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Utilidad del autorretrato en la docencia

In document Autorretrato: la mirada interior (página 179-183)

CAPÍTULO V: CONCLUSIONES

5.5. Utilidad del autorretrato en la docencia

La sola disposición de querer conocer la realidad de las cosas, aunque ésta no sea agradable, representa ya un enorme paso adelante en el proceso de maduración personal para llegar a ser verdaderamente libres. No podemos olvidar que lo que hace realmente libre al hombre es el conocimiento de la verdad, mientras que ignorancia y error se la arrebatan en parte y lo esclavizan.

El interés que pueda tener la utilización de este método en la docencia de las Bellas Artes, se sustenta en el afán de aprender a discriminar la realidad.

Se trataría de un ejercicio para llevar a cabo cuando ya se tenga un cierto dominio de las técnicas propias del autorretrato —podría ser durante el máster—, realizando un autorretrato cuyo objetivo fundamental fuera el de darse a conocer tal como cada uno sabe que es por dentro. Buena parte del éxito de dicha prueba sería su capacidad para que los demás llegaran a conocer la personalidad de su autor al contemplarlo. Indudablemente, si se alcanzara esta meta, también se habría alcanzado la de conocerse mejor a sí mismo, que es otra de las hipótesis de esta tesis.

Buena parte del trabajo universitario gira en torno a la búsqueda de la verdad, y a su conocimiento se lo denomina sabiduría. Puesto que sólo el conocimiento que se fundamenta en la verdad puede llamarse sabiduría, la

140 Se trata de un puro clavado en la pared. Lo que parece una piedrecita azul encajada entre las piedras no es otra cosa que la ceniza del extremo del puro.

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primera llave que abre la puerta de acceso a la sabiduría es la verdad sobre nosotros mismos: Nosce te ipsum.

Los condicionantes que pueden influir de forma apreciable en la fiabilidad y eficacia de este método de auto-conocimiento se reducen a las destrezas técnicas y artísticas básicas para ser capaces de representar, de forma gráfica, la imagen que se tiene de sí mismo y de la propia manera de ser.

Cuanta mayor habilidad técnica para expresar lo que se quiere, mayor eficacia del método. Lo mismo sucede con una autobiografía: a mayor dominio del lenguaje y del vocabulario, más riqueza de detalles tendrá la imagen que se describe.

Quizás sea posible aplicar este método a muchos tipos de estudiantes, pero aquí nos referimos solamente a alumnos de Bellas Artes, a los que se supone esta habilidad técnica o, al menos, la posibilidad de llegar a adquirirla.

Aunque cada persona crea que se conoce perfectamente —si no a nivel psicológico, sí a nivel epidérmico o físico—, en la mayoría de los casos dicho conocimiento es muy superficial. Con frecuencia no sabemos siquiera si nuestra nariz es más o menos larga o ancha, o si la separación entre nuestros ojos es mayor o menor, o si nuestros labios ocupan doble anchura que la nariz o no. Incluso podemos encontrar personas que no saben siquiera cuál es el color de sus ojos. En resumen, a pesar de que cada día nos veamos en el espejo, podemos seguir siendo auténticos desconocidos para nosotros mismos, incluidos aquellos aspectos más fácilmente observables de nuestra fisonomía.

Cuando un pintor ha terminado su autorretrato, cuando piensa que ha expuesto sobre el lienzo su forma de conocerse, necesita de los demás para confirmar la apreciación que ha hecho de sí mismo. Al contrastar la propia percepción con la que tienen los demás sobre nosotros, se establece una base fiable para alcanzar un conocimiento objetivo de nosotros mismos. Conocer mejor cómo es uno mismo significa alcanzar la meta más importante del saber, propia del quehacer universitario en la búsqueda de la

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verdadaplicado a la propia existencia: conocerse a sí mismo.

Como en cualquiera de las demás formas de expresión del ser humano, partimos de la hipótesis de que en toda obra artística se manifiesta con un lenguaje característico la personalidad de su autor, pues ninguna obra

refleja directamente la realidad, sino otra imagen interna del artista141.

La clave fundamental está en conocer el lenguaje que el pintor utiliza al exponer la imagen de sí mismo. En el autorretrato coinciden pintor y modelo; utilizan idéntico idioma. Basta saber leerlo para conocer cómo es. Si el autorretrato permite a su autor que se conozca mejor, es porque le habla en su propio idioma. Es el propio autor quien posee todos los datos y puede articularlos para mejorar su conocimiento personal de modo objetivo. En cambio, para un espectador ajeno, siempre sigue existiendo un grado de impenetrabilidad al que no le es posible acceder. Este margen entre autor y espectador constituye un más que suficiente margen de privacidad para la intimidad del autorretratado.

A la vista de este hecho, se puede dar validez a la posibilidad de que, mediante el ejercicio del autorretrato, sea posible tanto darse a conocer al espectador como que el autor llegue a conocerse mejor a sí mismo.

Después de pintar un autorretrato, la mejora que se experimenta en el conocimiento propio es parecida a la de quien escucha una canción sin conocer el idioma, o de quien la oye conociéndolo. El primero goza sólo de la música. El segundo disfruta de la música y de la letra, y de su conjunción obtiene un conocimiento mayor aún que el de la simple suma de los dos.

Junto con la capacidad de conocerse, también aumenta la capacidad de influir sobre la propia forma de ser y, gracias a ello, en la medida en que uno se conoce mejor, puede ser más dueño de sí mismo.

Visto de esta forma, no está tan lejos del autorretrato la consideración de la propia vida como una obra de arte. Al asumirla como proyecto se hace posible llegar a ser la persona que pretendemos ser. Sólo así es posible

141 VESCOVO, M., En Catálogo de la exposición Modigliani, Sala de Exposiciones de la Caja de Pensiones, Madrid, 1983.

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conseguir que el hacer vaya cambiando la manera de ser y lograr que nuestra imagen refleje con fidelidad aquello que uno es.

De igual manera que en un autorretrato se pinta la imagen con pinceladas, a lo largo de la vida cada uno va pintando su imagen en el rostro con su manera de vivir.

La más reveladora de todas las historias humanas es la que está descrita en el rostro de un hombre. Un hombre no es sólo un momento en el tiempo —puro presente—, pues la vida de cada persona es el resultado de los muchos momentos que, durante un tiempo más o menos dilatado, le ha tocado vivir. Bajo este punto de vista, el autorretrato no es ya un rostro como representación, sino como resultado: lo que el autor es, como emanación de aquello que ha sido.

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