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Violencia intrafamiliar: problema social

CAPÍTULO 1: MARCO TEÓRICO

1.4 Desempolvar la violencia intrafamiliar

1.4.1 Violencia intrafamiliar: problema social

La violencia intrafamiliar, a pesar de constituir un problema social desde tiempos inmemoriales, ha sido considerada como tal al inicio de la década del ´60 del pasado siglo en Canadá y Estados Unidos. Luego, en la década siguiente se realizan las primeras acciones preventivas en Europa, principalmente por grupos de mujeres y el apoyo de algunas organizaciones no gubernamentales (ONG).

Los especialistas e instituciones que hacen de la violencia su objeto de estudio, aumentan cada vez más, detallando en la familia, como uno de los ámbitos fundamentales donde se violan los derechos de sus miembros.

Ruiz (2002), por su parte, propone una serie de características que inciden en la violencia familiar:

• Es una construcción humana, no natural, puesto que son conductas aprendidas y transmitidas a través de la enseñanza del ser humano durante su desarrollo. • Es intencional, lo cual se transfiere al tener como objetivo prioritario dañar,

• Posee discrecionalidad, ya que siempre va dirigida a una persona específicamente, que se encuentra en una posición de más desprotección y debilidad.

• Es un medio posible en la resolución de conflictos, puesto que una de sus características incidentes es la de utilizar la violencia como un método sencillo, rápido y fácil para resolver los problemas antes de utilizar el diálogo, la tolerancia y la razón para la búsqueda de soluciones.

• Es un ejercicio de poder, dado que la violencia se ejerce del más fuerte al más débil, otorgando siempre un abuso de superioridad.

• Obstaculiza el desarrollo humano, al tener que reconocer que la violencia es una barrera que impide que pueda desenvolver sus capacidades plenamente dentro de los contextos familiar, social, laboral, etc.

Según Caballero (2002) las causas de las formas de manifestación de la violencia están determinadas por los siguientes factores de orden sociocultural, económico, psicológico, ideológico y educativo:

• Formación desde la familia de patrones socioculturales violentos incluyendo los de consumo de sustancias tóxicas, ausencia de ayuda y solidaridad.

• Desorganización familiar que implica desatención a la proliferación de conductas agresivas, no preocupación por promover patrones de conducta adecuados de convivencia social y paz entre sus miembros.

• Pobre capacidad de comunicación y de sensibilidad dentro de la institución familiar que impide procesar la información y ponerla en función del desarrollo armonioso de los intereses de cada uno de los miembros y de la familia en general, que garantice el flujo de un sistema de orientación valorativa e incluya el desarrollo de valores.

• Dificultades de índole económico-social que afectan a las familias en la actualidad, sumiéndolas en situaciones de necesidades que propician disgustos, roces, posiciones de egoísmo ante las carencias y la imposibilidad de resolver las necesidades materiales y espirituales de cada uno de sus miembros.

La violencia en la familia es una realidad innegable a nivel mundial y nuestro país no está exento de ella. El machismo característico de la cultura cubana, las relaciones autoritarias, entre otros patrones y comportamientos, propician la violencia no solo de género, sino hacia los niños, ancianos, discapacitados, cualquier miembro de la familia; favoreciendo la aparición de patologías psicológicas muy serias y perjudiciales.

En los últimos años, en Cuba, se han estimulado estudios orientados al diagnóstico de la violencia, que alertan sobre la importancia de reconocer y estudiar este fenómeno en nuestras condiciones sociales (Valdés y Padrón, 2008).

Es loable el avance alcanzado en el diagnóstico de la violencia en lo que concierne a género, fundamentalmente en la figura femenina como víctima; pero su estudio desde el sistema familiar, aún resulta insuficiente y más que eso, poco explorado.

Son muchos los motivos que hacen que dentro del propio seno familiar existan grupos más vulnerables y que, por tanto, sean objeto de violencia. Las familias cubanas muchas veces se centran en la realización de actividades que cumplan básicamente su función económica, aislando a planos menos significativos, la educación familiar y el bienestar psicológico de sus integrantes.

La solución ante conflictos que aparecen en la convivencia o ante determinadas circunstancias en las que puedan sentirse amenazados uno o varios miembros de la familia, suele ser la imposición y la fuerza. Los términos "ganar" y "perder" se integran al discurso colectivo, reforzando las distancias en el poder y privilegiando los intereses de unos sobre otros (Valdés y Padrón, 2008). Este tipo de conductas, promueve y genera nuevos círculos de violencia que obstaculizan, distorsionan y alteran el desarrollo de los individuos. La socialización familiar se ve marcada negativamente por relaciones de este tipo, afectando la formación y desarrollo de la personalidad de sus miembros.

Es importante a la hora de comprender y estudiar el fenómeno de la violencia en la familia, la variedad de significados que la misma construye y el entorno en el que vive. También es significativa su relación con la comunidad, las instituciones que la rodean y el macrosistema en general como institución social que constituye:

“(…) no se debe desconocer la influencia que pueden tener otros agentes socializadores (escuela, comunidad, medios de comunicación, entre otros) en la transmisión de referentes que legitiman las desigualdades y las posiciones de poder en función de factores como: condiciones genéricas, edad e inserción social. Identificar la influencia multicausal que pueden tener estos factores en el surgimiento de conductas violentas constituye una premisa esencial para valorar los efectos que la violencia puede generar en los individuos, en la familia y en la sociedad, así como para la búsqueda de posibles alternativas para su enfrentamiento en nuestra realidad social” (Valdés y Padrón, 2008, pp. 22).

Es innegable la complejidad del tema desde su génesis conceptual y en la forma de abordarlo desde todos los niveles, tales como: instituciones mundiales y nacionales que lo incluyen en sus funciones, los gobiernos de cada nación, la Psicología, las Ciencias Médicas y Legales, las escuelas, las propias familias y sus miembros; además de las organizaciones sociales como los MCM y la radio dentro de ellos.

Los factores mencionados, cada uno desde sus particularidades, deben aunar esfuerzos para eliminar este flagelo o al menos minimizarlo. El trabajo a tiempo no solo puede evitar próximas agresiones a las personas ya violentadas, sino contribuir a prever la transmisión transgeneracional de la violencia e incluso, la futura criminalización de la persona victimizada, al decir de Rondón (2004).

Lograr dicho objetivo no es alcanzable a corto tiempo, pero no por ello irrealizable. La idea no es negarla o no reconocerla, ello no hará que deje de existir. Aprender a vivir con la violencia no debe ser el camino a seguir, sino percibirla como un fenómeno controlable y transformable que puede ser abordado por diferentes actores sociales. La radio, por ejemplo, mediante la consecución de sus funciones, particularmente la educativa, puede incidir en la conciencia social; promover la reflexión; llamar al cuestionamiento de la realidad de este fenómeno; despertar el poder transformador de los individuos y por tanto, de la sociedad en general.

CAPÍTULO 2: CONSIDERACIONES METODOLÓGICAS

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