Testifico que la visión que el presidente Joseph F. Smith recibió es
verdadera. Doy testimonio de que toda persona puede llegar a saber
que es verdadera.
en el Consejo de los Doce 5. Prestó servicio como consejero de Brigham Young, John Taylor, Wilford Woodruff y Lorenzo Snow antes de llegar a ser Presidente en 1901 6.
Joseph F. y su esposa Julina tuvie-ron su primera hija, Mercy Josephine 7, quien tenía tan solo dos años y medio cuando falleció. Poco tiempo después, Joseph F. escribió: “Ayer se cumplió un mes desde que mi… adorada Josephi-ne murió. ¡Oh!, si pudiera haberla sal-vado para verla crecer hasta convertirse en una mujer. La extraño todos los días y me siento solo… Que Dios perdone mi debilidad si está mal amar a mis pequeñitos como los amo” 8.
Durante su vida, el presidente Smith perdió a su padre, su madre, un herma-no, dos hermanas, dos esposas y trece hijos. Él conocía muy bien la tristeza y la pérdida de seres queridos.
Cuando su hijo Albert Jesse murió, Joseph F. escribió a su hermana Martha Ann que él le había suplicado al Señor que lo salvara, y preguntó: “¿Por qué ha de ser así? Oh, Dios, ¿por qué tenía que ser?” 9.
A pesar de sus oraciones en ese momento, Joseph F. no recibió
respuesta sobre el asunto10. Le dijo a Martha Ann que, en cuanto al tema de la muerte y el mundo de los espíritus, “los cielos [son como] bronce sobre nuestras cabezas”. Sin embargo, su fe en las promesas eternas del Señor era firme e inmutable.
En el debido tiempo del Señor, las respuestas, el consuelo y el conoci-miento adicionales que el presidente Smith había buscado sobre el mundo de los espíritus le llegaron mediante la maravillosa visión que recibió en octubre de 1918.
Ese año fue particularmente doloroso para él. Estaba afligido por el número de muertos de la Gran Guerra, el cual continuó en aumento hasta superar los 20 millones de personas. Además, una pandemia de gripe se extendía por todo el mundo, cobrándose la vida de hasta 100 millones de personas.
Durante ese año, el presidente Smith también perdió a otros tres preciados miembros de la familia. El élder Hyrum Mack Smith, del Cuórum de los Doce Apóstoles, su primogénito y mi abuelo, murió repentinamente como resultado de una perforación del apéndice.
El presidente Smith escribió: “No tengo palabras, ¡[estoy paralizado] por el dolor! ¡Tengo el corazón hecho pedazos, palpitante como si quisiera dejar de latir! ¡Oh! ¡Lo amo!… Lo amaré por siempre jamás. Y así es y siempre será con todos mis hijos e hijas, pero él es mi primogénito, el primero que me dio el gozo y la esperanza de un nombre honorable y sin fin entre los hombres. Desde lo profundo de mi alma, ¡doy gracias a Dios por él! Pero, ¡oh, lo necesitaba! ¡Todos lo necesitá-bamos! Era de gran provecho para la Iglesia… Y ahora… ¡Oh, qué puedo hacer!… ¡Oh, que Dios me ayude!” 11. Al mes siguiente, el yerno del pre-sidente Smith, Alonzo Kesler, murió en un trágico accidente 12. El presidente Smith escribió en su diario personal: “Este accidente fatal de lo más terrible y desgarrador ha vuelto a cubrir a toda mi familia con un sombrío manto de pesar” 13.
Siete meses después, en septiembre de 1918, la nuera del presidente Smith y mi abuela, Ida Bowman Smith, murió tras dar a luz a su quinto hijo, mi tío Hyrum14.
Fue así que, el 3 de octubre de 1918, habiendo experimentado un intenso pesar por los millones de personas que habían muerto en el mundo por causa de la guerra y la enfermedad, así como también por la muerte de los miem-bros de su propia familia, el presidente Smith recibió la revelación celestial conocida como “la visión de la reden-ción de los muertos”.
Él hizo alusión a la revelación al día siguiente, en la sesión de apertura de la conferencia general de octubre. Aunque la salud del presidente Smith había declinado, habló brevemente: “No trataré, no me atrevo a hacerlo, de entrar en muchos asuntos que me ocupan la mente esta mañana, y pospondré hasta un momento futuro, si el Señor lo desea, mi intento de decirles algunos de los que tengo en la mente y que guardo en el cora-zón. No he vivido solo durante estos [últimos] cinco meses. Me he apoyado en el espíritu de oración, de súplica, de fe y determinación; y he tenido
En una gloriosa visión que tuvo en octubre de 1918, el presidente Joseph F. Smith vio a su padre, Hyrum, y al profeta José Smith.
continuamente una comunicación con el Espíritu del Señor” 15.
