Prensa liberal
VIVAN LOS LIBERALES
Estamos presenciando el día fenómenos verdaderamente extraños; estamos viendo caballeros honorables, de piedad y modales distinguidos, que pudiéramos decir están llamados a ser la sal de nuestras sociedades corrompidas; matronas respetables y damas delicadas, socias de todas las consagraciones piadosas, que pudiéramos decir son, o debieran ser la luz de los pueblos y el perfume de los hogares cristianos; y tanto unos como otras se atreven a empañar su frente llamándose liberales y, lo que es más, se atreven a albar aquel partido y a vanagloriarse de pertenecer a él, y, lo que es todavía peor y del todo inconcebible, se atreven a pedir al Dios el triunfo de aquella causa y revuelta de los liberales
Que lo ven aquellos individuos de la humanidad, que viven del robo y la estafa y se dañan si salen de tanta atmósfera alcoholizada y mitifica, es lógico: que así se expresa juventud imberbes y casquivanos, que caminan adelante por precoces pasiones y aspiran a romper cuanto antes y luego lanzarse a todo género de libertades es natural; que así grite a plena todo ese gremio de mujeriegos sientas, habitadores de tugurios y pudieron sin nombre, se comprende; nada tiene extraño ; pero que lo lancen caballeros a un buen vivir, simpáticos y agradables en estrato, y que han formado a la sombra de la región un hogar estimado y respetable que así digan hombres de años e inteligencia, que no viven de la política y fue formado un capital con el limpio trabajo de sus manos: que así opinen matronas distinguidas y de no escaso criterio, que dicen que con solo llamarse liberales atacan en frente la religión que las llevó, les prestigio y las rodeo de respeto y consideraciones ; que así clamen sin roboración hijas de familia que aspiran a un puesto social, doncellas que se estiman educadas y timoratas …ah! Es el colmo de una aberración sin ejemplo, y ello no agusanó, o una ignorancia rayana en imbecilidad e idiotismo, o una malicia que toca llegar límites de la herejía. Vamos a recordar una vez más, mediante unas cortas y sencillas citas que hay ignorancia rayana e imbecilidad en los que se apellidan con la palabra-liberales, está claro como la luz mediana, pues el catolicismo ama a Jesucristo y acepta las leyes de su iglesia, y liberalismo odia a aquel y hace a esta guerra sistemática. ¨el estado sin división – dice Walker Martínez- el laicismo las leyes, la persecución al clero, arroja idea cristiana de la conciencia pública arrancar la cruz del hogar, de la tumba, robar los bienes eclesiásticos, cerrar los templos, y, cuando la tempestad arrasa, llevar al cadalso a los pobres de fe, asesinar a los religiosos y enramar la sangre a torrentes, he ahí la victoria del liberalismo¨ en todas partes. Colombia ha presenciado, sin que puedas pegarlo los señores católico – liberales, la mayor parte de estos hechos, y lo último acaba de presenciar el ecuador. ¿Dónde tienen, pues, el seso los que se dicen católicos, pero liberales; liberales, pero católicos? El Dr. Diógenes Arrieta no era liberal pero sí era impío cuando vino de la costa a Bogotá ; allí comprendió, al encontrar por la plana mayor del liberalismo que ser impío en religión y no liberal en política, era un contrasentido, y tuvo la que corrió inserta en varios periódicos la tomamos del número 5 de la caridades de 9 de junio de 1873 ; dice así: - después como ya están las cuestiones que separan nuestros partidos políticos, de la cuales la principal, y quizá más bien única, es la cuestión religiosa, y siempre como son, conocidas mis ideas a este respecto, declaro que acepto el nombre que por ellas me corresponde ; es decir, soy la liberal¨ qué decís a esto, señores catoco – liberales? La verdad es que tienen corazón atrofiado y la mente en lamentación desequilibrio cuando queréis rendir cultura a Jesucristo y formar a la vez en las filas de sus eternos enemigos pero algunos a pesar de todo, que el liberalismo hoy no es el mismo de antaño, y que sintiéndose ellos católicos fervorosos, bien pueden darse el inocente placer de llamarse liberales no, señores,
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replicamos nosotros el liberalismo de hoy es el mismo de siempre, desde los tiempos de juliano, y persigue los mismos fines que siempre ha perseguido ; que oigan, si no, lo que escribió el Dr. Rudas en el mago, periódico de Bogotá, con fecha 27 de diciembre de 1897 : ¨escasean- así se expresa- los caracteres firmes, no hay para decir la verdad, para asumir la responsabilidad de nuestros actos y de nuestras convicciones hay entre los liberales una multitud que desean vivir con un pie en la sacristía (duzcase, católicos) y otros en la logia ¨ estos deben reforzarse grupo aparte, pero se vienen al partido que es todo bandido todo calor y verdad al partido liberal vela con que confesarle el dañando así su gran liberalismo.¨ no ; no hay medio de poder conciliar el liberalismo , que detesta a Jesucristo y su iglesia , con el catolicismo, queda suficientemente probado que son algo más que estultos todos los que se esfuerzan en querer ligar en sí mismos elementos tan opuestos.
