Edad del Hierro
El m otor de la econom ía fenicia d u rante este período fue la intensa acti vidad com ercial desarrollada en m u ch as direccion es. E n E zcquiel (27,
12-26) encontram os u na lista de los productos con que com erciaban los fenicios: plata, hierro, estaño y plom o procedentes de Tarsis; esclavos y ob jetos de bronce de Javán (Jonia), Tu bal (Cilicia) y Mesec (Frigia); colm i llos de m arfil y ébano procedentes de las islas; m alaquita, púrpura, recam a dos, lino coral y rubíes de Edom ; tri go, perfum es, miel, aceite y bálsam os de Judá e Israel; vinos y lan as de Si ria; corderos, carneros y m achos ca bríos procedentes de A rabia; vestidos preciosos, m antos de jacin to recam a do, tapices, arom as, piedras preciosas y oro de otros lugares de Asia, se en cu en tran entre las m ercancías citadas p o r el profeta. Se puede decir que el com ercio fenicio operaba ahora a es cala casi m undial a través de los en claves y asentam ientos surgidos en el m arco de la colonización m editerrá nea. C on ello los puertos de Fenicia adquirieron una im p ortancia extraor d inaria que llevaría a incentivar co mo se ha visto, las apetencias de los im perios vecinos. F ue el im portante increm ento del tráfico com ercial que co ntrolab an lo que llevó a convertir les en factores políticos de prim er o r den y com o tal, caer bajo el p unto de m ira del expansionism o asirio. b a b i lonio y persa. De esta form a el creci m iento de la actividad com ercial, que respondía al tipo de com ercio d en o m inado administrativo, desarrollado a
través de canales e instituciones ofi ciales y sustentado sobre la base de una am plia actividad diplom ática di rigida a establecer las debidas g aran tías recíprocas, al m ism o tiem po que situaba a las ciudades fenicias bajo la dependencia de los poderes políticos dom inantes de su entorno, les asegu raba tam bién u n a form a de trato es pecial que g aran tizab a u na cierta au tonom ía —ya que no era conveniente d e s tru ir ta n p o d e ro s a s fu en tes de beneficios— salvo en ocasiones de re beldía en co n ad a y m anifiesta (Reve- re, 1976).
Todo este tráfico d escansab a sobre u na especializada in du stria de m a n u facturas en torno a la producción de u na extensa gam a de variados artícu los: m uebles y objetos de ebanistería, vestidos de lan a y lino teñidos con su fam osa p ú rp u ra, estatuillas y cuencos decorados en bronce, platos, fuentes y jarro s de bronce y plata, collares, pu l seras, pendientes, colgantes y otros objetos de orfebrería en m etales no bles, vidriados, m arfiles decorados y cerám icas eran producidos en los ta lleres fenicios, cuyos artesanos, que transm itían su oficio p o r tradición fa m iliar, se h a lla b a n reunidos en cor poraciones profesionales bajo la au toridad de un gran m aestro. Si bien durante la Edad del B ronce m uchas de estas corporaciones con sus m iem bros estab an som etidas a una dep en dencia directa del palacio y eran in cluso deno m inados com o «hom bres del rey», el declive del sistem a de o r ganización palacia· tras las invasio nes de los «Pueblos del M ar» y la ex tensión de los principios del derecho individualista que aco m p añ ó al au ge de las actividades com erciales fa voreció sin duda u n a m ayor au to no mía de estas corporaciones profesio nales, al parecer m uy sem ejantes a las que encontram os en otros lugares del Próxim o Oriente.
