Ramón Tovar López
I
Un pueblo es la resultante de la solidaridad del grupo humano con su territorio. Esta correlación hombre-medio brota del esfuerzo continuado que teje insensiblemente el hilo de la historia.
Euforia, desazones, contratiempos, aciertos, alegrías, desencantos; el ritmo vital de altibajos que cohesiona al contingente y termina por identificarse en las notas de un perfil cultural, de una personalidad, de una espiritualidad.
“Se es o no se es”; “la corbata era pa´tapase los pelos del pecho”; “forma europea, contenido americano”. La afirmación es diferenciación, que no discriminación. A lo universal desde lo particular; “que se injerte en nuestras repúblicas el mundo, pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”.
Este “ser” cuaja en los contornos de una civilización; ofrece sus notas cambiantes pero conserva su “ente permanente”; intransferible. Por etapas se sumerge pero después reaparece. Toda el agua del río no es la que se ve circular por el cauce.
Las audacias tecnológicas vulneran y amenazan con desfigurar los perfiles culturales de los pueblos. Si éstos están amasados con hombres, es a los hombres a quienes corresponde su rescate.
Los “maduros”, no exclusivamente los adultos, experimentan y avizoran –a largo plazo– el peligro. Una es la alternativa: la defensa de lo propio para perpetuar lo que somos. Aparece la legión que custodia y enriquece nuestro patrimonio espiritual; los incansables en la búsqueda por la identificación de nuestro pueblo; acá encontramos a Virgilio Tosta. La tarea de Tosta podríamos bautizarla como de “redescubrimiento”. Su metodología es inobjetable; se funda en el hecho concreto, no en el hecho inventado; se apoya en el documento avalado. Este redescubrimiento, producto de un trabajo paciente de reconstrucción, precisa de un cemento muy singular: el amor, el afecto desinteresado por su tierra natal.
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Un pueblo es solidaridad territorial, pero su expresión es calor espiritual; avivarlo es conservarlo. Un pueblo no reencuentra su imagen sino en aquellos que la han construido, que lo han conformado.
II
En cualquiera de las obras de Tosta hallamos esta constante: denuncia de la tierra natal hermanada en su comunidad de destino con la configuración de Venezuela. La colección “Pueblos Barineses” responde a ese propósito. Publicada por entregas, entre 1970 y 1973, ofrece uno de los aportes del autor en una de las vertientes más importantes de la cultura nacional: la Geografía Histórica de Venezuela.27 La Geografía Histórica se propone como objeto fundamental de reconstrucción del paisaje para precisar los cambios y sus factores en los límites de una unidad territorial. En la serie “Pueblos Barineses” asistimos al proceso de poblamiento asociado a la implantación de una economía nueva en los linderos de la otrora provincia de Barinas. Reproduce en si la constante “poblamiento rural y economía agrícola, vertientes de una misma realidad geográfica: la ocupación del suelo”. Tosta propone esta dinámica con toda su problemática como un hecho consumado desde el último cuarto de siglo XVI hasta bien avanzado el siglo XIX.
El cuadro que se extrae es rico tanto para la geo-historia provincial como para la del país. De conjunto se establecen dos grandes etapas: la del contacto con la civilización aborigen y la del encuentro de intereses dentro de la estructura aldeana surgida en las fases avanzadas del proceso.
La primera etapa queda tipificada en el caso de la síntesis abierta de Pedraza hasta bien avanzado el siglo XVIII; la otra, la segunda, la de los conflictos productos del crecimiento, en los enfrentamientos de Obispo a Barinas, y luego de Libertad con Obispos. El primero en el siglo XVII, el otro en el siglo XIX.
El fenómeno de “las mudanzas”; el desarrollo de los cultivos, la ganadería y el comercio; la estructura de la población y su monto; define un proceso global de expansión económica de donde habría que derivar los planteamientos de fondo para un tratamiento geo-histórico del área. Investigaciones de actualidad cuando
27 Tosta, Virgilio. Colección “Pueblos Barineses” Caracas, 1970-1973. Quince Opúsculos. Editorial Sucre.
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se planifica, como ahora, reactivar la navegación por el Orinoco-Apure-Portuguesa. El proceso que arranca con la fundación de Altamira de Cáceres (1577) “en una maseta o terraza de la religión llamada Varinas28 por los naturales”, se mantiene activo en el siglo XIX como se desprende de las fundaciones de Libertad (1865) y Ave María, actual Arismendi, en 1874.
