Por Charles
Después de que Frances y yo recibimos el bautismo en el Espíritu Santo, estábamos compartiendo el evangelio en Indiana. En ese tiempo Frances era la única predicadora en nuestra familia y yo era un Contador Público. Ella vio, sin embargo, que yo tenía la oportunidad de compartir un pequeño testimonio en cada servicio donde ella predicaba.
En esta reunión empecé a compartir mi testimonio usual de tres minutos, cuando una unción tremenda del Espíritu Santo cayó sobre mí, y por cerca de una hora, pasajes bíblicos e “hilos de oro” de la palabra de Dios fluyeron de mí. El mensaje fue tan divinamente ungido, que aún los niños estuvieron atentos, sin moverse, fue un acto sobrenatural de Dios.
Dos sillas estaban a mi izquierda, a un lado del púlpito; Frances estaba en una y la otra estaba vacía. El Pastor estaba sentado en la banca de enfrente, con su esposa. Frances estaba maravillada mientras observaba la forma en que la unción poderosa de Dios estaba cambiando a su esposo.
Después de un tiempo, Frances sintió que la manga de su vestido se movió, por un viento ligero, causado aparentemente por alguien que se había sentado junto a ella. Pensó que era el Pastor, que había venido a recordarle que era ella quien se suponía que debía de hablar, no yo.
Pasaron unos cuantos minutos, cuando alguien haló la manga de su vestido, así que decidió que debía mirar, para saber que era lo que el Pastor deseaba. Al darse vuelta quedó asombrada al descubrir que no era el Pastor; a quien vio sentado junto a ella, tranquilo, con sus brazos en el respaldo de la silla y sus piernas cruzadas, fue a Jesús.
Su forma era claramente visible, pero ¡El era transparente!; un azul suave pero brillante rodeaba todo su ser. Frances dijo: ¡Estaba totalmente anonadada con la presencia de Dios, no podía quitar mis ojos de El!
Jesús miró a Frances, entonces señalo la botella de aceite de olivo que estaba junto al púlpito y dijo, “Ese es el aceite real, porque la unción está sobre el, deja que Charles predique esta noche”. Si usted recuerda, el aceite en el antiguo testamento se relaciona al Espíritu Santo.
Después de haber hablado como una hora, de pronto dejé de hablar y dije: “ustedes han venido para escuchar hablar a Frances esta noche, yo debo callar”. Así que Frances, con la gloria de Dios sobre ella, pronto se puso de
pies, tomó el micrófono y le dijo a la audiencia lo que acababa de suceder y les relató que Jesús había dicho que Charles tenía que hablar, porque la unción estaba sobre el.
Por algunos momentos luché en la carne, mientras comencé a hablar otra vez, pero rápidamente la unción empezó a fluir. ¡Qué noche fue esa!, después del servicio, alguien en la audiencia nos dijo que notaron la lucha por la que pasé cuando traté de empezar otra vez, así que oraron para que la unción regresara. Dijeron que ondas de poder empezaron en la última fila de bancas y avanzaron hacia delante, creciendo a cada momento, hasta que llegaron al púlpito y entonces cayeron sobre mí.
¡Qué noche de gloria y poder! Uno de los hombres en la congregación salió de la iglesia como a las 11 de la noche y fue corriendo por las calles de su pueblo, tocando puertas y diciendo: ¡El Espíritu Santo ha descendido!, ¡Flamas de fuego se reportaron haber sido vistas salir de sus vestiduras!. Después de esto empecé a meditar en la escritura acerca de la unción con aceite y la oración por los enfermos. Dije, “Dios, ¿Porqué necesitamos usar aceite. El cual es solo símbolo del Espíritu Santo, si es que hemos recibido el poder real del Espíritu Santo, por medio del bautismo?, Santiago 5:13-15 está en el nuevo testamento y fue escrito después que los discípulos recibieron el bautismo con el Espíritu Santo.
“¿Esta alguno entre vosotros afligido? Haga oración, ¿Esta alguno alegre? Cante alabanzas, ¿Esta alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia y oren por el, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, les serán perdonados”. (Santiago 5:13-15).
