de bosques tropicales del mundo
IDH 2005 NBI
3.1 LA VIEJA FRONTERA:
extractivismo sin desarrollo humano El norte amazónico: la región
con el mayor grado de conservación de Bolivia
El norte amazónico boliviano no se inserta en un modelo de apertura de frontera agro- pecuaria, uso intensivo y mayor amplia- ción de frontera. Aunque, como veremos más adelante, se evidencia una tendencia hacia la agricultura de roza y quema y ga- nadería de pequeña escala, esta presión no ha roto el equilibrio del ecosistema amazó- nico. Esta amenaza está latente en el desa- rrollo económico y humano, pero hoy en
día esta región presenta el mejor estado de conservación de Bolivia8.
Hace poco más de diez años se postulaba que la superfi cie del norte amazónico boli- viano estaba compuesta en un 94% de bosque, en su mayoría intacto, 3% de bar- bechos y otro 3% de desmonte para agri- cultura y ganadería9. Ibisch y Mérida (2003)
y SERNAP (2006) corroboran que la región tiene un grado de conservación bueno o excelente. Este hecho está estrechamente ligado a la extracción de la goma hace un siglo y a la castaña en el presente, ambos aprovechamientos requieren el bosque en pie. Al mismo tiempo, la baja densidad po- blacional, la tardía incorporación del área en la economía nacional10 y los altos costos
de transporte han limitado hasta hace poco las presiones antropogénicas sobre estos recursos forestales11.
El norte amazónico o colinoso del norte tie- ne una superfi cie aproximada de siete mi-
llones de hectáreas12, comprende todo el
departamento de Pando, la provincia Vaca Diez del departamento de Beni y el norte de la provincia Iturralde del departamen- to de La Paz. Se caracteriza porque las condiciones de temperatura y precipita- ción han posibilitado un notable desarro- llo del bosque amazónico, en especial el bosque tropical de tierra fi rme13. De acuer-
do al Plan de Uso de Suelos del Departa- mento de Pando, el 51% del territorio del departamento tiene la categoría de “tie- rras de uso forestal”, el 18.8% son tierras de uso restringido y de protección, el 15% son tierras de uso agrosilvopastoril, el 0.2% de uso agropecuario extensivo y el 15% son áreas protegidas.
El territorio amazónico boliviano correspon- de al 1.27% de toda la amazonia sudame- ricana. A pesar de su pequeña proporción,
6 El precio máximo pagado por COINCACAPA llegó a Bs. 500. El precio que actualmente paga es de Bs. 330. 7 Paz Soldán M., 2008, op. cit.
8 Ibisch P. y Mérida G., 2003, op. cit.
9 Beekma J. et. al., 1996 “Base ambiental para el desarrollo del departamento de Pando y la provincia Vaca Diez”, SNV (Servicio Holandés de Cooperación al Desarrollo), Pando-Bolivia.
10 Stoian D., 2005, “La economía extractivista de la amazonia norte boliviana”.
11 PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo), 2003, “Informe de Desarrollo Humano en el Norte Amazónico Boliviano”, PNUD, La Paz.
12 Ibíd., Ibisch P. y Mérida G., 2003.
13 Instituto Socioambiental - Bolivia (ISA), 2005, “Potencialidades para el biocomercio sostenible en municipios del norte amazónico de Bolivia y articulaciones de municipios priorizados al programa nacional de biocomercio sostenible”, ISA.
este territorio contribuye a la estabilidad climática, pues este bosque equilibra la temperatura mundial entre uno y dos gra- dos centígrados14, aporta al balance de la
humedad del planeta y exhibe una gran ri- queza en especies que lo convierte en el lugar más diverso del mundo en términos ecológicos. A su vez, la cuenca amazónica constituye el mayor sistema hidrográfi co del planeta; se estima que concentra aproximadamente el 20% del total de agua dulce disponible sobre la superfi cie terres- tre. El río Amazonas, de casi siete millones de metros de longitud15, es el río más ex-
tenso del planeta.