Ahora, que los que así razonan tocan los límites de herejía, también es cosa concluyente, y en pocas palabras queda demostrado. Entiéndase por hereje quien niega o pone en tela de juicio uno solo o algunos de los dogmas del catolicismo; quien tal hace se colocan. Por decirlo así, fuera de la iglesia, o busca, en cuanto es posible, la salida de ella. Porque hay entre ellos un engranaje tal, que dudar de alguno o negarlo equivale a negarlos todos o dudar de todos; y como uno de los dogmas del catolicismo es el de la infalibilidad del romano pontífice cuando habla como doctor y maestro universal, en asuntos de fe, o de moral, que es la disciplina de las costumbres, es claro que quien no acepta este dogma, o lo combate, discute o censura, anda fuera del redil católico. Ahora bien el Romano Pontífice, o mejor, los Romanos Pontífices, los pies del tiempo de Bonaparte, Gregorio xvi, pio ix y león xiii, han venido, uno tras otro, anatematizado el liberalismo y dando la voz de alerta al rebaño católico contra ese error que hemos dado en llamar moderno. Y es tan antiguo como el mundo. Pues no es otra cosa que el non servía de satanás, engalanado a la moda del día.
Llamado francamente error, secta perniciosa, peste, etc., y uno de ellos, gran Pío ix, en su luminoso documento el Syllabus, lo desmenuzó en todas sus partes y lo condenó paladinamente. El Dr. Rudas, ya citado, decía en El Mago en diciembre de 1897, lo siguiente: ¨El sr. Miguel Samper no es ni puede ser liberal¨ entiendes, Fabio, lo que voy diciendo? Si el que es liberal no puede aceptar el Syllabus, y el Syllabus es la misma voz de Jesucristo por boca de su legítimo representante en la tierra, es esto decir de la manera más clara y categórica que el que es liberal no puede aceptar la doctrina ni las enseñanzas de Jesucristo. ¿Qué clase de extraños seres son, pues, esos que se llaman liberales católicos?
Con su pertinacia en apellidarse de tal modo, en desatender la voz infalible de los pontífices y desoír y aun burlarse de las amorosas amonestaciones y voces de alerte de los Sres., obispo, que son como los faros o atalayas de la iglesia de dios sobre la tierra, relajan la poca fe que aún les queda, se atraen la desconfianza y justa censura de los católicos sinceros, y ayudan a levantar pedestal a los prohombres o adalides del liberalismo contemporáneo : a Antonio J. Restrepo, quien llama al sumo pontífice ¨primer farsante de la tierra;¨ a Juan Uribe, Rudas Espinosa, Vargas Villa ; y en tiempos anteriores Arieta, Ancizar, Rojas Garrido, Ezequiel Rojas, etc., cuyas virulentas plumas tanto han declamado contra la iglesia católica y su divino fundador luego los que se apellidan católico – liberales tocan los límites de la herejía, si es que no son ya herejes formales. Con que ser o no ser, y hasta la vista
Periódico: El Colombiano
Fecha: 1 Marzo 1901
Título: Por la patria y por la paz POR LA PATRIA Y POR LA PAZ
Con el mismo título con que encabezamos estas líneas circuló, en hoja volante, fechada el 1° del mes en curso, una importante publicación, autorizada, en primer término, con la firma de los Sres. Gral. J. M. Ruiz. J. M. Quijano Wallis, Santiago Samper, Juan E. Manrique, A. Valenzuela, Marco A. Wilches, Venancio Rueda, Ricardo de la Torre, Rafael Rocha Castilla, Roberto Suárez, Andrés Márquez y Rafael Murillo, y luego con las de los Sres. Aarcadio Céspedes, Luis Gutiérrez R., Simón Araújo, Abel Camacho, Manuel A. Ángel, Nepomuceno Santamaría, J. de D. Uribe R. A.,
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Daniel Rodríguez Piñeres, Ricardo Galvis, Alejandro B. Ruíz, Antonio Vargas Vega, Roberto Herrera Restrepo y Manuel N. Lobo, todos miembros del Partido Liberal.
