• No se han encontrado resultados

Los cuadros de costumbres de el mosaico como forma de autorepresentación y legitimación del poder de los letrados del siglo XIX

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2017

Share "Los cuadros de costumbres de el mosaico como forma de autorepresentación y legitimación del poder de los letrados del siglo XIX"

Copied!
117
0
0

Texto completo

(1)

1

LOS CUADROS DE COSTUMBRES DE EL MOSAICO

COMO FORMA DE AUTO -REPRESENTACIÓN Y LEGITIMACIÓN DEL PODER DE LOS LETRADOS DEL SIGLO XIX.

PAULO ESTEBAN CASTAÑEDA PINZÓN

Trabajo de grado para optar el título de historiador

PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES

CARRERA DE HISTORIA BOGOTÁ, D.C

(2)

2

RECTOR DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA

JORGE HUMBERTO PELAÉZ PIEDRAHÍTA S.J

DECANO ACADÉMICO

GERMÁN MEJÍA PAVONY

DIRECTOR DEL DEPARTAMENTO DE HISTORIA

RAFAEL ANTONIO DÍAZ DÍAZ

DIRECTORA DE LA CARRERA DE HISTORIA

SILVIA COGOLLOS AMAYA

DIRECTOR DE TRABAJO DE GRADO

(3)

3

AGRADECIMIENTOS

Agradezco a la profesora Amada Carolina Pérez, por su amable y útil asesoría a lo largo de la elaboración de este trabajo de grado y a mis padres por su compañía y apoyo incondicional.

Dedicado a

Juan Esteban Camacho

Iván Arturo Pinzón

(4)

4

Contenido

INTRODUCCIÓN ... 5

1. SIGNOS EXTERNOS DE DIFERENCIACIÓN DEL STATUS SOCIAL ... 31

1.1 Zonas Urbanas --- 35

1.2 Lenguaje. --- 40

1.3Vestimenta y Descripción Física --- 46

1.4 Viviendas --- 52

1.5 Actividades de Esparcimiento --- 55

1.6 Gusto --- 59

2. PRESCRIPCIONES DE UN COMPORTAMIENTO IDEAL --- 62

2.1 Las contradicciones y conflictos entre la situación socio- económica de Bogotá y la ostentación de las clases altas y emergentes de la época --- 64

2.2 Valores y actitudes que distinguían a las clases dominantes --- 68

2.3 Comportamientos prescritos en relación con la familia y al matrimonio justificados, invalidados y desvalorizados por los escritores costumbristas --- 71

2.4 Roles sociales asignados según su comportamiento a los hombres y mujeres de mediados del siglo XIX --- 76

2.5 La religión como vía para normalizar el comportamiento --- 77

2.6 Los riesgos de transgresión social expresados en las nuevas prácticas de sexualidad de la época --- 80

3. IMAGINARIOS Y PRÁCTICAS DEL SISTEMA SOCIAL Y POLÍTICO DEL SIGLO XIX --- 84

3.1 Honor, Privilegio y Prelación en el Ejercicio Burocrático --- 85

3.2 Definición de la Jerarquización Social a partir de Estructuras Estamentales, Familiares y Etnicas --- 87

3.3 Representatividad Política --- 92

3.4 Opinión Pública --- 95

3.5 Conciencia Pública --- 97

CONCLUSIONES --- 103

(5)

5

INTRODUCCIÓN

I. Planteamiento del Problema

¿En qué se basaba la legitimidad o el derecho para que un sector social gobernara sobre los otros en un período de tiempo y espacio determinados?, y sobre todo ¿qué supuestos garantizaban que este pudiera gestionar la consecución de logros colectivos mejor que otros grupos sociales? Estas preguntas se ubican dentro de la preocupación por establecer cuáles fueron las estrategias, motivaciones y dilemas a partir de las cuales un determinado sector social asumió el reto de cimentar su posición de privilegio.

Por ello el problema de la presente investigación apunta al análisis de los imaginarios y representaciones a través de los cuales los letrados del siglo XIX, construyeron un sistema de relaciones sociales jerarquizadas. Es decir, el objetivo de este trabajo es esclarecer algunos elementos que justificaban la estructura conceptual de la superioridad social, cultural y política de la clase dominante, lo que va unido al problema de la definición de las identidades sociales y geo-culturales. Para tal fin se estudiará más específicamente los cuadros de costumbres que aparecían en la revista El Mosaico, la cual surgió de una tertulia o asociación cultural compuesta por un grupo de letrados tanto conservadores como liberales, que compartían una concepción de lo que consistía

la “alta cultura” y los peligros asociados a la transición de la monarquía a la república

democrática1 por esta razón esta élite cultural a pesar de sus diferencias regionales y políticas, podían reunirse de manera informal para discutir y valorar la calidad de obras literarias, no obstante, los integrantes de esta revista, a pesar de que se auto postularon como un ejemplo de civilidad en medio de un país constantemente aquejado por riñas partidistas y guerras civiles, no pudieron superar totalmente la dificultad que significaba separar la vida intelectual y cultural del poder político2.

La selección de esta revista en particular es pertinente porque el análisis que se propone en este trabajo apunta a entender cómo en una institución cultural se expresaba la relación entre los discursos, las tendencias y prácticas de la educación, la literatura, la

1Andrés Gordillo Restrepo. “El Mosaico (1858-1872) Nacionalismo, élites y cultura en la segunda mitad del siglo XIX”. Fronteras de la historia. núm. 8.(2003): 19-63

2Gordillo Restrepo. “El Mosaico (1858

(6)

6

prensa y la política de la época. Además escogerla es útil porque esta contribuyó a la consolidación de un campo literario que en Colombia a mediados del siglo XIX se mostraba incipiente.

Con el fin de ubicar el problema de estudio a continuación se contextualizan las circunstancias y procesos históricos que ejercieron presión sobre la élite colombiana3. Tales circunstancias y procesos tienen que ver con la manera como dichas élites plantearon las razones de su predominio social y de la legitimidad de las bases y fundamentos del Estado nacional, a partir de los factores y las condiciones nacionales internas.

Uno de los cambios más importantes con respecto a la manera como la élite cultural colombiana se auto-representaba en el siglo XIX, emerge cuando este sector social comienza a tomar conciencia de los calificativos de barbarie e inferioridad, emitidos por parte de las naciones europeas, de las cuales las élites colombianas se consideraban sus vanguardias y mejores herederos. Pues, como afirma Frederic Martínez,4 las élites criollas después de la independencia, seguían participando del universo cultural europeo, primero porque el peso de la herencia y poder colonial aún estaba vigente y segundo porque todavía las élites tenían la plena convicción de que la civilización emanaba de Europa.

En particular, aunque en Colombia la civilización se concebía parcialmente de forma diferente según las prioridades y deseos de cada partido político, ésta se seguía entendiendo de manera consensual como una fuerza “universal” y reguladora de la vida colectiva, y en general como la difusión y formación de un modelo de vida laborioso, de moral cristiana, patriótico, y educado, además de la constante batalla contra la barbarie de ciertas poblaciones y la instauración de jerarquías raciales y sociales5. Por lo tanto el papel de mediación cultural y política de las élites tenía que pasar casi

3

Si bien es cierto que solo hasta finales del siglo XIX este país adquirió el nombre de Colombia, pues

durante este período esta nación sufrió múltiples cambios de nombres (Nueva Granada hasta 1858, Confederación Granadina de 1858 a 1861, Estados Unidos de Colombia 1861 a 1886, República de Colombia de 1886 en adelante),con el objetivo de abreviar la lectura se utiliza preferiblemente el nombre de Colombia para hacer referencia a nuestro territorio nacional.