A pesar de la importancia ecológica de esta región, el Brasil –que posee la mayor ex- tensión de la amazonia– ha deforestado 60
millones de hectáreas desde 197016. Los
efectos devastadores de esta deforestación en uno de los ecosistemas más frágiles concentran la atención del debate actual y ofrecen pronósticos catastrófi cos. Los sue- los son frágiles debido a su composición química y, aunque son físicamente bue- nos, su fertilidad es baja debido a la poca materia orgánica resultante del ciclo bioló- gico de los bosques tropicales. No obstan- te, con un buen manejo, estos suelos son aptos para los sistemas agroforestales y cultivos de subsistencia17. La fragilidad en
sus suelos ubica a la amazonia en una po- sición de alta vulnerabilidad ante el calen- tamiento global.
Patrón extractivista sin desarrollo humano
El buen estado de conservación del norte amazónico representa un reto y una opor- tunidad frente al patrón depredador del medioambiente característico de otras re- giones del país. Esta región se posiciona en una situación única para dar el salto cuali-
tativo en la construcción de un modelo de frontera que mantenga los niveles de con- servación y que, al mismo tiempo, genere un mayor desarrollo humano. Sin embar- go, el modelo estático de desarrollo econó- mico extractivista entrampado en el pri- mer eslabón caracteriza el viejo patrón y la economía de base estrecha del norte ama- zónico y es, justamente, éste el talón de Aquiles de la región.
Pese a que Bolivia es líder mundial en expor- tación de castaña, la desarticulación de los actores productivos de los eslabones pri- marios y los actores insertados en los mer- cados externos evidencia la inequitativa distribución de los réditos de esta exporta- ción. El modelo estático muestra una re- gión bien conservada en términos ecológi- cos pero con un patrón de crecimiento focalizado en un único sector (el castañero) y en pocos actores (los exportadores). Aun- que la superfi cie deforestada en el departa- mento de Pando es la más baja de la región oriental, con 62,993 hectáreas entre 2004 y 200618, el índice de desarrollo humano es
0.654, uno de los más bajos después del altiplano y el chaco.
El norte amazónico ha estado alejado de todos los centros históricos de poder del país: Potosí, Chuquisaca y La Paz. Es una zona de tardía y débil articulación con el Estado boliviano (fi nes del siglo XIX). La región no se articuló al Estado colonial ni siquiera a través de los misioneros reli- giosos que colonizaron otras regiones de las tierras bajas en la Chiquitanía y
Moxos19. Su conformación fue defi nida
por la economía gomera establecida en la región desde fi nes de 1860. Esta eco- nomía, posteriormente, se transformó en economía gomera y castañera hasta la década de los años 80 del siglo XX. En la actualidad, está centrada en la produc- ción de castaña.
14 Kerr S. et. al., 2003, “Tropical forest protection, uncertainty and the environmental integrity of carbon mitigation policies”, MOTU Working Paper 04-05. Wellington, New Zealand. [www.motu.org.nz/]
15 El País, 2007. http://www.elpais.com/articulo/internacional/rio/largo/mundo/elpepuint/20070616elpepuint_2/Tes) 16 [www.mongabay.com/visita 2008]
17 ISA, 2005. op. cit.
18 Superintendencia Forestal, 2007, “Exportación de recursos forestales con valor agregado”. 19 Ibíd., (ISA, 2005).
RECUADRO 3.1
que primario en las próximas décadas. Para Bolivia esto significaría la desapari- ción de los bosques nublados, pues el cambio en el clima regional inhibe la lluvia y las nubes de alta elevación (ambas con- diciones necesarias para que este ecosis- tema exista). A la fecha, estas consecuen- cias ya están conduciendo a la extinción de especies como el sapito dorado de la cordillera centroamericana.
En palabras de Dan Nespad, científi co prin- cipal del Woods Hole Research Center, “la importancia del bosque amazónico para el clima global no puede ser minimizada,… por- que ésta es… esencial, no sólo para enfriar la temperatura del mundo, sino como fuente de agua dulce de magnitud, que podría bastar para incidir en algunas de las grandes corrien- tes oceánicas; además, es un depósito masi- vo de carbono”.
