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30 posible comprender desde su disposición, hasta las maneras de habitarlo, se comienzan

CAPÍTULO 1. LOS VIAJEROS QUE VISITARON BOGOTÁ A LO LARGO DEL SIGLO

urante el siglo XIX fue recurrente la visita de diferentes tipos de viajeros (naturalistas, geógrafos, diplomáticos, comerciantes y académicos) a Latinoamérica y, específicamente a Colombia, algunos de ellos en misiones políticas y diplomáticas especiales de sus gobiernos, otros por la necesidad de llevar a cabo estudios científicos y otros, invitados por los dirigentes políticos de los países, para adelantar trabajos geográficos, cartográficos, botánicos o como maestros universitarios, los cuales tuvieron la oportunidad de construir diferentes relatos de sus experiencias de cada uno de los lugares visitados. Estas narrativas aunque realizadas de manera particular

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por cada viajero y obedeciendo en gran medida a las experiencias vivenciadas en los lugares recorridos, estuvieron atravesadas por instancias de producción académica similares que determinaron no solo la escritura final de la obra, sino también la lectura de los espacios, la observación de los grupos humanos con quienes entraron en contacto, la estructura de sus ciudades, las formas de organización política, económica, social y cultural, así como los niveles de “atraso” o “civilización” de sus habitantes, y que obedeció a la percepción del mundo desde el modelo de modernidad europea.

De allí que cobre vital importancia en la elaboración de un estudio acerca de los viajeros en el país a lo largo del siglo XIX, el análisis de las motivaciones del viaje, así como la comprensión de la estructura ideológica, saberes y prácticas que fundamentaban el conocimiento y las formas de hacer y describir el viaje en Europa desde el siglo XVIII; ya que son estos referentes los que permiten advertir el modo como éstos viajeros prepararon su travesía, observaron los lugares, compararon las vivencias, estructuraron sus escritos y finalmente, representaron los parajes que visitaron.

De la misma manera que las formas de pensar, observar y escribir el viaje obedecieron a determinados patrones establecidos, los viajeros estuvieron también sujetos a su propia formación intelectual y social, a su posición económica, a las dificultades atravesadas, a los objetivo del viaje y al tiempo de duración en los distintos lugares, como condiciones que influyeron en sus percepciones, análisis y relatos posteriores del país.

Así, la complejidad de las situaciones que atravesaban el viaje y sus respectivos relatos, sólo se puede entender a partir de la indagación de cada uno de los componentes que hicieron parte del ser viajero europeo, norteamericano o latinoamericano durante el siglo XIX, las motivaciones del viaje y el estatuto de conocimiento que sustentaba cada uno para tratar de interpretar patrones comunes de escritura o diferenciaciones propias de su posición ideológica y académica de producción; en este caso particular, por medio de las narrativas que llevaron a cabo acerca de Bogotá a lo largo del siglo XIX.

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1.1. El Lugar del Viaje en la Mentalidad Europea en los siglos XVIII y XIX

A partir de la segunda mitad del siglo XVIII en Europa, se abrieron diferentes posibilidades de conocimiento científico sustentado en la racionalidad como elemento fundamental para interpretar lo real y cuyos valores apoyados en el nacionalismo, el avance tecnológico y el valor individual, sirvieron como soporte a la búsqueda de nuevos horizontes teóricos. Con estos referentes, se abrió paso a la necesidad del viaje como pieza clave del saber, en el cual se buscaba hacer coincidir “comercio, ciencia y progreso”45 y cuyo andamiaje se

fundamentaba en el espíritu de la racionalidad de las ciencias la cuales ofrecían al mundo un “Modelo Universal” y enciclopédico, que promovía la idea de civilización generada en Europa.

El viaje se transformó en una necesidad para Europa, ya que el espíritu de conocimiento científico absorbió las motivaciones de exploradores, comerciantes, diplomáticos y viajeros, quienes se sintieron portadores de la “Razón” y la “Civilidad” necesarias para domesticar el mundo “Natural”. De esta manera, el viaje se constituyó en fuente

primordial de saber motivada por dos instancias: la primera, por la exigencia de “estar allí o ser testigo de” y la segunda, como resultado de la investigación, catalogación, medición y descripción de los diferentes lugares visitados en el recorrido.

A partir del establecimiento del viaje como una necesidad de conocimiento, los saberes y las prácticas que lo fundamentaban se constituyeron en una nueva herramienta de poder que buscaba la “universalidad” de teorías y conceptos, encaminados al reconocimiento y a la explotación sistemática y utilitaria del mundo, y que concordaba con las políticas del naciente capitalismo industrial. En este sentido, los viajes, estuvieron orientados tanto a la difusión de la filosofía del conocimiento “que iluminaba” (a partir de la idea de progreso), así como a la promoción de la civilización ejemplificada desde la racionalidad europea y respaldada por la ciencia46.

Dentro de esta mentalidad, cobraron vital importancia las nuevas formas de hablar el viaje por medio de descripciones, en las cuales se hizo presente la necesidad de “haber sido

45 B. DE BUSQUETS, Enriqueta. NIEMAN, Raquel. “La Carta Material del Mundo. p. 1 46 B. DE BUSQUETS, Enriqueta. NIEMAN, Raquel. “La Carta Material del Mundo. p. 2.

testigo de”, ya que se consideraba este hecho como imprescindible dentro del proceso de conocimiento, creación y representación de la “renovada imagen del mundo”. De esta manera, la “realidad” narrada por el viajero, estaba encaminada a obtener concordancia entre lo observado y lo escrito (utilizando como referentes de comparación sus propios conocimientos, valores, parámetros y cultura).

En este sentido, tanto la intención del viaje, así como los relatos posteriores que se elaboraron del mismo, revelan lo que Foucault definió como los “Juegos de Verdad”, en los cuales estaban inmersos los discursos ideológicos, las prácticas sociales, los saberes, las categorías explicativas, las tecnologías que fundamentaron los métodos de obtención de información, las formas de hacer y los intereses económicos, que se manejaron en Europa desde la segunda mitad del siglo XVIII y de la que los viajeros hicieron las veces de instrumentos de esa nueva racionalidad que se diseminó, para obtener a partir de sus recorridos, el conocimiento y la representación del mundo.

Entonces, fue a través de los viajeros que desde la segunda mitad del siglo XVIII: a) se emplearon los nuevos instrumentos de medición, cálculo y observación del mundo físico y natural; b) se llevaron a cabo catalogaciones científicas de plantas, animales, climas, suelos y comunidades humanas; c) se abrió paso a la representación gráfica del mundo (por medio de “modernas” cartas geográficas); d) se construyeron relatos que configuraron una novedosa imagen del mundo; e) se reafirmó la lectura del “otro” (no europeo), como atrasado, incivilizado y bárbaro, así como de la incidencia del clima en el progreso de los pueblos y f) se dio paso a la exaltación de las dificultades sufridas durante los recorridos por las regiones más extrañas del planeta como fundamento de la idea civilización.

Los ojos de la razón presentes en los viajeros los capacitaba para ver, anotar, cotejar seleccionar, rectificar y analizar, todo tipo de materiales, especies, culturas, documentos, inscripciones, monumentos, utensilios, muebles y caminos, de los diferentes parajes visitados, con la finalidad de ejercer sobre ellos el poder que traía consigo ser el representante de un “Saber – Verdad”, que buscaba “domesticar” la geografía, los paisajes y los hombres, por medio de la autoridad del conocimiento. Así junto a los viajes

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