la mejor opción que ayude en la reflexión y luego posterior diseño que la sociedad está solicitando. Se ha de enten-der, haciendo un símil sanitario, que para cerrar una herida lo primero que hay que hacer es limpiarla hasta conseguir llevarla al punto de la desinfección total, para luego terminar el proceso de forma óptima. Hemos de reconocer que somos nosotros quienes creamos las crisis, y que éstas no vienen caídas del cielo, ni tampoco por arte de magia, por lo que debemos ser nosotros quienes también demos la solución y pres-temos un buen tratamiento. De tal modo para que el cambio sea rentable ante todo debe ser de gran impacto, pues sabemos que las crisis suelen venir sin frenos y pasan por encima sin pedir permiso alguno. Las
37
comparo con grandes olas, las cuales nos brindan la oportunidad de tomarlas en su preciso momento para así deslizarnos sobre ellas hasta llegar a la orilla. Pero sin embar-go puede ocurrir que no sea así y nos vea-mos arrollados por ellas, teniendo que esperar a que vengan otras olas para tomar el impulso definitivo. Hay que ponerse ma-nos a la obra lo antes posible y aprovechar la oportunidad, pues como ya dije al princi-pio, para que todo esto se produzca en las mejores condiciones hemos de despojarnos de las cargas de antaño, las cuales todavía nos mantienen en esta situación. Esas car-gas han de ser suprimidas por completo para que tomemos altura por fin y poder avanzar hasta el capitulo siguiente, donde ya no hay razón para conservar actitudes que todavía justificamos y amparamos por creer que son aún válidas. Un ejemplo de todo esto es cuando le damos un estimado valor y respeto, por no estar acostumbrados a algo mejor, a la realización de tareas, a
nivel profesional, de forma correcta y conci-sa, sin tan siquiera reclamar en ello un mínimo de entusiasmo e implicación. Es tanto así que se ha hecho costumbre el efectuar todo sin aportar apenas participa-ción emocional. En algunos casos, y como mucho pedir, se llegan a hacer las cosas de forma correcta, solo eso. Pero lo que más se advierte es el gran desafecto con que se hace todo, al no involucrarse apenas casi nadie, ya sea en los procesos o en los resul-tados. Sobre todo hay que fomentar actitu-des entusiastas que sean dignas de ser apreciadas, como la cordialidad, la cercanía, el entusiasmo, la eficacia o el ser resoluti-vos, algo esto a lo que ahora se le llama excelencia. Se trata entonces que lo sencillo y amable sea la costumbre, lo normal, y no todo lo contrario, esto es, lo complicado y distante. En el actual Coaching Empresarial que se está ofreciendo, en su mayoría, es en concreto esto último lo que se está dando, donde lo artificial y la falta de emotividad
39
es lo habitual, ya que parece más profesio-nal y serio hacerlo así, aunque en algunas ocasiones para darle un aspecto más cerca-no al Coaching verdadero se le da un toque distendido y jocoso. Esa es la metodología estándar que se está aplicando en la inmen-sa mayoría de los cursos, donde sus formas son muy técnicas y académicas, muy aleja-das de lo emocional, que es de lo que se trata. Así, a las cualidades antes expuestas, cordialidad, cercanía, entusiasmo, eficacia o ser resolutivos, en el Coaching Empresa-rial estandarizado se está traduciendo en formatos cursis, como estrategias, procesos, técnica, talento o liderazgo. Y lo cierto es que no se puede ocultar lo evidente, y como ya decía Leonardo Da Vinci, en la simplici-dad es donde está la mayor sofisticación. Es por lo tanto la sencillez lo que ha de marcar la tendencia en esta época tan crucial en la historia de la humanidad. Y ha de ser lo que guíe y acompañe de la mano a esta evolu-ción, y a la vez revolución tecnológica que