Las m aterias p rim as de que se n u tría toda esta actividad m an ufacture ra provenían en parte del propio país
52 A ka l Historia d e l M undo Antiguo
fenicio y en parte eran apo rtad as p or el comercio. La m adera de cedro y de abeto se p o d ía aú n o b ten er de los bosques del L íbano, au n q u e en me n or cuantía debido a lo av a nzado del proceso de desforestación, y la p ú rp u ra se extraía del m úrice m uy a b u n dante en todo el litoral. L a p asta de vidrio tam bién obedecía a un abaste cim iento local m ientras que el cobre procedía sobre todo de C hipre, el oro y la p lata de E tiopía y el Asia M enor, a u n q u e tam b ién los recib ían de la P en ín su la Ib érica (Tartessos) ju n to con el hierro y el ap reciado estaño de O c cid en te, y el m a rfil se o b te n ía de la I n d ia a trav é s del M a r Rojo, o de Africa a través de Egip to, C artago y las restantes colonias africanas.
La agricultura, au n q u e p rósp era en cuanto a técnicas y cultivos se refiere, se vio perjudicad a p o r la am plia des forestación del territorio, la com pe tencia ganadera y las devastaciones asirías. A dem ás, tras las invasiones de los «Pueblos del M ar» el territorio de Fenicia se h abía visto con sid era blem ente reducido y la franja costera central no podía p ro p o rcio n ar los re cursos suficientes p ara u n a población en aum ento. La respuesta adaptativa estribó, com o vimos, en el desarrollo del com ercio y las m anu factu ras que perm itía obtener del exterior el ap ro visionam iento suplem entario necesi tado. En este sentido, p o r las co n d i ciones que las rodeaban, las ciudades fenicias no diferían esencialm ente de las de otros países m editerráneos co m o G recia o Italia.
Estam os m uy m al inform ados en lo que a la organización social del m undo fenicio se refiere. La fam ilia, de tipo patriarcal, se fu n d am en tab a en el m atrim onio m onógam o, y en el ám bito colonial m editerráneo no p a recen h ab e r existido m uchos pro b le m as en torno a los enlaces m ixtos en tre m iem bros de etnias diferentes. La p rofund ización en el derecho de cor te individualista com o consecuencia
CASSITER ID ES
A
p. Guadalquivir
de la expansión de las actividades co m erciales tendió sin d u d a a disolver las relaciones fam iliares típicas de la E dad del Bronce, con lo que la fam i lia ex tensa d eb ió ce d er p a u la tin a m ente su sitio a aquélla otra de carác ter m ás reducido y concretada p a r tic u la rm e n te en los m iem b ro s del m atrim on io y su descendencia direc ta. U na sociedad com o la fenicia de bía ser, al m enos en el m arco de la
Cilicia Rodas CRETA Naucratis ITINERARIOS ETRURIA ©Alerla Thaj ros ' — ■*— . #M . SIRAI Sulcis « / ^ ara,is ! Mora v<v ► Roma « C u m a s GRECIA N , \ ■■■ * * H im e r a IJtica %Motia C a r t a g o * ! \ I X ^ ΝΛ - dn im e tu m *! M ALTA • Ugarit C H I P R E * Kltion \ · Arvad , · Biblos • Sidón
ciudad, profundam ente individu alis ta y ello tuvo que favorecer a su vez la posición de la m ujer en el seno de la fam ilia y de la sociedad, y no en vano la encontram os en ocasiones desem peñ a n d o actividades económ icas im portantes en directa relación con el comercio. Desde esta perspectiva la m ujer en Fenicia parece h a b e r estado más cerca de la situación que disfru ta b a n las m ujeres en B abilonia que
54 Akal Historia del M undo Antiguo
del enclaustram iento característico de Asiria o Grecia.