4Frederic Martínez,

El nacionalismo cosmopolita: la referencia europea en la construcción nacional en Colombia, 1845-1900. (Bogotá: Banco de la República; Instituto Francés de Estudios Andinos, 2001)

5

Julio Andrés Arias Vanegas. Nación y diferencia en el siglo xix colombiano: Orden nacional, racialismo y taxonomías poblacionales. (Bogotá: Universidad de los Andes, Facultad de Ciencias Sociales,

(7)

7

imprescindiblemente por buscar fuentes y modelos externos de legitimidad política, que lograran hacer ver a Colombia en el escenario de las naciones más modernas y civilizadas.

La decepción y frustración de los criollos producto de la manera como eran calificados desde las naciones europeas, fue uno de los motivos por los cuales los sectores de las élites criollas empezaran a elaborar un discurso nacional propio, que aunque constituido a partir de referencias eclécticas y retazos de los paradigmas europeos, reflejaban una clara defensa de su status y prestigio social, ya que era en los territorios nacionales donde los criollos podían reafirmar su poder y reconocimiento social. Por lo tanto a mediados del siglo XIX, recurrir al nacionalismo no significaba reivindicar una entidad cultural e ideológica común, sino más bien una herramienta para los diferentes grupos políticos en su lucha por legitimar y definir su poder.

Entre tanto, la clase dominante elaboró ese discurso para afianzarse como hegemónica, en el marco de una serie de dificultades que se les presentaban para proponer un discurso coherente de integración nacional, pues a partir de la proclamación de la igualdad política para todos los miembros de la sociedad, se hacía evidente que los principios de la democracia representativa se contradecían con situaciones como la fragmentación regional y la permanencia de patrones de vida coloniales6.

Como respuesta a esas circunstancias históricas, a mediados del siglo XIX, surge una estrategia discursiva conformada por diferentes textos literarios, geográficos, científicos y gramaticales (entre ellos los producidos por la tertulia denominada El Mosaico,) los cuales van ubicando a la población de las diferentes regiones nacionales como su objeto de estudio,7 pues en la medida en que el pueblo se constituía como sustento político de la nación, era necesario que este fuera conocido y clasificado para poderlo gobernar, de esta forma, los órdenes, vínculos y status simbólicos representados en las obras

6

En Colombia se vivía una realidad social que distaba mucho de cumplir los principios básicos que guiaban los discursos de la élite colombiana, por ejemplo no había un afincamiento de un sector industrial fuerte, ni un sistema cultural orientado por valores laicos y además se mantenía una estructura social basada en estamentos familiares y étnicos.

7

(8)

8

costumbristas, sirvieron como herramienta para asignar roles sociales de subordinación o dominio dentro del sistema político.

Para cerrar, esta investigación indaga por cuál fue el producto y la expresión de este esfuerzo realizado por los letrados en aras de legitimar su posición social, es decir, qué tipo de imaginarios y representaciones resultaron de esta estrategia discursiva, si estos fueron una forma de resolver y reaccionar ante este reto y situación social, y además si se tiene en cuenta que estos elementos se pueden convertir en ideas directrices y operativas dentro de un grupo social.

Esimportante aclarar que la investigación se va a centrar en el lugar de enunciación, es decir en cómo la élite que escribía los cuadros de costumbres representaba y daba sentido a su posición social, más no en cómo el pueblo asumía y transformaba el contenido de tales escritos, debido a que no hay suficiente información con respecto a esto. Además a pesar de que las imágenes también son herramientas de representación y legitimación del poder de los letrados no se va hacer un análisis de estas, es decir, servirán únicamente como ilustraciones a los temas tratados dentro del trabajo de grado.

Por último, la caracterización del lugar y los autores desde donde se hicieron los cuadros de costumbres es útil para explicar e interpretar más en detalle cómo se instalan y manifiestan las subjetivaciones, estructuras de poder e instituciones implicadas en la construcción y elaboración de esta estrategia discursiva.

I.I Estudio de caso: “El Mosaico”

La necesidad de dar cuenta de la grandeza de la nación, a través de la institucionalización de una literatura y un arte propiamente nacional8, está relacionada con los cuadros de costumbres y por tanto con uno de los principales grupos que se reunieron para desarrollar éste género literario en el país: la tertulia El Mosaico aparecida en 1858 en la ciudad de Bogotá.

8En relación al objetivo que se trazó la tertulia

(9)

9

Esta tertulia se organizó no solo con el fin de suplir la falta de instituciones dedicadas a promover la literatura y la cultura en el país9 sino también con el objetivo de superar la preocupación que generaba la falta de actividades asociativas10 en el mismo, las cuales se limitaban a reuniones cívicas y religiosas y a eventos extraordinarios como matrimonios y entierros.

Para entender en ese momento en qué consistía una tertulia, hay que tener en cuenta que la sociabilidad era prácticamente un requisito para participar en la vida pública y además que las actividades asociativas eran un buen instrumento para racionalizar los esfuerzos encaminados a la construcción de la hegemonía. Por consiguiente esta institución se puede concebir como un tipo de sociabilidad informal y típica regulada por “quienes se consideraban a sí mismos como el elemento más preclaro de la sociedad y el mejor dotado para las tareas de dirección del Estado y de representación política del

pueblo”11 En particular El Mosaico era un grupo de amigos y editores que se reunían

para discutir, difundir, compartir y leer en alguna casa o imprenta sus propios escritos, o los de aquellos colaboradores, que por medio de las correspondencias aportaban sus sugerencias y opiniones acerca del contenido de las publicaciones de la revista.

De hecho en el siglo XIX incipientes sociabilidades políticas y culturales como El Mosaico12, sirvieron como “dispositivo de legitimación en que los asociados ratificaban o intentaban imponer su papel de tutores o de representantes de fragmentos de la sociedad; heraldos de formas difusas de invocación del pueblo, el público, el bien

común y la voluntad general”.13 Este papel de tutores, en El Mosaico está relacionado

no solo con el campo literario y sus correspondientes principios de legitimación y consagración de las obras literarias, sino también con la modelación de algunos comportamientos y signos de distinción colectivos que los letrados trataron de proyectar a través de sus escritos

9

Gordillo Restrepo. “El Mosaico (1858-1872)” 19-63. 10Gilberto Loaiza Cano.

Sociabilidad, religión y política en la definición de la nación (Colombia, 1820-1886) (1ª ed Bogotá: Universidad Externado de Colombia, 2011).

11

LoaizaCano. sociabilidad, religión y política. 20

12Que lograron entre otras cosas consolidar la selección, recepción y consagración, de los textos literarios y de un campo autónomo en esta disciplina con sus propias leyes, autoridades y oficios

13 Loaiza Cano.

(10)

10

Por su parte se puede decir que el nombre de la revista publicada a partir de esa tertulia

“podría encerrar varios significados: una manera de comprender un país multiforme que, según el inventario científico de la Comisión Corográfica, permitía percibirlo como un territorio habitado por un variado espectro de tipos sociales que debían ser pintados con “fidelidad y exactitud”, también podía significar la intención que quería asignársele a la nueva publicación, la de un periódico de variedades”14,

De este modo la revista tenía un punto de convergencia con respecto a la preocupación por parte de las élites de explorar, clasificar, conocer y apropiarse de los diferentes grupos poblacionales que constituían la nación. Otro de los objetivos más importantes de El Mosaico tenía que ver con el público al que estaba dirigido, pues los escritos estaban guiados principalmente para convencer y adecuarse a los parámetros culturales de los habitantes de la ciudad, o en “exaltar el mundo restringido y exclusivo de los potenciales compradores de la publicación[…] y en general aquello que la alta sociedad de aquellos años estaba necesitando saber hacer y saber decir para afianzarse en su predominio social”.15 De ahí se infiere que los cuadros de costumbres, publicados en la revista El Mosaico, se dirigían a un público letrado el cual a la vez querían formar sus escritores.

No obstante es importante tener en cuenta que ese público era variado de acuerdo a las particularidades de cada una de las regiones que conformaban el territorio nacional. Si se atiende a que la pluralidad de procesos de trabajo a lo largo de la nación configuraba diferencias regionales evidentes en la forma particular de asumir las relaciones sociales, en el sentido más amplio del término, ya que los medios de producción en regiones como el Altiplano Cundiboyacense y el Cauca, se basaban en procesos de trabajo “atados” como la esclavitud, la aparcería o el terrazgo, que conllevaron a que las relaciones sociales rígidas y verticalistas fueron quizá la única forma de controlar políticamente a los negros, los indios y mulatos, en estas regiones16. .