está siendo casi imposible de digerir en tan poco espacio de tiempo. No es por tanto cuestión de complicar lo sencillo ya que entonces se convertiría en una mezcla im-posible de tratar. Y en lo que respecta a la tecnología ya vemos como se ha avanzado en muy pocos años lo que sin embargo no se ha hecho en siglos. Así cuando un pro-ducto apenas ha sido estrenado en el mer-cado, a los pocos meses ya está anticuado por la salida al mercado de nuevas versio-nes. Es de tal forma que nos está abruman-do por completo, sin tan siquiera darnos tiempo para prever consecuencias a corto plazo, porque ya hasta el largo plazo se re-duce incluso cada vez más. Va todo tan rápido que hay mucha gente aún, que es-tando rodeados de tecnología por todos lados, no se dan cuenta que el cambio lo tienen justo encima, en pleno y total proce-so, y esto hace que tanto la mentalidad y la actitud vayan con mucho retraso o gran desigualdad comparadas con el avance de la
41
propia tecnología, la cual, como ya vemos, no tiene sentido de la pausa ni de la espera. Lo cierto es que la tecnología, de alguna forma, nos está forzando a que dejemos de pensar y actuar como lo hemos hecho hasta ahora. Poniendo un ejemplo rápido pode-mos observar cómo la revolución en el mundo de las comunicaciones, a través de las nuevas tecnologías y redes sociales, ha hecho que ya nada ni nadie queden ocultos ni desapercibidos. Ni tan siquiera los altos secretos políticos, sociales o empresariales. Todo ha quedado expuesto, y nos hace ver que la mayoría de las poses protocolarias, apariencias rigurosas y formas solemnes han quedado en entredicho al mostrarnos que no todo era trigo limpio. O al menos, casi nada. Ese ha sido hasta ahora el resul-tado de una costumbre, poco natural y nada creíble, de otorgar a lo correcto, práctico y aséptico el valor máximo, dejando fuera y sin posibilidad de participación alguna a la parte emocional en favor de la intelectual.
Es en esto donde se nos presenta un gran y grave problema, y es el hacer borrón y cuenta nueva, pues no va a ser nada fácil quitarnos de encima todas estas cuestiones que creíamos verdades incuestionables. En la actualidad escuchamos con frecuencia eso de desaprender todo lo aprendido por-que de no hacerlo hará por-que nos impida avanzar con la fuerza y el potencial que podríamos lograr si lo llevásemos a cabo. Hay que tener claro que no va a ser nada fácil entrar con buen pie en este nuevo mo-delo social que ya está en pleno movimien-to, pero al menos ya está afianzada la herramienta que nos va a facilitar sobrema-nera la entrada. Me refiero de nuevo a la tecnología pues es la que está abriendo todos los canales que hará posible la entra-da a una nueva era de grandes propósitos. Podríamos decir que de alguna manera es-tamos extinguiendo las últimas cenizas de todo un ciclo, siendo ahora el momento justo y adecuado para sobrevolar por
enci-43
ma de ellas cual ave fénix. Es entonces ne-cesario que todas nuestras acciones y acti-tudes sean igualmente acordes con lo que aspiramos. Y a la vez que la tecnología se expande aprisa y sin pausa, el Coaching, al menos bajo mi parecer, se tiene que postu-lar como agente que pueda acomodar esta transición. El Coaching es un adaptador o trasformador, pero volviendo de nuevo al principio, es del todo preciso que quienes actúen como agentes del proceso de cambio no vengan cargados con trazas del pasado. Es decir, los Coachs, y quienes se van a en-cargar de mostrar el camino a los futuros Coachs, no pueden erigirse ni siquiera mani-festarse como reveladores de una nueva configuración social cuando en ellos aún permanecen usos primitivos. No es de reci-bo que al entrar en un nuevo modelo social se sigan facturando concepciones del pasa-do como hasta ahora se ha hecho, o se sigue haciendo todavía. Sería como repetir otra vez de nuevo la misma secuencia. Y aunque
