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Utilizar la crisis creada por la guerra para derrocar a la burguesía

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comienzos de 1917, en vísperas del estallido de la Revolución Ru- sa, comenzaba a verse con claridad el realismo del pronóstico de que la guerra imperialista engendraría la revolución proletaria europea. No sólo en Rusia; también en Francia y Alemania se re- gistraban revueltas de soldados y manifestaciones contra la gue- rra. El escritor Curzio Malaparte describe así la situación: "Al principio de 1917, hechos de una gravedad excepcional ocurrían en todos los ejércitos combatientes de Europa. Los pronunciamientos, las revueltas, los actos de insubordinación colectiva se habían vuelto frecuentes. En Francia como en Alemania y en Austria, en Rusia como en Italia, el pueblo de las trincheras daba signos de fatiga e intolerancia. La amenaza de los más graves castigos no alcanzaba a poner freno a las deserciones. Batallones enteros se negaban a volver a las líneas". La movilización contra la guerra en todos los países co- menzaba a tomar tal amplitud que algunos historiadores sugieren que Esta- dos Unidos entró en guerra, en abril de 1917, para impedir que el empanta- namiento entre los dos bloques beligerantes llevara a Europa, como ya por entonces había llevado a Rusia, por el camino de la revolución.

Es lo que había previsto la "Resolución sobre la guerra y el militarismo", apro- bada en el Congreso de la Internacional Socialista realizado en Stuttgart en 1907. La resolución caracterizaba la guerra próxima como imperialista, y anti- cipaba que la consecuencia de esa guerra – que la burguesía pretendía utili- zar como un arma contra la revolución– sería, precisamente, la revolución. Planteaba que la tarea de los socialistas era utilizar la crisis provocada por la guerra para movilizar a las masas por el derrocamiento de la burguesía. La resolución de 1907 – que cinco años más tarde reproducirá, en lo esen- cial, la resolución de otro Congreso de la Internacional Socialista, esta vez reunido en Basilea– sentó las bases para la política de los revolucionarios frente a la guerra imperialista.

Inmediatamente después del Congreso, en el informe que presentó a los socialistas rusos, Lenin señalaba que el acierto político de la resolución adop- tada era su énfasis en que "la lucha debe consistir (…) no simplemente en re- emplazar la guerra por la paz. Lo esencial no es solamente prevenir la gue- rra sino utilizar la crisis creada por la guerra para acelerar el derrocamiento de la burguesía". En esta observación está contenida toda la política de Le- nin frente a la guerra imperialista.

Contradictoriamente, el Congreso que aprobó esa resolución no estaba dominado por el ala revolucionaria de la II Internacional. En Stuttgart, la tendencia oportunista que se había desarrollado en el seno de la socialde-

mocracia se presentó con una enorme fuerza. Esto quedó en evidencia en varios debates, en particular cuando se trató la cuestión colonial. A dife- rencia de todos los congresos anteriores, que habían condenado frontal- mente el colonialismo, la resolución aprobada por la comisión respectiva señalaba que "bajo el socialismo, la política colonial puede jugar un papel civilizador". En el plenario del Congreso, esta resolución fue rechazada por un margen muy estrecho, luego de un acalorado debate.

¿Cómo pudo entonces este Congreso aprobar una resolución revolucio- naria sobre la guerra?

En las discusiones, los dos principales bloques políticos del Congreso (los partidos alemán y francés) reivindicaban el principio de la "defensa de la pa- tria" en una "guerra defensiva". Pero en la guerra imperialista que se aveci- naba, los socialistas no podían considerar "agredido" a ninguno de los ban- dos: ya ninguno luchaba por la formación de los Estados nacionales sino por la opresión nacional de las colonias y un nuevo reparto de los mercados en- tre monopolios y Estados rivales.

La contradicción entre los dos bloques (la defensa de la "patria" francesa sólo podía realizarse a expensas de la “patria” alemana y viceversa) permitió que el ala izquierda, que era absolutamente minoritaria en el Congreso, lo- grara hacer aprobar una serie de enmiendas. Esas enmiendas, defendidas en la comisión redactora por Rosa Luxemburgo en representación de los socia- listas de Rusia y Polonia (que constituían el ala izquierda) y redactadas en conjunto con Lenin, dieron el carácter de la resolución contra la guerra. (Las enmiendas presentadas por Luxemburgo e incorporadas en la redacción fi- nal se presentan diferenciadas en bastardilla.)

En el partido alemán, el más importante de la Internacional, la principal figura política era August Bebel, uno de los fundadores y constructores de la socialdemocracia alemana y de la II Internacional. Tornero de profesión, Be- bel dirigió la gran obra de construcción del socialismo alemán a fines del si- glo XIX; consecuencia de esa actividad, sufrió numerosos encarcelamientos. Fue, según Lenin, "el modelo de líder obrero (...) en el período en que el pro- letariado se prepara y reúne fuerzas".

En su intervención sobre la resolución acerca de la guerra en el Congreso de Stuttgart, Bebel advierte a la burguesía de que la guerra llevará a la revolución. Pero, por sobre todo, celebra la tarea realizada por la socialdemocracia al orga- nizar y educar a millones de trabajadores. La conquista que reivindica orgullo- samente Bebel muestra el grandioso trabajo de organización realizado por la so- cialdemocracia (alemana e internacional) antes de la guerra; pero muestra, tam- bién, la envergadura de la traición de sus direcciones que llevarían a ese enor- me y disciplinado ejército obrero a respaldar a sus respectivas burguesías en la guerra imperialista. Bebel murió en 1913, antes del estallido de la contienda.

El Congreso de 1907 delinea la fractura que sufriría el movimiento socia- lista al estallar la guerra. Mientras el texto aprobado sienta las bases de la po- lítica revolucionaria ante ella, las posiciones de los dos partidos mayoritarios anticipaban su pasaje al campo de sus respectivas burguesías imperialistas.