14Gilberto Loaiza Cano. “La búsqueda de autonomía del campo literario. El Mosaico, Bogotá

(1858-1872)” Boletín cultural y bibliográfico -- Vol. 41, no. 67 (2004). 2-19.

15Loaiza, “

La búsqueda de autonomía del campo literario”. 5

16

(11)

11

Por el contrario, en otras regiones como Antioquia, la producción se sustentaba sobre formas relativamente independientes de trabajo como el comercio y la minería, lo que significa que las condiciones materiales, y las dinámicas de las actividades productivas, con una base social muy amplia y con un producto económico que por encontrarse en un territorio extenso y escasamente poblado era difícil de controlar y apropiar, condujeron a esas élites regionales a negociar, comprar y vender sus productos, relacionándose con sectores sociales populares como los pequeños y medianos mineros17 .Así mismo en Santander donde la producción artesanal destinada a la distribución interna, genero una forma de poblamiento más concentrada, que no solo facilitó la participación política de otros sectores de la población a través de escenarios como la plaza pública, sino que condujo a permanentes guerras, convulsiones y conflictos locales, motivados por los modelos federalistas, utopistas y libertarios de los liberales radicales de esa región a mediados del siglo XIX18

De hecho la costa, aunque tuvo varias similitudes con el modelo sociocultural Cundiboyacense y caucano, pues estas tres regiones fueron centros de administración colonial y de presencia de la institución esclavista, esta región se apartó de los parámetros verticales y rígidos que definían las relaciones sociales en las zonas centrales, debido a que la costa fue el espacio del comercio de importación y el punto de contacto con ideologías que eran subversivas para el orden colonial como el protestantismo y la masonería19. Además fue el espacio del cimarronaje y el palenque, que significaron una mayor presencia de la etnia negra, manifestada en la conservación de su propio orden político, dialecto, costumbres, cultos y formas comunales de organizar la producción 20

Entre tanto, las clases dominantes del altiplano Cundiboyacense y del Cauca, sustentaban su relación con las gentes del común, en valores de distinción y riqueza cortesanos como el vestido y los modales y en asuntos de ilustración e “inteligencia” como la producción literaria o las construcciones teóricas. De hecho, para la élite criolla antioqueña, el desprecio hacia estos elementos, contribuyo a que las élites de las

regiones centrales “los denominaran judíos, tramposos, mentirosos, burdos y pocos

17

Uribe. Poderes y regiones. 54

18

Uribe. Poderes y regiones. 59

19

Uribe. Poderes y regiones. 61

20

(12)

12

finos en sus prácticas sociales, movidos únicamente por el interés monetario y sin

ninguna preocupación por los grandes temas de debate nacional”21

En este sentido, las élites criollas de las regiones periféricas, apelaron a procesos sociales menos jerárquicos, no porque tuvieran una mentalidad más democrática e igualitaria, sino porque las condiciones materiales en que tuvieron que controlar el producto de su trabajo, los obligaron a asumir formas de control político distintas y abandonar criterios aristocratizantes presentes en las regiones centrales como el desprecio por los trabajos manuales, las “buenas maneras “el comportamiento en

sociedad” y “la pureza de sangre”22. Todo lo anterior, explica porque la difusión que se

hacía de la revista en ciertas zonas del país, era un indicio del status cultural que le atribuían los escritores a una región específica.

Así por ejemplo la distribución de los suscriptores de El Mosaico por Estados, según la división política vigente en 1860, que se vino configurando desde 1855 con la creación de los estados soberanos y que ratificó el congreso en la constitución de la confederación granadina de 1858, permite hacer tres observaciones primero que Antioquia (48), Santander (41) y Tolima (40) tenían un número semejante de suscriptores, segundo la poca circulación de la revista en los estados del Caribe: Magdalena y Bolivar (17) y tercero que en el interior del país, las regiones de Cundinamarca y del Cauca, que incluían los suscriptores de Bogotá, Popayán y Pasto, fueron las que aportaron un mayor número de suscriptores (199)23

I.II Cuadros de Costumbres

Dado que dentro de las publicaciones más importantes de la revista El Mosaico, se encontraban los cuadros de costumbres, es pertinente señalar que estos no se hicieron directamente para educar al pueblo y formar al buen ciudadano, ni desarrollaron en rigor una interpretación de la cultura colombiana que le otorgara una identidad nacional

21

Uribe. Poderes y regiones.56

22

Uribe. Poderes y regiones. 50

23

(13)

13

diferente a la de otros países de Latinoamérica24. No obstante si sirvieron como herramientas para que la élite pudiera desarrollar políticas educativas estatales dirigidas hacia las clases populares, es decir dichas políticas se hacían a partir del conocimiento que adquirían las élites al situar y clasificar al pueblo, mediante la descripción, examen y estudio de sus costumbres sociales.

En este sentido los cuadros de costumbres también tuvieron su papel moralizante, pues en ellos se describían abiertamente virtudes, defectos y hábitos, a los que se les apuntaba ciertas formas para corregirlos o mantenerlos. La intención moralizante de los cuadros de costumbres frente al pueblo, se explica por dos razones aparentemente contradictorias, primero la imagen de un pueblo que representaba problemas por su ascenso como actor político, lo que se refleja en que los grupos dirigentes desde 1810 siempre mostraban inquietud, cuando veían una probable participación o manifestación política de las clases populares, por ejemplo la reunión espontánea de gente en las calles y plazas, la aparición en un medio impreso de una opinión que reflejara las peticiones y el punto de vista del artesanado, o el hecho de que una persona pudiera votar como no lo podía hacer antes, eran fenómenos que para la élite podrían volverse imposibles de controlar y además podrían incitar la disolución de la unidad constituida por quienes se consideraban portadores de la razón o los sectores sociales aptos para las tareas de gobierno25. Segundo la imagen de un pueblo ideal, que implica una relación de posesión y cuidado para la élite26, se explica porque el proyecto de nación, encabezado por este sector social se justifica así sea retóricamente, en un discurso de pertenencia a una comunidad de iguales, constituida en teoría bajo los mismos términos y criterios de inclusión para todos sus integrantes. Además porque dentro de una república con democracia representativa como la Colombia del siglo XIX, tanto las élites conservadoras a través de la religiosidad católica, como las liberales a través de sus reformas modernizadoras, legitimaron su dominio en el ejercicio político, a través del apoyo que recibían de los sectores populares.

24

Jonathan Brown. La tradición cortés en la cultura colombiana del siglo XIX.. Traducción de Enrique Hoyos Olier Tomado de The Americas, Vol. XXXVI, No. 4, (abril de 1980): 445-64

25

Loaiza Cano. Sociabilidad, religión y política 44.

26

(14)

14

En conclusión, debido a que en estos escritos se proyectaba la idea de que era peligroso e inadecuado que el pueblo gobernara, los cuadros de costumbres emergen como un producto cultural de la élite cuyo objetivo es mostrarse a sí mismos como líderes capaces de guiar y moldear a los diferentes tipos poblacionales de la época, a partir de una serie de críticas en torno a los hábitos sociales que a estos últimos atribuían27.