no fuera la misma, tal cual exactamente, sí vendría ya con fallos de origen que no de-berían estar ahí. De tal modo el verdadero Coach debe hacer notar a través de su per-sona que realmente lo es, que en sí mismo está la esencia del Coaching. Debe ser una persona con un carácter limpio y expansivo, de valores elevados, actitudes notables y tener también, de algún modo, un alma de guerrero dispuesto a poner en alza la ver-dad, sin ambages, y con una experiencia vital que demuestre su valía sin la necesi-dad para ello de recurrir a recursos acadé-micos, como sí suelen hacerlo por el contrario, quienes no pueden aportar nada de sí mismos y han de echar mano de cuali-ficación técnica o erudita. Por lo tanto no vale quien por hacer un curso de Coaching ya se convierte en Coach. El tiempo, la ex-periencia y el esfuerzo que cuesta adquirir una personalidad notable no se efectúa de una forma tan breve como realizar un sim-ple curso, por lo que el verdadero Coaching
45
no debería plegarse en absoluto a este tipo de condiciones. El Coaching debe tener una base robusta y firme en la cual sustentarse, y no ser tomado tal como una disciplina académica que sólo quienes están acondi-cionados intelectualmente pueden adquirir aún no estándolo emocionalmente. No, no se trata de algo que hay que estudiar y quedar en una simple comprensión de con-ceptos. Es en esto, sobre todo, con lo que hay que tener cuidado, pues las entidades y empresas que dan cursos de Coaching no parecen contemplar esta cuestión, y se sir-ven de la sugerente posibilidad profesional que proporciona el mismo para dar cursos sin importarles el cómo ni el para qué lo realizan. Hay que comprender que el ser humano no se transforma tan rápido como quieren hacer creer quienes patrocinan estos cursos. Algo así no se consigue de un día para otro, ni en cuestión de unas pocas semanas o meses. Todo conlleva un proce-so, y nadie se va a convertir, así de golpe, en
alguien con un elevado sentido de la vida y con unas virtudes que antes, o no se tenían, o no eran visibles ni palpables. Y de la mis-ma formis-ma que una sencilla semilla no se convierte en árbol en pocos días, una per-sona no se convierte en comprensiva y sa-bia en sólo unas sesiones, pues un Coach ha de ser en gran parte eso, una persona sabia y comprensiva. El Coaching no es una ope-ración quirúrgica donde de una sola vez se cambian las actitudes o emociones, como si de una cirugía estética de pago se tratase. Si nos fijamos bien, la mayoría de los Coachs certificados están del todo estandarizados, utilizan todos los mismos patrones y mode-los de actuación que se dan en mode-los distintos cursos. Así vemos como la metodología manejada en todos ellos es siempre la mis-ma. De hecho parecen clonados pues si ob-servamos las publicaciones que ponen en sus webs o blogs, todos lo hacen usando un mismo lenguaje, escribiendo las mismas cosas y haciendo referencia a las mismas
47
técnicas. Hay que comprender que el ser humano adquiere su personalidad casi por completo en la infancia, y luego, es al final de la adolescencia cuando ya se afianza del todo. A partir de ahí y hasta la vejez guar-damos casi intactas las cualidades en lo que se refiere a carácter, emociones y actitudes en general. Tan sólo si tenemos alguna ex-periencia que nos cause un fuerte impacto puede hacer que cambiemos parte de esas cualidades, y entonces a consecuencia de esa experiencia, puede que también se re-muevan antiguos conceptos hasta esos momentos sostenidos como únicas verda-des inamovibles. Por lo demás seguiremos siendo igual que desde pequeños. Es por tanto todo un engaño hacer creer que a través de un simple proceso de Coaching, dado en un curso, se puede cambiar o trans-formar la personalidad sin hacer algo de mella a nivel emocional. Por supuesto, mu-cho menos aún se consigue si se hace bajo una metodología técnica y académica
basa-da en premisas intelectuales. Poniendo un ejemplo ilustrativo de todo esto imagine-mos que existieran unas entidades que anunciaran en su programa formativo que disponen de cursos donde en unas pocas sesiones se sale transformado en sabio o filósofo, y además reconocido como tal por medio de la expedición de un certificado en el cual se acredita dicha condición. Claro, todo esto bajo pago económico, por su-puesto. Pues bien, algo así, aparte de no ser creíble, sería todo un fraude, pues ya sabe-mos que es imposible. Nadie se hace sabio o filósofo en un curso y en tan poco tiempo, tal como si fuera un máster, y menos aún sabiendo que quienes han sido sabios o filósofos de verdad han tardado para ello incluso toda una vida. Pues en el Coaching que se está ofertando en la mayoría de los casos es así, exactamente igual. Hay que comprender que el Coaching es ante todo un método de reflexión, una forma de en-tender y actuar, y no por ser estudiado en
