a la alimentación adecuada
Anexo 5. Fotografía del Diario Vanguardia tomada en el lugar del conflicto
2. Políticas públicas y falta de condiciones de arraigo en la comunidad
3.1 La vigencia del derecho humano a la alimentación adecuada
Los problemas de disponibilidad
La principal problemática en materia de disponibilidad de alimentos diversificados en la colonia estaría vinculada a la forma en la que se ha visto afectada la producción de alimentos en general y, para autoconsumo en particular, de las familias pobladoras. El avance del agronegocio que ha ido cercando a los lotes campesinos y ha penetrado ya en parcelas dentro de la propia colonia no es fortuito. Toda la infraestructura de producción y comercialización en la zona se ha desarrollado en función de potenciar la producción empresarial ganadera y de granos.
La producción de alimentos por las chacras familiares ha disminuido por la baja rentabilidad, las dificultades cada vez mayores de producción (por las plagas que devienen de los grandes monocultivos, las derivas de agrotóxicos y la falta de insumos productivos accesibles), así como la carencia prácticamente absoluta de condiciones para la comercialización de los mismos. A ello debe sumarse, el daño directo que ocasiona la contaminación de aguas, suelos y aire por productos agrotóxicos derivados de las grandes explotaciones circundantes, al ocasionar la muerte de los diversos animales de cría de las familias, sobre todo, aves y chanchos; así como el factor de migración forzada de adolescentes y jóvenes que deben salir de la comunidad en búsqueda de oportunidades de estudio y trabajo; disminuyendo la fuerza humana disponible para trabajar en las chacras. Asimismo, la migración de familias completas, intensificada en los últimos años, favorece la ocupación ilegal de
lotes por explotaciones sojeras, en detrimento de la producción de alimentos familiares.
Los problemas de accesibilidad
Física: Las familias de la comunidad adquieren productos alimenticios sobre todo en supermercados de las ciudades de Curuguaty y Piro’y; adonde intentan ir de manera mensual. Existen pequeños almacenes de venta de artículos básicos en la colonia; aunque varios de estos micro-emprendimientos habrían cerrado por la disminución de personas en los últimos años. A su vez, existen almacenes de mayor tamaño sobre la ruta Nro. 10, a los que acudirían sólo de modo eventual, en razón de que los precios son más elevados que en las ciudades.
Económica: La dinámica productiva de la comunidad de Yeruti evidencia el tipo de políticas promovidas desde el Estado paraguayo hacia el sector campesino en las dos últimas décadas. En principio, el rubro de renta de las familias era el algodón; este se habría dejado de sembrar hace seis años aproximadamente. En la actualidad el principal rubro de renta agrícola es el sésamo. Las familias que pertenecen al comité de productores lo comercializan a través del mismo; las demás, lo hacen por cuenta propia. La última producción de sésamo fue de aproximadamente 12.000 kilos, pero habrían existido muchas pérdidas como consecuencia del clima. El sésamo se vendió entre 3.800 a 4.000 guaraníes el kilo; se produjeron unos 800 kilos de semilla por hectárea. Cada familia productora cultiva entre una y tres hectáreas como promedio. El total de ingresos por cosecha iría de 2.500.000 a 6.000.000 de guaraníes aproximadamente por unidad productiva, aunque uno de los productores manifestó que “la mayoría no controlamos cuántos guaraníes logramos con esto”, lo que indica las condiciones de inseguridad y falta de previsibilidad en que se encuentran los hogares.
Las personas consultadas refirieron que el ingreso por la venta de sésamo es el más importante en un semestre y sólo alcanza para comer y cubrir los gastos que ocasiona eventualmente alguna enfermedad. Afirmaron también que ese monto dura de manera
variable, “a veces ni un mes porque se presentan necesidades, y el pago de cuotas de electrodomésticos”.
El sésamo se siembra entre agosto y noviembre, y comienza a cultivarse en enero. En época de siembra, entre agosto y octubre, es el periodo de mayor precariedad económica, las familias deben vender sus chanchos y gallinas para ir obteniendo ingresos de subsistencia; asimismo, producen y venden carbón porque no sólo no cuentan con sésamo, sino que otros rubros pequeños como el poroto y el maíz tampoco se encuentran disponibles. En esta época “cuando es muy necesario” venden carbón a unos 5.000 guaraníes la bolsa de 15 a 18 kilos. En el mes de noviembre, las familias ya cuentan de nuevo con maíz, choclo y poroto, lo cual representa un alivio, tanto para el consumo familiar, como para la obtención de algunos ingresos. Los ingresos por producción de mandioca serían de 500.000 guaraníes como máximo; y por producción de porotos de 500.000 a 1.000.000 de guaraníes como máximo. (Veáse anexo fotográfico 2.)