La sociedad distinguía entre h o m bres libres y esclavos. La situación de estos últim os no nos es conocida pero sabem os que p o d ían con traer m atri m onio que les era reconocido p or la ley, lo que perm ite su po n er que goza b an de alguna clase de perso n alid ad jurídica. Al igual que en otros lugares de O riente las fuentes de la esclavitud residían en las condiciones socio-eco nóm icas internas y en el am plio co m ercio de estos. Los hom bres libres, sin d ud a jerarq u izad o s en u n a serie de categorías sociales o socio-profe sionales, constituían una sociedad d i nám ica y cosm opolita. Pese a la falta de docu m en tació n podem os d istin guir a grandes rasgos la existencia de u na aristocracia de corte terraten ien te en frentada en d eterm inados m o m entos a u n a oligarquía com erciante. La génesis de esta últim a no está cla ra, p e ro b ie n se p o d ría tr a t a r de m iem bros del funcionariado político que supieron aprovechar las ventajas que e m a n a b a n de sus cargos p ara realizar negocios p o r cuenta propia. En cualqu ier caso el alto sacerdocio de M eikart, que com partía tam bién las responsabilidades políticas, p are ce haberse situado al frente de esta oligarquía de com erciantes y m erca deres desde m uy pronto, debido segu ram ente al im portante papel desem peñ ad o por sus tem plos en la ex p a n sión com ercial. El desarrollo de las actividades com erciales y m an u factu reras tuvo com o consecuencia el cre cim iento de la «clase m edia» u rb a n a que se dedicab a preferen tem en te a este tipo de m enesteres. Todo lo rela cionado con el com ercio, la co nstruc ción, equipam iento y flete de los b a r cos, y con los procesos m an u factu re ros aseguraba u na am plia dem an d a laboral que sirvió de estím ulo p ara el despegue de este e n tra m a d o social característico de la vida de las ciu d a des. D entro de esta «clase m edia», m uy heterogénea y n o tablem ente ágil
«Soy Yehawmilk, rey de Biblos, hijo de Ye- harbal, nieto de Urimilk, rey de Biblos, a quien la Dama, la Señora de Biblos (Baa- lat), hizo rey de Biblos. He estado llaman do a mi dueña, la Señora de Biblos, y ella ha oído mi voz. Por ello, he hecho para mi dueña, la Señora de Biblos, este altar de bronce que se halla en este patio y esta puerta de oro que está delante de esta ins cripción mía, con el disco solar alado de oro engastado en una piedra preciosa, que se halla sobre esta puerta de oro, y este pórtico con sus columnas y los capiteles que están sobre ellas, y su tejado: Yo Ye hawmilk de Biblos, he hecho para mi Due ña, la Señora de Biblos, porque llamé a mi Dueña, la Señora de Biblos, y oyó mi voz y me trató bondadosamente. Quiera la Se ñora de Biblos bendecir y preservar a Ye hawmilk, rey de Biblos, y prolongar sus días y años en Biblos, pues es un monarca recto. Y quiera la Dueña, la Señora de Bi blos, otorgarle favor a los ojos de los dio ses y a los ojos del pueblo de su país, y que él se complazca en la gente de este país. Seas quien fueres, gobernante y hombre ordinario, tú el que continúe la obra de este altar y de esta puerta de oro y este pórtico, mi nombre, «Yehawmilk, rey de Biblos», pondrás con el tuyo en esta obra, y si no pones mi nombre con el tuyo, o si quitas esta obra y la trasladas de sus cimientos en este lugar y... (?) así la Due ña, la Señora de Biblos, destruya ese hom bre y su simiente en presencia de todos los dioses de Biblos.»
(Inscripción votiva dedicada a la diosa Baalat, procedente de Biblos y fechada en torno al siglo V a.C., ANET, 502) «Una casa construida por Yehimilk, rey de Biblos, que restauró también aquí todas las casas arruinadas. Baal-Shamin y la Se ñora de Biblos (Baalat) y la Asamblea de los Sagrados Dioses de Biblos prolonguen los días y años de Yehimilk en Biblos, por que es un rey justo y un soberano recto en presencia de los S agrados Dioses de Biblos.»