49
un curso va a convertirse alguien en un buen Coach de forma automática, sin más. En el Coaching se tocan aspectos de distinta índole, como la filosofía, la psicología, la sociología o hasta la metafísica, y todo ello sin que un aspecto técnico o académico tenga que ver, pues en el Coaching, sobre todo, lo que se muestra son aspectos que apenas son medibles de esa forma, pues es lo emocional lo que da fundamento a su función. Habrá quien no estará de acuerdo con todo esto y dirá que es la inteligencia el valor más a tener en cuenta, por encima de cualquier otro, pero no debemos olvidar que el intelecto es un aporte mental, y que por sí solo no nos define. Es nuestra parte emocional la que realmente nos hace per-sonas y nos diferencia a unos de otros. Para comprender esto pondré un ejemplo. Ima-ginemos una reunión de intelectuales don-de todos ellos comparten un elevado nivel en lo que respecta a su profesión, esto es, la ingeniería. Podemos suponer que todos, en
dicha materia, en la cual son especialistas cualificados, tendrán una misma o similar capacitación intelectual. Pues bien, la única cosa que marcará la diferencia entre ellos será el factor emocional y no el intelectual, pues ya vemos que en éste último todos poseen la misma medida. Podemos hacer un símil con este ejemplo y veríamos que sería exactamente igual que un grupo de ordenadores, donde todos tendrían el mis-mo sistema operativo con también idénti-cos recursos informátiidénti-cos. O lo que es lo mismo, una misma inteligencia práctica. Así que si prescindimos del aspecto emocional por completo estaríamos hablando tan solo de meros objetos y conceptos intelectuales, y observaríamos entonces que la creativi-dad no existiría pues se trataría tan solo de una acumulación de información sin más. De tal modo lo intelectual, desde un punto de vista académico o técnico no aporta na-da más allá si no hay tras ello una participa-ción emocional que lo anime. Una mente
51
que no aporta emoción en sus actuaciones es tal como un ordenador. Sin el resorte de la emoción no existe creación alguna. Se puede conseguir que un piano suene de forma automática por medio de un mecani-cismo o programa ya preestablecido, pero es imposible que lo pueda hacer por sí mis-mo. Tanto el artilugio como el programa que lo ponen en funcionamiento pueden ser de un nivel intelectual muy elevado, pero si no existe una inteligencia emocional que lo pueda crear, que lo anime, el piano no so-nará nunca. Es así que el Coaching no puede ser tomado como una disciplina académica que se acomete y lleva a cabo bajo un con-cepto intelectual simple. El Coaching se debe sentir plenamente y no ser tratado como un simple razonamiento mental. Sí, se puede hacer sin aportar vínculo emocional alguno, pero el resultado nunca va a ser igual. No es lo mismo que en un negocio o empresa nos atienda una persona a que lo haga una máquina. Y puede ser incluso que
la máquina sea más eficaz y productiva que una persona, pero entonces habría que hacerse las preguntas de ¿Qué hacemos con nosotros? ¿Qué tipo de valores estamos promoviendo? ¿Qué clase de mundo esta-mos creando? ¿A dónde quereesta-mos llegar? ¿A una sociedad donde todo se realiza bajo la inteligencia en detrimento de las emo-ciones? ¿Qué futuro nos espera si le damos más valor a lo práctico, intelectual y apa-rente? Al final vamos a conseguir que el mundo sea como esa imagen ya cotidiana de la estación de servicio donde llenamos de combustible nuestros vehículos y nos sale una voz artificial a través del surtidor expendedor que nos da las gracias de forma siempre repetitiva y automática. En dicha voz no hay emoción, actitud ni entusiasmo. No hay vida alguna. Es un automatismo, un mecanismo, una inteligencia desprovista de alma, de emoción, de ser. Pues del mismo modo ocurre en el mundo del Coaching, donde los aspirantes a Coachs se