Los principales productos cultivados por las familias son sésamo, maíz, poroto, mandioca y maní. Algunas familias tienen huertas con lechuga, tomate, cebollitas, locote, zanahorias; árboles frutales de naranja, mandarina, banana, guayabas y aguacate. Hay familias que producen yerba y otras que producen ajo. Así también, la mayoría de los hogares cuenta con algunos chanchos y gallinas y, en ciertos casos, con vacas. Los principales productos alimenticios adquiridos son aceite, harina, arroz, fideo, sal, azúcar, yerba, carne, y verduras cuando escasean. Las familias cocinan a leña. La compra de alimentos representa un gasto promedio mensual de 300.000 a 400.000 guaraníes aproximadamente por hogar.
Para complementar los ingresos familiares, los jefes de familia hacen trabajos temporales precarios, “changas”, cada vez que se presenta la oportunidad, lo cual es esporádico. Trabajan generalmente una jornada, y como máximo de tres a cuatro días seguidos; el pago por día es de 30.000 guaraníes, marcadamente inferior al jornal legal vigente general.
El ingreso en efectivo del que disponen mensualmente las familias en promedio es de 200.000 a 300.000 guaraníes; incluyendo aquellas que son beneficiarias del programa Tekoporã. Un monto
similar o superior es el que señalaron a su vez gastar en alimentos. El gasto mensual de agua es de 15.000 guaraníes promedio para las viviendas que cuentan con este suministro; y el de energía eléctrica es de 20.000 guaraníes mensuales, salvo cuando se presentan los problemas de sobrefacturación o atrasos en la remisión de facturas. Las familias beneficiarias del programa Tekoporã emplearían el subsidio en efectivo principalmente en la mejora de la variedad de alimentos que se consumen en el hogar, la compra de zapatos y ropas, y la compra de remedios en caso de enfermedades.
Las personas entrevistadas, entre ellas, madres de familia, manifestaron una percepción de suficiencia respecto de los alimentos a los que su familia accede; coincidieron sin embargo en señalar que es necesario esforzarse mucho para ello, “rebuscarse al día para llegar”. La mayor limitación estaría dada por la carne y su alto precio, es el alimento que frecuentemente sienten que no hay en cantidad suficiente. En algunos hogares señalan que hubo momentos en que han tenido que vender animales para poder comprar alimentos. Los problemas de adecuabilidad
La alimentación de las familias en un día normal estaría compuesta por café o cocido con galleta, o rora, tortilla, o reviro; y cuando hay maní disponible, maní ku’i con leche; al mediodía poroto con fideo, arroz con “feijao” (una variedad de poroto) o gallina. El consumo de carne promedio sería de una a dos veces en la semana. Por la noche, se consume generalmente tortilla, hecha con harina, huevo, y queso cuando hay disponible. Ante la pregunta de qué significa para ellas/os comer bien, las respuestas remitieron al consumo de carnes y verduras.
En principio, las personas entrevistadas no expresaron percibir que haya algún alimento que formaba parte de su alimentación tradicional y al que en la actualidad ya no puedan acceder. El empobrecimiento cultural en materia alimentaria estaría vinculado a la menor producción autónoma de alimentos, que lleva a las familias campesinas de la comunidad a depender cada vez más del mercado para satisfacer sus necesidades. En vez de ser productoras/ es autónomos de alimentos, se van tornando en consumidoras/
es afectados por las subas repentinas de precios en un mercado de alimentos controlado por intereses oligopólicos. En vez de la gran variedad de comidas ricas y nutritivas que la cocina campesina solía poner en la mesa día tras día, la dieta se va reduciendo a fideos, arroz, tortilla con mandioca y cocido.
Respecto de la inocuidad de los alimentos, la mayor afectación está dada por los agroquímicos empleados en las explotaciones sojeras. Estos productos afectan los cultivos campesinos, que “ya no salen como antes”; en especial, los cereales son afectados por plagas, requieren el uso de grandes cantidades de químicos para combatirlas, lo que lleva a que sean sustituidos por cultivos más resistentes, como el maíz. (Véase anexo fotográfico 3.)
También las frutas se secan en los árboles. A su vez, es reiterada la afectación a los animales de cría doméstica para consumo familiar, aves y chanchos que habían tenido siempre, comenzaron a enfermarse y morir, presumiblemente, al tomar el agua contaminada de los pozos y los arroyos. Para familias que muchas veces no cuentan con ingresos suficientes para comprar carne, los animales domésticos representan una fuente importante de proteína.