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Viñeta sobre violencia(s)

Capítulo V. Palabras finales y reflexiones

5.3 Viñeta sobre violencia(s)

Por último, me parece necesario hacer algunas acotaciones sobre las violencias en nuestra sociedad, ya que, actualmente las estamos viviendo de una forma extremadamente cruda. La violencia siempre ha estado presente en la forma en que se estructura nuestra sociedad, aunque en ciertos grupos de países –y también en subgrupos de personas al interior de estos– se hace más visible que en otros. El continente Latinoamericano es uno de los lugares más violentos del mundo y, en este ranking, México ocupa uno de los primeros lugares.

Respecto a la relación violencia-subjetividad adictiva, cabe precisar que la pienso desde dos lugares distintos: 1) desde el sujeto singular –sujetos que, ante la imposibilidad de alcanzar los ideales que el Mercado establece, recurren al ejercicio de la violencia–; y 2) desde el sujeto colectivo –podemos inferir que la violencia está relacionada con la fractura de los lazos

64Este es un término que, como ya he mencionado, se utiliza en la comunidad terapéutica para definir a los jóvenes

que han completado su tratamiento “satisfactoriamente” y no han “recaído”, es decir, no han vuelto a consumir drogas. Por lo que pude analizar, esta “nueva identidad” tiene un peso enorme para estos sujetos que viven con la zozobra de volverse adictos a cualquier otra cosa –esto se les advierte al salir de la comunidad–, con el miedo a recaer, con la culpa de lo que fueron y son e intentando siempre expiarla, tanto con ellos mismos como son sus seres queridos. Esta amenaza constante de que, en cualquier momento, dadas las condiciones adecuadas, pueden reincidir, aunada a la función estructurante y contenedora de la institución en sí, puede generar cierta adicción a la misma comunidad terapéutica.

Asimismo, es importante señalar las recurrentes menciones que Mac, Paul Walker y Michael Jordan hacen sobre el Dr. J –director de la comunidad terapéutica–, con quien han establecido una transferencia central muy fuerte e idealizada y, por lo que ellos mismos indican, es la figura que sostiene a toda la comunidad. Parece ser una alternativa a sus propias figuras parentales que, como hemos visto, no fueron lo suficientemente estables para ayudarlos en la tarea de constituirse como sujetos.

Sobre este material podríamos hacer muchas interpretaciones, más profundas y extensas, sin embargo, excede los objetivos del presente estudio y lo dejo planteado para repensar el asunto del género y la masculinidad, y, también, el tema de las instituciones.

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sociales, el aislamiento y la inseguridad social–. Estas son dos caras de una misma moneda, no presupongo la existencia de una relación causal65.

En la sociedad capitalista la violencia –en todas sus versiones– constituye uno de los ejes de organización y producción de subjetividades. Para Guattari y Rolnik (2006) las subjetividades son la primera producción del capitalismo, ya que la función de esta producción es crear necesidades. Esto no va en desmedro de las historias singulares, en las que el malestar sobrante se da con diferente intensidad.

El papel preponderante que tiene la violencia en nuestra realidad, filtrada tanto en las prácticas discursivas –simbólicas– como en las prácticas de coerción –física, económica, etc.– , producen sujetos adaptados, para lo que podemos retomar el concepto de endriago (Valencia, 2010) y pensar en las formas defensivas de violencia de las que se agencian los sujetos para sobrevivir.

Esta parece ser la trama que atrapa y condiciona la subjetividad del adicto, sin que esto signifique que todos los adictos son violentos, sino que la violencia, como parte fundamental del discurso social, organiza subjetividades adaptadas y que, en el caso de los toxicómanos, la violencia golpea sobre fragilidades singulares.

65René Kaës (2010) se plantea que deben existir diversas maneras en las que la psique singular se forma, se transforma

o se aliena a través de las diferentes modalidades de vínculos intersubjetivos que lo preceden, que él establece y que lo constituyen. Lo cual es una parte decisiva del sujeto del inconsciente. Es decir, su trabajo consistió en intentar articular la realidad psíquica del grupo y la del sujeto singular, en miras de dar cuenta de la parte que la primera toma en la formación de la segunda, y viceversa.

Lo “singular” corresponde al espacio psíquico individual, el magma del inconsciente según Castoriadis (1989); sin embargo, una parte de lo que es singular tiene su origen en lo que el sujeto hereda o adquiere que, asimismo, es transformado, o en lo que permaneció en él sin modificaciones –lo instituyente y lo instituido, en términos de Castoriadis–. Lo “común” –es la sustancia psíquica que une a los miembros de un vínculo y que exige el abandono de ciertos límites individuales, pero que es la materia básica para que surja la singularidad– y lo “compartido” –es la parte que toma cada sujeto en una fantasía, alianza, contrato, un sistema defensivo común a los sujetos de un vínculo, que garantiza los términos de un intercambio intersubjetivo– tendrían que ver con el sujeto colectivo.

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En una sociedad hiperviolenta ¿qué podemos esperar de los sujetos sino diversas formas de violencia exacerbada? Considero que esta es una de las principales preocupaciones y transformaciones que debemos considerar en la clínica actual, cosa que he corroborado en mi práctica privada y en supervisiones.

Esta investigación me deja, principalmente, la inquietud de saber más sobre las significaciones imaginarias sociales que existen sobre los toxicómanos, las consecuencias en la clínica de la insignificancia del sujeto y la violencia extrema, el peso de la masculinidad y, por último, las cuestiones institucionales. Todo esto nos atraviesan a todos.