memori-53
zan el formato estándar dado en un curso y luego lo exponen sin mayor entusiasmo, al igual que una máquina expendedora. Claro que esto no solo está ocurriendo en el Coa-ching, también pasa con la mayoría de cur-sos que se están dando, sean del tipo y de la especialidad que sean. Así vemos como hasta ahora se ha dado más énfasis a lo intelectual que a lo emocional, dejando a esta última fuera por completo, excluyén-dola al no ser necesaria. Este es el camino que se tomó hace tiempo y que se está re-velando como todo un gran error, mostrán-donos el síntoma a través de la crisis. No podemos ser ajenos a todo esto pues nos está indicando de forma muy clara donde se encuentra el problema. El Coaching, siendo la forma precisa que hará cambiar toda esta tendencia equivocada, como proa que abre camino, debe poner el aspecto emocional por delante del intelectual, o al menos equi-librarlo, y proporcionar eventos que lo con-viertan en la máxima expresión de sí
mismo. Pero está ocurriendo todo lo con-trario a causa del Coaching que se está dan-do, y donde tan solo lo estrictamente académico o técnico es lo correcto y válido. Si se sigue apostando por esa dirección se estará haciendo en sentido contrario al que indica la propia crisis. No podemos ignorar las señales que advierten de los peligros. El Coaching, como resorte que abre puertas ha de actuar también en consecuencia, no tomándose como una técnica más donde se articulan procesos mecanicistas que se asumen de forma intelectual, dándose así por hecho y finalizado. No, no es de esa forma, pues se trata de apostar todo por-que tanto lo mental como lo emocional vayan de la mano. No vale eso de seguir haciendo lo mismo que se ha hecho hasta ahora, aunque lo disfracemos y le llamemos modernidad. Hay que estar convencido de hacer Coaching verdadero, sintiéndolo y no examinándolo. Como ejemplo de lo absurdo de toda esta fiebre de acaparar títulos para
55
estar más preparados y parecer más inteli-gentes y creíbles, voy a relatar aquí una experiencia que tuve en una ocasión al quedar citado por una empresa de forma-ción a la que iba a presentarles un proyecto de Coaching Empresarial creado por mí, el cual he tratado de diferenciarme todo lo posible del resto de métodos estandariza-dos que se imparten, al observar en ellos, sobre todo, una gran falta de actitud, moti-vación, y más aún creatividad. Algo esto que resulta de algún modo muy paradójico pero que luego no es tan extraño de ver, pues se supone que el Coaching está preci-samente para aportar eso, Actitud y Moti-vación, así, en mayúsculas. Con puntualidad llegue a las oficinas del complejo empresa-rial donde se encontraba dicha empresa, y la directora, una chica joven, con porte de ejecutiva moderna y vanguardista, me reci-bió amable pero al mismo tiempo de forma protocolaria y fría. Una actitud que no me sorprendió pues es muy generalizada en
directivos de nueva promoción. De alguna forma parecen clonados, y se nota en casi todos ellos que la metodología académica recibida es la misma, idéntica. O tal vez sea que la pose la adquieren ya por sí mismos, entre todos ellos, al verse situados en esas lides. Parece un contagio endémico. Pero bueno, sigo con el relato. De momento esas formas tan meticulosas en la entrada no me dieron buena espina, y sin más preámbulos pasamos directamente a su despacho don-de tras unos primeros minutos intercam-biamos las ya habituales presentaciones. Sin demora alguna encendí mi ordenador portátil y una vez ya todo dispuesto le mostré el proyecto de Coaching Empresarial que hacía meses atrás había desarrollado con verdadero entusiasmo y trabajo. Y lo hice con unas presentaciones de diapositi-vas creadas por mí, todas ellas originales y sin rastro alguno de ser copias o plagios de tantas otras que circulan por internet. Mientras le exponía el proyecto e iban
