cultura helénica, el fenómeno no común de la traducción de un libro sagrado como la Biblia a otro idioma distinto al original hebreo, con- siderado igualmente sagrado, frente a los idiomas bárbaros y profanos de los gentiles, constituye una novedad significativa en el mundo re- ligioso. La primera traducción del AT data del año 250 al 150 a.C. re- ferida a la versión griega conocida por Septuaginta (LXX), usada pre- ferentemente por los apóstoles en su labor misionera en los pueblos de habla griega. A medida que el griego popular fue perdiendo vigen- cia social, se fue sintiendo la necesidad de traducir la Biblia a lenguas más accesibles al pueblo. En el mundo occidental, el latín, lengua de la mayoría, fue el nuevo idioma de las traducciones populares de la Biblia. Así, el AT de los LXX y el NT griego traducidos al latín consti- tuyen la “antigua latina” o Vetus Latina. Se trata de la primera traduc- ción completa conocida hecha por la Iglesia. No se sabe bien si es una sola traducción con varias recensiones o un conjunto de diversas tra- ducciones del texto griego, según opinan numerosos especialistas. Pa- rece que se puede datar esta primera traducción latina hacia media- dos o el tercio final del siglo II d.C. El lugar de las primeras traducciones bien puede haber sido el norte de África. Para mediados del siglo III d.C. se tendría ya un texto completo de la Biblia en latín. La necesidad de ver su texto depurado debido a la gran variedad de
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diferencias textuales de las antiguas versiones latinas inspiraron al pa- pa Dámaso I los deseos de una mejora radical. La persona elegida pa- ra realizar la importante tarea fue san Jerónimo, quien culminó su fa- mosa traducción en Palestina, conocida por Vulgata Latina. A medida que el cristianismo ganaba otras naciones y se abría a otros pueblos con otras lenguas, la Biblia fue traduciéndose a cada una de ellas, des- de el copto, el sirio y el godo, hasta muchas lenguas tribales de la ac- tualidad.
La historia de la traducción de la Biblia al idioma español comienza a la par que el nacimiento del idioma castellano en el siglo X. Como an- tecedentes tenemos las versiones en latín, del que procede el castella- no. Como antecedentes también de la Biblia al castellano, durante la alta Edad Media, en España, comienzan a aparecer una serie de tex- tos bíblicos los cuales son conocidos como Biblias en mozárabe. Al- gunos de estos textos importantes son: El códice Legionense II (del si- glo X) que se conserva en León, siendo ésta la primera Biblia en mozárabe que se conoce. La Biblia Románica de Burgos (siglo XII). La
Biblia de Ávila(siglo XII) que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid. La Biblia de la Colegiata de León (siglo XII). Y del siglo XIII son el Códice Emilianense y la Biblia de San Millán de la Cogolla. La famosa obra de Alfonso X el Sabio (1252-1284), rey de Castilla y Le- ón, Grande e General Estoria, contiene la primera gran traducción del AT. Se la llama Biblia Alfonsina o Biblia Romanceada. Fue publicada entre los años 1260 a 1280. En el siglo XV aparecen dos ediciones muy conocidas. Una, la Biblia de Alfonso V el Magnánimo, rey de Aragón (1416-1458); que es una traducción del AT vertida al castellano desde el hebreo y el latín. Dos, la conocida como Biblia de la Casa de Alba (1422-1433), una traducción al castellano del AT desde el hebreo, el arameo y el latín, hecha por el rabí Mosé Arregel de Guadalajara, un judío de Toledo.
En 1502 se empezó la Biblia Políglota Complutense o de Alcalá, con- cebida y realizada bajo los auspicios del cardenal Jiménez de Cisne- ros, arzobispo de Toledo. Fue impresa en seis volúmenes para 1517. El texto aparece en bloques de idiomas: hebreo, arameo, latín y griego, que aparece con un interlineal en latín. La monumental obra incluía un revolucionario diccionario hebreo-latino y viceversa, un léxico del NT y otros libros, y un diccionario etimológico de nombres propios, se inició con la publicación de los textos griego y latino del NT, finaliza- do el 10 de enero de 1514, siendo el texto griego el primero impreso en todo el mundo. Más adelante, la Biblia Regia o de Amberes, reali- zada bajo los auspicios del rey español Felipe II, fue una erudita revi- sión crítica y una importante ampliación de la Políglota Complutense.
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En 1527 aparece la Biblia de Quiroga, producto del trabajo del carde- nal Quiroga, quien tradujo el AT de la Vulgata Latina. Ante el avance del protestantismo en España la traducción bíblica al idioma vernacu- lar queda detenida en pleno desarrollo por las severas medidas de la Inquisición española, que prohíbe de manera general todas las traduc- ciones vulgares de la Escritura. En este contexto surgen las traduccio- nes protestantes españolas, siempre publicadas en el extranjero: Primera, el Nuevo Testamento de Enzinas (1543), vertido al castellano desde la edición crítica del texto griego de Erasmo de Rotterdam. Su autor, Francisco Enzinas (1520-1570), fue un humanista y reformador español, a quien Melanchthon le encargó la traducción del NT del grie- go al español. Le sigue la Biblia de Ferrara (1553), traducción al cas- tellano de sólo el AT. Es una versión muy literalista desde el hebreo ver- tida al castellano ladino. La traducción fue realizada por unos judíos portugueses conocidos como Duarete Pinel (Abraham Usque) y Geró- nimo de Vargas (Yom Tob Atias). De esta Biblia se realizaron en el año 1553 dos versiones, una erudita y otra más popular. Tercera, Nuevos
Testamentos de Juan Pérez de Pineda(1556). Poco más de un decenio después aparece la Biblia del Oso (1569), considerada la obra magna del protestantismo español. Fue traducida desde los originales hebreo y griego por Casiodoro de Reina (1520-1594), siendo la primera tra- ducción completa de la Biblia vertida al castellano. Estrechamente unida a ella es la Biblia del Cántaro o Biblia de Valera (1602), hecha por Cipriano Valera (1532), compañero de Casiodoro de Reina.
Después de un largo silencio de casi dos siglos, por fin es trasladada al castellano e impresa por primera vez en España una Biblia hecha por católicos. Eso fue tras publicarse el 13 de junio de 1757 un decreto de la Congregación del Índice y autorizado por el papa Benedicto XI, me- diante el cual se daba permiso para traducir la Biblia a las lenguas po- pulares, y también por otro decreto emitido por la Inquisición Españo- la de 7 de enero de 1783. Esto dio lugar a que con el patrocinio del rey Carlos III el sacerdote católico de la orden de los escolapios, P. Scío de San Miguel, realizara una nueva versión en español. Esta versión co- nocida como Biblia de Scío de San Miguel, que se inició en el año 1790 y se terminó en el 1793, fue traducida desde la Vulgata Latina. Entre los años 1823 al 1825 se publicó la llamada Biblia de Torres
Amat, también vertida al castellano desde la Vulgata Latina.
Hay que destacar la Versión Moderna (1893), traducción protestante re- alizada por el Dr. A Enrique B. Pratt, misionero presbiteriano en Colom- bia y México, hecha desde los originales hebreo y griego, elogiada por algunos autores que la consideran muy fiel a los idiomas originales; sin embargo su castellano es considerado como «duro» por carecer de
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