(Inscripción procedente de Biblos fechada en el siglo X a.C. que recoge, al parecer, la consagración de un templo, AN E T, 499)
y em prendedora, destacaba un arte sa n a d o m uy cualificado m erecedor de una am plia reputación que le llevó a participar, entre otras, en la cons trucción y o rnam entación del tem plo de Salom ón y a ser em pleado en d i versas ocasiones p o r los soberanos asirios p a ra el em b ellecim ien to de sus suntuosas residencias. Por debajo de ella, el cam pesinado rural, integra do en su m ayoría p o r pequeños y m e dianos propietarios, se debatía entre las prestaciones económ icas y m ilita res de que era objeto, y el m iedo a las devastaciones producidas por los ejér citos extranjeros. Su situación queda parcialm en te plasm ad a en la em igra ción hacia las colonias m editerráneas que le afectó en parte en época de las invasiones asirías. Parece, en efecto, que la auténtica dicotonom ía p ropia de la sociedad fenicia es la que se es tablece entre este am biente rural y el entorno urbano.
12. Organización política
del m undo fenicio
Fenicia no constituyó nun ca u n a e n tidad política unitaria de carácter n a cional. Por el contrario, com o se ha dicho, el país se en co n trab a fragm en tado en una serie de ciudades-estado de m ayor o m enor im portancia que políticam ente eran autónom as e in dependientes entre sí. Esto quiere de cir que cada u na poseía su propio sis tema de autogobierno, todos ellos muy sim ilares entre sí, y ya en época de los p ersas se estab leció en T rípoli u n consejo federal al que cada una en viaba sus representantes. A lgunas de estas ciudades ejercieron una especie de hegem onía sobre cuyo fu n cio n a m iento ap enas sabem os nada. D u ran te el III m ilenio o la E dad del B ronce Antiguo fue Biblos el centro políticam ente m ás im p o rtan te, y el hecho de que los archivos de la loca lidad siria de Ebla, con la que com er
ciaba, no m encionen n u n ca a los m o n arcas de otras ciudades cananeas, com o Tiro, ha llevado a p en sa r que tal vez la antigua G ebal las co ntro la ra en el m arco de u n estado que las abarcara con sus territorios. Ugarit se distinguió, ju n to con la m ism a Bi blos, durante casi todo el II m ilenio (Edades del Bronce M edio y R ecien te) para dejar paso tras su destrucción por los «Pueblos del M ar» a Sidón. La p repon derancia de ésta parece h a ber sido un hecho d u ran te la Prim era Edad del H ierro (1200-900 a.C.) para ser a co n tin u ac ió n d esb a n cad a , en c ircu n stan cias que se nos escapan, por Tiro que, entre otras, aho ra ejer cerá su hegem onía sobre ella durante la Segunda E dad del H ierro (900-550 a.C.). Su capitulación ante los ejérci tos de N a b u co d o n o so r de B abilonia m arcaría el inicio de u n cierto declive que hab ría de favorecer nuevam ente a Sidón durante el período persa (U l tim a Edad del Hierro: 550-330 a.C.) para ser de nuevo brevem ente despla zada por Tiro tras su destrucción a consecuencia de su revuelta contra aquéllos. En la m ayoría de las ocasio nes estas hegem onías no parecen h a b er im plicado la desap arición de las d in a s tía s lo c a le s de las c iu d a d e s co n tro lad as p o r otro cen tro de p o der fenicio m ás im p o rtan te, p o r lo que debem os p e n sa r que sus reyes q u e d a ría n s u p e d ita d o s a la a u to ridad principal de un soberano más poderoso.