I.III. Lugar de Enunciación

“El círculo de escritores bogotanos28 más cercano a la fundación de

El Mosaico, (el

cual estaba conformado por José Joaquín Borda, José María Vergara y Vergara, Eugenio Díaz, Ricardo Carrasquilla, a los que se unieron José Manuel Marroquín y los liberales Ricardo Silva y José David Guarín) tenía ostensibles vínculos con las toldas conservadoras, católicas y filohispánicas, más aún, algunos de ellos no ocultaron ser una especie de representantes laicos del jesuitismo”29

No obstante, sus fundadores más importantes, José María Vergara y Eugenio Díaz tenían diferentes relaciones con los círculos sociales cortesanos de la ciudad de Bogotá, el primero caracterizado por su elegante vestido, ilustración, finos modales, piel blanca, buenos gustos estéticos, experimentado publicista y proveniente de una familia con pureza de sangre y abolengo, cumplía fielmente las normas y condiciones, para ser aceptado y consagrado como integrante legítimo de esta sociabilidad cultural, en la que solo los exclusivos sectores letrados discutían acerca de la publicación y calidad de las obras literarias. José María Vergara fue el primer director la Academia Colombiana de la Lengua, fundada en 1871, así mismo se le considera uno de los primeros y más influyentes historiadores de la literatura Colombiana, especialmente por su obra ´´Historia de la literatura en la Nueva Granada” (1867) en la cual defiende el legado del Hispanismo en América.

27

En dichas críticas era la influencia extranjera y no las estructuras básicas internas las causas principales de los problemas nacionales.

(15)

15

Mientras que Eugenio Díaz era un escritor provinciano, nacido en 1803 en los alrededores de Soacha, Cundinamarca. El cofundador de la revista El Mosaico había elaborado su novela Manuela, confinado en su hacienda y con ella logró el reconocimiento de un experimentado publicista como Vergara. A pesar de que ignoraba las sutilezas formales, o que para sus contemporáneos, su lenguaje fuera incorrecto y su estilo vulgar y desaliñado, pudo ser aceptado en esta sociedad de literatos, ya que dejó ver a los demás miembros de la tertulia que se trataba de una persona educada30. En general según sus biografías se exhibió como escritor, pero de ruana.

Por otro lado, es pertinente señalar como uno de los rasgos comunes más importantes de los escritores costumbristas del periódico El Mosaico, el que muchos de estos colaboraron a lo largo de sus vidas en la edición, dirección y redacción de los medios impresos que circularon a mediados del siglo XIX. De hecho, los escritores costumbristas eran incansables cultivadores de las letras, pues en sus obras abarcaron una gran cantidad de temas, estilos y géneros. Además se destacaron en diversos ámbitos como la educación, el periodismo, la poesía y la novela.

En efecto, personajes como Manuel María Mallarino, José Manuel Marroquín, José María Vergara y Vergara pertenecieron a la Academia Colombiana de la Lengua, e incluso escribieron obras relacionadas con la ortografía, la retórica y la poética que legitimaban y reforzaban su descripción como personas con una gran oratoria y elocuencia y como modelos del buen uso del lenguaje.

Es más estos escritores fueron miembros activos de la vida pública del país, ocuparon cargos prominentes en ella, algunos llegaron incluso a ser ministros y presidentes. Igualmente su formación académica fue privilegiada, por ejemplo José David Guarín, José Joaquín Borda, Juan Francisco Ortiz, José Manuel Marroquín, entre otros se educaron en instituciones como el colegio de San Bartolomé, uno de los más importantes de la época.

Tener en cuenta el lugar de enunciación de los autores, las circunstancias materiales y la finalidad de su discurso es pertinente para explicar cuáles fueron las formas en que los escritores costumbristas autorizaron y legitimaron la manera de dirigirse y establecer

30

(16)

16

una relación de identidad con su público. Es decir, la descripción de los medios con que los letrados intentaron persuadir y seducir al lector para que aceptara, interpretara y adquiriera credibilidad su discurso, o en otras palabras las herramientas que utilizó éste sector social para construir una determinada imagen y un ethos en el lector, son útiles para entender más en profundidad las dinámicas y condiciones en que se desarrolló esta estrategia discursiva.

II .Estrategía Metodológica

El método de esta investigación se basa primero en el estudio del contexto socio-político del siglo XIX, el cual permite hacer inferencias más específicas sobre temas como las clases o la preocupación por la construcción de identidad nacional, presentes implícitamente en los cuadros de costumbres; un segundo procedimiento consiste en el análisis de fuentes particulares, que en este caso corresponden en su mayoría a cuadros de costumbres y artículos literarios, históricos, de enseñanza, gramática, retórica y ortografía publicados en la revista El Mosaico principalmente en el año 1859.

En total son 34 artículos los que conforman el corpus documental de esta investigación, dos de ellos “Algo sobre el lenguaje” y “Neolojismo” relacionados con discusiones acerca de qué sectores tienen la autoridad moral e intelectual para legislar y dictar las pautas de cambio sobre el buen uso del lenguaje, además de cómo se jerarquiza a las personas según el vocabulario y la destreza y habilidad mostrada en su expresión oral y

escrita. Obras como “Justina”, “la felicidad en la mujer”, “Julia y Teresa”, se dedican

principalmente a moldear la sensibilidad del público femenino, lo que implica delimitar las funciones entre hombres y mujeres en la sociedad, así como aleccionar a estas últimas sobre las costumbres y literaturas obscenas y perniciosas que circulaban en otros medios.

Obras como “Antes y ahora”, “Un baile de tono en mi pueblo”, “Un día de San Juan en tierra caliente”, “Me vengo a Bogotá”, “El mercado de la Mesa” “La camisa calentana”

y “Conversación a bordo” muestran que la experiencia del viaje de los escritores a las

(17)

17

que la corrupción engendrada por las costumbres europeas hubiera entrado a tierras nacionales, se mantenían las buenas costumbres. Por eso, como se verá a lo largo de esta investigación, en algunos de los cuadros anteriormente mencionados los narradores resaltan la pobreza y belleza de las costumbres del campo, así como la admiración por sus mujeres, aunque, el escritor siempre se distancia por su capacidad de juzgar el estado de cosas que ve y por su interés en reafirmar su posición social y económica, respecto a la gente de clase baja y del campo.

Por otra parte, en artículos como “Federico y Cintia o la verdadera cuestión de las razas”, “Un representante al congreso de 1837”, “Vamos a la ópera” “Hagamos figura”,

“Un domingo en casa”, “El lujo”, “Penitencia” y “Las Guacharacas”, las costumbres

urbanas se toman como ejemplo de la pérdida de valores y espíritu nacional, es decir la imitación e interacción con los valores y usos extranjeros, especialmente por parte de la clase media urbana o los sectores que recién habrían ascendido gracias a las reformas liberales, constituyen para los escritores la causa principal de los problemas básicos y estructurales de la nación. En consonancia con esto “las pretensiones sociales, la frivolidad, el decadente tono social, la ciega obediencia a lo extranjero y el ansía por

alcanzar un puesto gubernamental”31, son los temas más importantes presentes en estos

cuadros de costumbres.

Por otro lado, algunos escritores describen las experiencias de los viajeros provenientes del campo que tuvieron que aprender a valorar su tierra natal a través del sufrimiento que dejó su estancia en una ciudad. También abarcan, desde otro punto de vista, la situación de un ciudadano bogotano o extranjero que se desplaza a una provincia, con todas las comodidades, pero nunca con la intención de quedarse a vivir en aquella. El escritor en este caso, a pesar de tener una visión romántica e ideal de las zonas rurales, tiene el objetivo de retornar a la ciudad, con material para escribir un nuevo cuadro.

Los tipos provincianos e individuos de la clase baja se presentan en obras como “La voluntaria”, “El chino de Bogotá”, “Los parvenidos”, “El correísta”, “El boga del Magdalena” y “Cachaco”, mediante estos tipos sociales se reivindican y apoyan

31

(18)

18

costumbres que se deben mantener y propagar, pero igualmente son instrumentos para luchar contra otras formas de representación, que tergiversan la caracterización y versión que los escritores desarrollan acerca del concepto de nación y su correspondiente sistema social y político.

De este modo estos cuadros de costumbres eran un dispositivo didáctico y moralizante, enmarcado entre los hábitos, que en opinión de los autores reflejan los males estructurales de la sociedad, así como el conflicto entre el nacionalismo y la importación de modelos europeos.