No siéndonos posible insertarla íntegramente, por su extensión nos permitimos hacer algunas transcripciones.
Con mano maestra se bosqueja en el exordio el lúgubre estado a que el país ha llegado por la guerra, terminado la pintura así:
“Tal es el cuadro pavoroso que presenta en estos momentos nuestra patria, la hermosa República
hija de Torres y de Caldas, de Santander y de Nariño”
“La prolongación indefinida de la guerra, y, sobre todo, con los caracteres salvajes que va
adquiriendo, acareará indefectiblemente, con la anarquía crónica y la militarización de la República, la destrucción total de nuestra patria Cualquiera que triunfe, en tales condiciones, reinará. Como las aves de la noche en los cementerios, sobre escombros y tumbas, y tendrá a su cargo la más tétrica de las labores, la más penosa de las responsabilidades Va Victoribus!”.
Al hablar del curso, y estado de la guerra, se expresa en estos incontrovertibles términos:
“Durante el lapso a que nos referimos, el éxito general de la guerra ha sido adversa a las armas de la
Revolución. En Antioquia y Cauca imperan las autoridades gubernativas sin contradicción. Los puertos de Tumaco, Buenaventura y Riohacha han sido recuperados por el Gobierno. El litoral atlántico está pacificado, debido, más que a la acción de las armas, a la noble política del Gral. Marcelino Vélez. Se hallan guardadas las fronteras. Los gobiernos de las naciones vecinas garantizan su neutralidad. Santander convalece y entra en las labores del comercio. El Gobierno ha allegado nuevos e ingentes recursos y elementos de guerra. Jefes prestigiosos se han separado de la lucha, y otros han caído prisioneros. La Revolución circunscribe día por día su radio de acción. La mayoría del pueblo colombiano deja transpirar, con mudas manifestaciones y en angustioso silencio, su vehemente anhelo de volver a la paz y al régimen de la Ley y del Derecho que ésta impone inexorablemente.
Y sin embargo, la lucha continúa. Los vapores de sangre, en vez de desvanecerse, se condensan. El régimen de la anormalidad se vigoriza. Las emisiones se aumentan y las perspectivas de la
catástrofe siguen tomando las formas de la realidad en proporciones gigantescas”.
Y el analizar la conveniencia o inconveniencia de prolongar la lucha, responden con la siguiente rotunda negación:
“No Una lucha destinada y estéril procuraba más desastres que laureles a que sostenedores. Hasta
las más extensas virtudes, cuando se extreman o exageran cambian de naturaleza Y planten sus prestigiosos y sus méritos. El heroísmo degenera en temeridad, la perseverancia en obsesión, los intrépidos en locura. El valor del … inspira lástima, pero no admiración. La gloria no discierne sus galardones a las naciones humanas, al éstas no presentan el previo éxito bueno de la sensatez, y las palmas del martirio no florecen si no las vigoriza el calor de la razón”.
Adelantando el análisis, afirman con gran fuerza de razón:
“Que los esfuerzos que se hagan, todos los sacrificios que se consumen, redundan en beneficio directo del adversario afortunado”.
Y luego trae como ejemplo la oportunidad y previsión con que el Partido Conservador cejó en su campaña de 1877, contando aún con poderosos recursos, para salvar del naufragio esos mismos recursos que habían de darle luego vida y estabilidad.
El siguiente aparte es hijo de noble sentimiento de amor a la común Patria, a quien hoy se desangra sin piedad:
“Menos razones se hallarían en apoyo de la prolongación de una guerra infructuosa, si se considera
que además de ser perjudicial a la parcialidad que la sostiene., es ruinosa y lesiva de los supremos intereses de la comunidad que constituye la Nación entera. Antes que sectarios, somos colombianos, y antes que miembros de una fracción social, o sea de una agrupación política, lo somos de un gran todo que se llama Patria. En caso de conflicto entre los deberes del sectario y los del patriota, prevalecen los de éste. Los deberes para con la madre son más sagrados, imperiosos y exigente que los que tenemos para con los hermanos. Si en las aras de la pasión política, deidad implacable que
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devora las más queridas y escogidas víctimas, se sacrifican vida y fortuna, felicidad y honra, ¿por qué no sacrificar ante la patria, madre amorosa y noble, los rencores, los resentimientos y los odios, principales combustibles de la hoguera de la guerra y abatir ante sus altares las armas fratricidas? Si es obligación sacrificarlo todo por la patria en caso de una coalición de naciones contra ella, ¿por qué no hacer el holocausto de las pasiones en defensa de la República, que a todos nos pertenece y que se halla amenazada por la desmoralización y la miseria, las epidemias y la muerte, en aterradora coalición?