III
La primera etapa, la de la posesión para la ocupación del territorio, se caracteriza por el conflicto armado con las parcialidades belicosas de la población aborigen. La podríamos ubicar como “conquista”. Las mudanzas de Barinas de la montaña al piedemonte y luego a la llanura están correlacionadas con la dinámica del proceso.
En la zona de las tribus andinas estudiadas por don Julio C. Salas donde incluye “las llanuras contiguas a las últimas estribaciones de (la) cordillera hacia las pampas de los estados Portuguesa, Zamora (Barinas) y Apure”, distingue dos grandes agrupamientos: “todas las tribus de suave natural, que tienen por característica el ejercicio de la agricultura y la vida sedentaria (y) todas las tribus esencialmente belicosas, nómadas, que derivan su subsistencia principalmente del ejercicio de la caza y de la pesca y frutas silvestres”29. “El territorio de Suripá y Canaguá estaban dominados para la época de la conquista española por los indios Giros, diversas tribus belicosas y nómadas en su mayor parte de tipo etnológico distinto de los indios de los valles interiores” 30
Fundada Barinas en 1577 en el sitio de Altamira, se trasladó en 1628 a la mesa de Moromoy (actual Barinitas, zona piemontina) y finalmente en diciembre de 1762 para el sitio donde hoy la encontramos.
Los dos primeros asientos tuvieron “un valor más que todo estratégico. Ellos sirvieron de centro para que se realizara el proceso de las aguerridas tribus que
28 Nombre de una leguminosa muy extendida en la zona; afecta a los terrenos húmedos, ostenta una flor amarillo intenso.
29 Salas, Julio. Etnología de Venezuela (estados Mérida, Trujillo y Táchira). Publicaciones de la Dirección de Cultura, de la Universidad de Los Andes. Mérida, 1956. pp 3-4.
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habitaban los llanos”31 Pero el peso de este papel correspondió más efectivamente a Pedraza fundada en 1591 dentro de los propios belicosos Giros. Asaltada en 1600, vuelta a asaltar e incendiar en 1616 (primera mudanza); la siguiente fue para 1630; en 1657 aparece como un población de poco brillo; un nuevo traslado se opera en 1662 por la misma causa del asedio de los belicosos aborígenes. Para 1787 “el partido de Pedraza tenía 919 habitantes (que) residían en 156 casas, de las cuales 96 se hallaban dispersas en los campos”32
Casi para finalizar el XVIII el estado de ciudad lo pinta el primer gobernante de la provincia de Barinas, don Fernando Miyares quien informa a La Real Audiencia de Caracas “que apenas se encargó del gobierno… hizo gestiones para que se proveyeran los oficios de regidores en Pedraza; cosa que no pudo hacerse, por faltar el título de ciudad y por no haber en ella vecinos de aptitud, comodidad y decencia para servir esos empleos”33
IV
En los traslados de Barinas le pesaron especialmente razones de orden económico, pero también las de liderazgo sobre todo el último que se produjo luego del conflicto con Obispos, o sea en plena segunda etapa. Las explicaciones de Tosta son convincentes: “La mesa de Moromoy era sin duda un lugar más adecuado que la pequeña terraza de Altamira para el desarrollo de la población… sus tierras quedaban más cerca de las extensas regiones de los actuales estados Barinas, Apure y Portuguesa… en este inmenso territorio, podía incrementarse el cultivo del tabaco y empezaron a gestionarse los hatos de ganado”34
El traslado definitivo de Barinas se produjo el en último tercio del siglo XVII; de hecho fue en 1749, diez años después de haber sido vencida por Obispos; y confirmada por Real Cédula en 4 de diciembre de 1762. “Para subsistir y progresar –afirma Tosta– Barinas tuvo que desplazarse de los asientos ubicados cerca de la Sierra de Santo Domingo, hasta el lugar donde hoy se encuentra. Solo de esta manera, podía aprovecharse del río Santo Domingo
31 Tosta. Ibid. Barcelona o Altamira de Cáceres, p.20 32 Ibídem, Pedraza p.30
33 Ibídem, p.39
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para ponerse en contacto con Guayana, por medio del Apure y del Orinoco; y estar cerca de Guanare, ciudad perteneciente a la Provincia de Venezuela o Caracas”35
El siglo XVIII es el de la segunda etapa sin discusión. Vivimos la estabilización y el crecimiento; afloran las disputas por el ejercicio de las funciones administrativas, es la ley del crecimiento cuantitativo.