III. Categorías de Análisis

Desde la reflexión y construcción histórica sobre la élite urbana, que se auto representó como el estandarte de la cultura Latinoamericana, se analizan los acercamientos con el poder y las oscilaciones sociales e ideológicas de ese sector social; para esto se toma en cuenta la escritura como un dispositivo de gran importancia, para cimentar, precisar y delimitar los imaginarios sociales en torno a los códigos de comportamiento y a los que revalidaban el sistema socio político existente32. Por esto se pasa a analizar a los escritores costumbristas como pertenecientes a la ciudad letrada.

Ángel Rama entiende la ciudad letrada como un signo y un espacio cuyo deseo fundante es la instauración de un orden y un poder específico y cuyos procesos sociales están guiados por el interés de articular realidad y letra mediante una serie de prácticas y estrategias discursivas que facilitan la jerarquización y concentración del poder. Por consiguiente en el momento en que los letrados se autoproclamaban como los modelos del buen uso del lenguaje, se potenciaba la eficacia de la ciudad letrada como arma para justificar el poder de este sector de la población, es decir, la premisa de que los lineamientos y exigencias de la cultura que circulaban los letrados, operaban a su vez como fuerzas reguladoras de la vida colectiva,33 es la base para intentar leer la cultura a

32

Angel Rama. La ciudad letrada ( Hanover: Ediciones del Norte,1984)

33

(19)

19

través de una semiología social que al integrar letra, sociedad y ciudad permita comprender las dinámicas de la letra y sus ejecutores34.

De hecho el objetivo que se planteó El Mosaico de instituir un campo literario autónomo, con respecto a los conflictos políticos, refleja la capacidad que tuvieron sus editores o los letrados, para institucionalizarse a partir de sus funciones específicas (dueños de la letra) y de allí volverse un poder autónomo, dentro de las instituciones del poder a las que pertenecieron35. En este caso, apoyándose en el lenguaje indirecto y en el carácter que le daban a la literatura, como instrumento de diversión y juego, para formar un periódico que se autodefinía como exclusivamente literario y alejado de las contiendas políticas.

Otro concepto que podría ayudar a entender qué elementos inciden en la legitimación del poder es la representación. Se tiene en cuenta que en esta hay un proceso de intercambio y yuxtaposición entre el signo y la cosa, es decir advirtiendo que el sentido se produce de acuerdo a unas reglas de adecuación entre el signo y la cosa. En otras palabras se trata de cuestionar la relación directa y transparente entre las palabras y las cosas, de plantear el distanciamiento entre el mundo de la escritura y la realidad, pues la coincidencia entre el signo y la cosa no está asegurada dentro del orden de las cosas. De ahí que sea necesario estudiar cómo se da tal coincidencia entre el sujeto significante y el objeto referenciado y advertir que el signo es un despliegue infinito de sustitutos, desde los cuales se piensan las cosas36.

Más específicamente hay una doble operación que hace posible la representación; una es su dimensión transitiva y la otra la reflexiva; la primera se manifiesta en la manera en que los sectores letrados del siglo XIX en publicaciones periódicas como El Mosaico hacían presente el sujeto ausente, en este caso, estos sujetos corresponden por un lado a tipos sociales como el cachaco, el boga del magdalena, la criada, el chino de Bogotá, el gamonal, así como a ciertos objetos como las viviendas o la vestimenta a los que se otorgaba un significado independiente de la acción y de la vida de los personajes. En particular, en medios impresos como El Mosaico esta transición se expresaba a través de

34

Angel Rama. La ciudad letrada

35

Angel Rama. La ciudad letrada 35

36

(20)

20

la descripción de los escenarios, actividades y lugares en que se desarrollaba el folklore y la vida cotidiana de la nación.

De hecho estos escritos articulaban y contenían las ideas sobre la sociedad, la iglesia, viajes al exterior, educación, logros culturales y maneras de expresarse de los sectores letrados. Mediante los signos desplegados y las prácticas derivadas de estos temas de los escritos costumbristas, los letrados apuntaban “a hacer reconocer una identidad social, a exhibir una manera propia de ser en el mundo, a significar simbólicamente una condición, un rango, una potencia37.

Mientras que las representaciones en su ámbito reflexivo, están compuestas por la manera particular en que los letrados representaban a las demás clases sociales, más específicamente los juicios de valor, motivaciones y actitudes hacia estas. Así como la manera en que ésta élite cultural mediante sus escritos evocaba significados múltiples e instantáneos a un detalle, persona o escena de la vida cotidiana. Por ello es importante

insistir en “explorar de manera privilegiada los modos y las modalidades, los medios y

los procedimientos de la presentación de la representación”38En otras palabras, el grado

de involucración, compromiso, propósito y perspectiva que desarrollasen en cada una de las obras los escritores costumbristas, es decir su subjetividad, roles y actitudes frente a los temas, así como las formas para intensificar su relación personal con el público. 39 Pues mediante unas relaciones de sentido y poderío específicas que les interesaba instaurar a esta élite cultural, o en otras palabras a través de unas formas y modos de inculcación de unas convenciones y equivalencias entre el signo y significado particulares, que operan dentro de la representación, se desarrolló una escritura basada en fórmulas adecuadas para los propósitos de identificación del narrador y el lector.

Por otra parte la representación, con sus modos de adecuación entre el signo y la cosa lleva a que se tome el señuelo por lo real, oculta en vez de pintar adecuadamente aquello de lo que es su referente, y a pesar de todo esto incide en los procesos de dominación simbólica como instrumentalización de la fuerza para dar crédito a quienes

37

Roger Chartier “El mundo como representación” En: El mundo como representación: estudios sobre historia cultural. (Barcelona: Editorial Gedisa, 1992)

38

Amada Pérez. Una aproximación al concepto de representación.

39

(21)

21

necesitan del reconocimiento de los demás40, en otras palabras funciona como el medio de la potencia para fabricar respeto y sumisión o una coacción interiorizada, en un proceso donde la cosa solo existe dentro de la imagen que la exhibe.41 Para cerrar la representación es útil conceptual y metodológicamente porque “puede ser interpretada desde tres facetas que son complementarias: como rejilla a través de la cual se observa el mundo, como directriz que orienta las formas del hacer y como instrumento de

legitimación de otras prácticas y representaciones”42

Se infiere que las luchas de representación o el poder de clasificar y designar por parte de algunos y la definición sumisa o resistente por parte de otros, son a su vez luchas por las identidades, posiciones y relaciones sociales43. Por lo tanto, la legitimidad o la misión de asegurar un mínimo de cohesión y consenso en la población nacional está basada en los imaginarios sociales o en la producción no descarnada e histórica de las representaciones globales de la sociedad y ésta siempre está inmersa en escenarios de contradicciones, enfrentamientos y disputas entre los grupos que en un proceso histórico determinado, buscan establecerse como hegemónicos y dominantes en un sistema social

Por tanto en este trabajo también se analizan los imaginarios, entendidos como un dominio fundamental de la vida colectiva, que remite al orden del mito. Lo que quiere decir que su conceptualización precisa, al no estar dentro del ámbito racional, se nos escapa y que más bien está dentro del orden de lo vivencial, vital y experiencial, que evoca lo irrepresentable. No obstante, los imaginarios también están asociados a una síntesis y esquematización a priori de los distintos fenómenos o a una condición de posibilidad indispensable de todo conocimiento, creencia, actitud, percepción, valoración y sentido del mundo social. 44

Esos corpus de mitos y entramados de representaciones colectivas comunes que constituyen los imaginarios sociales, no son inocuos ya que no solo le dan validez a una sociedad investida con el aura de una realidad externa, sino que al ejercer presión sobre

40Roger Chartier “

El mundo como representación” En: El mundo como representación: estudios sobre historia cultural. (Barcelona: Editorial Gedisa, 1992)

41Roger Chartier “

El mundo como representación

42 Amada Pérez. Una aproximación al concepto de representación. 43

Roger Chartier “El mundo como representación

44

(22)

22

las conciencias individuales intervienen de manera efectiva y eficaz sobre las prácticas, identidades y relaciones sociales, y en particular sobre los criterios de jerarquía, dominación y conflicto dentro de una comunidad45. Es más la obra de los letrados debe ser entendida como algo inmerso y una manifestación particular de los imaginarios que acogen y fundamentan la dimensión racional de su pensamiento, en otras palabras para explicar las dinámicas del ejercicio del poder simbólico hay una falsa dicotomía entre lo real y lo ilusorio.

