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Una valoración final de la traducción de Lutz Kliche

Casos ejemplares de adiciones textuales

3.5 Una valoración final de la traducción de Lutz Kliche

En esta ocasión, quiero citar otra vez a Valentín García Yebra con su célebre frase sobre los puntos claves de una buena traducción:

La regla de oro para toda traducción es, a mi juicio, decir todo lo que dice el original, no decir nada que el original no diga, y decirlo todo con la corrección y naturalidad que permita la lengua a la que se traduce. (García Yebra, 1989: 45)

Por una parte, podemos hablar de reglas éticas, es decir, sobre la lealtad o fidelidad frente al TO como entidad (“decir todo – no decir nada que [...] no diga”) y, por otra parte, tocamos aspectos meramente lingüísticos que se refieren a la traslación correcta en todos los planos lingüísticos y la idiomaticidad adecuada (“corrección y naturalidad”).

Como fundamento para cumplir este reto me parece esencial el respeto y la estimación de quienes traducen profesionalmente hacia el autor o la autora y su obra, su cultura, sus convicciones e ideas socio-políticas, religiosas, etcétera. Conservar la neutralidad es lo mínimo, pero en realidad es demasiado poco. Puesto que el acto de la traducción es un proceso creativo, que produce un nuevo texto con nueva materia fonética, la ideología, la propia tendencia política o religiosa y la opinión hacia ciertos fenómenos sociales tienen una influencia fundamental en la traducción, si bien posiblemente inconsciente. En consecuencia, la elección de un traductor concreto es una decisión esencial por parte de la editorial, porque dado que muchas veces existe una amplia gama de posibles soluciones ya el menor matiz de falta de esmero y diligencia puede suponer una mala o por lo menos débil traducción.

En resumen, considero que Lutz Kliche rompió esta regla de oro de García Yebra en varios niveles. Según los resultados de mi investigación comparativa él no cumple el requisito de la lealtad porque, por un lado, quita una enormidad de frases o hasta párrafos o páginas completos lo que significa para mí un pecado imperdonable y, por otro lado, inventa a veces frases completas o añade sintagmas sin necesidad. Además, no siempre respeta la organización formal del texto, a saber, los párrafos o la puntuación, pero como ya he mencionado, ambos pueden ser recursos para controlar el flujo del texto y para maniobrar la atención del lector dando un cierto ritmo intencionado a la lectura. Aparte de eso, L. Kliche falta a su deber de conservar el carácter y la calidad lingüística y artística del

TO, porque a menudo no consigue lograr una traducción equivalente y adecuada, –bien sea la equivalencia comunicativa bien la equivalencia estilística. En concreto, no siempre logra trasladar a la LM la diferencia lingüística entre el mundo moderno de Lavinia y el mundo mágico de Itzá, sobre todo a causa de una falta de sensibilidad estilística. También en algunos discursos directos con sus típicas expresiones coloquiales y efectos pragmalingüísticos se observa una discrepancia entre el TO y el TM en lo que se refiere al registro y al estilo.

De todas maneras, ya la omisión casi sistemática de frases y párrafos acompañada por una pérdida no cualificable de información esencial con respecto al contenido y las cualidades artísticas inherentes significa una lesión inexcusable por parte del traductor Lutz Kliche de reglas fundamentales. Lo que queda por dilucidar es si había un encargo por parte de la editorial o si fue únicamente decisión del traductor.

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Conclusión

Como lectora exigente que disfruta de una lectura de nivel superior que brinda formulaciones elegantes y poéticas, metáforas plásticas y sorprendentes, juegos de palabras inteligentes, un contenido comprometido que invita a la reflexión y a sumergirse más profundamente en el tema, exijo lo mismo de traductoras y traductores de obras literarias. Sostengo la opinión de que la traducción de obras literarias de nivel superior representa una obligación enorme para los traductores. No hablamos de novelas amorosas “ligeras” o novelas policíacas que solo sirven para pasar un buen rato, sino de literatura con mayúscula, bien sea contemporánea bien clásica.

Con el presente trabajo, nacido de una vaga sensación de que la traducción alemana no cumplía la función del texto de partida, me he cercionado de que la versión de L. Kliche no es adecuada y fiel al original, y de una manera tan llamativa y con tales errores e inadecuaciones que, a mi entender, significa en realidad lacerar la reputación de la autora Gioconda Belli. Pero la realidad es que los escritores deben fiarse de la profesionalidad de quienes traducen por encargo de la editorial pues casi nunca tienen la posibilidad, es decir, la capacidad lingüística, de controlar una traducción (como hace Umberto Eco en algunos idiomas que habla casi perfectamente).

En mi opinión, es evidente que en el caso de la obra Bewohnte Frau no hubo un control de calidad eficaz, pero, como Melanie Pollmanns mencionó, es fundamental que otra persona profesional y competente en el ámbito correspondiente acompañe el proceso de traducción reflexionando y discutiendo las soluciones posibles. Cierto que una traducción realizada de tal forma cuesta mucho más que una rápida traducción realizada por un solo traductor, pero como lectores exigentes que somos exigimos la máxima calidad y tenemos que estar dispuestos a pagar más por una traducción que pasó varias etapas de control de calidad.

Naturalmente se debe admitir que una mala traducción literaria no produce graves consecuencias ni en la sociedad ni en individuos en particular, en primera línea le hace un mal servicio a la autora o al autor disminuyendo quizás las cifras de venta. Pero, ¿para qué serviría entonces una obra más en la lengua de llegada puesto que el panorama de libros

nos brinda cada año nuevas obras literarias de alto nivel también en nuestro idioma? En mi opinión, solo las particularidades de la lengua de origen y de la cultura de partida más la habilidad artística individual por parte de la autora o del autor justifican una traducción para lectores extranjeros, y si estas cualidades no se conservan, no vale la pena.

Con el presente trabajo he intentado presentar las teorías válidas, tanto modernas como históricas, y los aspectos prácticos más importantes con referencia a cuestiones traslativas y su aplicación a cuestiones concretas. Me he centrado principalmente en la traducción literaria con especial enfoque en La mujer habitada, lo que se refleja por supuesto tanto en los aspectos teóricos y prácticos y los fenómenos discutidos como en la mayoría de los ejemplos que extraje de La mujer habitada. No obstante, espero haber contribuido a hacer comprensibles las implicaciones y los problemas generales a la hora de traducir obras literarias y mostrar estrategias y un acceso sistemático para identificar y valorar modificaciones problemáticas por un lado, y, por otro, para no caer también en las muchas trampas traslativas.

En resumen, el análisis sistemático de la traducción de Lutz Kliche (desgraciadamente la única en alemán), me produjo una gran decepción y, en gran parte, no se corresponde a la magnífica obra de Gioconda Belli, pero por otra parte se me abrió un complejo y fascinante mundo lingüístico que me hizo comprender las múltiples facetas de la traducción literaria y a la vez los métodos y las estrategias concretos para poder solucionar la mayoría de los problemas que surjan.

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Bibliografía