De hecho, es probable que el calentamien- to global reduzca la precipitación en el bos- que amazónico en más de un 20%, espe- cialmente en la porción oriental de la amazo- nia, haciendo que las temperaturas locales aumenten en más de 2ºC, y tal vez hasta en 8ºC durante la segunda mitad de este siglo. Algunas estrategias para detener la defores- tación en la amazonia incluyen la minimiza- ción de los impactos negativos de la gana- dería y de los proyectos de infraestructura, así como una acelerada expansión de la red de áreas protegidas existente.
Fuente: Nepstad (2007); Stern (2006).
El cambio climático pone en peligro a la amazonia
El bosque húmedo tropical más grande del mundo está en riesgo de caer en un círculo vicioso de cambio climático y defo- restación que podría destruir o dañar gra- vemente casi el 60% de su biodiversidad hasta el año 2030. El Informe Stern (2006) ha pronosticado que si aumenta la tempe- ratura en 2ºC y si se produce un incremento de la sequedad atmosférica en torno a la cuenca del Amazonas, se daría la extinción de la masa forestal con mayor biodiversi- dad del planeta. La región amazónica es altamente sensible a la reducción de preci- pitaciones, que modifi ca los ecosistemas y da lugar a la disminución sustancial de an- fi bios y éstos, a su vez, afectan la dinámica de poblaciones de insectos vectores de en- fermedades. El cambio climático, afi rma el Informe Stern, acentúa los procesos de de- gradación forestal y erosión genética en los bosques pluviales de la amazonia. Estos cambios afectan también la regulación del ciclo hidrológico al interior y al exterior de la cuenca del Amazonas, reduciendo los stoc- ks de carbono mundial.
World Wildlife Fund (WWF) revela las dramáticas consecuencias sobre el clima local y global, además de los impactos so- bre los medios de vida de los habitantes de América del Sur. Muchas especies de animales, incluyendo varios primates, per- derán más del 80% de su hábitat de bos-
Cuando el Brasil eliminó el subsidio a la com- pra de la goma boliviana, la actividad go- mera se paralizó casi completamente, pero surgieron mejores condiciones para la ex- portación de la castaña. Con ello se debilitó el sistema de la barraca: los siringueros y los trabajadores temporales de la recolec- ción de la goma emigraron a los centros urbanos de Riberalta, Guayaramerín y Co- bija y varias barracas se transformaron en comunidades libres.
La economía del norte amazónico responde a actividades extractivistas debido a la vo- cación de sus suelos y las inundaciones es- tacionales que no permiten la mecaniza- ción ni las actividades agropecuarias extensivas o comerciales. Por ello, el desa- rrollo de plantaciones a escala comercial es limitado; sin embargo, cada año se habili- tan parcelas agrícolas en los nuevos asenta- mientos de colonización espontánea y es- tancias ganaderas de sistemas intensivos
de alto impacto medioambiental. Las acti- vidades económicas de la población rural están centradas en la recolección de la cas- taña, la agricultura, la caza y pesca de sub- sistencia y en actividades aisladas de apro- vechamiento de productos forestales no maderables. Adicionalmente, se realizan actividades de benefi ciado de la castaña, el aprovechamiento de la madera en conce- siones forestales (aunque el porcentaje de extracción ilegal es alto) y, en menor medi- da, la agroindustria.
La deforestación y la quema de pastizales requeridas para instalar una estancia gana- dera tienen un alto costo ambiental: efec- tos sobre los suelos y emisión de carbono.
En contraposición, “…una tala de árboles
de baja intensidad tiene efectos positivos so- bre el ambiente, pues la regeneración de la vegetación permite captar más carbono de lo que se ha perdido por la tala…”20. Un bos-
que en regeneración tiene mayor capaci- dad de absorción de carbono, no obstante, es importante considerar el balance entre las emisiones provocadas por la tala que pueden incrementarse si se la realiza con maquinaria que utiliza combustible fósil. Paralelamente, una proporción importante de
la población se dedica, total o parcialmente, a actividades de servicios y comercio en las ciudades. Los ingresos más importantes se generan en las ciudades capitales y en po- blaciones intermedias fuertemente ligadas a los principales mercados de consumo, quedando rezagados los municipios rurales que participan en las cadenas de la madera y la castaña que no se encuentran articula- das verticalmente.