La revelación que recibió el 3 de octubre consoló su corazón y dio respuestas a muchas de sus preguntas. Nosotros también podemos recibir con-suelo y aprender más de nuestro pro-pio futuro, cuando nosotros y nuestros seres queridos muramos y vayamos al mundo de los espíritus, al estudiar esta revelación y meditar su importancia en la forma en que vivimos nuestra vida todos los días.
Entre las muchas cosas que el pre-sidente Smith vio se halla la visita del Salvador a los fieles en el mundo de los espíritus, después de Su propia muerte en la cruz. Cito de la visión:
“... mas he aquí, organizó sus fuer-zas y nombró mensajeros de entre los justos, investidos con poder y autori-dad, y los comisionó para que fueran y llevaran la luz del evangelio a los que se hallaban en tinieblas, es decir, a todos los espíritus de los hombres [y las mujeres] 16; y así se predicó el evan-gelio a los muertos…
“A ellos se les enseñó la fe en Dios, el arrepentimiento del pecado, el bau-tismo vicario para la remisión de los pecados, el don del Espíritu Santo por la imposición de las manos,
“y todos los demás principios del evangelio que les era menester conocer, a fin de habilitarse para que fuesen juz-gados en la carne según los hombres, pero vivieran en espíritu según Dios… “porque los muertos habían conside-rado como un cautiverio la larga sepa-ración de sus espíritus y sus cuerpos.
“A estos el Señor instruyó, y les dio poder para levantarse, después que él resucitara de los muertos, y entrar en el reino de su Padre, y ser coronados allí con inmortalidad y vida eterna,
“y en adelante continuar sus labores como el Señor lo había prometido, y ser partícipes de todas las bendiciones que estaban reservadas para aquellos que lo aman” 17.
En la visión, el presidente Smith vio a su padre Hyrum y al profeta José Smith. Hacía 74 años que los había visto por última vez cuando era un pequeñito en Nauvoo. Solo
podemos imaginar su gozo al ver a su padre y a su tío amados. Debe haberse sentido inspirado y conso-lado al saber que todos los espíritus conservan el aspecto de su cuerpo terrenal y que esperan ansiosamente el día de su prometida resurrección. La visión reveló más plenamente la profundidad y la amplitud del plan del Padre Celestial para Sus hijos, el amor redentor de Cristo y el iniguala-ble poder de Su expiación18.
En este centenario especial, les invito a leer minuciosa y detenidamente esta revelación. Cuando lo hagan, ruego que el Señor los bendiga para que comprendan y aprecien más plena-mente el amor de Dios y Su plan de salvación y felicidad para Sus hijos.
Testifico que la visión que el presidente Joseph F. Smith recibió es verdadera. Doy testimonio de que toda persona puede leerla y llegar a saber que es verdadera. Aquellos que no reciban ese conocimiento en esta vida, con seguridad llegarán a saber de su veracidad cuando todos lleguen
al mundo de los espíritus. Allí, todos amarán y alabarán a Dios y al Señor Jesucristo por el gran Plan de Salva-ción y por la bendiSalva-ción de la resurrec-ción prometida, cuando el cuerpo y el espíritu se reúnan de nuevo para nunca volver a separarse 19.
Estoy muy agradecido de saber dón-de está mi adorada Barbara y dón-de que estaremos juntos de nuevo con nuestra familia para toda la eternidad. Que la paz del Señor nos sustente ahora y para siempre, es mi humilde oración, en el nombre del Señor Jesucristo. Amén. ◼ NOTAS
1. Doctrina y Convenios 138:6, 11. 2. Joseph F. Smith, en Preston Nibley, The
Presidents of the Church, 1959, pág. 228. 3. Véase Joseph Fielding Smith, Life of
Joseph F. Smith, 1938, pág. 13. 4. Contrajo matrimonio con Levira Clark
en 1859, Julina Lambson en 1866, Sarah Richards en 1868, Edna Lambson en 1871, Alice Kimball en 1883 y Mary Schwartz en 1884.
5. Joseph F. Smith fue llamado como consejero adicional de la Primera Presidencia (Brigham Young, Heber C. Kimball y Daniel H. Wells). También prestó servicio como Segundo Consejero de la
Primera Presidencia para tres Presidentes de la Iglesia: John Taylor, Wilford Woodruff y Lorenzo Snow.