Por tanto se analizan los esquemas de interpretación o en otras palabras los imaginarios sociales y políticos que proyectaban los letrados en relación con los sistemas de poder, prestigios, privilegios y propiedad de la época. Se insiste en que estos imaginarios no son inocuos debido a que caracterizan y convalidan las percepciones y marcos de acción46 de estos sectores sociales acerca de temas como el honor, la raza o la sexualidad. De igual manera los imaginarios sociales o las referencias específicas del vasto sistema simbólico que produce toda colectividad, también se constituyen por las esperanzas, ilusiones y necesidades de los grupos sociales, o la forma en que estos perciben y elaboran sus finalidades y objetivos como un ente social47. Estas diferencias se hacen evidentes por la inmensa distancia que había entre una lengua culta que quería institucionalizarse como legal y oficial a través de códigos, leyes y constituciones, y el habla popular que se identificada por su carácter espontáneo, que no se dejaba someter al control de la escritura y que se modificaba de acuerdo al uso y no a leyes preestablecidas.

IV. Estado del Arte

Haciendo un balance de las publicaciones que se han escrito hasta el momento, en primer lugar se encuentran investigaciones de otros países latinoamericanos como las de Maida Watson Espener, Margarita Castro y Salvador Bueno que abordan los cuadros de

45

Bronislaw Baczko. Los imaginarios sociales. Memorias y esperanzas colectivas(Buenos Aíres: ediciones Nueva Visión, 1991)

46

Baczko. Los imaginarios sociales.

47

(23)

23

costumbres del siglo XIX desde un punto de vista exclusivamente literario48, es decir en cuanto sus contenidos, formas descriptivas, narrativas, temas y lenguaje. Estos textos aunque hacen un examen de las críticas que desarrollaban los autores de cuadros de costumbres sobre la sociedad en la que estaban inmersos, tales como la falta de interés en actividades culturales o el provincialismo en los gustos literarios y costumbres sociales, no profundizan sobre la manera en que los cuadros de costumbres influyeron sobre la construcción de nacionalidad y la legitimación de poder de la clase dirigente en Hispanoamérica.

En segundo lugar existen otras publicaciones ambiciosas como las de Raymond Williams49 que trabajan el costumbrismo en Colombia y al analizar la relación entre la novela y el diálogo ideológico y político en Colombia durante los siglos XIX y XX, demuestran que los hombres de letras no sólo eran activos en política, sino que su producción intelectual estaba supeditada a sus luchas ideológicas. No obstante en estos textos y en éste en particular, el esquema regional rígido que se aplica a obras literarias individuales, hace que el autor se vea forzado a relacionar escritores con ciertas caracterizaciones que no se ajustan adecuadamente a su modelo preestablecido. Por

ejemplo la novela “Manuela” al proponer una denuncia social con respecto a la

inequidad de clases y a una cultura escrita completamente alejada de las dinámicas de la cultura popular y oral, desmiente la caracterización que hace Williams sobre la literatura cundiboyacense como expresión exclusiva de la cultura escrita y elitista.

Otros textos como los de Andrés Gordillo50y Julio Arias51, examinan la preocupación por parte de la élite colombiana del siglo XIX en construir identidad nacional desde perspectivas diferentes. El primer autor a partir de la labor que hizo la élite intelectual,

48

Maida Watson Espener,El cuadro de costumbres en el Perú decimonónico. (Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú. Fondo Editorial. Barrios Alba Lía, 1979) Margarita Castro Rawson.Primer costumbrismo venezolano.( Caracas: Ediciones La Casa de Bello.,1994) Bueno Salvador. El costumbrismo en Costa Rica. 2a. ed. (Costa Rica:Imprenta Lehmann,1971) Costumbristas cubanos del siglo XIX / selección, prólogo, cronología y bibliografía. (Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1985)

49 Raymond Leslie Williams. Novelaypoder en Colombia: 1844-1987. Traducción Álvaro

Pineda-Botero. (Bogotá: Tercer Mundo Editores, 1991

50Gordillo Restrepo. “El Mosaico (1858-1872)” 19-63.

51

(24)

24

- motivada por la preocupación de formar conciencia nacional- de asociarse, opinar y escribir en tertulias y revistas como El Mosaico, sobre temas tan diversos como la historia, la geografía, la gramática, la filología y las costumbres del pueblo y la élite de la Nueva Granada y el segundo a través de la exploración de las relaciones de poder y las limitaciones y términos de la unidad nacional, a partir de la constitución discursiva de las diferencias poblacionales reflejadas en textos naturalistas, geográficos, literarios, y etnográficos, puesto que lo que define qué particulariza y une la nación, se basa simultáneamente en la conciencia de unidad nacional y en la recreación de estrategias de distinción social basadas en un orden aristocrático- cortesano proveniente de la tradición hispánica y la sociedad estamental colonial.

Entre los aportes del artículo de Gordillo está situar la sociabilidad como valor central para diferenciar al pueblo de la élite cultural, pues ésta última solo se constituía a través de lo público y lo social, es decir a través de la discusión y presentación de textos, instituida y ejercida en tertulias literarias o reuniones sociales. El otro texto contribuye a explicar el proceso de construcción nacional no sólo a partir de dinámicas de homogenización cultural, sino como un proceso donde necesariamente se establecen jerarquías internas o de heterogeneidad, las cuales consisten básicamente en la élite y el pueblo. Sin embargo las deficiencias de estos estudios consisten en que no abordan la construcción nacional desde la perspectiva de la concepción de su matriz política, es decir desde los imaginarios desarrollados por las élites culturales en relación a las dinámicas y funciones del Estado, del sistema político y de los roles asignados en este último, a cada uno de los grupos sociales.

Otros trabajos como los de Malcom Deas52, Iván Padilla Chasing53 y Frederic Martínez54, coinciden en concluir que para los autores de cuadros de costumbres que en general ocupaban puestos importantes del gobierno colombiano, la defensa del legado

52 Malcolm Deas.

Del poderyla gramáticay otros ensayos sobre historia, política y literatura colombianas (Santa Fe de Bogotá: Tercer Mundo,1993)

53 Iván Vicente Padilla Chasing.

El debate de la hispanidaden Colombia enelsiglo XIX: lecturade la historiade laliteratura en Nueva GranadadeJosé María Vergara y Vergara. (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia. Facultad de Ciencias Humanas. Departamento de Literatura. Grupo Historia y Literatura, 2008)

54 Frederic Martínez.

(25)

25

español en la lengua, religión, instituciones, costumbres y valores de América, -y para Martínez la crítica hacia otros modelos importados como los franceses e ingleses- era fundamental para el buen desenvolvimiento de la clase de república que querían construir.

Entre los aportes de Malcolm Deas, se puede señalar que no se limita a explicar los conflictos entre educación laica y religiosa, pues amplía y explica otros elementos ideológicos y pedagógicos, como los esfuerzos encaminados a que la población escribiera y pronunciara bien, los cuales fueron importantes para el desarrollo de las dinámicas políticas en Colombia en el siglo XIX, teniendo en cuenta que para este autor había una relación estrecha entre la gramática y el poder, de la cual se infería que el buen uso de la lengua permitía la conexión con el pasado español. El texto de Iván Padilla Chasing, da herramientas que pueden ayudar a entender por qué para José María Vergara, desde una visión teleológica de la historia había un destino y una continuidad histórica entre la época colonial y la independencia, que explicaba porque en gran medida era el mismo tipo de clase social la que seguía gobernando entre estas dos épocas. Por su parte, entre los grandes aportes del libro de Frederic Martínez, está analizar el papel de la referencia a los modelos culturales y políticos europeos, en cuanto la definición de las adhesiones y delimitaciones que con respecto a estos ámbitos, hacían los diferentes sectores de la élite colombiana.

