2. PRESCRIPCIONES DE UN COMPORTAMIENTO IDEAL
2.2 Valores y actitudes que distinguían a las clases dominantes
A medida que se señalan estas contradicciones y de acuerdo a los propósitos de la revista, se van imponiendo imaginarios que configuran la identidad de las clases sociales altas, es así que durante este proceso "los cachacos consiguen el control de las reglas del buen hablar, al que siguen otros en cadena: la suave imposición de gustos, modas y sensibilidades […] y la ulterior definición de los principios de autocontrol individual"172
Más específicamente, según los imaginarios sociales de la época, la moderación, la austeridad, el enmascaramiento y la mesura no solo en cuanto al manejo del dinero sino también en cuanto el trato con los demás, eran un signo de distinción social, ya que, con tal de aparentar generosidad, amabilidad y solvencia económica a la hora de invitar a
170_____”El cuadro de los locos”318-320 171
_____”El cuadro de los locos” 318-320
172 Marco Palacios.
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comer a alguien extraño a la casa, aunque se sintiera lo contrario por ser imprevista y ocasional la visita, eso constituía un rasgo de mayor status social.
Otro rasgo importante del comportamiento ideal que buscan prescribir los autores de los cuadros de costumbres, se evidencia en el siguiente fragmento: “Que Justina haya sido lujosa, no importa. Eso lo hacía necesario su constante exhibición: su necesidad de parecer bella delante de sus admiradores. Mi novia Justina está en escena i seria
crueldad exijir al sol que no brillara”173 a partir de esta cita se puede deducir que la
escenificación de un comportamiento174 de delicadeza y galanura, o la intención de interpretar o mostrar y exhibir éste papel ante el resto de la sociedad, sus espectadores, hace parte de los requisitos para figurar y destacarse como una persona de la alta sociedad.
Dicha sentencia fue elaborada por Juan Clímaco Arbeláez, un militar antioqueño nacido en San Vicente en 1844, que se desempeñó como diputado a la asamblea y representante al congreso del departamento de Antioquia, además como colaborador del periódico La Ilustración, dirigido desde 1870 por el escritor, editor, periodista y político conservador Manuel María Madiedo y como hermano del arzobispo de Bogotá Vicente Arbeláez se lo puede ubicar como uno de los escritores de la nación católica, los cuales defendieron de manera sistemática el legado cultural de la Iglesia y de España en Colombia. Como lo señala Gilberto Loaiza, estos intelectuales conservadores en general
“privilegiaron la potestad eclesiástica sobre la potestad civil, otorgaron autoridad a la iglesia católica para ejercer censura en lo relacionado con la producción y circulación de impresos, tuvieron la intención de adjudicarle a esta institución el control del sistema educativo, como la mejor garantía de la difusión exclusiva de un discurso moral y exaltaron la figura del sacerdote católico como elemento regulador de la vida pública”175
Como instrumentos para la guía, modelación y normalización del comportamiento, valores como la cortesía y la afabilidad son otros elementos que se prescriben como
173Juan Clímaco Arbeláez “Justina” en El mosaico: miscelánea de literatura, ciencias i música. Vol. 1
núm.14. (1859, 26 de marzo).125-127
174
Concepto desarrollado por Max Hering en:“La limpieza de sangre. Problemas de interpretación: acercamientos históricos y metodológicos” Historia crítica, N° 45. (Septiembre-diciembre 2011) 175
Gilberto Loaiza Cano “Los escritores de la nación católica. (Colombia, 1857-1886)” Medellín, Lectiva 22 (Diciembre de 2012).95
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pertenecientes a las clases dominantes y por consiguiente también se conciben como herramientas que convalidan la formación del orden simbólico que quieren representar el grupo de los letrados.,
