CAPÍTULO 2: LA FAMILIA Y LA CONSTRUCCIÓN DE VALORES
2.5 Los valores en los adolescentes
La adolescencia es una etapa de cambios en la que la renegociación de las relaciones entre los adolescentes y sus padres es una importante tarea del desarrollo familiar. Es bastante probable que en el proceso de establecimiento de nuevas relaciones basadas en una mayor igualdad y respeto mutuo se ocasionen problemas a corto plazo que tengan que solucionarse con grandes dosis de paciencia tanto por parte de los padres como de los adolescentes. La recompensa merece la pena porque, si se maneja adecuadamente este período de transición, las relaciones entre padres e hijos no sólo serán más satisfactorias sino que perdurarán indefinidamente.
Una de las características más sobresalientes de la adolescencia como etapa evolutiva es la amplitud del rango de transformaciones que se producen en todas las áreas del funcionamiento humano. Los cambios biológicos y físicos ligados a la pubertad, considerados como el hito que marca el final de la niñez y el inicio de la adolescencia, coinciden con la emergencia de nuevas formas y posibilidades de pensar sobre la realidad (el pensamiento formal). No menos importantes son otros cambios de índole psicoafectiva y social, en cuya base se encuentra la necesidad de adquirir la autonomía y la independencia y de construir la propia identidad, dos tareas evolutivas prioritarias en la adolescencia (Miranda, C.A & Pérez, B.J., 2005).
La influencia que ejercen los padres en la transmisión de valores depende en gran manera de la calidad de la relación que establecen con los hijos. Cuando la relación padres-adolescente es positiva y cooperativa es mucho más probable que el adolescente siga las creencias de los padres, aunque no hay que olvidar
que el logro de una verdadera identidad no consiste en aceptar la visión de los padres, sino en la interiorización personal de las creencias, para lo que resulta imprescindible tratar abiertamente con los hijos sus dudas y cuestiones. Por otra parte, la influencia de la madre en las creencias y valores de los hijos suele ser más fuerte que la del padre, aunque éste ejerce un impacto especial en determinadas áreas, como por ejemplo en la ideología política. Además, parece ser que las hijas adoptan los valores de los padres más que lo hacen los hijos, probablemente porque su dependencia emocional es más fuerte (Lila, M., Musitu, G., Buelga, S., 2000, pp. 313 - 316).
Sin embargo se debe ser consciente que Descubrir el mundo sin los adultos, en el espacio público, es el lema y el deseo de las nuevas generaciones de adolescentes. Los jóvenes cada vez buscan y defienden con más firmeza sus espacios propios. Denominados por ellos espacios de libertad son aquellos lugares donde el adulto no está presente: la calle, los centros comerciales, el patio de recreo, la playa. En las ciudades los espacios preferidos de encuentro con sus pares son los centros comerciales; allí pueden resguardarse de la inseguridad que hay en las calles de la ciudad, hablar tranquilamente con los amigos, actualizarse en la moda, conocer otros adolescentes, relacionarse con jóvenes del sexo contrario y, de pronto levantarse un novio o una novia. El lugar preferido de los escolares adolescentes es el patio de recreo; allí puede hablarse de cualquier cosa, el humor, «el relajo», la conquista, están permitidos siempre y cuando los maestros no estén presentes o se haga a espaldas de ellos. Todo esto es síntoma del nuevo estilo de jóvenes que se están formando, en algunos lugares más marcada la diferencia.
Porque se va encontrando a personas ermitañas, personas que prefieren en el ambiente adulto, aislarse por el sentimiento en ocasiones de no sentirse comprendidos. A su vez ocurre algo también extraño, aunque se junten con sus pares, prefieren mantener la individualidad, muchas veces para espacialmente aislados estar en contacto con sus amigos del ciberespacio. Por otra parte no hay como negar, que el par, el homólogo de la edad, cumple y pasa a tener un papel importante en la vida de cada adolescente, más aún cuando en la familia no hay ese alimento afectivo, a ellos y ellas les corresponde llenarlo (Castañeda, E. 1996).
Nada de esto quita que los adolescentes no sean una gran gama de valores o que peor aún se tornen un reflejo de los valores que en su familia y sociedad se están llevando a cabo. No por algo se dice que los adolescentes son
el reflejo de la sociedad. Puesto que ellos al ser cambiante, van dando a conocer aquellas situaciones de la cual se van agarrando para identificarse a nivel social, no con esto estoy diciendo que son imitadores, sino que ellos asumen a su estilo, la forma cultural que la sociedad les ofrece (Cerbino, M., Chiriboga, C., Tutivén, C., 2001, pp. 123 - 125).
La mayoría de valores que como tal viven los adolescentes, son fruto de su mundo afectivo y de su despertar social. Si bien la relación familiar ayudará a que ellos puedan hacer sobresalir los valores que han ido aprendiendo y aquellos que van viendo que son útiles, esto será siempre y cuando se les haya formado en la toma de conciencia y con el ejemplo, de caso contrario, las personas de esta edad adoptaran posturas contradictorias al bien común y personal.
Los valores que se encuentran marcados en esta etapa de la vida y con grandes rasgos son la solidaridad, el compañerismo muy unido a la amistad, la imaginación, el compromiso (sobre todo cuando se está inmiscuido en grupos de ayuda social, de caso contrario se ve muy poco), la disponibilidad, la curiosidad (entendida esta como la búsqueda del conocimiento), la igualdad, la búsqueda de participación, la sensibilidad, la apertura hacia lo religioso, lo intercultural y el respeto por la diversidad, la búsqueda de paz, el sentir ecológico, el respeto por la vida, los derechos humanos y de la tierra, entre otros. Claro está que así como estos pueden representar, según la escala antes mencionada, el polo contrario, todo depende a la formación que vayan recibiendo, porque así como hay los adolescentes que buscan un ambiente más fraterno de paz, los hay aquellos que buscan lo contrario, de esto depende mucho el entorno de formación.
Por último, vale recalcar que la educación que se den a los adolescentes debe de estar basada en una formación sentimental, que se centre en la persona como un todo, que trabaje con los sentimientos y las emociones, los deseos y los miedos producidos por el cuerpo al establecer relaciones con los demás. Puesto que, esta es la dimensión que mayor dificultad está presentando a nivel social, y en especial a esta edad (Oliveira, M., 1998, pp. 19 - 24).