PASTOS MARINOS
B. Valores Servicios ambientales
Las praderas de fanerógamas cumplen numerosas funciones que se pueden resumir así:
Presentan una alta productividad orgánica, estableciéndose un promedio de 1.000 g C/m2/año para el pasto Thalassia en el Atlántico Occidental. Las hojas de los pastos marinos pueden crecer a una tasa típica de 5 mm/día, con algunos valores por encima de 10 mm/día. En el Caribe colombiano se han encontrado valores de crecimiento entre 1.5 - 6.3 mm/día en las Islas del Rosario y Parque tayrona (Palacios et al. 1992; Herrera-Martínez 1995).
Los pastos producen grandes cantidades de material disuelto y particulado (detritos), los cuales juegan un papel clave en la dinámica de los sistemas marinos.
Las hojas presentan una superficie ideal para que se establezcan abundantes organismos (epibiota). Esto aumenta la productividad primaria y secundaria del hábitat, y la epibiota puede ser fuente de alimento para peces e invertebrados.
Las fanerógamas marinas estabilizan los sedimentos mediante dos mecanismos: 1) las hojas disminuyen y retardan el flujo de la corriente para reducir la velocidad del agua en la interfase agua-sedimento, un proceso que promueve la sedimentación de material disuelto y particulado presente en el agua. 2) Las raíces y rizomas forman una matriz que atrapa sedimento y retarda la erosión.
El denso follaje de las plantas constituyen un sitio de refugio para una diversa y abundante fauna de todos los niveles tróficos. Considerando la alta biomasa y productividad de los pastos marinos y su flora algal asociada, las praderas de pastos son áreas de levante o “guarderías” para muchas especies de valor comercial [peces (pargos, roncos), invertebrados (Caracol Pala Strombus gigas, cangrejos) y aves] y recreacional (Phillips 1992).
Participan en el reciclaje de nutrientes exportando material, propiciando un microhábitat para la descomposición de los detritos y así participan activamente de ciclos de elementos (p.e. azufre). Las algas epífitas de las hojas participan en la fijación de nitrógeno (Phillips 1992). El reciclaje de nutrientes se considera como unos de los servicios más importantes de los pastos; su valor está estimado en unos 19 mil dólares por hectárea por año (Costanza et al. 1997; ver tabla 6 del capítulo Manglares).
Son fuente de materia prima: asociadas a las praderas de fanerógamas existen muchas algas de interés comercial que sirven de fuente de agar y carragenanos que son importantes en la industria (Costanza et al. 1997). Se han realizado algunos trabajos en Colombia sobre la utilización de pastos marinos como suplemento alimenticio de animales (Grosse et al. 1994). La producción de materia prima se ha estimado en dos dólares por hectárea por año (Costanza et al. 1997; ver tabla 6 del capítulo Manglares).
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C. Usos
Procesos de conversión
Hasta ahora no existen procesos de deterioro extensivos asociados con las praderas de pastos en Colombia, aunque se sabe de daños puntuales generados por actividades antrópicas en algunas áreas, como en el balneario del Rodadero (Magdalena), donde las obras de dragado para ampliar la playa turística causaron la pérdida de las praderas de Thalassia (Laverde-Castillo 1994). Hoy día se observan a cambio, algunos parches la especies pionera Halophila decipiens, cuyas praderas no son tan productivas como las de Thalassia. Las actividades de dragado generan además un aumento en la erosión, sedimentación y turbidez del agua, factores deletéreos no solo para los pastos marinos sino también para otros ecosistemas marinos y costeros (Phillips y Meñez 1988).
La deforestación, activa en muchas regiones de Colombia, ha causado la erosión del suelo, lo cual afecta las praderas de pastos cercanos (Phillips 1992)
Los pastos marinos son dragados y rellenados para construcción de puertos y para la adecuación de viviendas costeras (Wilkinson y Buddemeier 1994). Tal ha sido el caso de varios sectores de la Isla de San Andrés, donde estas operaciones destruyeron amplias praderas de pastos marinos, manglares y otros humedales costeros. Su efecto en el medio marino no ha sido evaluado (Zea et al. en prensa).
El paso de las lanchas sobre las praderas de pastos marinos causan daño en las partes más someras, especialmente en las localizadas en el sector norte de la Isla de San Andrés (Díaz et al. 1995; Zea et al. en prensa).
Polución térmica y por hidrocarburos: se presenta en la Bahía de Cartagena y en algunos sectores de la Isla de San Andrés, sin embargo, sus efectos sobre los pastos marinos tampoco han sido evaluados, pero sí se sabe que han destruido parte de la costa de manglares del lado este de San Andrés, y por tanto han de haber alterado las interacciones entre sus ecosistemas vecinos (Zea et al. en prensa). El efecto de la contaminación marina por sustancias tóxicas como metales pesados, pesticidas, detergentes, parece haber sido el responsable del deterioro de praderas de fanerógamas en Alemania (Phillips y Meñez 1988). En la costa Caribe panameña, un derrame de petróleo causó la muerte de praderas generando colateralmente erosión y resuspensión de sedimentos (Marshall 1994).
El incremento de la carga de sedimentos y nutrientes en las agua marinas que bañan las praderas de pastos marinos puede causar la muerte y pérdida del hábitat. El incremento de las algas epífitas, generado por el incremento en los nutrientes, causan ensombrecimiento de las hojas y conlleva a su muerte (Hatcher et al. 1989). Este proceso aún no ha sido evaluado en Colombia, sin embargo se sospecha pueda estar ocurriendo en algunas áreas (p.e. San Andrés, Zea et al. en prensa).
