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6. VIOLENCIA ESCOLAR

6.2 VIVENCIA DE LA VIOLENCIA ESCOLAR

En la encuesta aplicada a los niños y niñas del grado sexto que asisten a clases en la Institución Educativa José María Cabal durante el año 2014 se planteó el padecimiento de la violencia escolar, permitiendo así que los mismos estudiantes contestarán si han sido víctimas de violencia escolar, el número de veces que se sufre esta violencia, y si le ponen apodos en el Colegio.

Esta subcategoría tiene como única fuente informativa la encuesta aplicada a los estudiantes, pues ni las entrevistas realizadas a los docentes, la actividad lúdica del vídeo realizado en el Colegio y el instrumento de investigación del “NO a la violencia escolar” permiten conocer el comportamiento individual de la vivencia de la violencia escolar.

La reflexión de la subcategoría vivencia de la violencia escolar es que algunos de los niños y niñas del grado sexto que asisten a clases en la Institución Educativa José María Cabal han sido víctimas de violencia escolar física y verbal. Es preocupante que un 30% de los estudiantes no identifiquen como violencia escolar el ponerse apodos. Se pudo comprobar que cuando se indagó el tipo de violencia más frecuente, el 17% respondiera que era el verbal (ver Gráfica 11); pero luego, al preguntárseles si se ponían apodos, el 47% aseguró que es víctima de esta violencia (ver Gráfica 12).

La falta de claridad para algunos niños y niñas del grado sexto sobre lo qué es y no es violencia, por ejemplo en la no identificación de los apodos como violencia indirecta, conlleva a pensar que para ellos la violencia escolar es inofensiva, realmente no hace daño. A pesar de que algunas personas pueden vivir la experiencia de ser víctima sin repercusiones graves, Chaux (2012) señala que las investigaciones han demostrado de manera concluyente que quienes sufren la

violencia escolar tienen un riesgo mayor de problemas serios de largo plazo, como ansiedad, depresión o desmotivación académica.

En este contexto, donde los apodos como naturaleza de violencia escolar indirecta pasa inadvertida para algunos estudiantes (el 30% de los estudiantes no lo identifica como agresión) conlleva a reflexionar que la violencia escolar puede ser asumida por la víctima y, posiblemente, por el agresor que se trata de un acto “sólo por molestar”, donde no se dimensionan las repercusiones que tanto para uno como para otros, acarrea el acto de violencia. En ese sentido, creerán erróneamente que ya que ellos y otros presentes se divierten escuchando los apodos, a la víctima también le debe parecer divertido. Sin embargo, para nadie es divertido que se burlen de forma permanente o lo golpeen de modo sistemático. Incluso si una víctima de violencia escolar física o verbal dice que no le ve problema a que lo traten así, es muy probable que lo diga por la misma situación de sumisión y subvaloración en la que se encuentra.

Por lo tanto, la comunidad educativa no reconoce las distintas formas de violencia escolar, por lo que se debe hacer énfasis en aquellas que al parecer son inofensivas y divertidas, como los apodos, que pueden luego trascender en actos de violencia física, sin hacer distinción entre cuál de las dos, física o verbal, es más dañina para la víctima, pues se necesitaría de un estudio individualizado para conseguirlo, y ante la dificultad para hacerlo, tanto por la falta de medios logísticos como de personal capacitado, es más conveniente que todos los estudiantes, padres de familia y educadores se ilustren en las distintas características de la violencia escolar y las formas que puede tomar y hasta mimetizarse en medio de las relaciones personales de los estudiantes.

Lo anterior, en razón a los hallazgos obtenidos en la investigación, pues al indagar por el tipo de violencia directa o indirecta que el estudiante encuestado había

intimidación verbal, seguida por la intimidación física en un 10%, y el resto, o sea el 73%, manifestó no haber sido víctima de la violencia escolar.

No obstante, es curioso que al indagar a los niños y niñas del grado sexto que asisten a clases en la Institución Educativa José María Cabal si habían sido intimidados o maltratados por algún compañero, estos manifestaran que pocas veces (10%), muchas veces (7%) y nunca (83%), contradiciendo los hallazgos de la pregunta anterior en el que el 27% padeció algún tipo de violencia (Gráfica 11).

Gráfica 11. Distribución porcentual vivencia violencia escolar

Fuente: elaboración propia Shirley Dayana Cerezo y Yohana Hurtado.

Cuando se preguntó si en el colegio le ponían apodos al estudiante de grado sexto, se encontró que de los 30 estudiantes encuestados el 47% manifestó que si les ponían apodos, mientras que el 53% aseguró que eso no sucede en la institución educativa. Se observa que la violencia escolar es física y verbal (gráfica 12).

Distribución porcentual has sido intimidado o maltratado por algún compañero

10% 7% 83% 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90%

Gráfica 12. Distribución porcentual en el colegio te ponen apodos

Fuente: elaboración propia Shirley Dayana Cerezo y Yohana Hurtado.

La violencia escolar se puede clasificar de distintas maneras. Dos maneras muy relevantes para esta investigación son por su forma y su función (Little, Henrich, Jones y Hawley, 200379), como se describe a continuación:

La agresión física que corresponde a acciones que buscan hacerle daño físico a otros o a sus pertenencias, por ejemplo, con patadas, cachetadas, mordiscos, golpes con objetos, rompiendo sus pertenencias, etc.

La agresión verbal (apodos), es hacerle daño a otros con las palabras, por ejemplo, con insultos o burlas que hacen sentir mal al otro. Para Ortega y Mora- Merchán (2000) un estudiante es víctima de violencia escolar cuando otro, o un

Distribución porcentual en el colegio te ponen