III. REVISIÓN BIBLIOGRÁFICA
8. EL PAPEL DE LAS VITAMINAS EN LA PREVENCIÓN Y CONTROL DE LA ANEMIA
8.1. Vitamina A
La vitamina A es necesaria para la eritropoyesis. En aquellas personas que sufren de una deficiencia en vitamina A, la hemoglobina no se incorpora de manera correcta a las células rojas sanguíneas. Hodges y col. (1978) fueron los primeros que describieron una interacción entre la vitamina A y el metabolismo del hierro. Además se ha observado una correlación positiva entre el retinol sérico y la hemoglobina en niños de Guatemala (Mejia y col., 1977), India (Mohanram y col., 1977), Tailandia (Bloem y col., 1989), Indonesia (Semba y col., 1992), Etiopía (Wolde- Gabriel y col., 1993), Bangladesh (Ahmed y col., 1993, 1996), y Sudáfrica (Beynen y col., 1992), y también en mujeres embarazadas en Indonesia (Sijtsma y col., 1993). De hecho, en niños (Mohanram y col., 1977; Mejia y Chew., 1988) y en mujeres embarazadas (Panth y col., 1990; Suharno y col., 1993) la administración de vitamina A aumenta significativamente los niveles de hemoglobina, hematocrito, y ferritina en plasma. De igual manera, se produce un incremento significativo en la concentración de hemoglobina en mujeres embarazadas anémicas cuando se administra en conjunto hierro y vitamina A, en comparación a la administración individual del compuesto de hierro (Vijayalakshmi y Devadas, 1987; Panth y col., 1990; Suharno y col., 1993).
Existen varios mecanismos que pueden explicar esta interacción:
a) Por un lado, se ha sugerido que la deficiencia en vitamina A disminuye la síntesis de transferrina y por tanto reduce el transporte de hierro hacia la médula ósea (Bloem y col., 1989), altera la diferenciación de las células sanguíneas debido a la falta de ácido retinoico (Koeffler y Amatruda., 1985; Schroeder y col., 1992) y da lugar a una eritropoyesis insuficiente (Roodenburg y col., 1996). También puede diminuir la movilización del hierro desde las reservas de ferritina (Mejia y Arroyave., 1982).
b) Otro de los mecanismos propone que la elevada prevalencia de infecciones que se producen durante la deficiencia en vitamina A, dan lugar, indirectamente, al descenso de la concentración de la hemoglobina debido a que el organismo secuestra hierro durante la fase aguda de la infección (Thurnham, 1993). También se ha sugerido que la vitamina A tiene un efecto favorecedor en la absorción del hierro mediante la formación de complejos solubles con el hierro en el intestino (Layrisse y col., 1997; García-Casal y col., 1997; 2003).
8.2. Ácido fólico
Junto al hierro y la vitamina B12, el ácido fólico es un componente esencial de la
eritropoyesis humana, y aunque está ampliamente distribuido en los alimentos, especialmente en las hojas verdes (foliáceas), la deficiencia dietética del ácido fólico es la principal causa de la
anemia megaloblástica en el mundo (Gallagher y col., 1995). Cuando hay una deficiencia en ácido fólico, la fase de síntesis de la división celular se prolonga y la maduración de las células se retrasa, induciendo en el caso de la médula ósea, a precursores anormales de los eritrocitos (megaloblastos) que tienen un tamaño y diámetro nuclear mayor que en las células normales (Myhre, 1964; Roudanelli y col., 1964; Steinberg y col., 1983; Hughes-Jones y Wickramasinghe,
1996). Los megaloblastos sufren una proliferación celular desordenada, y aquellos que maduran
son a menudo ingeridos y degradados por los macrófagos de la médula ósea. Como resultado, la eritropoyesis es ineficaz, el ritmo en la liberación de los nuevos eritrocitos a la circulación es muy bajo, desarrollándose de manera gradual una anemia macrocítica (Figura 6). Desde el punto de vista hematológico, se traduce en un volumen corpuscular medio elevado y una concentración de hemoglobina baja (Hughes-Jones y Wickramasinghe, 1996).
Las poblaciones que viven en regiones endémicas de malaria presentan un elevado riesgo de padecer deficiencia en ácido fólico. La frecuente hemólisis producida por la malaria estimula una hiperplasia eritroide y de manera drástica aumenta los requerimientos para el ácido fólico, siendo la malaria la causa más común de eritropoyesis megaloblástica durante el embarazo en el África occidental (Fleming, 1989). En general, la deficiencia en ácido fólico contribuye al desarrollo de la anemia principalmente por una alteración en la división celular que pone en peligro a la eritropoyesis. La suplementación con ácido fólico es eficaz en el tratamiento y prevención de la deficiencia severa de ácido fólico y la manifiesta anemia megaloblástica. Sin embargo, los ensayos realizados hasta la fecha indican que la suplementación con ácido fólico:
1. Tiene poco efecto en la concentración de la hemoglobina o hematocrito entre las mujeres
embarazadas.