Para dejar constancia de que claman por una paz honrosa lo hacen en esta forma:
“Hacemos votos por que el Gobierno, como conductor de los destinos de la República y administrador de sus grandes interese, alzándose al nivel de su misión, allane el camino a la pacificación, ofreciendo olvido sincero y amplias y seguras garantías, en personas y bienes, a los que depongan las armas, y sólidas promesas y prendas para la efectividad del sufragio en lo futuro”
“Y hacemos votos también porque nuestros compatriotas que aún combaten en los campos de
batalla, penetrándose de lo inútil que es continuar la guerra, y aun de los prejuicios que a la patria, al partido y a ellos personalmente acarreará su prolongación desesperada, desistan de la lucha, mediante las garantías, promesas y prendas que ofrezca y del Gobierno, a fin de que, salvando los restos sobrevivientes, tengan personería y energías para continuar la labor, en pro de sus ideales, en los campos de la paz, ya que los de la guerra no les han sido propicios, y para que, unidos como hermanos combatientes y reconciliados, podamos todos emprender la obra de reconstrucción de nuestra destrozada patria.”
Así termina:
“En tal virtud, nosotros, para ser leales a nuestras convicciones, fieles a nuestros principios, y con el
propósito humanitario de contribuir con nuestro humilde contingente a apagar este incendio que devora al pueblo colombiano, llevando la desolación y el hambre a todos los hogares, y especialmente a los de la clase pobre y desvalida, a los desinteresados, … y encarcelados, declaramos que somos …de la patria y de la paz”.
Esta notable exposición, hecha por personas abonadas por sus antecedentes políticos, por su ciencia, decisión y posición independiente, tiene para nosotros el mérito de ser fruto de profunda y honrada convicción, y además viene en corroboración de hechos que a nadie se ocultan, porque a todos hieren las más delicadas fibras del patriotismo.
Como es notorio, desde que se operó el nuevo orden de cosas existente, el Gobierno se apresuró a facilitar los medios de llegar a una pacífica y decorosa solución, y a ella se habría llegado si la obstinación de los conspiradores urbanos no lo hubiera impedido. Pero más vale tarde que nunca. La Revolución, como muy bien se ha dicho, está definitivamente vencida; y si no es que se quiera aniquilar esta patria, de todas madres, pero no de todos igualmente querida, no hay por qué continuar en la inicua tarea de demoler lo poco que nos queda. Bien entendido que los daños y perjuicios que ocasiona la guerra, la desmoralización que cunde y la muerte que diezma, no afectan sólo a las familias conservadoras; el luto, el hombre y la desnudez han invadido también los hogares de los liberales que, movidos por sentimientos rencorosos, se entretienen en la consideración del mal que puedan causar al adversario, sin advertir que se hieren de rechazo.
Dicho sea que la mayor parte de los Jefes notables de la Revolución si no ha muerto están prisioneros o fuera del país, lo que quiere decir que las montoneras que recorren los campos, sin poder hacer guerra regular, sin estar sujetas a organización formal, y obligadas a vivir del merodeo, obedecen más a una punible consigna que a patrióticas aspiraciones. Y si esto es así, si ellas han llegado a ser una amenaza contra el orden social, hay que convenir en que está en el interés de todos, poner fin a la contienda. Ni sería posible que los hombres de principios, los liberales honrados, quieran tener por abanderados cuadrillas sin fe y sin honor, para quienes es tan lícito saquear una población indefensa como incendiar y destruir los predios, esperanza de las familias. Por nuestra parte, viendo confirmadas nuestras opiniones ya emitidas, de que aún quedan bastante liberales para salvar el honor de su nombre, nos apresuramos a felicitar a los señores que han
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tomado la iniciativa en tan patriótica labor, y hacemos votos por que sea fecunda en buenos resultados.
Periódico:El Colombiano
Fecha: 5 Marzo 1901 Título:Noticias de la guerra Autor:Rivera
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