1. Análisis literario de las perícopas Mc 10, 13-16; Mt 19, 13-15; Lc 18, 15-17 y
1.3. El sentido social de Lucas a partir de los niños (18, 15-17)
1.3.2. Una promesa que parte desde una condición
Lucas ubica la perícopa en el viaje de Jesús hacia Jerusalén y a ello le dedica 10 capítulos de su obra, de esta manera quiere explicar la importancia que tiene todo este conjunto. Veamos el punto de llegada que desea dar a conocer Lucas en todos estos capítulos: “el elemento que da unidad a esta sección son las repetidas menciones de Jerusalén como meta del camino que Jesús recorre con sus discípulos”72. Se refiere al camino constante de la
vida del discípulo y de la comunidad que tienen que recorrer en su diario devenir. El Reino de Dios no se trata, para Guijarro, de una espera del Reino o de su irrupción en el futuro, sino su manifestación definitiva73: la presencia de Jesús.
Si la vida del discípulo está centrada en vivir la manifestación del Reino y cómo aquélla influye en la vida comunitaria, entonces su vida debe partir de la humildad, acogida,
69 Op. Cit. Fernández, 54.
70 Valensin, Hubby, Evangelio según San Lucas, 305. 71 Ibíd. 305.
72 Op. Cit. Guijarro, 380. 73 Ibíd. 384.
confianza, apertura de corazón, al Reino que es Jesús. Es una promesa ya cumplida, sin embargo, hay que ser conscientes de ese regalo ya dado. Es así que podemos decir que la perícopa tienen connotación decisiva y no explicativa, en cuanto que es: “…un nuevo sentido para la vida, un nuevo ser en Dios. Quizá la comunidad lucana entera se complacía en aplicarse así misma el título de niños de pecho, términos que Lucas aplica a Jesús en los relatos de la infancia.”74 Esta mirada que da Francois nos permite entender con claridad que
el ser como niños se trata de un estilo de vida que debe tener la comunidad entera con una nueva mirada en Dios.
Marlé citando a Bultman nos dice que: “el ser del hombre no es, pues, un ser entre los otros, sino como aquel por quien y en quien el ser, en cuanto tal, es puesto en cuestión (…) queremos entender que el ser del hombre es un poder ser.”75 Si tomamos esta mirada unida
a la de Bovon que nos dice que el discípulo es “un nuevo ser en Dios”, esto implica que el seguidor de Jesús debe dejarse transformar por el ser de Jesús, para ser en Él un nuevo ser, ser como niño.
La condición de ser como niños para Lucas es ser humilde. En el capítulo 17 hace referencia al servir con humildad. En la parábola del fariseo y el publicano (Lc. 18, 9-14), nos dice que la humildad nace de sentirse uno perdonado. También, la perspectiva del ser como niños es una obediencia plena y absoluta a escuchar el propio interior y actuar coherentemente con lo que se vive. El ser como niño es aprender a abrir el corazón a Dios que sintiéndose acogido como un hijo por su padre (Lc. 15, 11-31) entra en conexión con el Dios de la vida para pedir perdón como lo hace un niño. El tipo de maestro que da a conocer el evangelista es un maestro que enseña a partir de lo que sucede en la vida cotidiana.
Si éstas son las condiciones para seguir el camino de Jesús y entrar en el Reino de Dios, se pueden perfectamente aplicar estas condiciones para el ingreso a la comunidad que quiere Lucas dar a conocer. La meta no se puede perder de vista, el Reino, porque en sí mismo es signo de trascendencia.
74 Op. Cit. Bovon, 277.
Silvano Fausti por su parte, nos dice que este pasaje se refiere a una “…catequesis completa sobre la vida filial, casi como un comentario a las diferentes peticiones del Padre nuestro. Aquí se llega al fondo: con qué condiciones el hombre puede decir “Abbá”76. Por tanto, Lucas la fidelidad la coloca en términos de hijos, de considerarse sus hijos, la procedencia es de Él y a Él se tiende. Es así que el autor quiere penetrar en lo profundo del “ser” y anhela que las personas a quienes se dirige se compenetren con el sentido profundo de lo que significa caminar con el Hijo sintiéndose hijos de Dios. Si el ser hijos constituye este vínculo, “sólo de este modo puede ser regenerado para una vida nueva”77, para una
transformación y para vivir el Reino de Dios.
El ser hijos requiere confianza en el progenitor, porque “el niño no posee nada ni siquiera se poseen a sí mismos. Todo lo que tienen y son es un don que reciben”78. Si la enseñanza
va dirigida a los discípulos, otra vez Fausti, apunta al ser, y si somos don de Dios Padre, es necesario mirar en las entrañas el ser del Padre que reside dentro de cada uno. Pero ¿para qué esta confianza? Si recordamos que es a Jerusalén a donde caminan, es una confianza escatológica de salvación y, por qué no decirlo, de resurrección. Así como lo dice Pablo en sus cartas: “sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también nos resucitará con Jesús y nos presentará ante Él junto con vosotros” (2Cor. 4, 14).
Si éste es el sentido de la condición, es un llamado a la equidad, que desde una mirada social, se presenta como una invitación a tener los ojos puestos en el débil de la comunidad, en el que es poco mirado, en el que no es considerado parte del pueblo, en los que no tienen nada y no poseen nada. El tener esa mirada de justicia, es tener una mirada a ser como ellos, porque en ellos no sólo está la salvación futura, sino que es una construcción presente que ya es eficaz y debe ser eficaz en la comunidad. Sólo así se constituye en buena noticia:
“he venido a proclamar el año de gracia” (Lc 4, 19).
Desde una perspectiva teológica podemos concluir con este recorrido de Lucas en decir que: el Reino de Dios acontece en toda persona, “el mensaje del Reino de Dios se dirige a
todas las personas de todas las capas sociales”79, que siguiendo a Jesús se abren a su mirada
76 Fausti, Una comunidad lee el evangelio de Lucas, 603. 77 Ibíd. 603.
78 Ibíd. 603.
y se dejan permear por la acción de Dios en su interior para transformar la realidad. Por tanto, si Dios Padre tiene un acercamiento que se muestra en la epifanía, también el ser humano se debe acercar al Él. De la misma manera que es presentado Jesús en templo, presentan a Jesús unos niños pequeños. Lo importante es estar con Él y en esa estadía dejarse guiar, pues quien guía es Jesús como el timonel que lleva la barca, y en esa estadía viene como don la salvación.
“Simeón acogió a Jesús en sus brazos a Jesús niño y vio así la salvación prometida
(2, 25-35). Jesús acoge a los niños y les asegura el reino de Dios (18, 15-17). En este doble movimiento de acogida actúa la economía divina y su feliz realización: Dios viene a nosotros y nosotros vamos a Él.”80