Por su parte investigaciones como los de Carlos Arturo López55, María del Pilar Melgarejo56 y Julio Ramos57, que abordan la manera en que el acto de escribir es paralelamente un acto de ejercicio de poder, en la América latina del siglo XIX, tienen en común la perspectiva teórica foucaltiana en la que se basan, ya que el primer autor desarrolla el concepto de discurso como algo que se modifica al relacionarse con otros

55Carlos Arturo López. “Usar a Foucault: el acto de escribir en el siglo XIX colombiano” en Genealogías

de la colombianidad: formaciones discursivas y tecnologías degobierno en los siglos XIX y XX / ed. Santiago Castro-Gómez, Eduardo Restrepo. (Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana, 2008).

56 María del Pilar Melgarejo Acosta.

El lenguaje político de la regeneración en Colombia y México. (Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana,2010)

57 Julio Ramos.

(26)

26

textos y que está ligado a prácticas institucionales y formaciones estratégicas, en las cuales el individuo toma parte y va ocupando diferentes roles como sujeto. Arturo López, contribuye a indicar que la mayoría de investigaciones colombianas acerca del discurso de la élite colombiana del siglo XIX, están politizadas, lo que comienza a notarse desde sus perspectivas metodológicas, las cuales según el autor, conciben erróneamente el discurso al verlo como un ente no autónomo con respecto a la política.

La segunda autora toma el concepto de poder de Foucault, en el cual todos los sujetos participan de su producción y de su acción, es decir este concepto es visto y aplicado desde una perspectiva relacional, que opera dentro de una estructura en red, donde todos los sujetos y acciones están conexos. María del Pilar Melgarejo tiene como aportes, situar el discurso de la regeneración no como un proyecto exclusivamente homogeneizador e incluyente, sino advertir que dentro de su propia lógica tenía como fundamento la exclusión y el ocultamiento de la diversidad social y cultural de la nación.

El tercer investigador se apropia de conceptos de Foucault como “disciplina” y “modelos de control” para explicar la manera en que un poder irradiador somete la barbarie que está por fuera de la ley de la escritura, es decir Julio Ramos concibe y cuestiona la efectividad de un poder excluyente que emana de un centro (el letrado, el Estado) y se irradia en forma jerárquica y unidireccional con la pretensión de atravesar a todos los sujetos sometidos bajo sus dinámicas, por ejemplo la ciudad letrada es un poder que se irradia hacia la ciudad real y se instaura mediante leyes, códigos y lengua con la necesidad de disciplinar, y convertir al bárbaro. El libro de Julio Ramos, tiene como aportes demostrar como la literatura en Latinoamérica rebaso los límites del campo literario institucional, y como se autorizó en un campo privilegiado y alternativo para hablar sobre política, más específicamente sobre temas como los modelos de ciudadanía, la modernización o las identidades regionales y estatales.

Los trabajos de Amada Carolina Pérez58 y José David Cortés59, tienen una perspectiva similar, analizan algunos imaginarios sobre la nación proyectados en unas de las

58Pérez Benavides. Amada Carolina. “

(27)

27

publicaciones periódicas mexicanas y colombianas más importantes del siglo XIX. En particular, explican los cambios y características relacionados a la actitud que asumieron los escritores costumbristas y los objetivos políticos y sociales que se trazaron, según la manera en que interpretaron ciertas coyunturas, experiencias, expectativas y procesos históricos específicos.

En el caso de Amada Carolina Pérez, ésta explica que en México el costumbrismo pasó de plantearse como objetivo el entretenimiento y la instrucción de los lectores y sobretodo enfatizar la representación de la cotidianidad en los personajes locales, a los que además dividía por género, región de origen y tipo de trabajo que desarrollaban, a centrarse en las intenciones moralizantes y de unificación nacional. La explicación que da esta autora a este cambio es que el caos social y la pérdida de territorios del norte, producto de la guerra que libró ese país entre 1846 a 1848 contra Estados Unidos, propició que de unos tipos locales bastante diferenciados se pasara a la conceptualización de un arquetipo nacional idealizado, el cual sería la base de la transformación del país en el camino hacia el progreso.

Por otro lado José David Cortés, explica como el “El museo de cuadros de costumbres”

y los “Mexicanos pintados por sí mismos”, trascendieron la descripción costumbrista

para convertirse en lecturas sobre el pasado, mediadas por los intereses de los escritores y la idea de cómo debían ser sus respectivas sociedades. Según el autor en ambos países (México y Colombia), estas interpretaciones obedecieron a un contexto histórico donde las élites buscaban desestructurar la herencia y el orden colonial, modelar la formación del ciudadano e insertarse en los parámetros “universales”. de civilización y progreso En el caso colombiano la descripción de los espacios y personajes rurales, incluían interpretaciones tanto liberales como conservadoras de la historia, pero siempre con la intención de mostrar una mirada hacia “adentro”, que contrastara con la mirada que tenían los extranjeros sobre esas sociedades. En cambio en México se quería mostrar la imagen de una nación urbana, que se homogenizaba y tenía una idea de progreso guiada por los parámetros de la ciudad.

59

(28)

28

Erna Von der Walde60 hace un análisis de cómo los cuadros de costumbres en Colombia potenciaron, y dieron bases al proyecto hispano católico de unificación nacional, ello, mediante la contextualización de procesos políticos, sociales y culturales como el trabajo de la comisión corográfica y el debate sobre la inmigración, enmarcados principalmente en la formación de los partidos políticos y la radicalización de sus posiciones. La autora aborda como el logos civilizador y colonizador que impulsa el letrado a través de la escritura, abrió la posibilidad para que se canonizaran e institucionalizaran ciertos textos para uso de la educación ciudadana, para que se hiciera una reevaluación del legado colonial español, para que además se simplificara, naturalizara y ocultara ,(según la mentalidad e ideología de los escritores), la multiplicidad y diversidad geográfica, cultural e histórica colombiana y para que se expandiera el papel que se le adjudicaba a la iglesia en los asuntos públicos.

Por su parte el trabajo de Gilberto Loaiza61, explica como la revista El Mosaico, se convirtió en un espacio e instancia privilegiada, para la recepción, legitimación y consagración de autores y obras literarias. Es decir, este artículo analiza cómo esta revista contribuyó (basándose en unos códigos morales y estéticos específicos), en la búsqueda por definir un incipiente campo literario, con sus propios mentores, leyes y autoridades. Para esto, el autor analiza las diferentes etapas editoriales de la revista y cómo a través de estas se constituyeron su público y colaboradores, además de cuáles fueron los mecanismos de difusión y circulación que se promovieron según sus redactores y directores. Los aportes de este autor básicamente consisten en dilucidar cómo El Mosaico influyó en el desarrollo de la industria cultural y editorial colombiana, en la medida que fue constante la lucha de sus miembros por conquistar un mercado especializado de lectores y por consolidar la asunción del escritor de profesión.

Con respecto al anterior balance, esta investigación se ubica dentro de la corriente historiográfica preocupada por analizar críticamente las limitaciones, códigos y términos con que se representaba la cultura nacional en los cuadros de costumbres. Al igual que en estas investigaciones, este trabajo enfatiza el hecho de que la posición

60Erna Von der Walde. El "Cuadro de Costumbres" y el proyecto hispano-católico de unificación

nacional en Colombia. Arbor, ciencia, pensamiento y cultura. Vol 183, No 724 (2007) 243-253

61Gilberto Loaiza Cano. “

(29)

29

política, económica y social de los autores, que se reforzaba por la estrecha relación que había entre el ejercicio de poder y la escritura en el siglo XIX, explica el papel civilizador de los letrados, así como los objetivos moralizantes y la manera en que se ocultaban o naturalizaban las fronteras de clase, raza, región y género, en los textos costumbristas.

