C ÓMO ENCONTRAR LA GENTE CORRECTA PARA EL VIAJE
9. Vive de acuerdo a sus compromisos
Se ha dicho que la dedicación es otro nombre para el éxito. Y es verdad. El periodista Walter Cronkite dijo: «No puedo imaginar una persona convertirse en exitosa sin dar a este juego de la vida todo cuando tiene».
La dedicación lleva a una persona a un nivel enteramente nuevo cuando del éxito se trata. Mire las ventajas de la dedicación según las describe el orador de motivación Joe Griffith:
No puedes impedir que una persona dedicada llegue al éxito. Ponle piedras de tropiezo en el camino, y él las tomará por escalones y sobre ellas subirá a las alturas. Quítale su dinero, y hará que el obstáculo de la pobreza le exija subir. La persona de éxito tiene un programa; fija su curso y se apega a él; establece sus planes y los ejecuta; va directo a su meta. No se desvía a izquierda ni a derecha cada vez que una dificultad aparece en su camino. Si no puede pasar sobre ella, pasa a través de ella.*
Cuando la gente de su equipo comparte su nivel de dedicación, el éxito es inevitable. La dedicación le ayuda a vencer los obstáculos y continuar avanzando en el viaje del éxito no importa cuán difícil se ponga. Es la clave del éxito en todo aspecto de la vida: en el
matrimonio, en los negocios, en el desarrollo personal, en los pasatiempos, en los deportes, en lo que usted quiera mencionar. La dedicación puede llevarle bien lejos.
10. Es leal
La lealtad es la última cualidad que debe buscar en la persona que emprenda con usted el viaje del éxito. Aunque esto solo no asegura el éxito para la otra persona, la falta de lealtad con toda seguridad arruinará la relación entre ambos. Piénselo de esta manera: Cuando usted busque líderes potenciales, si uno a quien está considerando carece de
lealtad, queda descalificado. No piense en llevarlo consigo en el viaje, porque le perjudicará en vez de ayudarle.
Entonces, ¿qué significa que otros le sean leales?
• Le aman incondicionalmente. Lo aceptan con sus debilidades y fortalezas. Se
preocupan genuinamente por usted, no solo por lo que puede hacer por ellos. Tampoco tratan de convertirlo en lo que no es, ni de ponerlo en un pedestal.
• Lo representan bien ante los demás. La persona leal siempre pinta un cuadro positivo de su persona ante los demás. Puede confrontarlo en privado o hacerlo responsable de algo, pero nunca lo critica delante de otros.
• Puede reír y llorar con usted durante el viaje que han emprendido juntos. La persona leal esta dispuesta a compartir sus alegrías y pesares. Hace que el viaje se sienta menos solitario.
• Su sueño es el de ellos. Es indudable que algunas personas participarán de su viaje solo brevemente. Se ayudan mutuamente por un tiempo y luego siguen por caminos
separados. Pero pocos—muy pocos—querrán seguir a su lado y ayudarle por el resto del viaje. Estas personas hacen que su sueño sea el de ellos. Serán fieles hasta la muerte, y cuando a su lealtad suman sus talentos y habilidades, pueden ser su capital más valioso. Si encuentra este tipo de persona, cuídelo mucho.
Lo curioso de la lealtad es que mientras más lejos usted va en el viaje del éxito, más se depende de ella. Hace unos quince años, mi amigo Tom Phillippe me dijo que llegaría el momento cuando la lealtad de las personas se convertiría en imprescindible para mí. Me dijo: «John, a medida que tengas más éxito, te preguntarás: “¿En quién puedo confiar?”» En aquel tiempo el pensamiento me pareció demasiado irónico y así se lo hice saber. Mi tendencia ha sido siempre confiar en las personas y esperar lo mejor de ellas. Y todavía lo hago así. Pero la advertencia de Tom ha sido en parte cierta. He comprendido que la lealtad es una cualidad que debo buscar y valorar en las personas que me rodean. Al emprender el viaje del éxito probablemente usted haga lo mismo.