La form a tradicion al de gobierno consistía en la m o n arq u ía hereditaria de derecho divino. Los reyes parecen h ab e r prestado especial atención a la sucesión dinástica si bien en diversas ocasiones las guerras y las con sp ira ciones palaciegas alteraro n la suce sión establecida. El concepto de rea leza nos es ilustrado p o r algunas ins cripciones en las que el m on arca es caracterizad o com o «justo» y «vir tuoso», así com o p or la actividad que, al igual que otros soberanos orien ta les, desplegaron los reyes fenicios en
56 A ka l Historia d e l M undo Antiguo
torno a la construcción de tem plos y al levantam iento y dedicación de es tatuas. A lo que parece la reina no es taba desprovista de facultades: podía actu ar com o regente y co m p artir las altas funciones sacerdotales con el rey, si bien seguram ente debía despo sarse p ara p oder acceder a tales p re rrogativas. El c a rá c te r religioso de la m o n a r q u ía f e n ic io -c a n a n e a se a d v ie rte c o n c la r id a d en las fu n ciones de sum o sacerdocio que de sem peña: rey y iein a eran respecti vam ente sacerdote y sacerdotisa de la m ás im p o rta n te d iv in id a d local de c a rá c te r a g rario (B a a la t en Bi b lo s y B e iru t, A s ta r té e n T iro y Sidón).
Junto al m onarca, al frente de la adm inistración de la ciu d ad se en co n tra b a u n g o bernador, desde los tiem pos de Ugarit, y un co m an d an te m ilitar. El rey era asistido en sus fun ciones de gobierno p o r u n a asam blea de la nobleza integrada p o r «los a n cianos del país reunidos en consejo», órgano que parece rem ontarse a la E dad del Bronce A ntiguo y que p o dían tom ar decisiones d u ran te su au sencia. Integrado prim itivam ente p or los m iem bros de la aristo cracia de sangre, a m edida que la expansión de las actividades com erciales llegó a fa vorecer la aparición de u n a oligar quía de carácter m ercantil en las ciu dades fenicias, su com p o sició n fue progresivam ente alterada. Los ricos y poderosos com erciantes y m ercade res, a los que en la Biblia se llega a ca lificar de « príncipes» (Isaías, 23, 5, 8-9, 15, 17-18), dejaron sentir pronto su voz en las cuestiones políticas re cortando en parte el poder de la rea leza. Su articulación política se desa rrolló m ediante su integración en la asam blea de la nobleza donde m uy pronto fueron dom inantes. Los repre sentantes de las principales fam ilias que co ntro laban el com ercio interve n ían así en la adm inistración de sus ciudades m ediante la elección de su
fetes, m agistrados civiles que desem
p e ñ a b a n su función p o r el período de uno o varios años actuand o de form a colegiada. El p od er de esta oligarquía llegó a acrecentarse h asta el p u n to de que en ocasiones llegaron, a través de la asam blea que co ntro lab an, a ac tu ar contra el rey, com o ocurrió u na vez en Sidón (D iodoro, XV, 1, 54), e incluso a sustituirle tem poralm ente, com o ocurrió en Tiro a finales de la S egunda E dad del Hierro. N o deja, así m ismo, de ser significativo que la form a de gobierno en las colonias fe nicias del M editerráneo fuera preci sam ente el sufetato, co incidiendo con el hecho de que la existencia de tales asentam ientos esté directam ente rela cio n ad a con la actividad de la o li garquía m ercantil; es decir: la oligar quía m ercantil es la que ejerce allí todo el control político y lo desarrolla m ediante esta in stitu ció n que le es propia.
C abe recordar finalm ente la exis tencia de asam bleas popu lares en las ciudades fenicias (M oscati, 1972, 657- 666), au n q u e su m argen de actuación p olítica parece h a b e r sido bastante reducido y sus decisiones escasam en te vinculantes. Estas asam bleas p o p u lares, sobre cuyo funcionam iento tam poco sabem os g ran cosa, ap a rec en igualm ente en el ám bito de la colon i zación m editerránea que se distingue p o r la ausencia de la m o n arq u ía co m o sistem a de gobierno, m ientras que ésta se perpetúa en O riente h asta al c a n z a r casi el período rom ano. H ay algunas razones que p erm iten sospe ch a r que en los últim os m om entos de la época helenística, en algunas ciu dades, com o Tiro, la asam blea de n o tables, tam b ién co n o cid a com o los «C iento U no» se h a b ía h echo con el c o n tr o l a b s o lu to del p o d e r , a