Pensé, “Jesús, antes del día de Pentecostés les dijiste a todos tus discípulos que fueran de dos en dos, y les diste poder sobre los espíritus inmundos. Ellos hicieron lo que les dijiste, y tu palabra dice: “Y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen. Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban”. Marcos 6:12-13.
¿Porqué necesitamos, Señor Jesús, ungir con aceite a los enfermos para sanarlos, si es que tenemos el poder de hacerlo por medio del bautismo del Espíritu Santo?
La razón que me dio es esta: Dios ama a cada Cristiano igualmente. El no ama más a los que han recibido el bautismo en el Espíritu Santo, que a los que aún no han recibido esa dotación de poder prometido. “He aquí yo enviaré la promesa de mi padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén hasta que seáis investidos de poder de lo alto”. Lucas 24:49.
Y como nos ama a todos por igual, desea que tengamos salud y ha provisto una forma para sanarnos, aparte del poder del Espíritu Santo, fluyendo de un creyente lleno del Espíritu Santo, a un cuerpo enfermo. Así que hizo también
provisión para aquellos que le aman y le sirven, para que fueran capaces de pedirle que Jesucristo haga la sanidad.
Jesús dijo en Marcos 16:17-18, “Y estas señales seguirán a LOS que creen:, en mi nombre echaran fuera demonios, hablaran nuevas lenguas (es el bautismo del Espíritu Santo, con la evidencia de hablar en otras lenguas); tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos PONDRAN SUS manos, y sanarán”.
Orar, generalmente es, pedirle a Dios que haga algo. Notemos en la escritura anterior, que Jesús no nos dijo que oráramos, pero si nos dijo que obráramos sanidades por la imposición de manos. Ungimos con aceite cuando se nos pide, porque eso también sana al enfermo, pero personalmente no sentimos que sea necesario una vez que usted ha recibido el bautismo en el Espíritu Santo, porque el poder de Dios, en usted, fluirá de sus manos a los cuerpos enfermos o mentes enfermas, y ese poder efectuará la sanidad. Si aún no ha recibido el bautismo en el Espíritu Santo, ese revestimiento de poder, entonces tiene la autoridad de la palabra de Dios para ¡PEDIRLE A DIOS QUE HAGA LA OBRA POR USTED, y lo hará!
La palabra de Dios nunca puede limitarse a nuestro entendimiento humano, así que debe haber muchos otros medios en que Dios usa la unción con aceite en relación con la sanidad del enfermo. Otros significados, aparte de los que ya le he dicho, pueden serle revelados. ¡Es grandioso!, ¡siempre haga lo que Dios le guía a hacer, porque Dios no siempre lo hace en la forma en que pensamos que debe hacerse!
“…sino que lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte”. 1 Corintios 1:27.
Frances se goza al contar sobre una sanidad que acontece, donde parece utilizar una cosa insignificante para realizar un milagro poderoso.
En un pueblito de Louisiana, varias hermanas pidieron oración por una amiga que tenía cáncer. Habían estado leyendo en Santiago, que los ancianos deben ungirlo con aceite y orar con fe, para recibir sanidad; así que decidieron obedecer la palabra de Dios.
El Pastor no estaba en su oficina en esa ocasión, tampoco había ancianos disponibles.
Así que decidieron que debían de hacer algo, y como no había nadie presente, sintieron que debían funcionar como ancianos. Se detuvieron en una tienda y compraron un galón de aceite para cocinar, luego siguieron su camino, para orar por la enferma.
La mujer enferma estaba en cama, y como la Biblia no dice la cantidad exacta de aceite que se usa al orar por el enfermo, ¡LE VACIARON TODO EL
GALON DE ACEITE A AQUELLA POBRE MUJER, mientras oraban la oración de fe!
Pero Dios honró su fe, y sanó totalmente a la mujer, ¡Gloria al Señor!, realmente, no recomendamos un galón de aceite, pero sí que trajo resultados en este caso.
¡Si usted está teniendo éxito en hacer que los enfermos sanen o sean libertados, en otra forma distinta a la que nosotros recomendamos, gloria al Señor, no se detenga o cambie, siga dejándose dirigir por Dios!
Sin embargo, si no los está sanando a todos, pruebe algunos de los métodos que Dios nos ha dado, y vea si funcionan para usted también.