Sobreexplotación de recursos pesqueros, en especial Caracol de Pala. Durante una intensiva investigación ecológica en San Andrés, Zea et al. (en prensa) no encontraron ningún individuo de este caracol comercial en las lagunas arrecifales, donde en otros tiempos eran frecuentes. Un caso similar ocurre con la langosta espinosa Panulirus spp., pargos (Lutjanus spp.), meros, barracudas y otros, los cuales son hoy día bastante raros alrededor de la isla (Díaz et al. 1995; Zea et al. en prensa).
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zonas tropicales. Han habido algunas observaciones sobre virus, bacterias y otros patógenos que afectan especies de zonas templadas (Peters 1997). El pasto Thalassia fue afectado por el moho Labyrinthula en aguas ambientalmente estresadas en la Bahía de Florida. Este patógeno causó lesiones necróticas en las hojas y redujo la producción de oxígeno en la planta, y como resultado se produjo la muerte masiva de esta especie (Peters 1997). Se han registrado otras mortandades masivas también en la Florida, donde más de 4.000 ha de praderas de pastos marinos se perdieron completamente en 1987 y unas 23.000 ha se vieron afectadas en menor proporción. Las causas de estos eventos parecen estar relacionadas con aumentos anormales de temperatura, altas salinidades y nutrientes y con el moho Labyrinthula sp. (Robblee et al. 1991).
Otros impactos naturales incluyen los causados por tormentas y huracanes. En la Isla de San Andrés se registraron proliferaciones del erizo Tripneustes ventricosus, sin embargo sus daños no fueron evaluados, pero sí se observó destrucción de praderas de pastos (Díaz et al. 1995). Las causas de esta proliferación aún no se han esclarecido, pero parecen estar relacionadas con la disminución de sus predadores naturales por sobrepesca [la estrella de mar Oreaster reticulatus, uno de los predadores de Tripneustes, y que es tradicionalmente vendida como souvenir para el turismo, no fue observada en las investigaciones intensivas en San Andrés (Díaz et al. 1995)]. En otras regiones caribeñas, donde también se registraron explosiones demográficas de erizos (Lytechinus variegatus), se determinaron daños a lo largo de 26 km de praderas de Thalassia y Syringodium (Phillips y Meñez 1988).
Capacidad de recuperación
Hasta ahora los ensayos sobre recuperación de las praderas se han realizado transplantando cespedones. Con esta técnica se obtuvieron resultados aceptables en algunos sectores de las Islas del Rosario, con un valor de sobrevivencia de 39 %. El pastoreo y la erosión del área transplantada aparecieron como los principales responsables de la baja sobrevivencia de las plantas (Fresneda et al. 1994b) y aún se requieren de más investigaciones sobre procedimientos de rehabilitación de las praderas.
Se sabe que para el establecimiento de una comunidad clímax de Thalassia, es necesario que el sedimento haya sido estabilizado, generalmente con la ayuda de pastos marinos pioneros como Halophila spp. y Halodule wrightii, y que se hayan incorporado nutrientes al sedimento. Cuando el proceso de preparación del “terreno” es favorecido por macroalgas psammofílicas (psammos = arena), la colonización del pasto Thalassia se puede lograr en 4 meses (Williams 1990). Esta rápida colonización es favorecida por las altas tasas de crecimiento de los pastos [hasta 10 mm/día en Thalassia (Phillips 1992)].
De otra parte, también se ha observado que el proceso de recuperación de los fondos, donde la cobertura vegetal (Thalassia) ha sido removida, puede ser lento, ya que varios años después de haber ocurrido su destrucción, las praderas aún no se han recuperado [p.e. Bahía del Rodadero (Laverde-Castillo 1994; Garzón-Ferreira 1997)].
Los elevados costos asociados con los transplantes son un obstáculo que dificulta el re-establecimiento de las praderas (Hatcher et al. 1989).
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No bien documentados los efectos de transformación sobre el ecosistema en Colombia, sí se ha constatado cualitativamente un cierto deterioro. Como ejemplo, además de los mencionados anteriormente (procesos de conversión), está el señalado por Laverde-Castillo (1994) en la ensenada de Concha, en el Parque Tayrona, donde praderas descritas por Camacho y Galvis (1980) no fueron encontradas en 1989 por Laverde-Castillo (1994).
De acuerdo al único programa de monitoreo sobre indicadores de salud de pastos marinos en Colombia (Caricomp), con acción en la ensenada de Chengue (Parque Tayrona), los pastos marinos (biomasa, productividad, tasas de renovación) de este lugar se han mantenido relativamente estables desde 1994 hasta 1997 (Caricomp 1997; Garzón-Ferreira 1997), evidenciando únicamente una reducción considerable en la abundancia del alga calcárea Halimeda (Garzón-Ferreira 1997).
Tabla 6. Zonas de protección y manejo que incluyen áreas de praderas de pastos marinos en Colombia. PNN: Parque Nacional Natural; AME: Areas de Manejo Especial, ZER: Zona Especial de Reserva, ZRPA: Zona de Reserva Para la Pesca Artesanal (adaptado de Sánchez-Páez y Alvarez-León 1997).
AREAS DE PROTECCIÓN CON PRADERAS DE