pa-57
sando las diapositivas, ella me interrumpía a cada momento para expresarme su total y sorprendente admiración por todo lo que estaba viendo y escuchando. No salía de su asombro hasta que en una de ésas me inte-rrumpió para decirme muy entusiasta que no le hacía falta ver más y que le gustaría contar conmigo de forma inmediata para poder ofrecer en su empresa cursos sobre Coaching Empresarial. Lo cierto es que me cogió por sorpresa tanta rapidez, pero pa-recía estar muy segura. Me comentó que tenían un Coach certificado en su empresa pero que ni por asomo tenía nada que ver conmigo, y ni mucho menos con el proyecto y la forma en cómo yo lo tenía desarrollado. No dudó incluso en decir que prescindirían de él, o al menos lo sugirió solapadamente, algo esto que de alguna forma no me pare-ció bien, pero bueno, así son las cosas. Tras terminar la presentación de las diapositivas me dijo atropelladamente que ella también era Coach, que obtuvo el certificado en una
empresa acreditada pero que nunca había ejercido, y que de nuevo, mi proyecto no tenía que ver con nada que ella vio y estu-dio cuando realizó el curso de Coaching. Le parecía increíble tanto el material como el método. Al momento, y haciendo gala de sus competencias profesionales, me co-mentó que era Licenciada en Ciencias Quí-micas y tenía varios másteres en diferentes disciplinas. Confiada y pensando que yo era colega de profesión, o al menos de tener un mismo nivel de estudios académicos, me preguntó muy interesada por mi experien-cia profesional a lo que le respondí que era técnico en riesgos laborales, habiendo tra-bajado como tal en varias empresas priva-das y organismos públicos como inspector de centros de trabajo en lo que a preven-ción de riesgos se refiere, aunque también le expuse que había trabajado en otros sec-tores y profesiones que no tenían que ver con ello. La ejecutiva, de inmediato, y con una euforia inusitada me dijo que ella
tam-59
bién era técnico en riesgos laborales pero que en realidad no había ejercido como tal. Me señaló que se lo sacó porque era algo que estaba muy demandado en su momen-to, aunque en realidad no le gustaba. Que-riendo ser del todo honesto, le apunté que a diferencia de ella, yo era técnico en ries-gos laborales pero no de nivel superior, sino intermedio. Tras escuchar este detalle ella se quedó de pronto en un desconfiado si-lencio, cambiando de pronto toda su actitud inicial. Con gesto serio me preguntó sobre cómo podía ser técnico de grado intermedio y sin embargo no serlo de nivel superior. Le contesté que para ser técnico de nivel supe-rior era necesario, y de forma imprescindi-ble, tener una licenciatura, diplomatura o grado universitario, algo que en mi caso particular no tenía pues por cuestiones cir-cunstanciales no pude realizar una carrera universitaria. Ella durante unos segundos se quedó sin habla, del todo dudosa y cierta-mente confusa. Sospechando ya del todo
sobre mis capacidades académicas quiso indagar un poco más y se atrevió a pregun-tarme con recelo sobre si poseía certificado de Coaching acreditado, a lo que le respondí que no, que en todo caso había asistido a algunos cursos de Coaching como invitado pero sin pasar en ningún momento por un proceso completo. Le expliqué también de paso que de ninguna de las maneras iba a pagar por algo que, como ya presenció tan entusiasta, perfectamente yo podía hacer mejor que cualquier experto Coach certifi-cado. Como si por arte de magia se tratase todo se vino abajo, y con ello el entusiasmo que había puesto en mí y en el proyecto que le había presentado. No parecía ni la misma persona. Todos los halagos que re-cibí minutos antes desaparecieron en un instante, del mismo modo que la inmediata incorporación en su empresa. Sin más zanjó la entrevista argumentando que ya consul-taría con su equipo de técnicos la posibili-dad de integrar el proyecto en la empresa,