He sido muy afortunado mientras he viajado hacia el éxito. No solo he tenido gente maravillosa que me ha acompañado y va en el viaje conmigo, sino que he tenido a otros que me han llevado con ellos cuando no he podido hacerlo por mi cuenta. Una persona que hizo esto es mi hermano Larry, una de mis personas favoritas en todo el mundo. Es dos años y medio mayor que yo, y mientras crecía, siempre quería ir con él a todas partes. En especial me gustaba jugar fútbol, béisbol y baloncesto con él y sus amigos. Larry siempre era el capitán del equipo porque era un buen deportista y líder. Era realmente importante para mí que me escogiera para su equipo antes de convertirme en el «chico sobrante», a pesar de ser el más pequeño y joven de todos. Larry hizo por mí ese tipo de cosas mientras crecía. Pero también me incluyó cuando nos hicimos mayores y eso significó aun más para mí.
Cuando Margaret y yo estábamos comenzando nuestra vida familiar, no teníamos mucho dinero. En mi primer trabajo a tiempo completo después de casarnos ganaba ochenta dólares al mes. Para contribuir, Margaret enseñó en una escuela, limpió casas y trabajó los fines de semana en una joyería. No teníamos mucho, pero nos alcanzaba (justo) para pagar nuestras cuentas y mantener funcionado nuestro Volkswagen.
Vivimos de esa manera los primeros tres años de casados, y por mucho que me hubiera gustado llevar a Margaret de vacaciones todos los años, no era posible. Quitábamos de aquí y de allá para cuadrar bien nuestros gastos. Ahorrar para un viaje era imposible.
Pero a pesar de esto, pudimos tomar vacaciones cada uno de esos tres años, gracias a Larry. Todavía recuerdo cuando nos llamó. Fue el año 1970.
—John, ¿qué van a hacer Margaret y tú durante las vacaciones este año?—preguntó. —Bueno—respondí—, vamos a quedarnos por aquí. Tenemos que hacer algunas cosas en la casa. Quizás vayamos a Circleville a ver a mamá y papá.
—Eso pensé—dijo Larry—. Anita y yo vamos ir a Acapulco por una semana y hemos hecho cuatro reservaciones. Queremos que tú y Margaret nos acompañen.
A Larry le iba bien económicamente. Siempre tuvo una habilidad especial para los negocios, y cuando se graduó de la universidad ya iba bien encaminado hacia su independencia económica como resultado de algunas hábiles compras en bienes raíces.
—No aceptamos un no como respuesta—dijo.
Margaret y yo no tuvimos problemas para aceptar su oferta. Los queríamos mucho, y estábamos agradecidos que quisieran compartir con nosotros sus vacaciones. Nuestro viaje a Acapulco fue increíble, mejor de lo imaginado. Estuvimos en un hotel de primera clase con vista al océano. El hotel contaba con cinco piscinas. El paisaje era exuberante. La comida fabulosa. Todo nos parecía exótico. Margaret y yo todavía pensamos que aquella fue una de nuestras mejores vacaciones.
Afortunadamente ya no dependo de la generosidad de Larry, pero él y yo seguimos haciendo cosas juntos. Nos hemos propuesto asistir juntos a eventos deportivos, tales como el Super Tasón, Wimbledon, la Serie Mundial y los mejores partidos del campeonato de fútbol americano. También nos hemos prometido jugar golf en la diez principales canchas del mundo. Hasta ahora ya hemos cumplido la mitad de nuestro compromiso.
Larry y yo somos hermanos, pero esa no es la razón por la que hacemos cosas juntos. Hemos tomado juntos el viaje del éxito porque queremos hacerlo, y decidimos que es importante para nosotros. Eso es lo que usted también necesita. Necesita decidir a quien va a llevar consigo en el viaje del éxito. Si se compromete a llevar a otros, no creerá la
diferencia que ello producirá en su vida, y en la de ellos.