6. Joseph F. Smith prestó servicio como consejero de la Primera Presidencia durante la administración de Brigham Young y sirvió como Segundo Consejero de la Primera Presidencia durante las administraciones de John Taylor, Wilford Woodruff y Lorenzo Snow. Fue el primer Presidente de la Iglesia que prestó servicio en la Primera Presidencia antes de ser llamado como Presidente. 7. Mercy Josephine, la primogénita de
Joseph F., nació el 14 de agosto de 1867 y murió el 6 de junio de 1870.
8. Diario de Joseph F. Smith, 7 de julio de 1870, Biblioteca de Historia de la Iglesia, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, Utah.
9. Joseph F. Smith a Martha Ann Smith Harris, 26 de agosto de 1883, Biblioteca de Historia de la Iglesia.; véase Richard Neitzel Holzapfel y David M. Whitchurch, My Dear Sister: The Letters between Joseph F. Smith and His Sister Martha Ann, 2018, págs. 290–291.
10. En muchas ocasiones el Señor guio a Joseph F. Smith en su vida personal y en su ministerio como apóstol y Presidente de la Iglesia por medio de revelaciones, visiones y sueños inspirados. A menudo estos preciados dones del Señor quedaron registrados en sus diarios, sermones, recuerdos y registros oficiales de la Iglesia.
11. Joseph F. Smith, diario, 23 de enero de 1918, Biblioteca de Historia de la Iglesia; véase Joseph Fielding Smith, Life of Joseph F. Smith, págs. 473–474. 12. Véase “A. [P.] Kesler Is Killed in Fall
from a Building”, Ogden Standard, 5 de febrero de 1918, pág. 5.
13. Diario de Joseph F. Smith, 4 de febrero de 1918, Biblioteca de Historia de la Iglesia. 14. Véase “Ida Bowman Smith”, Salt Lake
Herald- Republican, 26 de septiembre de 1918, pág. 4.
15. Joseph F. Smith, en Conference Report, Oct. 1918, pág. 2.
16. Véase la referencia a “nuestra gloriosa madre Eva” y a las “fieles hijas que habían… adorado al Dios verdadero y viviente” (Doctrina y Convenios 138:39). 17. Doctrina y Convenios 138:30, 33–34,
50–52.
18. El texto de la visión se publicó originalmente en la edición del 30 de noviembre de 1918 de Deseret News, 11 días después del fallecimiento del presidente Smith, el 19 de noviembre. Se publicó en la revista Improvement Era de diciembre y en las ediciones de enero de 1919 de Relief Society Magazine, Utah Genealogical and Historical Magazine, Young Women’s Journal y Millennial Star.
19. Si bien los hijos de perdición resucitarán, tal vez no den amor ni alaben al Padre Celestial y a Jesucristo como lo harán aquellos que reciban un reino de gloria. Véase Alma 11:41; Doctrina y Convenios 88:32–35.
¿No había Pedro demostrado ya que era un seguidor que amaba a Cristo? Desde su primer encuentro en esa ori-lla del mar, Pedro, dejando “al instante” las redes, siguió al Salvador 3. Él llegó a ser un verdadero pescador de hom-bres. Acompañó al Salvador durante Su ministerio personal y ayudó a enseñar a los demás el evangelio de Jesucristo. Ahora bien, el Señor resucitado sabía que no estaría por mucho tiempo junto a Pedro, mostrándole cómo y cuándo este debería servir. Con la ausencia del
Por Bonnie H. Cordon
Presidenta General de las Mujeres Jóvenes
H
ace un año, un niño de la Pri-maria que conocí en Chile me hizo sonreír. “Hola”, dijo él, “soy David. ¿Hablará de mí en la conferen-cia general?”.Durante los momentos de tranqui-lidad, he meditado sobre el saludo inesperado de David. Todos deseamos ser reconocidos; ser importantes, ser recordados y sentirnos amados.
Hermanas y hermanos, cada uno de ustedes es importante. Aun si no habla-mos de ustedes en la conferencia gene-ral, el Salvador los conoce y los ama. Si se han preguntado si eso es verdad, solo deben contemplar que Él “[los ha] graba-do en las palmas de [Sus] manos” 1.
Al saber que el Salvador nos ama, entonces podríamos preguntarnos: ¿cómo podemos demostrar mejor nues-tro amor por Él?
El Salvador preguntó a Pedro: “¿me amas?”.
Pedro le contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos”.
Cuando le preguntó una segunda, y una tercera vez: “¿Me amas?”, Pedro estaba triste, pero confirmó su amor: “Señor, tú sabes todas las cosas; tú sabes que te amo. Jesús le dijo:
Apa-cienta mis ovejas ” 2.