61
aunque de momento no les era necesario ni les corría prisa ninguna. Así, tal cual. En la puerta de la oficina, con aires de directora altiva y mostrando una mueca de cierto desafecto me dijo que la empresa, y que no ella, ya se pondría en contacto conmigo cuando tomara alguna decisión al respecto. Y aunque me sentí notablemente defrauda-do, por otro lado no me cogió por sorpresa pues me había visto en situaciones de esta misma índole alguna que otra vez. Gentes con carreras y un expediente académico muy extenso pero que luego tienen poca capacidad para reconocer habilidades o facultades en quienes no están en su mismo nivel. Se entiende que han cursado estudios para lograr una profesión y no para otra cosa. Está claro que el aspecto emocional y la lógica natural no entraron en sus planes de estudios. Así, tras este tipo de actuacio-nes que son llevadas a cabo por personas de este perfil académico y profesional, casi todos ellos clónicos, se entiende luego que
haya un gran problema empresarial, y por ende social, que está afectando de forma muy negativa al funcionamiento de toda la sociedad en general. Ahora en la actualidad, que se habla tanto del talento, me pregunto ¿cómo alguien sin talento, que es gerente o director de una empresa, puede reconocer el talento en otros, si ellos no lo tienen? ¿Cómo van a identificar a un talento si no saben qué es eso? ¿Será que para ellos eso del talento no es otra cosa que poseer nu-merosos diplomas y másteres? Siendo así es normal entonces que exista una crisis a to-dos los niveles cuando quienes administran y dirigen las empresas, o administraciones públicas, amparan y tienen en considera-ción este tipo de creencias y actitudes. No se puede venir luego echando culpas a la crisis de forma tan simplista cuando en rea-lidad el enemigo está dentro de las propias organizaciones empresariales y demás es-tamentos que regulan el mercado en gene-ral. Hemos facultado a un segmento de la
63
sociedad, esto es, a técnicos y académicos, para que sean ellos quienes decidan como hacer y deshacer todo en base a la prerro-gativa de ser expertos acreditados, por en-cima de cualquier otra cualidad. Esto necesita de una reflexión, de un serio deba-te, responsable y contundendeba-te, si es que de verdad queremos salir bien parados de este gran atasco en el que nos encontramos, pues es indiscutible que las cosas no funcio-nan tal como tenían que hacerlo, y es por lo que habría que preguntarse si todo ello en realidad viene a causa de tener todavía este tipo de creencias establecidas como las úni-cas válidas. Son ya muchas voces las que están dando la voz de alarma en cuanto a esto. Ahora todo el mundo habla y promue-ve mucho el talento y la excelencia, pero tal vez quienes lo hacen también son los mis-mos que mantienen las condiciones de siempre. Esto del talento y la excelencia, tal como se está fomentando, se parece más bien a una moda snob que ha surgido entre
los nuevos ejecutivos y directivos de nueva hornada, que a una realidad cierta y objeti-va. Y tal como dice el dicho, “cuando el río suena es porque agua lleva”, y es cierto que por todos lados se multiplican ahora las conferencias, congresos y debates donde esto se está poniendo sobre la mesa. Pero se hace necesario llegar a la raíz del asunto para que todo esto llegue a buen puerto. Tener talento es algo muy diferente a tener habilidades o facultades, y hay que decir la verdad, muy poca gente tiene realmente talento, un talento que se precie de ello, que sea sublime, que sea elevado. No hay que confundir diciendo que todo el mundo tiene talento. Esa forma de vender el talen-to es talen-todo un engaño. El talentalen-to es algo bien escaso, pero no por ello se ha de menospre-ciar o dejar de lado las habilidades y facul-tades, las cuales hay que tener muy en cuenta, pues son en realidad las más habi-tuales y comunes entre la mayoría de los seres humano. Y es aquí donde el Coaching,