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Versión recopilada por Segundo Villasante,

III. Ritual y Transformacion

1. Relatos orales sobre la llegada de la imagen de la Virgen del Carmen al pueblo: competencia y transformación

1.4 Versión recopilada por Segundo Villasante,

«En la época de la Colonia, Paucartambo era una región muy notable por la producción de minerales de plata, zinc, vanadio y posiblemente oro en las regiones de la

Alcumbrera y Qolqeurkuna. En las selvas del Q’osñipata habían florecientes haciendas, pertenecientes a familias españolas. Como quiera que los aborígenes o nativos no estaban preparados para trabajos forzados y de técnicas especiales, fueron traídos de la costa numerosos grupos de negros, especialmente de Lima y Potosí, donde la

veneración de la advocación de la Virgen del Carmen era muy popular en el Rimac, barrios Altos y La Legua.

Todos los años los mineros y agricultores negros, llegaban a las festividades trayendo sus sufrimientos, dedicando sus cánticos y bailes, a cuya consecuencia surgió la danza de los Negros, que en aquellas épocas eran de dos clases: Los Qhapaq Negros y los

Waqcha Negros. Uno de los hermosos pasacalles dice: Morenito chiquito, no hay que llorar, aunque vengan trabajos forzados. La Virgen del Carmen nos dará vida. Lima y Potosí, todo he andado. Vamos bailando, vamos cantando.

Esta es la expresión genuina de los negros de la costa, que llegaron hasta Paucartambo, para pedir a la Virgen del Monte Carmelo que intercediera para su liberación del estado de esclavitud en que vivían en la época colonial» (Villasante: 1980, 138-139).

Este relato no explica propiamente la presencia de la imagen de la Virgen del Carmen de Paucartambo; sin embargo, lo incluyo en esta discusión porque, según esta versión, la presencia de los esclavos negros en la región de Paucartambo favorece el culto y la celebración de la Virgen del Carmen, especialmente debido a la creación de dos danzas: waqcha negro y qhapaq negro. En este relato, si bien los esclavos negros no son los que traen la imagen de la virgen al pueblo, sí traen consigo la devoción por ella. Su presencia en Paucartambo es presentada como positiva no solamente porque enriquecen el culto a la Virgen del Carmen, sino también porque contribuyen a la creación de riqueza material en la región. En el relato se dice que los esclavos negros fueron llevados a la región con el objetivo de realizar trabajos para los cuales los aborígenes de la selva no estaban preparados.

En este sentido, la llegada de los esclavos negros desde Lima y Potosí establece la relación espacial entre Lima, Paucartambo y el altiplano (Potosí), a la que he hecho referencia en la discusión de las versiones anteriores. Los esclavos negros tienen en este relato el rol de intermediarios entre estos polos opuestos. Es desde esta posición que desarrollan las expresiones de devoción a la Virgen del Carmen, a la que le bailan pidiendo su liberación. Aquí, la danza aparece como ofrenda y como la expresión propia de un grupo. Pero la danza adquiere una característica más: su ambigüedad. En este relato la expresión coreográfica de los esclavos negros se manifiesta en dos versiones: la danza de los waqcha negro y qhapaq negro. Ambas danzas están adjetivizadas como opuestas: waqcha - pobre versus qhapaq - rico; ambas son versiones opuestas de una misma expresión y ambas son dedicadas a la virgen. Aparece aquí nuevamente el elemento de la ambigüedad, que en los demás relatos estaba expresado por la existencia de dos imágenes opuestas.

1.5 Versión recopilada por Segundo Villasante, III

«Desde siglos atrás y en los meses de invierno y primavera, llegaba a Paucartambo numerosas piaras de llamas por los caminos de herradura de los sistemas orográficos de la Alcumbrera, Qapana, Pirwayani que pasando por el Ausangati trasmontaban al sistema del Nudo del Vilcanota, hasta llegar al sistema orográfico del Qollao. Eran los habitantes del Altiplano con sus característicos vestuarios, monteras rectangulares que trasmontaban las altas cordilleras, junto a numerosos grupos de camélidos peruanos, cargados de ricos quesos, cecinas, cañiwa, ollas, chuño y moraya que enjaezados con hermosas soguillas llenas de campanitas y sonajas, ingresaban triunfantes en la ciudad paucartambina, para alojarse generalmente en los canchones de Karpapampa y

Una mañana, uno de estos qollas viajeros encontró muy sorprendido la cabeza muy linda de la Virgen del Carmen, en una de las vasijas de su cargamento, hallazgo que fue entregado a una de las Señoras más encumbradas, quien mandó esculpir la imagen que actualmente se venera.

Desde entonces, todos los qollas viajeros le rinden fervoroso homenaje con sus

hermosos cánticos y bailes característicos de la danza de los Qollas» (Villasante: 1980, 137-138).

El relato de los qulla viajeros es muy similar al de Doña Bengolla, pero en éste es un qulla el que encuentra la cabeza de la virgen entre las ollas que trae en su equipaje. Así se establece nuevamente la relación espacial entre el Qullau y Paucartambo. En esta versión, los qulla entregan la cabeza de la Virgen del Carmen a una mujer

paucartambina, que manda a esculpir el cuerpo de la imagen. Aquí también la escultura del cuerpo funciona como forma de apropiación de la virgen; es decir, transforma la imagen de foránea en paucartambina. Esta transformación obliga a los qulla a volver cada año a rendirle homenaje con sus danzas, con lo cual se explica el origen de la danza del qhapaq qulla. El hecho de que los qulla vuelvan cada año a visitar a la virgen sugiere, por otro lado, la interdependencia entre el Qullau y Paucartambo; ellos han perdido la imagen, pero continúan ligados a ella a través de sus danzas.