En segundo lugar, después de la castaña, el aprovechamiento de la madera representa una actividad dinámica, particularmente la realizada por empresas madereras pro- venientes de Santa Cruz. Aunque gran par- te se produce al margen de la ley, la extrac- ción maderera ha crecido en los últimos
años y con ella las exportaciones, especial-
mente de productos transformados21. La
madera ocupa una posición cada vez más importante en la región: su explotación creció de 20,000 metros cúbicos por año a mediados de los 80 a más de 100,000 a fi - nales de los 9022. Dada la tala selectiva de
maderas valiosas en otras partes del país, la producción de madera en el norte ama- zónico se ha incrementado. El reto está en enmarcar este aprovechamiento en la le- galidad y, más aun, en esquemas certifi ca- dos de manejo sostenible. En menor medi- da, la ganadería vacuna y las explotaciones agrícolas adquieren cada vez más tierras para este fi n, convirtiendo áreas boscosas en tierras de pastoreo, especialmente a lo largo de las carreteras que unen los princi- pales centros urbanos.
Los actores del extractivismo: desarticulados y subordinados
Como se ha visto, el norte amazónico se dis- tingue por su alta dependencia de la econo- mía de la castaña. La base de la actividad extractiva es la recolección realizada por de- cenas de miles de zafreros, indígenas y campesinos, actores desarticulados y su- bordinados a los actores del segundo, tercer y cuarto eslabón, estos últimos vinculados a la transformación y los mercados de expor- tación. A continuación veremos la caracteri- zación de cada uno de ellos.
Los actores socioeconómicos de la región del norte amazónico pueden agruparse según actividad económica y uso de la tierra de la siguiente forma: i) comunidades agrícolas campesinas con acceso a los principales mercados locales por su cercanía y la pre- sencia de carreteras, con acceso a servicios básicos como salud y educación; ii) comu- nidades duales dedicadas a la agricultura de subsistencia y a la extracción de recur- sos del bosque como actividad comple-
20 Bojanic A. en PNUD-IDH, 2003b: 73, op. cit.
21 Pacheco P. 2007, “Enfoques forestales homogéneos para actores diversos: la encrucijada del manejo de bosques en Bolivia”,
documento de trabajo para el Informe sobre Desarrollo Humano PNUD, Bolivia. Para más detalles sobre el sector forestal ver capítulo 5.
22 Stoian D., 2000, “Variations and dynamics of extractive economies: the rural-urban nexus of non-timber forest use in the Bolivian Amazon”, University of Freiburg, Alemania.
mentaria, asentadas generalmente en zo- nas carentes de servicios y de difícil acceso; y iii) población netamente extractivista, no propietaria de tierra, establecida en zonas periurbanas, o inmigrante dedicada a la extracción de recursos del bosque a través de contratos con haciendas de barraca o empresas benefi ciadoras 23.
Con relación a la actividad castañera, los principales actores productivos son las concesiones forestales, barraqueros, bene- fi ciadoras, zafreros y comunidades campe- sinas. La incorporación de nuevos actores a esta actividad económica extractiva es cada vez mayor 24. Todos ellos engrosan la
masa de actores del primer eslabón, en franca desarticulación con las empresas benefi ciadoras, las únicas vinculadas con los mercados de exportación.
La propiedad de la tierra es compartida y, en muchos casos, sobrepuesta entre territo- rios comunitarios de origen (TCO), conce- siones forestales, zonas de colonización de campesinos andinos y barracas de gran- des extensiones, algunas de hasta 300,000 hectáreas. Las relaciones de confl icto entre los actores socioeconómicos del norte amazónico parecen estar disminuyendo. La sobreposición de usos agrícolas, fores- tales y extractivos y la falta de esclareci- miento del derecho propietario sobre la tierra, que ha caracterizado a esta región hasta hace pocos años, podría haber dis- minuido en la medida del avance del sa- neamiento de tierras. El último informe del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) establece un avance de 6.4 millo- nes hectáreas saneadas y 3.7 millones de hectáreas tituladas, lo que representa un 72% del total demandado.