En este sentido, cualquier invitado en una fiesta debe ser tratado indispensablemente de forma amable y cordial, más específicamente, en el caso del cuadro de costumbres “un baile de tono en mi pueblo” la manera en que las clases altas asumen estos valores se refleja en las siguientes reacciones emitidas por parte del esposo de una señora con la que nadie se ofrece a bailar en una fiesta, “Vámonos, Rudencida, que este no es lugar
para nosotros, pues entre la común jentalla no se conoce la urbanidad”176 Apelar a la
urbanidad en este contexto permite pensar, como lo señala Julio Arias que:, “la estetización de la vida social, originada desde la cortesanía y urbanidad decimonónicas, instituyó formas de distinción social que debían ser reconocidas por todos. El adecuado desenvolvimiento en la vida social, siguiendo una cuidadosa gramática corporal, distinguía a los notables y gentiles hombres sobre el resto de la población”177
Desde la posición autocrítica e irónica que asumieron algunos escritores costumbristas con respecto a las normas de protocolo y etiqueta que ellos mismos adoptaban, una sencilla invitación para bailar entre las gentes de buen tono, (pues para ellos esto si representa una situación de extrema gravedad, que requiere de la más alta diplomacia),
se describe satíricamente con las siguientes palabras “Sirvase usted de dignarse en
favorecerme con su complacida acquiesencia para la pieza que están tocando, dijo un
dandi del lugar”178.
Un escritor caracterizado por sus contemporáneos como un liberal moderado nacido en 1836, perteneciente a una familia culta y distinguida de Bogotá, dotado con el don de ingenio propio de los habitantes de esta ciudad y quien publicó un único libro compuesto por una compilación de escenas de la vida bogotana, que parodiaba la intención de esta sociedad por llevar una vida aristocrática,179 como Ricardo Silva
176________, “Un baile de tono en mi pueblo” en
El mosaico: miscelánea de literatura, ciencias i música. Vol. 3. Núm. 35.(1859, 27 de agosto). 279-281
177
Julio Arias. Naciónydiferencia..32
178
________, “Un baile de tono en mi pueblo”279-281
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Ricardo Silva Romero. Mapa de Bogotá. Textos sobre la ciudad.(Bogotá, Biblioteca digital de la ciudad, 2013)
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describe de la siguiente manera cómo las reverencias, homenajes y formalidades se tenían que mostrar y mantener incluso en los momentos más tensos de angustia y de enfermedad.
“Por fin el señor Ministro i su señora, se levantaron, yo respiré, les hice mil cortesías, díjeles que Carolina estaba indispuesta, i ya me prometía, si no la tranquilidad ese día, al menos el evitarme estar haciendo venias i cumplidos cuando las contrariedades me tenían enfermo”180
Por último, la jovialidad, el ingenio y el buen humor también hacen parte de los elementos con los que se busca distinguir el comportamiento de las clases sociales altas. En el cuadro de costumbres “conversación a bordo” que relata la historia de un hombre joven que a pesar de que hizo carrera política y se destacaba en las sesiones por su expresividad, normalmente al intentar hablarle a una mujer que le gustaba, se quedaba mudo frente a ella, las cualidades anteriormente mencionadas, se reflejan de la siguiente
manera: “entré al jardín, saludé con galantería, tomé asiento i empezé a hablar con tanto
despejo como si estuviera en el congreso. Aquella noche estaba en chispa; me venían
felices alusiones, chistosas ocurrencias, anécdotas divertidas”181
En conclusión, los guiones culturales de mediados del siglo XIX que sirven de fondo a las conductas de las clases dominantes, cristalizan la diferenciación por un lado entre el pueblo bárbaro, burdo, pobre, ignorante, predispuesto a las pasiones y al descontrol en los actos públicos, y por otro lado la élite, a la que los códigos culturales de la época los conducían a autorepresentarse como los más civilizados, controlados, ilustrados y recatados, pues en las actividades sociales y en contra de su voluntad, se les exigía la contención, racionalización y represión de sus instintos e impulsos.
2.3 Comportamientos prescritos en relación con la familia y al matrimonio justificados,