El hábitat es disperso, conforme a una economía rural con peso de la ganadería. En Barinas para 1620 “no llegaban a diez los vecinos, y hasta los señores del ayuntamiento moraban en sus estancias campestres, y solo visitaban el pueblo por semana santa, corpus christi y día de la virgen del Pilar”36. Obispos o el “partido de Obispos contaban para 1781 con 7.391 habitantes (que) residían en 852 casas, de las cuales había 160 en el perímetro del pueblo. Las restantes 692 hallábanse dispersas en unos 15 vecindarios o caseríos”37
La pugnacidad entre los centros evidencia la intensidad experimentada por el proceso. Obispos era sitio bien poblado a comienzos del XVIII. Lucha por su elevación a parroquia desde 1722. Para 1728 es la formulación de la solicitud. Ayuntamiento y cura de Barinas argumentan en contra: “Tal erección implicaba para la iglesia matriz de Barinas, desde el punto de vista económico, total rutina y quebranto[…] Si el valle de Obispos lograba su erección en parroquia eclesiástica, podía darse por seguro que otros valles comprendidos en la jurisdicción de Barinas, muy pronto aspirarían a igual suerte, por cuanto se encontraban en las mismas condiciones de Obispo, en relación con las circunstancias de lejanía y dificultades para recibir el pasto espiritual necesario”38. El conflicto se resolvió en contra de Barinas a fines de 1739. Pero a la luz de los hechos concretos tenemos que “desde los primeros años del siglo XVIII, la ciudad de Barinas empieza a ser abandonada por sus habitantes. Sus vecinos comienzan a alejarse de la mesa de Moromoy, para establecerse en otros parajes; en el valle de Obispos, o en el sitio del Troncón. En este último surge San Antonio de los Cerritos, pueblo a donde pretendieron los barinenses mudarse de manera formal. En principio, las autoridades españolas se
35 Ibídem, p.20-21 36 Ibídem, p.10
37 Ibídem, San Nicolás de Obispos, p.23 38 Ibídem, p.14
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opusieron al traslado, pero numerosas razones determinaron que el 11 de julio de 1749, don José de Solís, Virrey de la Nueva Granada, decretase la mudanza de Barinas, con todos los privilegios de ciudad que tenía desde 1577”39
Entrando el siglo XIX estos conflictos no cesan. Libertad, surgida en la época republicana, va a cobrar con la misma moneda a Obispos. A los quince años de su fundación (1835) se baraja la posibilidad de convertirla en cantón. El Concejo Municipal de Obispos alega que tal creación: “significaría la destrucción de la municipalidad de Obispos, porque los pueblos que se pretendían segregar eran los mejores y gracias a ellos, Obispos merecía el rango de cantón”40. Aunque tarde pero seguro Libertad accede a la condición reclamada en 1851 por decisión del Congreso Nacional.
V
Ese cuadro de vitalidad no sospechada nos lo delinea Virgilio Tosta con otros aportes documentales referidos a población, composición de la misma, producción, instalaciones, comercio y tráfico. Fuente provechosa para el establecimiento de esa apasionante geografía; cuando los hombres y sus gestiones, no los sitios, definen genéticamente a los establecimientos humanos. Es la confirmación del postulado de lo que hoy es histórico ayer fue geográfico; el saldo positivo de una ciencia que reclama su puesto en el conjunto de las disciplinas confortables de la práctica de la planificación; para asistir con sus orientaciones los procesos de intervención o de creación de paisajes sin desarraigarse del hombre colectivo integrado en pueblo. Es la versión concreta y real de que “crecimiento económico no es desarrollo económico”; este último implica algo más, ese algo más que fundamenta el reclamo de buscar los modelos en lo propio, conscientes de que “la afirmación por diferenciación no es discriminación”.
Fuente:
Tovar, R. (2007). Virgilio Tosta y la identificación de un pueblo. En: Lo Geográfico, pág. 73-80. Biblioteca Popular para los Consejos Comunales. Serie Visión de América Caracas, Fundación Editorial El perro y la rana:
39 Ibídem, Barinas, p.p. 15-16 40 Ibídem, Libertad,p. 10
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