Así mismo la presente investigación coincide con las publicaciones que se han hecho hasta el momento, que en Colombia el afán de los letrados por construir identidad nacional desde las condiciones internas, reevaluando la pertinencia de importar modelos europeos y proponiéndose quitar el peso de la herencia colonial, fueron unos de los principales motivos para que los escritores cambiaran la forma de representar la nación que querían mostrar.

Sin embargo, en esta investigación se da relevancia a los imaginarios políticos, que también inciden en la forma en que se define y ejerce el poder en un momento histórico determinado, es decir, está investigación ayuda a explicar cómo este tipo de imaginarios proyectados en los cuadros de costumbres de El Mosaico, sustentaban o complementaban el conocimiento y las creencias, así como los sentimientos, juicios y críticas, hacia el personal, los logros y funciones del sistema político. De esta manera, la investigación aporta elementos que ayudan a entender por qué los imaginarios políticos cumplen una función importante en la construcción de sentido del individuo frente al poder, y a la vez por qué son un dispositivo para asignar roles sociales de subordinación o dominio dentro un sistema político.

V. Estructura de los Capítulos.

(30)

30

vivienda, los gustos, y las actividades de esparcimiento de los diferentes tipos sociales, los sectores letrados expresaban una visión del mundo, un sistema de valores y unas ideologías favorables al orden simbólico y social que querían instaurar y potenciar.

El segundo capítulo “prescripciones de un comportamiento ideal” en consonancia con la auto designación del escritor como autoridad moral, desarrolla los imaginarios que proyectaron los escritores (en ámbitos como la familia, la religión y la sexualidad) para normalizar y moldear un ideal de comportamiento o una guía para el buen actuar. Además de los requisitos, normas y convenciones para figurar, hacer parte y destacarse como una persona de la alta sociedad. En otras palabras este capítulo contiene algunos de los imaginarios que configuraban los usos, esperanzas y proyectos que los letrados ponían a sus prácticas culturales, ello a través de unos imaginarios competidores y protectores que desvalorizaban o justificaban las prácticas y conductas que iban asumiendo los diferentes grupos sociales.

(31)

31

1. SIGNOS EXTERNOS DE DIFERENCIACIÓN DEL STATUS SOCIAL

El objetivo de este capítulo es mostrar como en ciertos signos externos y prácticas culturales se definían los criterios de diferenciación social de mediados del siglo XIX. Para ello en este capítulo, se escogieron los artículos publicados en la revista El Mosaico en el año de 1859 que mejor ejemplificaran los siguientes seis apartados: zonas urbanas, lenguaje, descripción física y vestimenta, actividades de esparcimiento, viviendas y el gusto.

Se parte de la idea de que las representaciones que imponen los escritores costumbristas son herramientas de un conocimiento mediato que tiene por objeto clasificar y designar la posición e identidad de cada grupo social, en una entidad más grande como la Nación. Además, se explora por qué para los sectores letrados fue una constante preocupación hacer reconocer sus características y capacidades a través de la exhibición de su supuesta unidad como élite cultural y política, lo que permitía a sus representantes marcar de forma visible y perpetuada su pertenencia a la clase dominante, en la medida en que las luchas de representación definen el ordenamiento y jerarquización de la estructura social en sí misma.62

De ahí que, la necesidad de los letrados de reafirmar su hegemonía y auto-postular su vocación de clase dirigente nacional, éste estrechamente relacionada con la manera propia de ser en el mundo y la identidad social cohesionada y fácilmente reconocible que querían representar de ellos mismos. Pues estos sectores sociales fueron los responsables de definir los parámetros de funcionamiento y de diseñar la estructura social, económica y cultural de la república que se empezaba a forjar desde la independencia. Es decir, esas representaciones significan en forma simbólica un status y un rango, que se va legitimando a través de la inculcación e interiorización de unas convenciones, de unas pretendidas equivalencias entre el signo y el significado, de un “hablar mostrando” propio del lenguaje de los signos que aunque admitido y compartido, también es arbitrario e instituido y por lo tanto también constituye una de las exhortaciones para dar validez a una posición social o respetar y obedecer un poder determinado.

62

(32)

32

De acuerdo a la premisa de que la letra es intrínseca al poder y por consiguiente a los límites y jerarquías del territorio estatal que este impone, el capítulo comienza con un análisis de las relaciones de fuerza, estrategias adoptadas y medios favorables y desfavorables que disponían los letrados y las clases populares en el ámbito de los imaginarios relacionados con el lenguaje.

Al pertenecer al orden mítico y no al de lo racional, los imaginarios, entre ellos los referentes a las zonas urbanas, nos remiten a campos difusos y ambiguos que sin embargo, proporcionan la síntesis y esquematización a priori de los fenómenos y por consiguiente son una condición de posibilidad indispensable para la percepción y valoración de aquellos.

Por lo tanto, los imaginarios urbanos, son entendidos en particular como códigos colectivos que expresan un estado del grupo social, la estructura social de dicho momento, su reacción frente a uno u otro acontecimiento, a un peligro exterior o a un aumento de violencia. De hecho, la estigmatización de los tipos y fenómenos sociales presentes en zonas urbanas identificados con las clases populares, hacen parte del proyecto de los sectores letrados por instaurar un orden simbólico acorde con sus intereses, expectativas y modelación de sus diferenciaciones sociales. Así mismo se demuestra cómo la representación jerarquizada de las zonas geográficas y su equipamiento urbano, marca el territorio y las fronteras culturales entre las diferentes regiones, ciudades y poblaciones de la nación.

Específicamente en los cuadros de costumbres, siguiendo con el cuestionamiento de sus modos de acreditación y veracidad, el “intento de velar la realidad, de ocultarla bajo la

construcción de un efecto de realidad se obtuvo a partir del énfasis en lo verosímil”63 los

elementos que ayudaban a dar apariencia de que lo que se estaba representado era lo verdadero eran los siguientes

“la linealidad cronológica, las generalizaciones en las que un hecho valía por todos, resaltar con la mirada hechos que en apariencia podían pasar desapercibidos, búsqueda del humor, detallismo en la que prima la descripción sobre la acción, uso de señales tipográficas para los términos regionales, los

63Carmen Elisa Acosta Peñaloza

Figure

Figura 2. Ramón Torres Méndez. Tipos de Bogotá.  21*29 cm. Dibujo a lápiz sobre papel,
Figura 3. Ramón Torres Méndez.  Tipos de la gente de pueblo de Bogotá. ____25.5 *34 cm
Figura 5.______ El Bambuco, Bogota._______ 21*31 cm. Dibujo a lápiz sobre papel. Biblioteca Luís
Figura 6.________Bailes de antaño, Bailes de ogaño  Febrero 19 de 1855. 13*20 cm. Grabado en metal
+2

Referencias

Documento similar

que hasta que llegue el tiempo en que su regia planta ; | pise el hispano suelo... que hasta que el

[r]

ELABORACIÓN DE LOS MAPAS DE PELIGROSIDAD Y RIESGO REQUERIDOS POR EL R.D...

(...) la situación constitucional surgida tras la declaración del estado de emergencia es motivo de preocupación para la Comisión de Venecia. La declaración en sí misma no definió

La combinación, de acuerdo con el SEG, de ambos estudios, validez y fiabilidad (esto es, el estudio de los criterios de realidad en la declaración), verificada la

El contar con el financiamiento institucional a través de las cátedras ha significado para los grupos de profesores, el poder centrarse en estudios sobre áreas de interés

Luis Miguel Utrera Navarrete ha presentado la relación de Bienes y Actividades siguientes para la legislatura de 2015-2019, según constan inscritos en el

La campaña ha consistido en la revisión del etiquetado e instrucciones de uso de todos los ter- mómetros digitales comunicados, así como de la documentación técnica adicional de