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Usando cuestionarios en la evaluación del impacto

El uso de medidas cuantitativas para la evaluación psicosocial se considera como una prueba científica en la psicología social para evaluar impactos, actitudes y formas de enfrentar hechos traumáticos. Sin embargo el uso de esos instrumentos se enfrenta a varios problemas que pueden comprometer la validez de sus resul- tados: 1) el nivel de escolarización o características socioculturales de la pobla- ción, que hace que a menudo no sean adecuados por el tipo de categorías que se usan, son de difícil cumplimentación y ofrecen significados diferentes para las personas, con lo cual su nivel de pretendida estandarización resulta poco realista en muchos contextos. 2) la dificultad de usar escalas de medida numérica para evaluar el grado de acuerdo o desacuerdo en poblaciones que no están acostum- bradas a ello. 3) los diferentes sentidos que adquieren en distintas culturas algu- nos sentimientos o reacciones, especialmente a la hora de evaluar su significado. Para la evaluación cuantitativa del impacto de haber dado su testimonio y el gra- do de satisfacción con el informe, así como las actitudes hacia la reconciliación y la reparación, se optó por utilizar tanto algunas medidas cuantitativas pero tam- bién formas de expresión cualitativa por parte de las mujeres a partir de pregun- tas generadoras. La escala estaba adaptada a las mujeres, utilizando un lenguaje preciso y claro para ellas, así como realizando algunos pre-test sobre el grado de comprensión y dificultad que planteaban. Finalmente se optó por la escala que se encuentra en el cuaderno de experiencia (ver anexo).

Las escalas utilizadas incluyen las dimensiones habituales de ese tipo de estu- dios, si bien son simplificadas para facilitar que el ejercicio se pudiera hacer en un tiempo adecuado a la dinámica del taller, así como el nivel de esfuerzo que suponía para las mujeres y el proceso del grupo. Se optó por realizar la actividad como parte del taller de devolución, integrando la repuesta a los cuestionarios en la dinámica del taller de la forma más adecuada posible. Se contó con una persona facilitadora cada 5-7 participantes. El equipo de apoyo de las diferentes regionales se encargó de esa tarea. Previamente fueron instruidas en el uso del cuestionario, clarificando las posibles dudas sobre su contenido. El ejercicio fue dirigido por un coordinador que iba planteando los grupos de preguntas y acla- rando las posibles dudas sobre su significado, de forma sucesiva. De esta manera, de apartado en apartado, los grupos iban rellenando el cuestionario, y se trataba tanto de respetar los ritmos individuales como de seguir un proceso más o menos común en un tiempo compartido. Las dudas que cada persona podía tener sobre el sentido de las preguntas eran aclaradas por parte de la persona que coordinaba el subgrupo.

89 5. La evaluación del impacto de dar su testimonio y de la comisión de la verdad...

A pesar de las dificultades señaladas, la realización del cuestionario fue evaluada como muy positiva por parte de las víctimas. Además de las dificultades prácticas para quien no está acostumbrado a usar preguntas de respuesta de elección múl- tiple, el hecho de pensar sobre los impactos en las mujeres generaba reflexiones sobre los diferentes momentos propuestos en el cuestionario. Es decir, más allá del uso de autoadministración en silencio de un cuestionario para obtener resul- tados específicos, las respuestas a las preguntas generaban múltiples preguntas o ideas sobre las posibles respuestas, la que sería más adecuada al sentir de cada quien, y el recuerdo de situaciones vividas durante la toma de testimonios y en la actualidad.

La administración del cuestionario suponía diferenciar dos momentos clave a partir de una memoria retrospectiva. El momento de dar el testimonio y la actua- lidad. Quien coordinaba el ejercicio hacía énfasis en los dos momentos de forme reiterada y separada. Volver al escenario de dar el testimonio reactivaba también memorias dolorosas sobre el proceso, los hechos o lo que significó hablar con la entrevistadora. Al centrarse en ese pasado se trataba de recoger las vivencias de ese momento, a pesar de que al inicio muchas mujeres no querían volver a recor- dar, haciendo énfasis en el sentido de esta evaluación comparativa.

Por otra parte, la diferenciación de dos momentos distintos también ayudó a to- mar conciencia de los cambios personales y la manera en cómo se encuentran ahora. Ese ejercicio, si bien estaba dirigido por el contenido del cuestionario, ayudó a tener una visión más clara de sí mismas, de las similitudes y diferencias con el momento de dar su testimonio, e incluso las distincionesferencias entre las mujeres, y dio pie a numerosas reflexiones en los grupos después de que se había contestado el cuestionario.

Esta forma de trabajo con apoyo grupal, espacio para la expresión individual y aclaraciones sobre la situación antes/ahora o circunstancias que se dieron du- rante la toma de testimonios y la reflexión sobre el nivel de malestar o afecta- ción actual, fue muy positivo. Aumentó la claridad de la tarea y la eficacia de la evaluación, tanto desde el punto de vista del contenido (grado y fiabilidad de la información obtenida) como del proceso (adecuación a las mujeres y a la forma de trabajo colectivo y sus propios contextos).

Los resultados de este proceso muestran en general un impacto positivo de dar el testimonio en el proyecto de Comisión de las mujeres, resultado que se dio en un contexto de comprensión y acompañamiento que no tuvieron en otras ocasiones.

Noté un contraste grande entre lo que significó el impacto del antes y el

después. El antes es marcado más por la tristeza y el miedo, y el ahora con un poco más de tranquilidad y esperanza. Además diferenciaron lo

que significó darles el testimonio a las autoridades judiciales y el tes- timonio que le dieron a la Ruta. Mucho más traumático y solitario el primero, y ellas se sintieron acompañadas por la Ruta en el segundo. Amistaviento, Bogotá.