El acceso a la tierra defi ne, de alguna manera, las oportunidades de una mayor articula- ción de los actores del primer eslabón en una economía de base ancha. Los zafreros o
cosechadores de castaña no son poseedo- res de tierra y viven normalmente dentro de las barracas. Esta situación los coloca en una extrema desventaja e inaccesibilidad a la cadena productiva de la castaña amazó- nica. Su población contabilizada es de 6,000 habitantes, pero los zafreros que habitan en los centros urbanos son numerosos, lo que hace que este grupo esté representado por
30,000 personas aproximadamente 25.
Los barraqueros organizan la recolección de la castaña y contratan a los zafreros, quienes se trasladan a las barracas por tres o cuatro me- ses. Las barracas son el resultado de la frag- mentación del gran latifundio gomero esta- blecido por Nicolás Suárez. Hoy, hay 251 barracas, pero se encuentran en proceso de conversión a concesiones forestales 26. Los
barraqueros actúan como intermediarios: venden la castaña recolectada por los zafre- ros a las empresas benefi ciadoras.
Las comunidades campesinas libres, con una población aproximada de 38,000 habitan- tes agrupados en 253 comunidades, se han formado, en gran parte, después de la crisis de la goma. Sus actividades están ligadas fuertemente o dependen de la recolección de castaña y no realizan un aprovechamien- to integral de los recursos naturales. Ocu- pan un espacio de 1,900,000 hectáreas, lo que en promedio signifi ca una superfi cie de 7,500 hectáreas por comunidad 27.
El asentamiento de las comunidades ayma- ras y quechuas se dio en distintas épocas, pero principalmente en los años 80 como consecuencia de la “relocalización” de mi- les de trabajadores mineros. Dichos asen- tamientos se encuentran al oeste de la re- gión, al margen del río Beni y en las proximidades de Ixiamas, al norte de La Paz. Poseen un promedio de 500 hectáreas por familia. Los diversos actores producti- vos campesinos conforman tres centrales indígenas agrupadas en capitanías o con-
23 PNBS-FAN, 2007a, “Diagnóstico de ingredientes naturales: productos forestales no maderables”, Santa Cruz.
24 DHV-BID, 2007, “Evaluación ambiental estratégica del Corredor Norte”, Administradora Boliviana de Carreteras (ABC), Bolivia. 25 Stoian D., 2004, “Cosechando lo que cae: la economía de la castaña (Bertholletia excelsa) en la Amazonia boliviana” en:
Alexiades, M.N. & Shanley, P. (eds.), “Productos forestales, medios de subsistencia y conservación: estudios de caso sobre sistemas de manejo de productos forestales no maderables”, Vol. 3 – América Latina, CIFOR, Indonesia.
26 MDRAyMA, 2007, “Base de datos sobre el sector forestal de Bolivia: 1997-2006”, op. cit. 27 Ibíd., PNBS-FAN, 2007a.
sejos indígenas y tres federaciones de campesinos colonizadores28. Tanto las co-
munidades libres de campesinos como los colonizadores aprovechan la castaña de sus parcelas y la venden a intermediarios o, cuando están asociados en cooperati- vas, directamente a ellas.
Los pueblos indígenas que habitan el norte amazónico tienen diferentes tradiciones y culturas y son sobrevivientes de un proce- so de etnocidio sucedido durante el auge de la goma en el siglo XIX. La población que se autoidentifi ca indígena es de 12,300 habitantes y representa el 13% de la po- blación del norte amazónico.
La población que habla idiomas indígenas as- ciende a 9,060 habitantes, de los cuales sólo 1,860 hablan lenguas de tierras bajas, mien- tras 3,700 hablan aymara y 3,500 quechua. Actualmente, los pueblos indígenas presen- tes en la región amazónica constituyen una proporción minoritaria de la población to-