2. Podría reducir la gravedad de la anemia en niños, pero hasta ahora no se han realizado
estudios que comprueben el efecto en los parámetros hematológicos tras la administración de folatos.
8.3. Vitamina B12
Una segunda causa nutricional de anemia megaloblástica es la deficiencia de vitamina B12
(cobalamina), que puede producir anemia macrocítica y un fallo neurológico severo. La vitamina
B12 es un cofactor esencial en al menos dos reacciones de transmetilación, una de las cuales se
encuentra interrelacionada con el ácido fólico en la síntesis del ADN y la hematopoyesis. La
conversión de la homocisteína a metionina requiere una enzima dependiente de la vitamina B12
deficiencia en la vitamina B12 la función de la enzima es interrumpida, la formación de la
metionina se altera, y tanto el 5-metilTHFA como la homocisteína se acumulan.
La deficiencia de la vitamina B12 ocurre con menos frecuencia que la deficiencia de ácido
fólico, debido a que tiene lugar como resultado de un defecto en la absorción más que de una
ingesta insuficiente (Herbert, 1984). Las reservas corporales de vitamina B12 entre adultos sanos
y normales son cuantiosas y se necesitarían unos 3-4 años para agotarlas consumiendo una
dieta sin vitamina B12 o quizás unos 20 años con una dieta baja en vitamina B12, esto se debe a
la existencia de una eficaz circulación enterohepática que recicla la vitamina B12 desde la bilis a
otras secreciones intestinales (Antony, 1991). Sin embargo, varios estudios han observado que las mujeres embarazadas que son vegetarianas estrictas o consumen pequeñas cantidades de
productos cárnicos presentan un elevado riesgo de llegar a ser deficientes en vitamina B12
durante el embarazo y la lactación (Allen y col., 1992; Allen, 1994).
En general, el tratamiento de la anemia megaloblástica con ácido fólico sólo puede
enmascarar la deficiencia de la vitamina B12, la cual puede conducir a severas secuelas
neurológicas. Por la tanto, esta enfermedad debería ser tratada tanto con ácido fólico como con
vitamina B12. Diversos estudios han sugerido que la suplementación con la vitamina B12:
1. No tiene ningún efecto sobre la concentración de la hemoglobina en mujeres
embarazadas.
2. Puede aumentar los niveles de hemoglobina y reducir la severidad de la anemia en los
niños prematuros y con bajo peso al nacer.
8.4. Vitamina B6
La deficiencia de vitamina B6, aunque es poco común, puede alterar la síntesis del grupo
hemo y dar lugar a una anemia normocítica, microcítica o sideroblástica (Figura 6). El
tratamiento de la anemia sideroblástica con vitamina B6 restablece la actividad del ácido δ-
aminolevulínico sintetasa (ALAS), la enzima limitante en la síntesis del grupo hemo, corrigiendo las anormalidades hematológicas (Ofori-Nkansah y col., 1975; Meier y col., 1981). La vitamina
B6 puede además inhibir la formación de los eritrocitos en forma de hoz presentes en la anemia
falciforme (Natta y Reynolds., 1984).
8.5. Vitamina C
La deficiencia de vitamina C se asocia con varias formas de anemia, pero no está claro si esta vitamina (ascorbato) está directamente implicada en la hematopoyesis o si la anemia aumenta indirectamente las interacciones de la vitamina C con el ácido fólico y el metabolismo
del hierro (Oski, 1995). En su papel como agente reductor, la vitamina C puede facilitar la absorción del hierro desde el tracto gastrointestinal y permitir su movilización desde las reservas (Figura 6). El hierro y el ácido ascórbico forman un complejo quelante-hierro que es más soluble en el medio alcalino del intestino delgado y, por lo tanto, más fácil es su absorción (Bothwell y col., 1964; Lynch y Cook, 1980; Hallberg y col., 1987; Clark y col., 1992). La suplementación con vitamina C puede aumentar la absorción del hierro de la dieta. Sin embargo, el ácido ascórbico debe ser consumido casi a la misma vez que el hierro para ser eficaz (Cook y Monsen, 1977). Además, la vitamina C puede contrarrestar la inhibición de la absorción del hierro producida por los fitatos y taninos de la dieta (Hallberg y col., 1987).
El ácido ascórbico puede, al mismo tiempo, activar la enzima ácido fólico reductasa, para formar el ácido tetrahidrofólico, la forma activa del ácido fólico que previene la anemia megaloblástica (Oski, 1995; Stokes y col., 1975). También puede prevenir la pérdida de hierro debido a hemorragias asociadas con la deficiencia en vitamina C, y posiblemente, previene la hemólisis resultante de los mecanismos de defensa antioxidante de las células (Oski, 1995; Chow, 1979).
En general, la vitamina C mejora la absorción del hierro no hemo, protege a las células frente al daño oxidativo y contrarresta los efectos de los inhibidores de la absorción del hierro. También, incrementa los niveles de hierro en suero, las concentraciones de ferritina y hemoglobina en los niños y mujeres no embarazadas (Fishman y col., 2000).
9. ALIMENTOS FUNCIONALES